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Texto por: Verónica Zaragoza.

Detalle del cuadro…

Esta fue una exposición organizada con motivo de la celebración de los 60 años de la fundación del ITESO, universidad jesuita de Guadalajara, junto con el Instituto Nacional de Antropología e Historia -a través del Museo Nacional del Virreinato-. En el texto se abordan diversos aspectos de esta fructífera relación laboral entre el pintor y la orden religiosa, su participación en la proclamación de la Virgen de Guadalupe como patrona de la Nueva España, el uso de fuentes europeas para elaborar el programa iconográfico y estético en Tepotzotlán, y algunos ejemplos de obras con devociones jesuíticas.

 

Presentación

Se desconoce si Miguel Mateo Maldonado y Cabrera, mejor conocido como Miguel Cabrera, nació entre 1715 y 1720 en la ciudad de Antequera en el Valle de Oaxaca, pero no se tienen noticias de su infancia y juventud. No es sino a partir de 1739 -año en que contrajo matrimonio con doña Ana María Solano en la Ciudad de México– que contamos con datos de su vida.

Cabrera fue el pintor novohispano más reconocido de mediados del siglo XVIII. Trabajó para laicos, órdenes religiosas y clero secular; fue nombrado pintor de cámara del arzobispo de México, Manuel José Rubio y Salinas, y alcanzó una holgada posición económica al final de su vida.

Para los templos y colegios de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús – uno de sus principales clientes- realizó numerosas obras. La iglesia de San Francisco Javier de Tepotzotlán, Estado de México, es hoy en día su trabajo más complejo y que mejor lo representa.

Miguel Cabrera muere el 15 de mayo de 1768 en la Ciudad de México.

 


La Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús

Cuadro del P. Cristóbal de Escobar y Llamas, por Cabrera.

La Compañía de Jesús fue fundada por Ignacio de Loyola en 1540. Sus integrantes llegaron a la Nueva España en 1572 y para el siglo XVIII había crecido y consolidado numerosas fundaciones, además de contar con un importante número de miembros.

Las fundaciones –entre las que se encontraban misiones, colegios y residencias- requerían edificaciones y ornamentos para conferir carga simbólica a sus actividades religiosas y la Compañía se esforzó, a través de fondos propios o por medio de patrocinios, en contar con ellos.

Una de las principales aportaciones de Ignacio de Loyola a la práctica religiosa son sus ejercicios espirituales. En ellos invita a hacer uso metódico y sistemático de los sentidos para crear atmosferas pertinentes –a través de imágenes religiosas- para la reflexión sobre la realidad. Este uso metódico tendrá por resultado que la Compañía fomente la creación de arte de calidad que serviría, además, como propaganda del catolicismo.

Los primeros contactos entre Cabrera y los integrantes de la Compañía de Jesús en la Nueva España se dieron en la década de los años cuarenta del siglo XVIII en la Ciudad de México, donde empezó a establecer una red de relaciones con jesuitas como Antonio de Herdoñana y otros artífices como Higinio de Chávez con quien trabajaría posteriormente en Tepotzotlán.

 


La pintura novohispana del siglo XVIII

Hacia 1722, los hermanos Juan y Nicolás Rodríguez Juárez dieron lugar a uno de los primeros intentos por establecer una academia de pintura en la Nueva España. Era un espacio para discutir ideas en torno al arte y a los mecanismos de producción estética; en él se congregaron diversos pintores, como José de Ibarra que se convirtió en líder pictórico de su generación. Hacia 1754 Ibarra estableció, al igual que su maestro Juan Rodríguez Juárez, una academia. Algunos de sus discípulos fueron francisco Antonio Vallejo y Juan Patricio Morlete Ruiz.

A la muerte de Ibarra en 1756, Cabrera tomó su lugar como el pintor más importante más importante de su tiempo y en él recayó la dirección de la academia, convirtiéndose en el eje de otros artistas de importancia como José de Alzíbar y José de Páez.

 

Devociones jesuíticas

La vida de la Virgen y sus distintas advocaciones fue un tema presente en la obra de Miguel Cabrera. La devoción a María inició con san Ignacio, el fundador de la Orden, quien en sus escritos la nombraba “Nuestra Señora”. La Virgen de Loreto, la Inmaculada Concepción y la Virgen de la Luz fueron algunas de las devociones marianas que los jesuitas difundieron en territorio novohispano.

El Sagrado Corazón de Jesús fue uno de últimos cultos que los jesuitas propagaron entre los fieles. De origen francés llegó a Nueva España en 1721 y, en los siguientes años, se fomentó su devoción. Después de la expulsión por parte de Carlos III en 1767, la Orden lo utilizó como punto de unión espiritual.

 

Pintor de la maravilla americana

La Compañía de Jesús novohispana había sido desde los principios del siglo XVIII uno de los principales promotores del culto a la Virgen Morena como símbolo de identidad del virreinato y para el siglo XVIII participaron activamente en su nombramiento como patrona de Nueva España.

En 1751 Cabrera y otros pintores de renombrado crédito inspeccionaron el ayate de la Virgen de Guadalupe para juzgar, según las reglas del arte de la pintura, “si podían ser obra de la industria humana semejantes maravillas”. Al año siguiente el pintor realizó, por solicitud del arzobispo de México, Manuel José Rubio y Salinas, tres copias de la imagen guadalupana, Una de ellas fue entregada al jesuita Juan Francisco López para que le llevara a Roma con el fin de solicitar al Papa Benedicto XIV la confirmación de un patronato de la Virgen.

En 1756 el padre López regresó con la aprobación apostólica y, como parte de las celebraciones, la imprenta del colegio jesuita de San Ildefonso publicó el dictamen que Cabrera había escrito años atrás con el título de Maravilla americana y conjunto de raras maravillas, observadas con la dirección de las Reglas de Arte de la Pintura. A partir de entonces la fama del pintor creció pues no solo ejercía el arte de la pintura sino también el de la escritura; además, junto con los integrantes de su taller realizó numerosas reproducciones de la Virgen de Guadalupe.

 


Cabrera en Tepotzotlán y la creación total (1965)

Iglesia de San Francisco Javier en Tepotzotlán, Edo. de México.

El uso metódico de los sentidos propuesto en los Ejercicios espirituales, ha estado presente en la cotidianeidad de los integrantes de la Compañía de Jesús. Para mediados del siglo XVII el padre general Juan Pablo Oliva llevaba una relación cercana con Juan Lorenzo Bernini, uno de los artistas más importantes del barroco en el Vaticano. Este último propuso que se creara una gran obra que impactara en todos los sentidos del espectador valiéndose de todas las manifestaciones artísticas propuesta que convenció a Oliva y la difundió al interior de la Orden.

En 1753 el padre Pedro Reales, rector del Colegio y Casas de Probación de Tepotzotlán, contrató a Miguel Cabrera e Higinio de Chávez para construir tres retablos y cuatro portaciriales para el presbiterio del templo de San Francisco Javier. Pero la labor de Cabrera no concluyó con la obra retablística pues también ejecutó pintura mural en las bóvedas del presbiterio y crucero, así como varios óleos sobre tela para la sacristía, el sotocoro y coro del templo. Por último, realizó obras de pequeño formato para el Camarín de la Virgen.

Es en Tepotzotlán y con la compañía donde Cabrera traspasó los límites de su arte y creó, junto con el padre Reales, una obra Total que incluía arquitectura, escultura y pintura, además de conocimientos de música y acústica para lograr que el sonido corriera libremente en el espacio del templo a pesar de la inclusión de los retablos.

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Pintura de Cabrera bajo el coro de la iglesia.

Entre los Conjuntos de pinturas de Cabrera realizó para muros enmarcados por elementos de la arquitectura, tales como ventanas, puertas y pilares, destacan estas dos obras localizadas frente a frente en el sotocoro de la iglesia de San Francisco Javier. Acostadas por la menor altura del techo que sostiene al coro respecto a la altura total del resto de la nave, estas grandes escenas buscan generar empatía entre los fieles desde el momento de ingreso al templo. Es preciso recordar que Cabrera creó una experiencia sensorial paradigmática de la estética jesuita por medio de la multiplicidad de efectos dados por el dorado y las formas sinuosas de los retablos del presbiterio y del crucero, los cuales concibió y diseñó en colaboración con Hidalgo Chávez. Además, proyectó un efecto ilusorio del espacio mediante el uso de la perspectiva en las pinturas de las bóvedas.

El tema de los patrocinios de María cobijando bajo su manto a una orden religiosa, procede de la visión narrada por Cesario Heisterback (1180- 1240) en la que un monje cisterciense recibe la promesa de María para abrigar a los de su orden debajo de sus brazos y su amplio manto. A partir de entonces las órdenes religiosas encargaron a los pintores la ejecución de sus obras que exaltaran el gozo de este mismo privilegio.

En Patrocinio de la Virgen a la Compañía de Jesús, María es el eje alrededor del cual se distribuyen los jesuitas encabezados por su fundador, san Ignacio de Loyola de un lado, y del otro, san Francisco Javier, al que está dedicada la iglesia. La distribución ordenada de los personajes dispuestos en ejes verticales transmite un efecto de equilibrio y estabilidad que enfatiza el carácter protector de la escena. (ACG)

Retablos al interior de San Francisco Javier.

 

Andrea Pozzo en Tepotzotlán (1948)

El hermano Andrea Pozzo (1642-1709) nació en Trento, Italia y estudió pintura antes de ingresar en la Compañía. Una de sus obras más importantes se encuentra en el templo de San Ignacio en Roma, Italia. Pintó al fresco ábside, la cúpula y la bóveda con arquitecturas fingidas que “transforman y amplían los espacios reales y les comunican su carácter triunfal”. Miguel Cabrera se inspira en la obra de Pozzo para su proyecto en el templo de Tepotzotlán.

Gloria di Sant’Ignazio, de Pozzo en Roma. Fuente: Wikimedia Commons, por Marie-Lan Nguyen.

 

Sobre la representación (1984)

En el Colegio Romano, Andrea Pozzo También escribió un manual sobre la representación bidimensional de la perspectiva para el uso de pintores y arquitectos, en el que reprodujo varias de sus obras. Esta edición fue enviada a las distintas provincias que la Compañía tenía en el mundo y debió corresponder a los jesuitas mexicanos mostrar el libro de Cabrera. Fue así como conoció la obra de Pozzo y la aprovechó para crear en San Francisco Javier de Tepotzotlán una gran obra que impactara en todos los sentidos del observador valiéndose de todas las manifestaciones artísticas.

La glorificación de san Ignacio que Cabrera pintó en el presbiterio del templo de San Francisco Javier de Tepotzotlán busca mostrar la obra realizada por Ignacio y la Compañía de Jesús para propagar la fe cristiana por el mundo y está claramente inspirada en Pozzo. Al centro, el Espíritu Santo en forma de paloma dirige un rayo al corazón de san Ignacio, quien lo refracta al pecho de san Francisco Javier y éste lo esparce a las figuras humanas en el límite del retablo.

Glorificación de San Ignacio, por Cabrera en Tepotzotlán.

 


Jesuitas ilustres pintados por Cabrera

Además de Tepozotlán, Cabrera también trabajó para otros colegios, como el de Oaxaca, Valladolid (hoy Morelia), Querétaro, Guanajuato y Zacatecas, además de la Casa Profesa, en la Ciudad de México. Pintó numerosos lienzos con los principales santos de la Compañía: san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, san Francisco de Borja, san Luis Gonzaga y san Estanislao de Kostka, que ayudaban a fijar los modelos iconográficos y afianzar la devoción.

Detalle sobre los cuadros, clic aquí

 


Detalles de la museografía

Videos que describen el trabajo de museografía, curaduría y comisaría de obra que se realizó para esta exposición, en las voces de Karina Xochipilli Rossell y Diego Gaytán Mertens. El primer video se enfoca más en el control y manejo seguro de la obra; se pueden apreciar, por ejemplo, las cajas diseñadas específicamente para las piezas de Cabrera exhibidas. El segundo da mayor contexto sobre el trabajo del museógrafo en relación al guión curatorial y el trato de la obra presentada (seguridad, restauración, etc.). Cierran hablando de la importancia de estas profesiones, especialmente en México, que cuenta con tanto patrimonio, tan vasto y diverso.

Parte I

Parte II

 


Agradecimientos:

Museo Nacional del Virreinato, INAH

Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús

Universidad Iberoamericana. Ciudad de México A.C.

Museo de Arte Sacro de Guadalajara A.C.

Alfonso Alfaro Barreto

 

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