EXPOSICIÓN: Alfarería del asombro. El taller de Candelario Medrano

Textos por: Ángel Santos y Gutierre Aceves.
León coronado realizado por Candelario Medrano.

Con esta muestra de 2015, el Centro de Promoción Cultural del ITESO reivindicó una alfarería que, a pesar de haber sido poco estudiada, guarda un lugar destacado en la historia de la cerámica mexicana, es un claro referente de la identidad del pueblo de Santa Cruz de las Huertas y se ha convertido en un importante legado patrimonial.

Presentación

Candelario Medrano López y su esposa Serafina Hernández Platas en su casa. 1980.

La figura de Candelario Medrano es de las más importantes en la producción de piezas en la tradición alfarera del barro betus.

“Pareciera que antes de él no hubo una tradición de dónde surgió o que ya no hay una tradición. […] Candelario Medrano articula un pasado alfarero que era reconocido por una producción utilitaria de tubos de albañal, conocida por estos tubos de desagüe […] que sacan el agua de las azoteas. Como eran de barro, esto fue tendiendo a desaparecer, por lo que Candelario Medrano fue de los primeros que transitó de esta producción útil a hacer una producción de refinadas piezas llenas de imaginación”. Gutierre Aceves, coordinador de Casa ITESO Clavigero, 2015.

Don Candelario heredó la tradición alfarera de sus padres y la legó a sus descendientes. La exposición Alfarería del asombro. El taller de Candelario Medrano renió alrededor de 70 piezas que dieron cuenta tanto de sus obras y las de sus hijos Serapio y Benito, así como las de sus nietos Juan José Ramos Medrano, Luis Enrique Medrano Coral, María Candelaria y Maurilia Medrano Hernández, depositarios de un legado que tuvo su auge en el siglo XX y que hoy corre el riesgo de desaparecer.

Don Candelario y doña Serafina, acompañados por Serapio Medran y Juana Coral, en su casa. 1980

Las piezas para la exposición provinieron de coleccionistas privados como Alejandro Gallo, Juan Ignacio González, Paco Barreda y del Museo Regional de Guadalajara.

En el marco de esta actividad se entregó un reconocimiento a los alfareros por su valiosa contribución para preservar la tradición del barro betus en Santa Cruz de las Huertas, Tonalá, Jalisco. Ello, simbólicamente, representa que la institución reconoce el valor de su aportación, cómo han conservado esta labor y que son los últimos que la están trabajando.

 


Sobre Candelario Medrano

Don Candelario es una de las figuras más notables de la tradición del barro betus, transitó de producir una alfarería utilitaria, tubos de albañal destinados al drenaje, a crear piezas con una refinada imaginación.

A don Candelario le gustaba comentar que sus figuras provenían de la plenitud del sueño, por ello han sido calificadas de surrealistas o fantásticas. Lo cierto es que su imaginación también se nutrió en leyendas de su pueblo, en especial la del nahual, o en antiguas danzas rituales como las de Tastuanes y aquellas que acompañan a la Virgen de Zapopan en su retorno a su basílica en las cuales participaba, así como en la pastorela decembrina en la que hacía el papel de ermitaño.

Máscaras.

La vida cotidiana no le fue ajena y la representó en una asombrosa alfarería en la que cobran una nueva dimensión kioscos, catedrales, plazas de toros y en emotivas piezas, entre las cuales sobresalen aviones, automóviles y trenes.

 


Sobre el barro betus

Diversos artesanos coinciden en que esta cerámica recibe el nombre por el aceite con el cual se proporciona brillo a las piezas después de pintarlas en frío. Se dice que el aceite betus es la brea de un pino o abeto.

El proceso de elaboración de figuras de barro betus es semejante al que se utiliza en otras técnicas alfareras: extracción del barro del subsuelo; el barro es molido, cernido, mezclado y amasado; algunas partes de las piezas se elaboran con ayuda de moldes y se moldean los detalles; se dejan secar y se hornean, finalmente se pulen y se le aplica el decorado final.

Proceso de elaboración de un automóvil y de un león coronado. El primero con placas y el segundo con moldes.

 

Para elaborar una figurilla se prepara una tortilla o placa uniforme de barro con la que se envuelve un molde sencillo, que tiene la forma básica; después de dejarla orear un poco, la envoltura del molde se corta por el centro y se retira el molde de sus entrañas; se cierra nuevamente la pieza, para continuar con las aplicaciones o detalles: ya sea un león coronado, un nahual o alguna otra figura mítica o fantástica.

Se decora con brochas y pinceles de pelo de perro, se le da un colorido contrastante, atreviéndose a aplicar colores sin temor alguno: amarillo con azul, rojo sobre negro, verde con naranja, que refuerzan el carácter peculiar, fantástico de esta técnica. Hasta hace unos treinta años, para crear los colores se usaban anilinas aglutinadas en caliente con “cola de conejo”, también conocida como “pegadura” que se utilizaba también en carpintería, la cual permitía fijar el polvo de la anilina y se aplicaba una capa de aceite betus rebajado con petróleo.

Actualmente se utilizan pinturas industriales por ser más prácticas, se argumenta una mayor resistencia a las condiciones ambientales, y también se aplican barnices o lacas para dar brillo.

 


Relatos de dos herederos de la tradición

Descendientes de Candelario Medrano. Al centro su hijo Serapio.

Serapio Medrano Hernández.    13 de septiembre de 1945

  • Hijo de Candelario Medrano López y de Serafina Hernández Platas.

Dice que tenía 12 años cuando se arrimó a ayudarle a su papá, ese fue su comienzo.

Serapio es quien mayor parecido tiene con la figura de su padre, también en el estilo peculiar de sus charlas, “es bajito y dicharachero”. Serapio es un pícaro y ello se ve reflejado en sus creaciones, expresiones de los rostros, las formas que modela con el barro, y el colorido que aplica sobre ellas.

Serapio y Benito ayudaban a sus papás cuidando vacas en los llanos de los Amiales, entre Santa Cruz y donde ahora es la central camionera.

En la actualidad trabaja solo, está “haciendo y pintando”. Pinta con pinturas vinílicas, y para dar brillo y protección utiliza el aceite betus comprado en “La Verónica”, tlapalería de San Pedro Tlaquepaque.

El recuento de sus creaciones va desde pequeños animalitos, carros, luchadores, hasta gallos grandes como de 80 cms. con intenso colorido, respaldado en sesenta y dos años de oficio.

De entre sus gustos personales destaca su afición a visitar amigos, al Rosario, a Zalatitán y San Martín de abajo en donde disfruta de la comida típica: caldo de gallina, ancas de rana, atole blanco, entre otras.

Es uno de los pocos alfareros que realiza piezas eróticas, gallinas con predominantes pechugas, gallos y otros animales e incluso objetos y pistolas, arsenal artístico que alguna vez será utilizado en alguna despedida de soltera.

 

María, de playera rosa, dando un talle sobre barro betus.

María Candelaria Medrano Hernández. 23 de septiembre de 1962.

  • Nieta de Candelario Medrano López y de Serafina Hernández Platas.

Se inició en la técnica de barro betus con su abuelo Candelario Medrano, menciona que hacía monitos para las piezas que lo necesitaban como plazas de toros y casas. Todavía pinta como antes, según menciona, con anilinas aglutinadas con pegadura y con aceite betus para darles protección y brillo.

Está muy orgullosa de que Néstor Alejandro, el más chico de sus 8 hijos, esté trabajando sus primeras piezas en esta técnica.

Nos dice que fue ella quien hizo la primera “plaza de toros” de barro betus, una de las piezas características de la familia Medrano.

Su abuelo le dijo: “algún día ésta va a ser tu herencia, tú vas a ser artesana”. Después de muchos años, ahora que sus hijos ya crecieron, le dedica más tiempo al barro betus.

Los silbatos provienen “del chinchorro”, menciona que los hacía su abuela Serafina Hernández, esposa de Don Candelario Medrano.

Nos platica de las historias del nagual, de cómo su abuelo se las platicaba cuando estaba chica: “se robaban los trastes ¡y hasta las mujeres se llevaban!”.

Los frijoles de la olla quebrados, con nopales asados, era su comida favorita, pero al igual que muchas otras personas de Tonalá en esa época se daba el gusto de celebrar una entrega con “caldo michi” en el mercado de San Juan de Dios, donde solía sacar su armónica y tocarla para que su pequeña nieta, María Candelaria, bailara un jarabe tapatío.

 


En la museografía

Uno de los elementos más importantes en el diseño de esta exposición fueron las diversas citas de escritores mexicanos que la vistieron a lo largo de las salas en Casa ITESO Clavigero. Estas se eligieron a partir de las características de las piezas exhibidas de tal forma que se ven reflejadas en la literatura. A continuación se muestran dichas frases, así como la obra que acompañaban.

Hagamos entonces homenaje a la bestia endurecida y abstrusa,

porque ha dado lugar a una leyenda hermosa.

Juan José Arreola.

 

Tienen los ojos grandes y brillantes,

dulces como los ojos de un animal nocturno.

José Emilio Pacheco.

 

El buque ha chocado con la luna.

Nuestros equipajes, de pronto, se iluminaron.

Carlos Pellicer.

 

¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas

que conmigo llegaban en la tarde de asueto

del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices

de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto?

Ramón López Velarde.

 

Y los aviones,

Pájaros de estos climas estéticos,

No escribirán su nombre

En el agua del cielo.

Manuel Maples Arce.

 

Suave Patria: tu casa todavía

es tan grande, que el tren va por la vía

como aguinaldo de juguetería.

Ramón López Velarde.

 


EXPOSICIÓN: La jugada. Santo Santiago y los tastuanes

Textos por: Guillermo de la Peña, Rubén Páez Cano y Tomás de Híjar.
Marionetas representando a los tastuanes y al Santo Santiago.

Con La jugada, muestra organizada en el marco del 16º Festival Universitario, el Centro de Promoción Cultural del ITESO, se sumó a los festejos del Centenario del Museo Regional de Guadalajara, en el 2018.

 

Presentación

Esta exposición dio testimonio de una variante de las danzas de conquista que se llevan a cabo en las festividades religiosas de nuestro país: “la jugada” o “la danza de los tastuanes”, la cual tiene un lugar prominente en las conmemoraciones religiosas de la región occidental de México. Se trata de una representación que hace referencia a la llegada de los españoles en el siglo XVI, y bajo el mando de Nuño Beltrán de Guzmán, al territorio de lo que hoy son los estados de Jalisco y Zacatecas.

Luego de fundar la Guadalajara itinerante, ésta fue invadida por los indios caxcanes –o “tastuanes”— encabezados por Tenamaztle. En aquel momento, a punto de ser derrotados, los españoles invocaron a Santo Santiago quien los protegió en la Guerra del Mixtón.

Sin embargo, se considera a la vez que la danza de los tastuanes y Santo Santiago representa la resistencia de los indios frente al dominio español, por lo que tradicionalmente ha tenido lugar en las poblaciones de tradición indígena para conmemorar la festividad de Santiago apóstol (25 de julio) y para celebrar los frutos de la cosecha (a mediados de septiembre).

Aún se recuerda que, en Guadalajara los tastuanes danzaban al son de la chirimía en los barrios indígenas Mezquitán, Analco y Mexicaltzingo –hoy integrados a la ciudad–, y todavía se hacen “jugadas” en las poblaciones de Tonalá, Santa Cruz, Ixcatán, Tepetitlán, Ocotán, Nextipac y Jocotán.

La exposición se conformó con objetos y representaciones que daban cuenta de la danza desde el siglo XVIII, hasta los elementos contemporáneos que constituyen parte de esta tradición. Se presentaron piezas de cerámica bruñida y esculturas virreinales, diversos elementos de indumentaria y máscaras; la exposición incluyó música, videos y fotografías, así como algunos objetos representando las “jugadas” y los personajes de la danza.

 


I.- El culto a Santiago Apóstol

Cántaro de barro representando a Santiago Matamoros.

El culto jacobeo en lo que fue la Nueva Galicia tiene dos matrices culturales: la relevancia que tuvo el santo patrono de España en el proceso de la reconquista, que concluyó en 1492 con la caída de Granada, último bastión musulmán en la península ibérica; y el repoblamiento de los núcleos urbanos que arrasaron los indios rebeldes que tomaron parte en la llamada Guerra del Mixtón, en 1541.

La primera, hizo que la iconografía del Apóstol más divulgada en el Nuevo Mundo fuera la del jinete de la legendaria batalla de Clavijo, montado en un corcel blanco al tiempo de aplastar a sus enemigos en el año 844. Así nació el Santiago Matamoros, símbolo al que animaba siempre el espíritu de guerra santa. La segunda matriz estaría relacionada con el Santiago Mataindios, apodo reciente y que no se ajusta a los términos en los que los indios conquistadores abrazaron el culto jacobeo para legitimar su presencia en territorios tan distantes a los de su procedencia, como fue el caso de los tlaxcaltecas que acompañaron al Virrey De Mendoza y que se quedaron en la Nueva Galicia luego de sofocar la aludida Guerra del Mixtón.

Consta que la campaña militar que encabezó el lugarteniente de Carlos V no hubiera sido exitosa sin la participación de un copioso ejército compuesto por indios tlaxcaltecas, huejotzincas, cuauhquechultecas, mexicas, xilotepecas, acolhuas y purépechas, que según las cuentas ascenderían a cincuenta mil. También consta que quien encabezó la rebelión de los caxcanes, Francisco Tenamaztle, capituló para evitar mayores tropelías a su gente.

Vasija de barro tonalteca representando a Santiago Mataindios.

Que en lo que fue la Nueva Galicia siga viva la religiosidad popular en torno al santo de los conquistadores es sorprendente, pues salvo esa evidencia nada más resta por acá de los antiguos pueblos de indios. Pero también lo es el desconocimiento de este dato por parte de los estudiosos de un tema –la danza de los tastuanes— que rebasa ampliamente lo folclórico para elevarse al de raíz identitaria más alta, ya que trastoca la visión derrotista del indio “conquistado” para poner la atención en el indio “conquistador”, es decir, el que con el tinte de guerra santa hizo suya la expansión de los dominios de España en esta parte del mundo y la convalidó, dándole culto a Santiago con elementos tan propios de su cultura: la danza, las máscaras y el mitote, con el propósito de contrarrestar –lo acaba de exponer de forma novedosa y brillante el investigador Claudio Jiménez Vizcarra–, “el habla y el tlatol del diablo”, como se designa en la probanza en descargo del Virrey De Mendoza, al discurso que alentó la rebelión de los indios de la Nueva Galicia en 1541, fruto, dijeron los escribanos, de una suerte de aquelarre en el que “viejas hechiceras” invocaron al diablo, quien les dirigió su palabra a través de Tecoroli para pedirles que mataran a todos los cristianos de esa provincia; que renegasen de esa fe.

Quede planteada, pues, la hipótesis del culto jacobeo entre nosotros como la memoria que de su conquista hicieron en la Nueva España los indios que repoblaron los sitios arrasados por la también llamada rebelión chimalhuacana.

 

II.- La Guerra del Mixtón

Página 46 del Códice Telleriense-Remensis, que habla del año 1541, en el que “se alsaron los yndios de jalisco”, según la anotación debajo de la ilustración.

Una interpretación diferente se lee en los textos de Antonio Tello, Pablo de Beaumont, Alonso de la Mota y Escobar y Matías de la Mota Padilla. Gracias a ella, se puede saber que la fiesta se inició para memorar la intervención del apóstol Santiago en la Guerra del Mixtón en donde los españoles vencieron a los indios caxcanes –tastuanes.

Los abusos de los colonizadores y la resistencia indígena dieron lugar a diversas batallas: “Dieciocho indios principales cayeron en manos de los capitanes españoles Domingo de Arteaga, Cristóbal de Oñate, Martín Benítez y Juan Pascal, quienes ahorcaron públicamente a nueve de ellos. En respuesta, los nativos dieron muerte al encomendero Juan de Arce, quien además fue comido, como se hacía en la guerra antigua entre estos pobladores” (L. Barjau).

El 28 de septiembre de 1541, sesenta mil indios al mando del tastuán Tenamaztle sitiaron la antigua Guadalajara (fundada en Nochistlán) y se retiraron luego de cuatro días. Fue entonces que los españoles decidieron buscar un sitio más adecuado para establecer de manera definitiva la ciudad de Guadalajara y se encaminaron al Valle de Atemajac.

Mientras tanto, concentrados en el Cerro del Mixtón los caxcanes se preparaban para la guerra, tal como se consigna en el Códice Telleriense-Remensis, en donde Tenamaztle se enfrenta al Virrey Antonio de Mendoza –cuyo apellido se puede ver escrito con un maguey y una tuza: metl-tuza.

Cuando los españoles salieron a combatir a los sublevados, antes de emprender el ataque, ofrecieron perdonar las muertes e incendios que los indios habían causado, con la condición de que debían ser obedientes y pacíficos con sus encomenderos.

Se dice que se escuchó la voz de Tenamaxtle: “Nosotros queremos que se vayan en paz, pues estamos en nuestras tierras… y a ustedes ¿quién los ha llamado?”.

 

III.- El nombre y la representación

Si bien, el nombre “tastuanes” parece provenir de los caxcanes –nombre de los indios que habitaban esta región del país—, también es posible que sea una deformación burlesca de la palabra tlatoani, señor.

La representación de los tastuanes implica su identificación como seres lúdicos –sus evoluciones se conocen con el nombre de “jugadas”—; pero también como salvajes, paganos y adversarios de la religión cristiana. Ocultan su rostro con máscaras de madera que ostentan rasgos animalescos y van tocados con una montera o peluca confeccionada de cola de res y crines de caballo, que les cuelga hasta la cintura. Acompañados de música de tambor (o temponaztle) y chirimía.

 

Hoy en día, como en antaño, la celebración de Santo Santiago y los tastuanes presenta los siguientes cuatro momentos:

  1. Los tastuanes se presentan y toman posesión del espacio habitado.
  2. Los tastuanes discuten y negocian con Santiago sobre la posesión del espacio circundante.
  3. Los tastuanes combaten contra Santiago, lo vencen y lo matan.
  4. Santiago resucita y los tastuanes le rinden pleitesía; pero al mismo tiempo, el significado de Santiago se transforma: de ser una fuerza destructora se convierte en una fuerza curativa, vital.

Esta fiesta se ha celebrado durante varios siglos en los viejos barrios y poblados indígenas que ahora forman parte del área metropolitana de Guadalajara, tales como Santa Cruz de las Huertas (en el municipio de Tonalá); Mezquitán, San Andrés y Huentitán (en el municipio de Guadalajara); Jocotán, San Juan de Ocotán, Ixcatán, Nextipac y Santa Ana Tepetitlán (en el municipio de Zapopan); Juchipila y Apozol, así como en localidades del extremo noroeste de los Altos de Jalisco, como en Mechoacanejo (municipio de Teocaltiche).

 

VI.- La danza de los tastuanes

Danzantes.

Cuando los tastuanes han provocado el caos en las calles, éste se conjura al aparecer de Santiago –quien monta un caballo blanco, blande un machete de acero, viste a la antigua usanza hispana: sombrero de cuero de anchas alas adornado con plumas blancas, botas y capa española—; lo acompañan sus servidores (dos o más), llamados “moros” o “perros rastreros” (en Jocotán) o “sargentos” (en Ixcatán). En la versión de Nextipac, los tastuanes se repliegan ante él, que declara ser “Rey de la Nueva España y de la Nueva Galicia”.

Luego, los tastuanes marchan todos en una procesión encabezada por Santiago, a la plaza o atrio de la iglesia, donde se ha erigido una plataforma, que recibe el nombre de castillo: allí tendrán lugar las negociaciones por la tierra, durante las cuales los tastuanes miden el suelo con cordeles, profieren largos e ininteligibles discursos –salpicados de vocablos en náhuatl— y con grandes gesticulaciones señalan hacia los cuatro vientos.

Reyes coronados.

En las negociaciones intervienen tres reyes coronados (y en ocasiones una reina), que representan los poderes terrenales, y lo más interesante es que los tastuanes se vuelven contra Santiago y lo matan. Entre el momento de la muerte de Santiago y el de su resurrección hay un intercambio de regalos entre los tastuanes y la población local.

Enseguida, actividad lúdica de los tastuanes se reanuda: vuelven a corretearse y a gritar, mientras Santiago reposa en el atrio envuelto en una cobija. Cuando Santiago resucita se produce una gran conmoción. Sus verdugos caen fulminados, pero el santo “los cuerea” –así, su espada se convierte en un instrumento de vida— y se une a la actividad alborotadora.

La culminación de la fiesta tiene lugar cuando Santiago “cuerea” a todos los fieles, quienes forman una larga fila para recibir el impacto curativo.

Santiago resucitado.

 

V.- Indios que hacen muecas a la ciudad

Guadalajara es una ciudad que presume de criolla, y hasta de española, donde los indios quedan confinados a los museos.

Recorrido con la comunidad, posterior a la jugada.

La celebración de los tastuanes permite a los indios salirse de los museos y hacer muecas a la ciudad, al tiempo que subvierten los símbolos de la cultura de Conquista.

 

De hecho, su afirmación pública de la indianidad lo es también del derecho a la tierra; y precisamente una característica de los pueblos caxcanes a lo largo de la Colonia fue la reivindicación de las tierras de la comunidad.

 


Sobre el diseño de la exposición

Los núcleos temáticos

Montaje de algunas salas.
  1. Santiago, santo de dos mundos.
  2. Las “jugadas” de la danza: ayer y hoy
  3. La danza y su historia de continuidad. Del siglo XVIII a la actualidad.
  4. Los tastuanes
  5. Las máscaras y la música para la danza.
  6. La “jugada” en Santa Cruz de las Huertas, municipio de Tonalá, Jalisco.
  7. Las variantes de la danza en: Tonalá, Jocotán y San Juan de Ocotán, Jalisco, y en Nochistlán, Zacatecas.

Finalmente, se muestra en el siguiente video a Rubén Páez Kano habla del trabajo museográfico realizado para una exposición sobre la tradición de los tastuanes en Jalisco, el reto que implica cada pieza en el montaje y el trabajo de colocación para crear el impacto deseado en el espectador.

 


 

TRADICIONES: Altar de Dolores

Texto por: José Hernández y Gutierre Aceves.

[hr]

Viernes de Dolores

La celebración del Viernes de Dolores es un preámbulo al periodo de recogimiento que significa la Semana Santa en la cultura cristiana. Fue consagrado a la Virgen, como un recuerdo de sus dolores, por resolución del Sínodo provincial celebrado en Colonia, Alemania, en 1413. Muy popular en los siglos XVIII y XIX en México, esta tradición aún es conservada en las familias del centro y occidente del país, y desde hace años el Centro de Promoción Cultural del ITESO, a través de su programa de Patrimonio, la retoma y promueve.

 

I. Incendio del Viernes de Dolores

La importancia de toda tradición radica en reflejar el sentir de un pueblo. La tradición del Altar de Dolores se remonta a la época de la Colonia. En el Reino de la Nueva Galicia, hoy Estado de Jalisco, los jesuitas introdujeron la devoción a la Virgen de los Dolores en el siglo XVII; los habitantes de este reino como devoción a la imagen de la Dolorosa, comenzaron a levantar altares cada año dentro de sus casas.

“Palomitas de algodón y grenetina, comalitos de cebada recién nacida, flores, confeti, esferas de cristal y sobre todo velas de cera en gran cantidad, cuyas luces producían una atractiva y deslumbrante iluminación, abundaban en el adorno de dichos altares, que desde tiempos inmemorables fue costumbre entre los habitantes de Guadalajara celebrar familiarmente la fiesta de la Virgen de los Dolores”, señala el historiador Ignacio Dávila Garibi en sus relatos.

Los altares se visitaban por la tarde o en la noche para gozar el esplendor de la iluminación; como parte de la visita era obligado que el anfitrión obsequiara agua fresca de limón con chía y de Jamaica, entre otras, que según la tradición se relacionaban con el llanto de la Virgen.

Se llamaron “incendios”, precisamente por la gran cantidad de velas encendidas en estos altares, y como las calles de Guadalajara y de otros pueblos donde se ponían estas ofrendas carecían de alumbrado, el reflejo que salía de las ventanas daba la impresión que las casas se incendiaban. También muchas veces con el aire propio de la temporada, la llama de las velas alcanzaban alguna cortina provocando un incendio de verdad.

Hoy en día esta tradición perdura tanto en Guadalajara como en otras poblaciones del Estado, en la Ciudad de México y en otras entidades de la República, contribuyendo así a preservar nuestras raíces y conformar parte de nuestro ser nacional.


 

II. El altar

“Dos ó tres semanas antes del sexto Viernes de Cuaresma, que fue consagrado á la Virgen, […] hacíanse los preparativos para los famosos altares que en tal día se levantaban. Esos preparativos consistían en embadurnar de agua recargada de chía, jarros, comales, cantaritos, ladrillos, pinos y otros objetos de barro muy poroso, de diversos tamaños y de varias formas, cuidando de echarlos agua diariamente; en sembrar en platos y en macetillas, trigo, lenteja, cebada, alegría y otras semillas, preservando unos sembrados del contacto del aire, á fin de obtener las plantas amarillas, y dejando libres otros para que éstas se desarrollasen y adquiriesen su verdor; y por último, en echar el ojo á cuantos muebles, trastos y lienzos y otros objetos existiesen en la casa y fuesen útiles y necesarios improvisación y adorno de los referidos altares.” (García Cubas, 1904)

En Jalisco, el altar es presidido por una imagen de la Virgen Dolorosa, de bulto o pintada al óleo. La decoración responde a un orden preestablecido y varía según las posibilidades económicas y la creatividad de cada familia. Antaño el altar se construía en un espacio escalonado para lo cual se utilizaban mesas y pequeños muebles que se cubrían con manteles blancos y papel picado. La decoración se enriquecía con una profusión de veladoras y velas decoradas con cera escamada, así como con esferas, tazones y tibores de mayólica poblana, y pequeñas macetas con germinados de trigo o chía.

“Multiplicadas eran las faénas a que se entregaban las familias para armar un altar de Dolores, á causa de ser los menesteres tan numerosos como variados. Echábase mano de una mesa, así como de algunos cajones de madera de diversos volúmenes y aun de cofres. Arrimaban aquélla á la pared principal de la sala y ponían éstos sobre la mesa simétricamente colocados de mayor á menor, formando gradas; clavaban en la pared una cortina blanca ó de color, de lino ó seda, dándole la forma de pabellón, bajo del cual se colgaba el cuadro de la Virgen á la altura de la última grada, sobre aquel cuadro se suspendía un Santo Cristo; forrábase el altar con lienzos blancos adornados con moños y listones de colores, y se cubría la mesa con frontal y palio. Improvisado ya el altar procedíase desde luego á su adorno. Unos se ocupaban en dorar naranjas y en formar banderitas con popotes y hojillas de plata y oro volador, y otros en hacer las aguas de colores con las que habían de llenarse de copas, botellones y cuantos vasos de cristal había disponibles en la casa. Sacábanse de sus encierros los sembrados amarillos y traíanse de los corredores y azotehuelas los verdes, así como las macetas de mejor follaje y de plantas en flor, mientras que las criadas, bajo la dirección del ama de la casa, empleaban su tiempo en la cocina ó en otra pieza retirada, moliendo en metates grandes cantidades de pepitas de melón, echando en remojo la chía, el tamarindo […]. Los procedimientos para las aguas de colores variaban según la calidad y recursos de las familias […]”

“Hecho el acopio de todo lo necesario, procedían desde luego á colocar sobre el altar los objetos tan numerosos como variados. Grandes velas de cera, doce cuando menos, adornadas con banderitas de plata y oro volador y colocadas en candeleros con los cabos envueltos en papeles de color picados, se distribuían simétricamente en las diversas gradas del altar. Las ollitas, los ladrillos, los pinitos y demás figuras de barro, sembrados de chía y alegría alternaban con los platos y macetas que ostentaban las amarillentas plantas del trigo y de la lenteja de la misma manera que las hileras de naranjas con sus banderitas de oro, quedaban interrumpidas por los ramilletes y por frascos y botellones tras de los cuales se colocaban lamparitas de aceite que, una vez encendidas, hacían brillar vivamente las aguas de colores que aquéllos contenían. A los lados del altar colocábanse las macetas de mejores plantas, y á su pie se formaba un tapete con salvado extendido, sobre el que, por medio de patrones de papel, se hacían alrededor complicadas labores con pétalos de flores polvo de café y obleas desmenuzadas, y en el centro el anagrama de la Virgen.” (García Cubas, 1904)

 

Está la Reyna del çielo

Anónimo español. Siglo XV. Fragmento.

Está la Reyna del çielo
a la cruz amorteçida
los sentidos muy turbados,
la color desfalleçida;

El rostro muy afilado,
la color toda perdida,
el pecho muy quebrantado
i la vos enrronquecida;

El corazón traspasado,
el alma muy afligida;
Con su llanto doloroso
a tristesa nos convida.

Pues no vieron nuestros ojos
ser madre tan dolorida,
de todos desanparada,
de nadie fue acorrida.

El hijo que mucho amaba
ya se parte desta vida;
A San Juan le encomienda
al tiempo de su partida.

 

Himno a la Dolorosa

Atribuido a Jacopone da Todi.

Oración sobre los dolores de la Virgen María bajo la Cruz. Es un himno del siglo XIII que se asocia en particular con el Vía Crucis, cuando éste sucede públicamente, en procesión o en la iglesia, se cantan estrofas del mismo.

 

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz, y lloraba
mientras el Hijo pendía,
cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

Oh, cuán triste y afligida
se vió la Madre bendita
de tantos tormentos llena
cuando triste contemplaba,
y dolorosa miraba,
del Hijo amado la pena.

¿Y cuál hombre no llorara
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera,
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo
vió a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre,
y muriendo al Hijo amado
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

Oh Madre, fuente de amor
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que por mi Cristo amado
mi corazón abrasado
más viva en Él que conmigo.

Y porque a amarte me anime
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí;
y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar,
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo:
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu Corazón compasivo.

Virgen de vírgenes santas,
llore yo con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su Pasión y Muerte
tenga mi alma de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore,
Y que en ella viva y more,
De mi fe y amor indicio;
porque me inflame y me encienda
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
para que cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria.

Amén.


III. Glosario

Para ampliar la explicación sobre los componentes del altar y su simbolismo te presentamos el siguiente glosario que profundiza en el significado de cada elemento en la composición de la ofrenda.

Da click sobre la imagen para agrandarla y verla en detalle.

 

 


Sitios relacionados:

TRADICIONES: Tutorial para realizar ofrendas para las ánimas

Texto por: Rubén Páez Kano.

[hr]

El origen

Cada grupo humano ha desarrollado formas particulares de rendir culto a los antepasados. En las diversas culturas, todos los rituales –incluso aquellos relacionados con la muerte— tienen como fin la preservación del grupo que los lleva a cabo, y también la renovación de los elementos necesarios para la vida.

Desde las primeras agrupaciones sociales, luego de cosechar los frutos de la tierra y antes de la estación invernal han tenido lugar las ceremonias relacionadas con la fertilidad de la tierra y el renacimiento de la naturaleza. Se cree que de esa manera se logra el re-establecimiento anual de las fronteras entre la vida y la muerte —entre este mundo y el otro—, y que su contacto limitado por el ciclo ritual a ciertos momentos del año ha permitido que la vida prosiga sin sobresaltos.

[hr]

I. La tradición mexicana

Altar en Casa ITESO Clavigero, elaborado por José Hernández

En México, a partir del siglo XVI, la amalgama de tradiciones europeas y mesoamericanas dio lugar a diversas celebraciones, algunas de las cuales aún están vigentes. Entre ellas, destacan las del 1 y 2 de noviembre, y en la cercanía de estas fechas los llamados “Días de Muertos”.

En efecto, los dos primeros días del mes de noviembre son las fechas establecidas en el calendario ritual cristiano para conmemorar a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos. Por esta razón, el primero de noviembre se dedica a los “angelitos”, que son niños que murieron después de ser bautizados y antes de tener uso de razón; y el día dos, a quienes fallecieron después de la edad de la inocencia.

A estas celebraciones, la costumbre popular ha adicionado otros días dedicados a quienes murieron ahogados o en algún accidente (28 de octubre), a los “matados” (29 de octubre) y a los niños que murieron sin haber recibido el primer sacramento (30 de octubre), pues se cree que estos últimos permanecen en el “limbo”.

Day of the dead at mexican cemetery 4
© Tomas Castelazo, www.tomascastelazo.com / Wikimedia Commons, via Wikimedia Commons

De acuerdo con esta tradición, en esos días el ánima de los difuntos regresa a sus antiguos hogares para visitar a su familia que los recibe con una ofrenda, y esta costumbre contrasta con muchas otras culturas en donde únicamente son los vivos quienes se trasladan a los cementerios para conmemorar a los ancestros.

Las celebraciones terminan cuando, agradecidos por ser recordados, los visitantes se despiden y regresan a su morada sobrenatural. Gracias a esta festividad se reinstauran el orden terreno y las ancestrales raíces de la comunidad, así como las condiciones adecuadas para el renacimiento de la naturaleza.

[hr]

II. Elaboración de los altares de muertos

Altar de muertos 5
Christian Frausto Bernal, via Flickr

Una mesa colocada junto a un muro es el sitio adecuado para elaborar el altar. La superficie se cubre con un mantel blanco y en un sito más elevado –correspondiente al ámbito celestial o de lo sagrado—, o directamente en la pared, se coloca una imagen devocional y algún retrato de los difuntos a quienes se dedica la ofrenda.

Los altares presentan diversos elementos rituales, algunos provenientes de la tradición cristiana, como un crucifijo, pan, agua, sal y velas o veladoras, a los cuales se suman un sahumerio que emana humo de copal o incienso, papel picado y cal o tequesquite objetos cuyas raíces pueden seguirse en la tradición mesoamericana. También son indispensables las flores: cempasúchil, cuyo color amarillo predomina en esta celebración; cresta de gallo o flor de obispo, así como nardos y nubes.

En los altares instalados en los espacios domésticos, además del retrato del difunto y de objetos que fueron de su aprecio, es costumbre colocar sobre la mesa ofrendas en forma de bebidas y alimentos tradicionales cuyo aroma y esencia, se dice, serán degustados por las ánimas: por ejemplo, mezcal o tequila, mole, calabaza en tacha y alfeñiques (dulces de azúcar, cuya forma más popular es la de calavera), así como alguna cosa para el gusto particular del espíritu visitante.

En este nivel –que corresponde al ámbito terrenal o de la vida, se incluye también el llamado “pan de muerto”, que presenta diversas características según la región en donde se elabora, aunque generalmente presenta aspectos antropomorfos y en muchos pueblos se acostumbra decorarlo con azúcar pintada con anilina rosa.

Imágenes: Pan: By MaríaJoséFelgueresPlanells (Own work), via Wikimedia Commons / Calavera: By El Comandante (Own work), via Wikimedia Commons / Flores: By MayraFalcon (Own work), via Wikimedia Commons

Con el fin de que las almas visitantes puedan tomar con provecho las ofrendas, en un sitio cercano a este altar se coloca una bandeja o un aguamanil con agua limpia, un jabón y una toalla que les permita asearse antes de tomar los alimentos.

En el suelo, frente al altar es costumbre formar una cruz de ceniza, de cal, de tequesquite o de flores de cempasúchil. En muchas ocasiones esta cruz, colocada en el nivel correspondiente al ámbito de la muerte o del inframundo, es el remate de un largo camino de pétalos amarillos que los familiares crean con el fin de guiar al ánima hasta su antiguo hogar.

Altar de muertos 1
Christian Frausto Bernal, via Flickr

La base de los altares y ofrendas es la estructura descrita; sin embargo, al momento de ser elaborados el tiempo y los recursos de cada grupo cultural determinarán que sean muy sencillos o incluyan múltiples niveles y elementos decorativos que les darán mayor complejidad.

En muchos pueblos de México, el día primero de noviembre se escucha el repicar que anuncia la llegada de los “angelitos”. Al día siguiente, las campanas doblan anunciando duelo, pues ese día se recibe la visita de los fieles difuntos.

Al final de las celebraciones, todas las ofrendas tienen un destino similar: una vez que las almas degustaron la esencia de los bienes que se les dedicaron, éstos “perdieron el aroma y el sabor”, por lo que son repartidos entre los familiares y amigos para ser consumidos.

[hr]

Haz clic sobre la imagen para verla en detalle

Glosario

 

Para ampliar la explicación sobre los componentes del altar y su simbolismo te presentamos el siguiente glosario que profundiza en el significado de cada elemento en la composición de la ofrenda.

Da clic sobre la imagen para agrandarla y verla en detalle.

[hr]

III. Otros altares tradicionales

Poco a poco, los altares fueron logrando espacios alejados del ámbito doméstico, aunque conservando algunas de sus características. Así, hay altares que se instalan en el sitio exacto en que una persona falleció debido a un accidente, mientras que otros se colocan en donde el difunto desempeñó sus labores.

El lugar preciso en donde ocurrió algún deceso por accidente generalmente se señala con una cruz o con algún otro símbolo religioso. La tradición indica que el ánima pasa por allí en camino a su hogar, en este lugar toma un “descanso” antes de visitar a sus seres queridos. Por ello, los familiares se ocupan de cuidar y adornar dicho sitio, asimismo colocan una ofrenda de alimentos para que el difunto tenga el refrigerio que le permita continuar su camino.

También es costumbre que se coloque una ofrenda en el lugar donde el fallecido desempeñaba sus labores. Allí, sus amigos y compañeros de trabajo le otorgan un lugar central a los gustos compartidos con el compañero que se fue. En algunas ocasiones este tipo de altares no incluye elementos de la simbología religiosa.

DIA DE MUERTOS
Día de muertos, 2011. Por Irionik Rotten, via Flickr

Otros altares surgen al institucionalizarse la tradición popular. Se trata de ofrendas mortuorias que tienen una finalidad edificante y, por lo general, están dedicadas a los más variados personajes que lograron cierto reconocimiento por parte de algún grupo social, ya sea por su labor científica, social, política o cultural.

Por lo general, la instalación de estos altares se incentiva de manera oficial como celebración cívica. Se levantan altares de este tipo tanto en las instalaciones escolares como en los centros de trabajo o en recintos culturales. En muchas ocasiones se procura que en estos altares no haya ofrendas de alimentos perecederos y tampoco incluyan objetos rituales. Por el contrario, se privilegian los elementos ornamentales y aquellos que enaltecen las virtudes del fallecido.

[hr]

IV. La tradición reinterpretada

Finalmente debe señalarse que, en nuestros días, junto a los altares tradicionales, es muy común encontrar instalaciones que surgen de la misma veta, por lo que son denominadas también “altares de muertos”.

Dia de los Muertos, Day of the Dead, All Souls Procession, Tucson Arizona, 2007 --- Gal lighting candle on Art Car
“All Souls Procession”, 2007. Por Yourcottoncandyhammer, via Flickr

Se trata, por lo general, de recreaciones libres que toman elementos de los altares de la celebración mexicana de los Días de muertos y —al dotarlos de nuevos significados plásticos y expresivos—, los convierten en una muy particular manifestación de la cultura popular urbana.

La importancia de estos modernos “altares de muertos” reside en que, en su origen, sus autores son motivados por la necesidad de “recuperar” las costumbres y tradiciones, en tanto elementos proporcionadores de identidad. Sin embargo, al carecer de la base ritual que les otorga la certeza de la visita de las ánimas, derivan en reinterpretaciones que sólo cumplen una función estética u ornamental.

Ofrenda de la Calle de Regina
Ofrenda de la Calle de Regina, 2014. Por Irionik Rotten, via Flickr

 

[hr]

Sitios de interés

Si deseas ampliar la información sobre las ofrendas a las ánimas o la celebración del Día de Muertos, puedes visitar los siguientes sitios:

[hr]