RUTA CULTURAL: Paisaje rulfiano

Texto por: Juan José Doñán
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“Mirador vine a Cómala”

Más allá de los “destinos turísticos” convencionales, la geografía de Jalisco cuenta con muchos otros sitios de gran atractivo o de un interés relevante. Uno de esos sitios es el Llano Grande, una dilatada planicie del sur Jalisco que se encuentra enclavada en cinco de los 125 municipios del estado: San Gabriel, Tuxcacuesco, Tolimán, Tonaya y parte de Zapotitlán de Vadillo. Históricamente esa gigantesca comarca ha sido habitada por hombres y mujeres empeñosos, cuya creatividad e ingenio han enriquecido, a lo largo de muchas generaciones, un territorio que se caracteriza por la singularidad de sus prendas naturales y por su riqueza paisajística. 

“Mirador vine a Cómala”

A esos dones de la naturaleza, el talento humano ha ido integrando desde tiempos remotos otro tipo de valores, que pueden apreciarse en más de un centenar de poblados y caseríos de distintas dimensiones y de singular belleza, hasta en rancherías y estancias de ganado de muy buena pinta, pasando por fotogénicos cascos de viejas haciendas y también en la agroindustria de mayor abolengo (la del mezcal). A lo anterior hay que sumar sementeras (frutales, de granos y hortalizas) que parecen ser un milagro en un territorio de suyo reseco, rodeado de un circo de altas montañas, algunas de ellas de talla monumental: hacia el sur y el poniente, dos macizos ramales de la sierra de Tapalpa; hacia el norte, la sierra de Manantlán (el Cerro Grande, para los habitantes del llano), y al oriente, el conjunto que forman el cerro de la Elisea y las dos mayores elevaciones de todo el occidente de México (el Volcán de Colima y el Nevado de la misma denominación).

Quien recorra esa inmensa extensión podrá comprobar que, salvo en las partes bajas de la parte oriental del llano, por donde corren los afluentes que alimentan desde Jalisco el caudaloso río colimense de Armería, los árboles son escasos y poco frondosos, cuando no definitivamente trespeleques, y que más bien predominan arbustos y matorrales resecos. En pocas palabras, el llano no es un vergel, sino una zona de tierras flacas en las que llueve poco y donde abunda el tepetate (esa especie de concreto natural) y la agricultura es casi una hazaña como se consigna en el cuento “Nos han dado la tierra”, de Juan Rulfo.

Parte del paisaje Rulfiano

Precisamente esa extensa comarca sirvió de punto de partida para que, con las licencias y libertades propias de la ficción literaria, el mencionado escritor, originario de esa región, concibiera el escenario, la trama y los personajes de sus dos obras maestras: el libro de cuentos El Llano en llamas y la novela Pedro Páramo. Con ellos el autor mitificó o recreó y puso en el mapa mundial lo que equivale a decir que exportó imaginariamente esa parte de la geografía jalisciense, llevándola a millones y millones de lectores en más de medio centenar de lenguas, pues a Rulfo le ha correspondido la gloria de ser el escritor de lengua española más traducido a otros idiomas después de Miguel de Cervantes.

 

Sobre Juan Rulfo

Bautizado con el nombre de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno, quien vio la primera luz en Sayula, el 16 de mayo de 1917,  pasó los primeros años de su vida entre el pueblo de San Gabriel y Guadalajara, donde recibió su educación escolar, primero en el Colegio Luis Silva (1927-1932) y luego en el Seminario de Señor San José (1932-1934).

Escultura de Juan Rulfo

Posteriormente fue empleado durante once años de la Secretaría de Gobernación (1936-1947), etapa en la que comenzó a escribir y publicar sus primeros cuentos, sobre todo cuando esa dependencia federal lo comisionó para trabajar en Guadalajara (1941-1947). Al año siguiente contrajo matrimonio en el templo del Carmen, en la misma capital tapatía, con Clara Aparicio. Para ese entonces ya había cambiado de empleo y trabajaba para la fábrica de llantas Goodrich Euzkadi (1947-1952) y preparaba el que sería su primer y único libro de cuentos: El Llano en llamas (1953). Al año siguiente fue contratado como fotógrafo por la Comisión del Papaloapan (1954-1957) y en ínter de ese nuevo empleo oficial publicó su primera y también única novela: Pedro Páramo (1955).

Entre 1961 y 1963 tuvo una nueva estancia en Guadalajara, acompañado por su mujer y sus hijos mayores, contratado como “asesor” por Televisora de Occidente, S. A. Canal 4 (1961-1963). Su último empleo también fue el más duradero: responsable del área editorial del Instituto Nacional Indigenista, de 1963 hasta su muerte, acaecida en la Ciudad de México, el 7 de enero de 1986.

En 1970 recibió el Premio Nacional de Literatura, en 1978 el Premio Jalisco y en 1983 el Premio Príncipe de Asturias. El año 2000, a iniciativa de un grupo de editores y académicos españoles, que invitaron a sus pares hispanoamericanos a proponer cuál sería la obra literaria más importante del siglo XX escrita en castellano, se declaró que esa obra era Pedro Páramo.

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Ubicación y recorrido

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Aun cuando al Llano Grande se puede llegar por varios rumbos (subiendo desde el Grullo, bajando desde Tapalpa, subiendo y bajando desde Ciudad Guzmán, o por la nueva carretera que viene de Comala, Colima), el más recomendables es el que tiene su punto de arranque en Sayula, y no sólo porque esta población sea el punto más accesible para quien proviene de Guadalajara o del centro del país, sino por la variedad y riqueza de cosas de interés que ofrece al visitante. Aparte de ello, existe un par de buenos motivo rulfianos: Juan Preciado, el principal personaje narrador de Pedro Páramo, sigue precisamente esa ruta en su viaje hacia Comala-Tuxcacuesco, y como ya quedó consignado, Juan Rulfo nació en Sayula y se conserva la casa donde vino al mundo.

Placa de la finca 124

Aparte de esta finca, marcada con el número 124 de la calle Manuel Ávila Camacho (antes Francisco I. Madero), los atractivos de Sayula son múltiples, comenzando por sus hermosos juegos de portales del centro de la población, los primeros de cuales datan de la época de la República Restaurada y su modelo se atribuye a José J. Vázquez Morett, sayulense que en 1870 viajó por Europa y el Medio Oriente, de donde habría traído el boceto de esos portales que luego serían imitados, con algunas variantes, en otra poblaciones del sur de Jalisco e incluso en la capital de Colima.

En Sayula es obligada también una visita al templo parroquial, al Santuario de Guadalupe, que posee un atrio y un claustro excepcionales; a alguno de los talleres de cuchillería, y al multisensorial mercado del municipio, donde, aparte de los productos de la tierra, se venden huaraches, las famosas cajetas del lugar. Y por lo que hace al souvenir más solicitado (los celebérrimos versos del Ánima de Sayula), el mismo se consigue hasta en farmacias y tiendas de abarrotes.

Atrio del Santuario de Guadalupe

De Sayula a San Gabriel se hace media hora en coche o autobús y en el trayecto de este recorrido existe un mirador para contemplar el extensísimo llano a un solo golpe de vista. Aparte del muy agraciado centro de la población, en San Gabriel se debe visitar el antiguo colegio josefino, donde Rulfo aprendió a leer y escribir, así como la casa donde pasó parte de su infancia. En la ficción rulfiana, esta población aparece en el cuento “En la madrugada”.

No más de cuatro kilómetros al sur de San Gabriel se encuentran, a un lado de la carretera, los vestigios de la hacienda de Telcampana, la cual es referida en El Llano en llamas. Siguiendo la misma carretera se llega al crucero de Cuatro Caminos, desde donde se puede ir a varias de las principales poblaciones del Llano Grande, que por supuesto también figuran en la obra rulfiana: Tolimán, que aparece en el cuento “Talpa”; Tuxcacuesco, al que la ficción rulfiana convirtió nada menos que en la mítica Comala, y Tonaya, destino de los personajes del excepcional relato “No oyes ladrar a los perros”.

Edificios construidos por el abuelo de Juan Rulfo

Por la carretera a Tonaya, a unos 15 kilómetros al sur de Cuatro Caminos, se encuentra Apulco, población de no más de 400 habitantes y donde se conservan dos edificaciones de gran calado relacionadas con la familia de Rulfo: el casco de la hacienda del lugar, que fue propiedad del abuelo materno del escritor (Carlos Vizcaíno Vargas), y la agraciada basílica de Nuestra Señora del Refugio, que mandó construir de su peculio el mismo acaudalado personaje.

De Apulco, que se encuentra en la banda izquierda del río Jiquilpan, se llega a Tonaya en no más de cuarto de hora. Se trata de la población más grande y próspera de la comarca, en buena medida por la industria mezcalera. El centro de la población es de muy buen ver, con un caserío no carente de gusto y con el fotogénico conjunto que forman el templo parroquial y los vestigios del templo de la Virgen de Tonaya.

Altar al aire libre en Tuxcacuesco

Para llegar a Tuxcacuesco, se debe desandar parte del camino y tres kilómetros adelante de Apulco se llega al entronque que conduce a aquella población, la más baja y calurosa del llano, lo que llevó a Rulfo a tomarla como modelo de su Comala, algo que el visitante puede constatar no sólo por lo caldeado del clima, sino por la ubicación topográfica descrita en Pedro Páramo: “los que vienen, bajan y los que van, suben”. Fuera de ello, Tuxcacuesco está lejos de ser el pueblo fantasma que refiere la novela rulfiana y en la actualidad cuenta con una renovada traza urbana, a causa de los sismos que han acabado con buena parte de las fincas antiguas, entre ellas el templo parroquial, que ha sido rehecho varias veces, enfrente del cual se colocó recientemente una escultura sedente de Juan Rulfo y, a pocas cuadras de ahí, se encuentra un elemental museo consagrado al mismo escritor.

A Tolimán se llega volviendo a Cuatro Caminos y tomando un ramal que, 18 kilómetros al suroeste, lleva a la referida población, que se encuentra en una verde hondonada. En el trayecto, tanto de ida como de regreso, se puede contemplar a placer la inmensidad del llano, con el cerro del Petacal en el horizonte norte y, hacia el viento contrario, la sierra de Manantlán y también el Nevado y el Volcán de Colima.

Vestigios de la hacienda El Jazmín

Para regresar del llano se recomienda hacerlo por la carretera Ciudad Guzmán-El Grullo,la cual se puede tomar en el mencionado crucero de Cuatro Caminos, rumbo al oriente, con la ventaja de poder visitar al paso El Jazmín, donde se conservan algunos vestigios relevantes de la hacienda del mismo nombre, a la que se menciona también en El Llano en llamas. Y como regalo final de salida, esta carretera ofrece al visitante un espléndido trayecto por las faldas del Nevado de Colima, a través de una zona boscosa de muchos quilates.

 

 

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Recomendaciones

Aun cuando el recorrido propuesto por el Llano Grande se puede hacer, aunque con cierta prisa, en un solo día, lo más recomendable es hacerlo más descansadamente en dos jornadas o por lo menos en jornada y media. Así, por ejemplo, a Sayula se puede llegar al mediodía y hacer un recorrido por el centro de la población antes de comer, para lo cual hay muy buenos sitios, entre ellos restaurantes y fondas que tienen en su menú platillos típicos del sur de Jalisco como la cuachala, la birria o los chacales (langostinos o camarones de río).

Y luego de ello, completar el recorrido en el resto de la tarde y pernoctar en Sayula mismo, o si se prefiere un lugar más fresco pasar la noche en Apango (20 kilómetros adelante, rumbo a San Gabriel), donde hay un buen hotel serrano, muy cerca de la carretera. Otra opción es dormir en San Gabriel, que cuenta con varias céntricas hospederías, y aprovechar todo el día siguiente para recorrer sin prisas la zona. Y aun cuando hay varias opciones para comer en distintas poblaciones del llano, el punto más cotizado para ello es un par de restaurantes campestres que se encuentran en el crucero de Cuatro Caminos, especialmente el de mayores dimensiones, que tiene por nombre Paraíso del Llano.

En todo el recorrido, el visitante tendrá sobrados motivos para quererse llevar una botella de buen mezcal, o una pieza de talabartería, o un cuchillo de Sayula, o un típico atadillo de cajetas en cajitas de madera, u otros souvenirs de la zona, entre ellos los siempre muy solicitados Versos del Ánima de Sayula.

 

RUTA CULTURAL: Barrio del Santuario, tradición gastronómica y cultural

Texto por: Bernardo González.

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Fray Antonio Alcalde

Hacia el final de la época colonial (s. XVIII), aparece en la región, Fray Antonio Alcalde uno de los mayores precursores del desarrollo de la ciudad y muy particularmente de lo que actualmente es el barrio del Santuario, considerado el más significativo de esta ciudad, tanto por lo urbanístico, religioso, político, social, económico, administrativo y gastronómico. El Obispo Alcalde, inició la construcción de la parroquia del Santuario de nuestra Señora de Guadalupe el 7 de enero de 1777, completándola cuatro años después. Impulsó también el Real Hospital de San Miguel de Belén, con capacidad para mil camas, cifra extraordinaria para la época (1786) y el nosocomio más importante en América Latina en su momento, fundó el primer conjunto habitacional popular de viviendas para gente de bajos recursos o que venían al hospital de Belén acompañando a sus familiares y que no tenían donde pernoctar.

Vista del Santuario. Fotografía: fondo Álvarez del Castillo

Estos alberges se distribuían en cuatro manzanas entre el Santuario y el hospital de Belén; perímetro que después sería el barrio del Santuario. Ahora queda un reducto de las “cuadritas” sobre la Av. Alcalde en la finca marcada con el número 576 y que siguen funcionando con su vocación de alberge. Otras de las obras sobresalientes en las que Fray Antonio Alcalde impulsó y que junto con el obispo Fray Juan Cruz Ruiz de Cabañas llevaron a cabo fue el sobre todo la magnífica Casa de Caridad y Misericordia, que después se conoció simplemente como el Hospicio Cabañas, de estilo neoclásico y que desde 1997 esta declarado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

En el siglo pasado, el ritmo de expansión de este barrio se mantuvo, y ocurrió que se quiso convertir en residencial, comenzaron a levantarse casas suntuosas para los ricos hacendados. Es por eso que encontramos fincas señoriales junto a otras no tanto. Actualmente podemos apreciar muestras de esta arquitectura civil típica. Por la calle de Pedro Loza se encuentran una variedad de ellas y particularmente en la esquina de Reforma, está una de las mansiones más antiguas de la ciudad, además de la famosa “Casa de los Perros” y muchas más que se encuentran en calle Santa Mónica, Alcalde, Reforma, Garibaldi, Angulo, etc.

LA FIESTA

El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe actualmente

El 12 de diciembre es la fecha de la gran fiesta anual del barrio, festejo dedicado a la Guadalupana que antiguamente (1847) consistía en un novenario-convite, en el que se incluía la procesión que recorría las calles aledañas al Santuario, y que terminaban entoldadas con los numerosos lazos de ropa, mascadas de seda y otros lienzos finos de la época. El pavimento se regaba con hojas verdes y flores naturales. La imagen de Guadalupe era sacada en procesión, visitando casas particulares donde se habían levantado altares. En el jardín del Santuario (ahora llamado plaza Hidalgo, por la estatua del padre de la patria) se quemaban 12 castillos en honor de la Virgen, había danzas. Vendedores de caña, muéganos, celestinas, varitas de tejocotes enmielados, cacahuates y los deliciosos buñuelos.

PERSONALIDADES

Nacidos aquí o visitantes distinguidos el barrio tiene unos cuantos.

Posiblemente uno de los más grandes impulsos gastronómicos que se imprimen en el Santuario se debe a Doña Valentina Santos Oropeza que al confeccionar un pollo frito atrajo la visita y el placer de servirle de comer a; al caudillo Pancho Villa, el empresario y visionario automotriz Henry Ford, a los presidentes Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho, y al gobernador Jesús González Gallo, entre otros; además de los ilustres nacidos en el barrio, como Agustín de la Rosa (protector de la niñez tapatía), el presbítero Severo Díaz (astrónomo) y el querido gobernador del estado Agustín Yáñez en la casa 523 de la calle Manuel Acuña.

En rojo verás la zona que abarca la ruta (mapa de Google, 2015)
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La comida

ENCHILADAS TAPATÍAS

Como este platillo también tiene su identidad y cariño compartido en toda la nación, los oriundos de la región inventaron las propias, que se caracterizan por estar rellenas del queso fresco natural de la zona, y preparadas a saber: con la tortilla pasada por el adobo de chiles y aceite, rellena de queso y arreglada con lechuga, verdura en vinagre, crema y más queso.

CUERITOS

Como uno de los productos consentidos de la región es el cerdo, existen infinidad de tradiciones y costumbres de consumirlo en diferentes formas. Los cueritos, es lo que primero se cocina, se cuecen con hierbas de olor y se escabechan para ser consumidos así, o como botana con salsa de chile de Yahualica, limón y sal o sobre una tostada estilo Santuario.

BUÑUELOS

Tradición e identidad del barrio, las buñueleras venden en la zona desde hace 70 años y recientemente se quedaron semifijas para abastecer todos los días de la semana al deseo de comer un buñuelo “quebrado” en plato bañado en la miel caliente compuesta de agua piloncillo de caña, guayaba, tejocote y hoja de higo y acompañado de un atole de masa en jarro de barro.

PAN DULCE

El barrio en su afortunada diversidad cuenta con tres panaderías con adelantos tecnológicos pero sin alterar el sabor artesanal. Además de las especialidades de pan blanco; birote, salado, fleyman, bollo y de caja. Las delicias son los panes dulces para probar; conchas, orejas, cuernos, conos rellenos, polvorones, mantecadas, empanadas rellenas de: crema, piña, fresa, manzana, calabaza, etc.

TORTA AHOGADA

Este antojito, enlistado en los primeros lugares que identifican a la particular gastronomía Jalisciense, tiene dos leyendas de su origen: en la zona centro de la ciudad frente al antiquísimo restaurante La Alemana, y la otra se encuentra aquí en el barrio. Se dice que nació al costado del Santuario de Guadalupe, en la calle. De origen humilde, esta preparación de birote relleno de carnitas de cerdo y bañada, “ahogada” en salsa de jitomate y orégano se sirve en restaurantes por toda la ciudad y por el estado.

BIRRIA

Platillo representativo del Estado, que ha trascendido fronteras nacionales e internacionales. Es un plato horneado con mucho carácter con grandes aromas, sabores y acentos. Tradicionalmente se hace con Chivo, pero ahora lo podemos encontrar de res, pollo, ternera, cerdo, pato e incluso pez. Se sirve con el jugo resultante de su cocción, se acompaña con cebolla fresca picada, salsa de chile rojo y tortillas.

POLLO A LA VALENTINA

Una joya del barrio, sustancioso, generoso y sápido platillo que tuvo a bien confeccionar Dña. Valentina Santos Oropeza, zacatecana nacida en 1876. Ni ella ni sus descendientes tenemos noticia pero afortunadamente su creación sobrevive y se recrea con sus variaciones geográficas. Primordialmente el platillo consta de: generosas piezas de pollo sin piel pasadas al comal en manteca y con adobo al punto de freírlas, rodajas de papas, y acompañadas de un par de enchiladas o sopes y ensalada de lechuga y jitomate.

TEPACHE

Bebida nacional reproducida por todo lo largo y ancho del país. Fermento de cáscaras de piña y piloncillo con muy bajo contenido alcohólico, la variación tapatía consiste en el agregado de olores como el clavo, pimienta y canela. Consúmala bien fría la puede acompañar con azúcar o bicarbonato.

TORTA ESTILO SANTUARIO

En el nombre lleva el orgulloso origen, torta fría elaborada con telera, concretamente con la parte baja del pan, se unta de frijoles, y se “rellena” de lomo, pierna, cueritos, patas o pastel de cerdo, también las hay de panela y de salchichón. Se agrega lechuga, rábano y salsa de jitomate dulce.

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POZOLE

Otro emblema nacional por su origen prehispánico, pero arraigado y defendido en Jalisco como hijo único. El de aquí, es de color rojo por la inclusión del chile -llamado en estas latitudes- como chilacate o chile “pa´ pintar” porque no pica. Sopa de granos de maíz, muchas especias y preparado principalmente con cerdo; pierna, lomo y la fuerte cabeza (cachete, trompa y oreja) de cerdo. Se acompaña con lechuga, cebolla, rábano, limón y chile de árbol.

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Rutas gastronómicas en el barrio:

Para desayunar:

1.    Restaurant y menudería Lidia. Menudo, huevos al gusto y platos a la carta.
Angulo 272, entre Av. Alcalde y Liceo.
2.    La Birria de Oro. Birria de chivo tradicional y tatemada.
Belén 402, esquina Herrera y Cairo.
3.    Los Gallitos. Comida corrida, pozole y tacos.
Hospital 367, entre Pino Suárez y Belén.
4.    Tacos el viejito. Barbacoa y lengua a la barbacoa.
González Ortega 396, esquina Herrera y Cairo.

Para comer:

5.    La Michoacana. Aguas frescas de frutas de temporada.
Belén, esquina Juan Álvarez.
6.    Cañas, cocos y tunas. Agua de caña, cocos y tunas preparadas con limón y chile.
En el perímetro de la plaza, principalmente sobre la calle Pedro Loza.
7.    Tortas Felipe. Tostadas de cueritos, pierna, enchiladas, tacos dorados.
Pedro Loza 515, entre Juan Álvarez y Hospital.

Para cenar:

8.    Cenaduría Esther. Pozole, sopes, flautas, quesadillas rellenas, tamales.
Jesús González Ortega 484, esquina Manuel Acuña.
9.   La Morenita. Tortas ahogadas, patas de puerco, flautas, pollo a la Valentina.
Pedro Loza 520, entre Juan Álvarez y Hospital.
10.    Tacos Santa Fina. Barbacoa, lengua y chicharrón.
Herrera y Cairo 528, entre Santa Mónica e Ignacio Zaragoza

Ruta dulce:

12.    Panificadora La Luz. Pan dulce, bolillo, empanadas.
Herrera y Cairo 480, entre Pedro Loza y Santa Mónica.
13.    Churros y muéganos. Churros fritos y rellenos.
En el perímetro de la plaza, especialmente sobre Pedro Loza.
14.    Buñuelos. Secos y en almíbar de guayaba.
En el perímetro de la plaza, especialmente sobre Pedro Loza.
15.   Calabaza y camote enmielado.
En el perímetro de la plaza, especialmente sobre Pedro Loza.

 

* La situación actual del barrio (lleno de obras públicas en operación) ha influido en su popularidad y diversidad gastronómica. Varios restaurantes y puestos tradicionales han cerrado en los últimos meses, por lo que sugerimos ir abiertos a disfrutar de lo que todavía queda, que es bastante. Aunque el acceso en automóvil parece complicado, sí es posible (incluso suele haber lugar para estacionarse ahora que la zona no es tan transitada). Incluso animamos a la gente para aventurarse a pie.

RUTA CULTURAL: Barragán, por los senderos de la belleza

Texto por: Erandi Medina.

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Luis Barragán siempre guardó la esperanza de que su labor, y la de todo arquitecto, formara parte de “la gran tarea de dignificar la vida humana por los senderos de la belleza y contribuir así a levantar un dique contra el oleaje de la deshumanización y vulgaridad”.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1902, pasó su infancia en un rancho cercano a la población de Mazamitla y dedicó su vida a la construcción y al paisajismo, lo que lo llevó a recibir en 1980 el premio Pritzker (considerado como el Nobel en arquitectura).

En 1928, recién llegado de Europa y con la influencia de Ferdinand Bac –jardinista, arquitecto y escritor francés- diseñó y construyó una buena cantidad de casas en Guadalajara, y en 1936 se instaló en la Ciudad de México en busca de nuevos horizontes. Allí se reencontró con el artista Jesús Reyes Ferreira, quien influyó en su crecimiento creativo.

Entre las obras que realizó en esa ciudad destacan: el Pedregal de San Ángel (1945-1950), su casa en Tacubaya (1952-1955), las Torres de Satélite (en colaboración con Mathías Goeritz, 1957), las Arboledas (1958-1961) y San Cristóbal (con Andrés Casillas, 1967).

El 22 de noviembre de 1988 falleció en su casa. Sus restos fueron trasladados a Guadalajara y ahora descansan en la Rotonda de los Jaliscienses ilustres.

Con esta Ruta cultural te invitamos a visitar las obras más representativas de tres momentos de la arquitectura de Barragán en Guadalajara: su etapa en la Escuela Tapatía de Arquitectura, donde se reconoce una reinterpretación de la arquitectura de los pueblos de Jalisco; la etapa de su afiliación al funcionalismo, a partir de su contacto con la arquitectura de Le Corbusier y el movimiento funcionalista europeo y, finalmente, la etapa donde explora su propia síntesis de las etapas anteriores.

Te proponemos reencontrar en la obra arquitectónica los ejes que acompañaron a Barragán en sus diseños: tensión entre el interior y el jardín, entre la luz y la penumbra, entre el lujo del espacio y la sobriedad de los materiales, entre los juegos de agua y la severa utilización de los recursos plásticos.

Mapa-GDL
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Aquí la lista de sitios y el orden sugerido:

1. “El Pájaro” de Mathías Goeritz.
Cruce de Av. Arcos y Av. Inglaterra.
2. Caminata por Paseo de las Arboledas.
Inicia en el cruce de Constelación y Av. Paseo de la Arboleda, hacia Av. Mariano Otero.
3. Templo El Calvario.
Av. Arcos, entre Eclipse y Sol.

El diseño urbano y la arquitectura de paisaje constituyen un aspecto fundamental de esta primera etapa del arquitecto. En 1955 proyecta el fraccionamiento Jardines del Bosque sobre lo que fue el bosque de Santa Eduwiges.
Tres grandes áreas definen el proyecto: el Paseo de las Arboledas, el Parque Hundido y la Plaza de las ciudades hermanas. También proyecta tres puntos focales que ordenan y le dan sentido a las perspectivas visuales: la fuente de Arcos, el Templo del Calvario y el Pájaro, proyectado por Mathías Goeritz como símbolo de ingreso.

 

4. Casa ITESO Clavigero (o Casa González Luna), Monumento Artístico.
José Guadalupe Zuno 2083, entre Av. Chapultepec y Marsella.

Esta casa es una síntesis lograda del respeto al entorno y de la osada apertura a las tendencias vanguardistas de su época. Esta obra de arte es plenamente fiel tanto a su espacio como a su tiempo.
Desde 1929, época convulsa para el occidente de México, el edificio no ha dejado de transmitirnos un legado de armonía y serenidad que rebasa los márgenes de la arquitectura y del urbanismo.

 

5. Casa Franco.
Av. La Paz 2219, esquina Simón Bolívar.
6. Casa Cristo, Monumento Artístico y sede del Colegio de Arquitectos.
Pedro Moreno 1612, esquina Marsella.

En esta etapa, de 1927 a 1935, encontramos referencias claramente moriscas en la casa Franco y en la casa de Gustavo R. Cristo, tales como la madera torneada de los barandales de muchas escaleras y en especial los arcos utilizados.
Barragán puso especial cuidado en el diseño de los jardines y los sitios abiertos que por lo general rodean sus construcciones. En los patios de la casa Cristo el arquitecto logró un interesante juego entre ellos.

 

7.  Parque de la Revolución.
Av. Juárez, entre Av. Federalismo y Marcos Castellanos.
8.  Casa Robles León.
Madero 607, esquina Pavo.

De su etapa funcionalista, el Parque de la Revolución, fue su primera incursión en el diseño urbano. Junto con su hermano Juan José ganó el concurso para proyectar y construir este parque sobre el sitio donde estuvo la cárcel de Escobedo.
Este proyecto iba acompañado de un breve manifiesto: “Se eligió el estilo moderno para el diseño del parque en cuestión, de acuerdo con el derecho que tiene todo arquitecto de interpretar y desarrollar la arquitectura del tiempo en que vive”.
La casa Robles León pertenece a la primera etapa y fue el primer trabajo independiente de Luis Barragán.

RUTA CULTURAL: Guachimontones, donde los hombres se convierten en aves

Texto por: Rodrigo Esparza.

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Fotografía de Rodrigo Esparza

Promoción Cultural te invita a conocer uno de los sitios arqueológicos más importantes del Occidente y uno de los más sobresalientes de todo México.  El sitio fue descubierto hace más de 100 años por la exploradora noruega Adela Breton, pero no fue hasta los 60’s cuando el antropólogo americano Phil Weigand y su esposa Acelia García lo trajeron nuevamente a la luz con estudios regionales y exploraciones que duraron por décadas.

Guachimontones se localiza en el municipio de Teuchitlán, muy cercano a su cabecera y a sólo una hora de distancia de Guadalajara.  La magia de este sitio radica en su arquitectura peculiar de basamentos circulares llamados: “guachimontones”, pero su interés no termina aquí, el público podrá tener una vista inigualable hacia la Presa de la Vega además admirar el Paisaje Agavero (Patrimonio de la Humanidad desde el año 2006).

¿Qué significa Guachimontones?

Para abrir boca, es necesario preguntarnos sobre el significado de la palabra “guachimontón”.  No sabemos quién le puso este nombre, pero significativamente el pareja donde actualmente está el sitio arqueológico se le conocía con este nombre, sólo que con “h”, es decir: “huachimonton”, hay algunos mapas del siglo XIX donde aparece así este nombre.  Según el Dr. Weigand, al parecer esta palabra viene de dos vocablos, un prefjio “huachi” que en náhuatl se puede derivar a “guaje”, relacionándolo con los árboles que son muy comunes en el lugar, y por otro lado, el vocablo “montón”, palabra castellana que significa abundancia o apilación.  Entonces podríamos traducir “guachimontón” como el lugar donde abundan los guajes o lugar de guajes.

Actualmente también tiene otro significado que es precisamente las estructuras circulares que dan peculiaridad a este sitio. Según las investigaciones llevadas a cabo en el lugar, un guachimontón está conformado arquitectónicamente por cuatro características: 1. Un altar circular que puede ser de baja altura o alcanzando hasta los 15 metros.  2. Un patio circular que rodea el altar, donde al parecer se realizaban las danzas como el ritual de “la cadena”. 3. Una banqueta circular que cierra el patio y que da pié a 4. Las plataformas que son estructuras cuadrangulares que rodean los tres anteriores. El número de plataformas varía dependiendo del tamaño del círculo, y los hay desde 4 hasta 12 plataformas.

¿Cómo llegar a Guachimontones?

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Desde Guadalajara hay que tomar la Av. Prolongación Vallarta hasta la salida a la carretera a Nogales, pasando el pueblo de La Venta hay que doblar a la izquierda hacia la carretera libre a Tequila, a escasos 2 km, está otra desviación y se debe de tomar el paso a desnivel rumbo a Tala a mano izquierda.  Pasando el ingenio de Tala a un kilómetro de distancia está la desviación a la derecha hacia Etzatlán y Ahualulco.  Tomando este camino Teuchitlán está a 10 km.

Cuando uno entra al pueblo de Teuchitlán hay que ir todo derecho pasando la plaza principal y la iglesia y hasta el fondo a mano de derecha está el camino empedrado que conduce al sitio arqueológico.

Centro Interpretativo “Phil Weigand”

Volador
Volador

Antes de conocer el sitio arqueológico, es conveniente pasar a visitar este centro intepretativo en el cual de una manera amena con guías especializados podrán observar las características principales de lo que se le ha denominado la tradición Teuchitlán, sociedad generadora de estos sitios con guachimontones.  No dejes de observar en el Centro Interpretativo:

  • El video introductorio en el auditorio que dura 15 minutos donde conocerás el origen del proyecto y de los trabajos arqueológicos que se han llevado hasta el momento.
  • El mural de la tradición Teuchitlán.  En el lobby del CIPW podrás observar un gran mural obra del pintor jalisciense Jorge Monroy donde nos explica la evolución y puntos importanes de esta gran tradición.
  • La ventana al pasado.  Frente al mural podrás observar una ventana hacia el laboratorio del proyecto arqueológico, donde podrás observar como arqueólogos, restauradores y estudiantes analizan y conservan los materiales encontrados en el sitio.  Ahí mismo podrás hablar con ellos!
  • Tunel sensorial.  Es la entrada al inframundo pero a su vez la entrada para sensibilizar a los visitantes sobre el pasado y las riquezas observarán en su visita al sitio arqueológico.
  • Sala del ágora y exposiciones permanentes.  En esta sección podrás ver una gran maqueta donde se observa una reconstrucción del sitio arqueológico tanto de los complejos de Guachimontones como de Loma Alta.  También podrás ver de una forma educativa y lúdica las formas de vida y conocimiento de esta sociedad, incluyendo su economía, las relaciones geográficas, ideología, medio ambiente y recursos naturales.
  • Sala de exposiciones temporales.  Esta sala está dedicada a exposiciones itinerarias principalmente de los municipios cercanos en la región.  Así verás sus tradiciones y su pasado.  Estas exposiciones cambian por lo regular cada 3 meses.
  • Librería. A la salida podrás observar una pequeña tienda de recuerdos y libros donde podrás comprar obras que hablan del sitio arqueológico, así como artesanías hechas de obsidiana y otros materiales.

Si tus hijos quieren aprender más de una forma divertida, también el CIPW ofrece talleres de cerámica y dibujo (preguntar por los horarios y costos).

 

¡Empezamos el recorrido!

Saliendo del Centro Interpretativo dirígete al camino cuesta arriba donde a 500 metros empieza el recorrido.  En este lugar se encuentra un tótem informativo con el recorrido sugerido y los senderos temáticos. Si vas por primera vez, te sugerimos la siguiente ruta:

Vista-del-sitio-Guachimontones
Vista general del sitio Guachimontones
  1. El Juego de Pelota (Este). En este lugar se edificó un juego de pelota de grandes proporciones, el cual fue construido entre los años 200 a. C. y 100 d.C.  Tiene todos los atributos de un juego mesoamericano en forma de “ɪ” latina.  Está orientado norte y sur y con una plataforma adosada.  Esta cancha a diferencia de las que se han encontrado en la región no cuenta con un guachimontón. Cuando camines por el suelo de la cancha notarás una protuberancia circular, esta no era parte del juego si no fue un horno que perteneció a una casa habitación posterior al abandono de los Guachimontones, pero antes de la llegada de los españoles (entre 1300 a 1500 d.C.). Las personas que habitaron la cancha conservaron los muros, tenían un respeto muy importante a sus antepasados.
  2. El Círculo de los Muertos (Círculo 6). A escasos 200 metros al norte del juego de pelota se encuentra el primer círculo que se puede visitar. Este guachimonton nombrado como el círculo 6, constituido por un altar de baja altura, patio y 8 plataformas alrededor, de las cuales sólo sobreviven 5 de ellas. Durante el año de 2002 y 2003 se realizaron excavaciones en el mismo donde se hallaron una extensa zona de entierros y tumbas de tiro. En este lugar se encontraron 3 tumbas de tiro, además de 3 tumbas de laja, así como varias ofrendas alusivas a la construcción del círculo. Según los fechamiento obtenidos por radiocarbón este círculo podría ser el primero que se realizó de todo el asentamiento (entre 180 y 80 a. C.).
  3. Guachimontón La iguana
    Guachimontón La iguana

    La Iguana (Circulo 2). Es el guachimontón más extensamente excavado dentro del recinto. Construido entre los años 0 y 200 d.C. se le ha denominado como “La Iguana” porque antes de las excavaciones había entre las piedras muchas iguanas en el lugar. La base sobre la que se construyó mide unos 115 metros de diámetro (incluyendo las plataformas laterales). El altar escalonado en el centro del guachimontón mide 38.5 metros de diámetro y 10 metros de altura. En éste se excavó un túnel hasta el centro de la pirámide, y aunque no se encontraron ofrendas ni otros elementos especiales, se pudo observar la cavidad “huella de poste” para la ceremonia o “ritual del volador” (ver Ceremonia del Volador). El altar a lo largo de su historia fue ampliado en cuatro ocasiones para alcanzar la escala monumental que ahora admiramos. Toda la actividad constructiva probablemente tuvo lugar en el transcurso de un siglo, o cuando mucho 150 años. La última etapa constructiva es la que ha sido restaurada y está formada por dos cuerpos: una base con 13 escalones en círculos concéntricos y en la cima se aprecia un descanso que culmina en un altar superior de cuatro escalones que alcanzan los 7.5 metros de diámetro sobre el que se levantaba el “palo del volador”.

  4. El Azquelito (Círculo 3). Adosado al círculo 2 se encuentra otro guachimontón llamado “El Azquelito” que hace referencia a los asquiles (u hormigas muy pequeñas que abundan en el lugar), según la tradición del pueblo este guachimontón era utilizado durante el siglo XIX y parte del XX para ofrendar a los niños difuntos, durante las excavaciones se encontraron carritos de metal y soldaditos de plomo. El altar mide 3 metros de altura y cuenta con 8 plataformas, aunque no todas han sido restauradas. La plataforma que une a estos dos círculos es de planta trapezoidal, lo que indica que influyó en gran medida las características del terreno para su construcción. Hacia el oeste de este círculo existe una vereda que llega a una meseta exterior donde se puede observar la presa de la Vega y si uno voltea a su derecha podrán observar “El Picacho”, un cerro puntiagudo donde se encuentran los yacimientos de obsidiana conocidos como El Pedernal. De este lugar obtuvieron grandes cantidades de materia prima para realizar cuchillos, navajillas, puntas de flecha y otros instrumentos los cuales también utilizaban como moneda de intercambio con otras sociedades a veces muy lejanas, ya que se han detectado contactos hasta la costa del Pacífico, o el Bajío guanajuatense.
  5. Cancha del juego de pelota, por Rodrigo Esparza
    Cancha del juego de pelota

    Juego de Pelota (Monumental). La principal cancha de Guachimontones se encuentra entre Círculo 1  y el Círculo 2. Este juego de pelota por sus medidas de 110 metros de largo por 15 metros de ancho está considerado el más grande en toda Mesoamérica para los comienzos de la era Cristiana, solamente superado posteriormente por el juego de pelota de Chichén-Itza para el Clásico tardío (900 d.C.). Similar al otro juego de pelota está orientado Norte-Sur y hacia su cabezal norte se conecta con el Círculo 4, al parecer ya para la última fase de ocupación de Guachimontones hacia el año 350 d.C. este juego creció hacia esta parte, haciendo el cabezal norte y posteriormente el círculo 4. Esto se sabe por el trazo que presenta y sus características arquitectónicas, así como los fechamientos que reportan para el círculo 4. El juego de pelota, a diferencia de otras partes de Mesoamérica, este era de “cadera”, es decir en este juego no había aros a cada extremo como sucede en el área Maya o en el Centro de México, si no el juego consistía de pegarle a la pelota con la cadera y llevarla a alguna esquina de la cancha donde no se pudiera mover más, es más parecido al juego de “Ullama” que todavía se practica en Sinaloa. Había entre 4 o 5 jugadores por bando y el partido podría duras horas o quizá días, hasta que perdiera el equipo.

  6. El Gran Guachi (Círculo 1). Este es el círculo más monumental de todo el recinto. Mide aproximadamente 125 metros de diámetro y la altura del altar supera los 14 metros de altura. Desgraciadamente este círculo no se ha podido restaurar más porque ha perdido mucho de su volumen original así como su altura, esto sucedió debido a que en los años 40 del siglo XX este lugar se utilizó como banco de material para construir la carretera que llega a Teuchitlán, pero fue gracias a los pobladores de Teuchitlán que no permitieron más su destrucción fue que se pudo salvar.  Sin embargo, perdió altura y de su parte oeste había un gran hueco de saqueo prácticamente hasta los pies del edificio.
  7. El Círculo con altar cuadrado (Círculo 4). Este círculo es diferente a todos los del sitio arqueológico, su altar no es circular si no rectangular, su diferencia ha hecho que los arqueólogos piensen que se trate de los últimos círculos que se realizaron, es decir, había ya una línea de dejar los círculos y convertir las proporciones en cuadradas. Este pequeño círculo tuvo un total de ocho plataformas; la mejor construida era la que compartía con el juego de pelota monumental. Una plataforma tenía un escalón de arcilla preservado por el fuego frente al patio; otra, una serie de cajas de piedra bien hechas dentro del relleno, que contenían fragmentos de huesos humanos. En su centro encontramos una gran huella de poste, otro indicador de la existencia de la ceremonia del volador en éste recinto.

Con esto terminaría el recorrido principal en Guachimontones, pero te invitamos a caminar y a disfrutar la vista hacia el volcán de Tequila y la Sierra de Ameca. Hay mucho que conocer todavía, sobre todo si buscamos otras alternativas turísticas.

Plano de Guachimontones

 

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Paisaje agavero con Guachimontones

Si estás por la zona, no olvides de visitar:

  • Museo Arqueológico de la Casa de la Cultura de Teuchitlán
  • Hacienda Labor de Rivera
  • Artesanías de obsidiana y cerámica
  • Paseo por el río de Teuchitlán
  • Balneario de El Rincón
  • Centro Interpretativa Guachimontones Phil Weigand

¿Dónde comer y dónde hospedarte?

Si estás en Guachimontones y la tripa cruje, te recomendamos quedarte a comer en los restaurantes que están frente a la Presa de la Vega, hay varios restaurantes, pero nuestros preferidos son: el Soky y el Montecarlo.
Si se te hace de noche o quieres caminar con los primeros rayos del sol en la presa o en el sitio arqueológico te recomendamos los siguientes hoteles:

  • Hotel Teuchitlán
  • Motel Las Fuentes
  • Hotel Hacienda Labor de Rivera
  • Hotel Hacienda del Carmen