Frei Otto Pritzker 2015

Frei Otto gana el premio Pritzker 2015

Arquitecto alemán Frei Otto , que murió ayer, ha sido nombrado el 2015 Premio Pritzker Premio . Otto , murió el lunes a los 89 años , fue galardonado con el premio de arquitectura más rico del mundo por “sus ideas visionarias , mente inquisitiva , la creencia en compartir libremente conocimientos e invenciones , su espíritu de colaboración y la preocupación por el uso cuidadoso de los recursos “, el jurado del premio anunciado .

 http://www.pritzkerprize.com/2015/works

Wang Shu Premio Prizker 2012

El ganador del premio pritzker 2012 es el arquitecto chino Wang Shu, el arquitecto de 48 años basado en Hangzhou, según nos ha sido anunciado oficialmente por la organización de los premios pritzker hace unos minutos. El premio se otorgará en Beijing el día 25 de Mayo.

Practicamente toda su obra construida en China, con su socia y esposa fundó su oficina “Amateur Architecture Studio” en 1997, en el año 2000 terminó su primer proyecto grande: la Biblioteca de Wenzheng College en la universidad de Suzhou, que recibiría el premio de la Arquitectura y las Artes de China en 2004.

Sus otros proyectos mayores, todos construidos en China incluyen:  Ningbo Contemporary Art Museum(2005), Ningbo History Museum (2008), Xiangshan Campus of the China Academy of Art (2004-2007), Vertical Courtyard Apartments Hangzhou (2008), Exhibition Hall of the Imperial Street of Southern Song Dynasty (2009).

Es director del departamento de arquitectura de la Academia China del Arte en Hangzhou, y desde el año pasado enseña en la silla Kenzo Tange en la Harvard Graduate School of Design.

Wang obtuvo su titulo de arquito en el Nanjing Institute of Technology en 1985, tres años más tarde una maestría en la misma escuela. Al graduarse trabajó en la Zhejiang Academy of Fine Arts in Hangzhou investigando el medioambiente y la arquitectura en relación con la renovación de edificios antiguos. Un año después trabaja en su primer proyecto, un centro de juventud de 3600 m2 en el pueblo de Haining, completado en 1990.

Pensar el presente [Revista PISO]

Por: Alejandro Guerrero. Revista PISO

Sobre arquitectura y sobre la ciudad todo el mundo parece tener una opinión. Si bien es cierto que existen tantas arquitecturas como arquitectos, alguna manera debe haber para saber sobre lo que es bueno – para la ciudad y sus habitantes – y lo que no lo es tanto. Con temas urbanos, la cosa se pone aún mejor. Toda la gente opina sobre movilidad, espacio público y temas afines. Más allá de gustos y opiniones lo cierto es que estamos viviendo un momento interesante por diverso para la arquitectura; la borrachera de las formas, celebrada desde los años 70´s y 80´s por todas las variantes de la posmodernidad, hace años que ha empezado a dar paso a su propia resaca y el panorama de la arquitectura mundial “bebe” ahora de muy diferentes cepas. Basta con dar una mirada a los highlights de la prensa especializada para darse cuenta de ésta diversidad latente.

El pasado 28 de marzo se anunció que Eduardo Souto de Moura recibía el Pritzker. Un arquitecto “moderado”, cuya obra refleja una intensidad constructiva que enlaza tradiciones propias de Portugal con temas modernos. Llama la atención como la noticia no ha sido muy atendida en el New York Times; su crítico estrella Nicolai Ouroussoff no ha escrito sobre el tema y las noticias que aparecen se antojan limitadas ó superficiales si comparamos la atención que se dispensa a noticias sobre arquitectos como Frank Gehry ó Zaha Hadid en el diario neoyorkino. La obra de Souto de Moura proviene de un país con grandes carencias; y en cierta manera periférico con respecto al contexto europeo. Tal vez ésta, sea en parte la razón por la cual la arquitectura portuguesa goza de un lenguaje que le es propio, cierta condición de rezago les ha otorgado – por lo menos en el ámbito de la arquitectura – una ventaja que ha sido traducida en calidad. En una entrevista publicada por el periódico ABC del 30 de marzo de 2011, Souto de Moura responde sobre la “no excepcionalidad de su obra”:

Prefiero pensar que soy un arquitecto normal, no excepcional. Los arquitectos excepcionales no van a tener mucho futuro, acabó el estrellato. Este Pritzker tiene algún significado: es un premio americano que dan al país más mediocre de Europa y al arquitecto más sencillo de los que estaban en su lista.”1

Esta sencillez es fácil de apreciar – y difícil de obtener – en varios de sus últimos proyectos. El edificio Burgo por ejemplo, un edificio de oficinas situado en Oporto, resuelve su programa construyendo un par de prismas sobre una base elevada con respecto a la calle. El conjunto desarrolla un espacio público en el intersticio resultante entre una torre y un edificio bajo y alargado, cuya geometría, lenguaje y rigor constructivo recuerdan al Chicago Federal Center de Mies van der Rohe y a otros conjuntos del mismo arquitecto alemán. No así el tratamiento de fachada, que en el edificio Burgo se ha elaborado en respuesta a los asoleamientos particulares de cada frente, que sin perder el ánimo de conjunto logra yuxtaponer caras prácticamente herméticas, con acristalamientos profundos que arrojan sombras potentes sobre las fachadas transparentes. Una arquitectura que sin esfuerzo aparente, se recrea en la sencillez de formas y materiales de bajo costo, logrando a su vez romper la escala del edificio a través de una estrategia de ensamblaje de paneles que modulan sus fachadas en altura, haciendo parecer que tiene más niveles de los que en realidad existen al interior.

Cuando se le pregunta a Souto de Moura sobre el rol social de la arquitectura, éste responde:

Hay una arquitectura de consumo, más vistosa y con base en la imagen, que cansa. Y hay otra arquitectura más sobria y más perenne que responde mejor a las situaciones. Eso no impide que de vez en cuando no se haga un monumento.”2

Tal es el caso de Frank Gehry, quien por su parte, ha llamado “filisteos toscos e individualistas”3 a un grupo de opositores al proyecto que empieza a levantar en París: La Fundación Louis Vuitton en el bosque de Boulogne. Al parecer, al grupo denominado Coordination pour la Sauvegarde du Bois de Boulogne, el diseño de museo para el magnate Bernard Arnault no les ha resultado muy pertinente debido a su localización en el mencionado bosque parisino. Lo que dicho grupo reclama es que Paris no necesita más museos y sí mas áreas verdes; una idea que en principio no parece necia ni exagerada. Y es que al parecer, últimamente Gehry no logra convencer sobre la pertinencia de sus edificios. Su propuesta para el Museo de la Tolerancia en Jerusalén, no profesa los valores que el patrocinador, el Centro Simon Wiesenthal, requiere; ya que Gehry rechazó reducir la magnitud de su proyecto y por ende los costos y decidió así abandonar a sus clientes. Queda poco de aquel arquitecto canadiense a quien Wigley y Johnson “desenterraron” junto con los llamados deconstructivistas con su exposición en el MOMA en el año 1988, cuya obra inicial despertó gran expectación pero que no ha sabido desarrollar de manera acorde con los últimos tiempos. En ese selecto grupo se encontraba también el americano Peter Eisenman que tampoco ha tenido suerte con la aceptación de sus proyectos. Basta con dar una mirada a la historia de la Ciudad de la Cultura de Galicia, para comprobar porque semejante mamotreto no puede llegar a buen término. Pero más allá de la problemática económica, social y política que el conjunto cultural ha creado con apenas 2 módulos abiertos al público; me gustaría proponer la idea de su fracaso arquitectónico en términos del tiempo. El proyecto caracterizado por un naturalismo-barroco y posmoderno, y cuya fecha de terminación se desconoce, será finiquitado muchos años después de lo planeado y en medio de una profunda crisis económica europea cuyo final aún no se vislumbra. Solo el tiempo será capaz de juzgar la pertinencia de la arquitectura de ésta acrópolis eisenmaniana; el mismo tiempo que está dando paso ya a una arquitectura más serena y responsable con las condicionantes del momento tanto económicas, como sociales y ecológicas. La Ciudad de la Cultura de Galicia será terminada a destiempo, muchos años después de la fiebre de la arquitectónica icónica; la misma fiebre que le dio vida y que legitimó su existencia.

Desde ésta “nueva” perspectiva de responsabilidad artística, se observa el trabajo de arquitectos como David Chipperfield, que recientemente ha sido objeto de una gran cantidad de premios y de reconocimientos por parte de la crítica especializada, gracias a su trabajo en el Neues Museum; un edificio del arquitecto alemán Friedrich August Stüler situado en la isla de los museos berlinesa, que después de la segunda guerra mundial sufriría severos daños por los intensos bombardeos. Chipperfield junto con su socio de proyecto Julian Harrap, ha logrado a través de dicha intervención, poner sobre la mesa de discusión uno de los temas más importantes para nuestra disciplina en la actualidad; la intervención en el patrimonio. Grandes trabajos relativos al patrimonio edificado, hace años que se han echado a andar; desde intervenciones en edificios antiguos de gran valor – como los casos berlineses de Chipperfield – hasta los ejemplos más polémicos como la intervención de Renzo Piano en la Capilla de Ronchamp de Le Corbusier ó su ampliación del Museo Kimbell de Kahn en Fort Worth Texas. Más que la expansión de las ciudades, el pensamiento en términos de desarrollo está siendo llevado al interior de las mismas y el pensamiento crítico empieza a centrarse en temas que relacionan patrimonio y nueva arquitectura. Véase por ejemplo el trabajo reciente sobre el tema, realizado por Rem Koolhaas y su equipo de OMA, con el desarrollo de la Exposición denominada Cronocaos.

Se dice que la arquitectura icónica se está acercando a un posible final ó por lo menos que sus métodos ya no son el paradigma actual. Eso podría acercar a arquitectos como Chipperfield ó Steven Holl a premios como el Pritzker; que en sus más recientes ediciones ha reconocido la trayectoria de arquitecturas silenciosas como las de Zumthor y SANAA, gracias a un jurado integrado por personajes como Carlos Jiménez, Juhani Pallasmaa y Alejandro Aravena. Si pensamos en los premios de arquitectura como un catalizador de la disciplina, con la posibilidad de generar conciencia y por lo tanto cambio en el estado actual de las cosas, ¿cómo debemos entender la decisión de incluir a Zaha Hadid en el jurado de tan prestigioso premio?

Existen tantas arquitecturas como arquitectos hay en el mundo; algunos buscan desesperadamente el futuro en las formas de sus edificios; otros encuentran consuelo en el pasado. Las posibilidades creativas de vivir en el presente superan a la especulación y a la nostalgia, en tanto que contribuyen con una continuidad cultural que avanza inevitablemente hacia el futuro.

[1]http://www.abc.es/20110330/cultura/abci-arquitectos-excepcionales-201103300338.html
[2]Ibídem.
[3]http://www.elpais.com/articulo/cultura/espinoso/bosque/Frank/Gehry/elpepicul/20110417elpepicul_2/Tes

Zaha jurado Pritzker

El jurado del premio Pritzker, se complementa este año con la entrada de nada menos que Zaha Hadid quien acompañará al Juez de la corte suprema de Justicia de Estados Unidos: Stephen Breyer como las nuevas incorporaciones, sustituyendo a Carlos Jimenez (quien estuvo 9 años) y a Renzo Piano.

Así pues la alineación del nuevo jurado queda como sigue:

Lord Peter Palumbo, 2005-a la fecha (Presidente),Alejandro Aravena, 2009-a la fecha, Stephen Breyer, 2012-a la fecha, Yung Ho Chang, 2012-a la fecha, Zaha Hadid, 2012-a la fecha, Glenn Murcutt, 2010-a la fecha, Juhani Pallasmaa, 2009-a la fecha, Karen Stein, 2004-a la fecha, Martha Thorne, 2005-a la fecha (Directora Ejecutiva)

The Pritzker Architecture Prize

Fuente: Edgargonzalez.com

El urbanismo de vanguardia contraataca

Fuente: El País por DAVID COHN

Frente a los propósitos excesivos, la arquitectura cada vez pide más a su entono. Ahora todos hablan de la sostenibilidad. La filosofía pasa por enriquecer la vida a un nivel local y cotidiano en modestos barrios residenciales

Fin de ciclo, fin de una era: nada ilustra mejor el cambio de rumbo en la arquitectura actual como el espectáculo de Santiago Calatrava respondiendo ante un juez por los excesos y opacidades de sus honorarios en el caso de la Ópera de Palma de Mallorca. Se cierra como se puede otro proyecto desbordado en concepto, tamaño y presupuesto, la Ciudad de la Cultura de Peter Eisenman, y otros grandes proyectos se desvanecen. ¿Sigue con vida la Ciudad del Flamenco de Herzog y De Meuron para Jerez de la Frontera, anunciada en 2003? ¿O el Palacio de Congresos de Córdoba de Rem Koolhaas, de 2002? Sus promotores insistirán en que sí, mientras las probabilidades de su culminación disminuyen cada año que pasa.

Anticipando la caída de esta arquitectura de propósitos excesivos, la profesión no ha tardado en emprender las tareas de reconversión -de hecho, es la oportunidad que muchos, muy críticos con la arquitectura como en una especie de atracción ferial, han estado esperando-. Recientes premios Pritzker han destacado las obras íntimas y locales de Peter Zumthor y Eduardo Souto de Moura, y los misteriosos proyectos sobre la ausencia de Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa. La XI Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo ha otorgado este año su máximo galardón a un modesto proyecto provincial de vivienda pública (en Mieres, Asturias, de Zigzag Arquitectura). La Fundación Arquitectura y Sociedad organizó un congreso el pasado verano en Pamplona con el significativo título Más por menos. Y todos hablan de la sostenibilidad.

Pero ante esta reclusión defensiva en un discurso formal más contenido, otros arquitectos españoles, muchos de ellos de una generación más joven, han abierto un nuevo frente: un ataque frontal a las deficiencias de una planificación urbana rapaz y sin calidad, otra de las grandes patologías de la burbuja especulativa.

En vez de pedir menos a la arquitectura, exigen más a su entorno. Demuestran con sus obras que la arquitectura es capaz de enriquecer la vida a un nivel local y cotidiano. Su meta no es crear monumentos sino fomentar vitalidad urbana en modestos barrios residenciales. Pero esta tarea no se puede realizar exclusivamente a través de obras singulares. Requiere -y este es su reclamo principal- que los planes urbanos con que cada municipio regula su crecimiento se planteen no como crudos instrumentos técnicos, sino con la misma sensibilidad, rigor y compromiso con que los arquitectos confrontan sus mejores obras.

Un ejemplo llamativo de este enfrentamiento se ha producido en un nuevo barrio del pueblo alicantino de Rafal, de 4.000 habitantes. El Grupo Aranea, liderado por el arquitecto Francisco Leiva, de 38 años, ha convertido su proyecto para el instituto secundario del pueblo (Premio FAD de 2010) en un manifiesto de lo que se debe y no se debe hacer en el desarrollo territorial, “un golpe sobre la mesa” en palabras de Leiva.

Al empezar el proyecto en 2003, en plena euforia del bum, el equipo se encontró con un solar dentro de una urbanización que doblaba el tamaño del pueblo. Sobre hilos de pequeños solares, constructores y propietarios individuales habían empezado a construir chalés sobredimensionados que los ocupaban casi por completo. Los chalés estaban realizados en los ostentosos estilos típicos de la costa, con ladrillos vidriados, exóticos mármoles, hierros ornamentales y amplias terrazas rematadas con balaustradas palaciegas. Con la crisis el barrio se quedó con manzanas enteras vacías. Cuenta Leiva: “Estamos hablando de uno de los pueblos más duros de Alicante. Eran campos de limoneros. Era precioso, una huerta horizontal de la vega baja, muy rica. Siempre intentamos en nuestro trabajo plantear una continuidad con lo existente, una arquitectura muy vinculada a la agricultura, a las líneas del terreno. Pero en Rafal no hemos podido hacer esa arquitectura. Se habían cargado todo”.

Su respuesta ha sido crear un edificio que da la espalda al pueblo y se abre hacia dentro. Desarrolla en miniatura todas las propiedades urbanas que faltan en la urbanización que lo rodea, donde el espacio público consiste en estrechas aceras, calles asfaltadas y poco más. La escuela conforma una pequeña comunidad de aulas agrupadas en torres, con pasarelas, patios, terrazas, aulas al aire libre y otros puntos de encuentro, organizados alrededor de un espacio central que funciona a la vez como pista deportiva. La vida social del instituto se centra aquí, en las gradas ante la pista, que están integradas en el sistema de circulación del centro y cubiertas en parte por césped artificial de color malva, creando un punto de informalidad dentro de la disciplina de la vida escolar.

Leiva explica así su estrategia: “No hemos podido cambiar Rafal con este proyecto, es demasiado pequeño. Pero vamos a intentar dar una oportunidad a una nueva generación. Es para los estudiantes. Vamos a intentar meterles en la cabeza que pueden cambiar las cosas. Hemos sido un poco duros con sus padres, que no están haciéndolo muy bien. Sus casas han quedado cara a cara con un muro de hormigón y no van a entender nada”.

En vez de los ladrillos y baldosas brillantes de sus vecinos, los muros del centro son de un hormigón gris de textura rugosa, donde se ha dejado visible la huella de las tablas de madera de su encofrado, una técnica que recuerda al Brutalismo de los años cincuenta y sesenta, otra vez de moda en las escuelas de arquitectura. También es de la época brutalista el concepto de la arquitectura como espacio social, siguiendo las teorías del grupo Team X, formado por Alison y Peter Smithson en Reino Unido, Aldo van Eyck en Holanda y otros. La complejidad formal del proyecto no es el resultado de una voluntad expresiva; es una tabla de juego para el despliegue y desarrollo de las complejas interrelaciones sociales del centro.

Los arquitectos del Team X estaban muy interesados en el urbanismo, y la organización social de sus edificios refleja sus teorías sobre la ciudad orgánica y su crecimiento. Protagonizaron el último intento de hacer lo que podemos llamar un urbanismo de vanguardia, siguiendo los pasos del Movimiento Moderno de los años veinte y treinta. El fracaso social de varios de los intentos de aplicar sus teorías acabó desacreditándolas, aunque quizás de una forma demasiado abrupta y radical, y en su lugar se impuso la nostalgia posmoderna por la ciudad tradicional de calles y manzanas, la ciudad del siglo XIX. Es el modelo que todavía rige, aunque de una manera puramente formal y vacía de sentido, sobre la planificación urbana en España, como vemos en los nuevos Ensanches de Madrid, o más brutalmente en Rafal. El instituto de Rafal demuestra la necesidad de renovar los modos vigentes de planificación territorial, de abandonar fórmulas estériles y repensar la ciudad como tejido social.