Alberto Kalach homenajeado en la FIL ArpaFIL

El arquitecto mexicano será reconocido por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. este viernes 4 de diciembre a las 6:30 pm en el salón Auditorio Juan Rulfo.

Los proyectos arquitectónicos de Alberto Kalach buscan “crear un diálogo inteligente con la naturaleza”. Autor de obras como la Biblioteca José Vasconcelos y el templo Monte Sinaí, en la Ciudad de México, y la clínica de Saltillo del Instituto Mexicano del Seguro Social, el arquitecto mexicano recibirá el Homenaje ArpaFIL en esta edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Trayectoria

  • Alberto Kalach nació en la Ciudad de México, en 1960. Arquitecto de renombre internacional, efectuó sus estudios en la Universidad Iberoamericana y en la Cornell University en Ithaca, Nueva York.
  • En 1984 participó en la edición 71 del Paris Prize de la Escuela de Artes de Colombus, Indiana, donde obtuvo el segundo lugar.
  • En 1985 fue tercer sitio del Concurso Internacional del Proyecto del Kunstmuseum de Bonn, Alemania.
  • En 1996 ganó el Primer Lugar del Concurso Internacional Petrosino Park, NY, colaborando con Regazzoni y González Rojas y posteriormente, junto con Buendía y Miserachi, ganó el concurso para el Colegio Alemán de Puebla.

Exposiciones
Su trabajo ha sido ampliamente reseñado y expuesto individual y colectivamente; entre otras exposiciones destacan la del Museo de Arte Moderno de México, en 1984: “Proyectos para la ópera de la Bastilla” y la de New York Hartell Gallery sobre Arquitectura del Paisaje. Sus proyectos han sido publicados en revistas especializadas mexicanas y varias en todo el mundo.

Siempre ha mostrado especial interés por el urbanismo en la Ciudad de México
Fundó el colectivo México: Ciudad Futura, que ha desarrollado ideas a gran escala junto con arquitectos como Teodoro González de León, Gustavo Lipkau y José Castillo. Su propuesta de Ciudad Lacustre representa la más importante aportación de las últimas décadas de los arquitectos mexicanos a la Ciudad de México, basándose en criterios ecológicos, culturales, históricos y, por supuesto, estéticos. En el año 2004 ganó, junto con Juan Palomar, Gustavo Lipkau y Tonatiuh Martínez, el concurso internacional para construir la biblioteca José Vasconcelos.

Alberto Kalach nació en la Ciudad de México en 1960. Arquitecto de renombre internacional, realizó sus estudios en la Universidad Iberoamericana y en la Cornell University en Ithaca, New York.

En 1984 participó en la edición 71 del Paris Prize de la Escuela de Artes de Colombus, Indiana donde obtuvo el segundo lugar, En 1985 fue tercer sitio del Concurso Internacional del Proyecto del Kunstmuseum de Bonn, Alemania. En 1996 gana el Primer Lugar del Concurso Internacional Petrosino Park, N.Y. colaborando con Regazzoni y González Rojas y posteriormente junto con Buendía y Miserachi ganó el concurso para el Colegio Alemán de Puebla.

Su trabajo ha sido ampliamente reseñado y expuesto individual y colectivamente, entre otras exposiciones destacan la del Museo de Arte Moderno de México en 1984 “Proyectos para la ópera de la Bastilla” y la de New York Hartell Gallery sobre Arquitectura del Paisaje. Sus proyectos han sido publicados en revistas especializadas mexicanas y varias en todo el mundo.

Siempre ha mostrado especial interés por el urbanismo en la Ciudad de México donde funda el colectivo México: Ciudad Futura que ha desarrollado ideas a gran escala junto con arquitectos como Teodoro González de León, Gustavo Lipkau y José Castillo. Su propuesta de Ciudad Lacustre representa la más importante aportación de las últimas décadas de los arquitectos mexicanos a la Ciudad de México, basándose en criterios ecológicos, culturales, históricos y por supuesto estéticos.

En el año 2004 gana junto con Juan Palomar, Gustavo Lipkau y Tonatiuh Martínez el concurso internacional para construir la biblioteca José Vasconcelos.

(D)escribir la ciudad [CCAU]

INVITACION E.FRANCESA 2015 8Este jueves 3 de diciembre 2015 a las 8:00 pm (D)escribir la ciudad un encuentro entre un arquitecto y un escritor.

Lugar: Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana [CCAU]

(D)escribir la ciudad es un proyecto de la Embajada de Francia que propone una colaboración atípica (arquitectura y literatura) para pensar e imaginar el espacio urbano. Durante una semana un escritor y un arquitecto harán un recorrido de la ciudad de Guadalajara con el fin de construir sus proprias interpretaciones gráficas y narrativas.

Para este sexto encuentro de (D)escribir la ciudad nos acompañaran :

En este caso Juan Palomar / Arquitecto Méxicano y Frederic Boyer / Escritor francés

Olvidar a Barragán

Fuente: Arquine por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog  http://otrootroblog.blogspot.mx/

En la sección de Decoración Interior del primer número de la revista Arquitectura y Decoración, publicada por la Sociedad de Arquitectos Mexicanos en agosto de 1937, se presentaron “fotografías de algunos detalles de interiores de las casas número 141 y 143 de la avenida México,” en la colonia Hipódromo de la ciudad de México. “Las dos casas —continúa la presentación de la revista— son obra del arquitecto Luis Barragán; construidas, cada una, en el pequeño espacio de cuatro metros de frente por doce metros de fondo.” En el segundo número de la revista, se publicaron de nuevo fotografías de la decoración interior de otra obra de Barragán, “la residencia de don Gustavo Maryssael, calle de Guadiana número 3 de esta capital.” Las tres casas pertenecen al periodo racionalista —por llamarlo así— del famoso arquitecto. A partir de 1936 Barragán deja Guadalajara para instalarse en la ciudad de México donde construyó cerca de veinticinco casas de inspiración “corbusiana” y de “carácter netamente comercial,” según escribió Louise Noelle. Para Juan Palomar el éxodo a la capital de Barragán “significó también, ante las dificultades económicas que en lo personal le representara la pérdida por su familia de buena parte de sus haberes a causa de la reforma agraria, un nuevo horizonte para lograr la solvencia económica. El recuerdo de Rimbaud que emigra a África y se dedica al comercio quizá no sea descabellado: la producción arquitectónica de Barragán en sus primeros años en México testimonia un despiadado afán de hacer dinero. No carecen de interés, sin embargo, sus obras de esa época, que dan cuenta de un esfuerzo sincero por adoptar el triunfante lenguaje del funcionalismo y conciliarlo con sus ya conscientes preferencias y raíces estéticas.”

Las casas de avenida México y de la calle Guadiana, como los departamentos de la Plaza Melchor Ocampo, realizados junto con Max Cetto, puede que sean ejemplo de esa arquitectura a la vez funcional y comercial, pero revelan ya —como apuntó de paso Palomar— ciertas opciones estéticas. Sobre todo al interior, donde Barragán se mueve con gran libertad en esa zona limítrofe entre decoración e interiorismo, ahí donde se tocan el ambiente y el espacio —abstracción cara a los arquitectos del siglo XX. El espacio en Barragán y, sobre todo, la actualidad del mismo en relación a la práctica y al discurso modernos, es un tema tratado de manera marginal. De las múltiples influencias, las interpretaciones prevalecientes ha privilegiado aquellas que se refieren a una revaloración de las tradiciones nacionales y las más pintorescas y románticas entre las externas —los jardines de Ferdinand Bac, la arquitectura marroquí. El mismo Barragán favoreció esa visión sesgada al construir su propio mito, cuando “se confiesa única y fuertemente impactado —escribió Humberto Ricalde— por la mítica Alhambra (tan multimencionada por todos sus ensalzadores a propósito de su obra de madurez) o por el África del Norte, los pueblos islámicos y la arquitectura vernácula europea.”

Para Ricalde, cabe preguntarse si cuando —tras recibirse como ingeniero en la Universidad de Guadalajara— emprende un “viaje de casi dos años por una Europa que era el recipiente del caldo de cultivo de la Modernidad, previamente condimentado por las vanguardias figurativas anteriores a la Primera Guerra Mundial, la fuerza propagandística y publicitaria de un Le Corbusier, de un Gropius a la cabeza de la Bauhaus, de los polemistas Van Doesburg y Oud o del desacralizador Loos con su teoría del Raumplan (engarce espacial interior mediante áreas de estar recabadas en volúmenes a doble altura e interconectadas por escaleras direccionales; presente desde el inicio del siglo XX en la obra de Adolf Loos), no dejaron su primera huella en el culto e informado arquitecto en ciernes.”

Para el crítico inglés William Curtis “un examen superficial de las obras de Barragán revela varias influencias obvias de los maestros modernos.” Afirma que Barragán siguió el ejemplo de Le Corbusier, especialmente en la Casa para Dos Familias, de 1936, en la ciudad de México, donde empleó una estructura de hormigón, muros blancos, azoteas y amplias ventanas.” Se trata de las casas publicadas en el primer número de Arquitectura y Decoración. Para Curtis —como para Palomar—, el periodo en que Barragán construye esas casas y departamentos funcionalistas, en los últimos años de la década de los 30 y los primeros del 40, es un paréntesis entre sus primeras obras en Guadalajara y su obra de madurez. Israel Katzman precisó: un paréntesis comercial. Un periodo de especulación que, para no llamarla formal —lo que parecería ser peor pecado— se califica de financiera.

“Actualmente —escribió en 1930 Ludwig Wittgenstein—, la diferencia entre un buen arquitecto y uno malo estriba en que éste cede a cualquier tentación, mientras el primero le hace frente.” Barragán, buen arquitecto, salió librado de las tentaciones tras enfrentarlas y, según opina Curtis, vio “más allá de las trampas del movimiento moderno,” percibiendo las “semejanzas entre las tradiciones vernáculas mediterráneas y mexicana,” y esforzándose en “reconciliar las diversas vertientes de sus años de formación.” Barragán parece que sobrevivió, sin contagio, al contacto con la modernidad radical de entreguerras. Pero, ¿qué si esa modernidad abrazada temporalmente por Barragán no era una trampa, no fue un paréntesis, un error, una desviación? En un texto publicado en la revista Vuelta en 1989 y titulado Barragán, el otro, Xavier Guzmán escribió que las obras que construyó Barragán en ese periodo y que, “en apariencia, son de un carácter radicalmente distinto,” son “lo más valioso e importante de su obra. Descreo en absoluto –dice– de aquella visión que quiere reducir lo construido entonces a un impasse de especulador con tierra y arquitectura urbana.” Es claro que hay en esa arquitectura de Barragán influencias directas e indirectas que se revelarán más tarde, en su obra de madurez, como coincidencias o, mejor, sintonías con las arquitecturas de su tiempo, y habríamos entonces de preguntarnos, como Ricalde, “cómo filtra, asimila e integra esa huella —tan marcada en sus obras de la colonia Cuauhtemoc— del movimiento moderno al lenguaje con que nos lo encontraremos expresándose en la segunda mitad de los cuarenta.”

Luis Barragán murió el 22 de noviembre de 1988. Tal vez, a casi 30 años de su muerte, habría que olvidarlo. Olvidar a cierto Barragán para recuperar una figura más compleja. Olvidarlo, claro, con ese olvido que resulta ingrediente básico de pensar críticamente. Olvidar al Barragán de la identidad nacional hecha muro y edificio, al de la hacienda recuperada y el establo trasvestido en residencia. Olvidar las fotos, sobre todo, aunque recordar que son en blanco y negro, para que nos ayuden a olvidar los colores y toda la banalización que los vuelve tema de guía de viajero y cliché que reduce a fórmula una idea: al mexicano le gustan los colores. Olvidar, pues, los colores, y pensar lo que muestran las fotos: luz, para entender que el color es otra forma de la luz y no un carnet de identidad cromática: olvidar el pantone del nacionalismo. Y volver a olvidar las fotos, por que ellas se olvidan también del espacio. Pero olvidemos también, de paso, aquello de que la arquitectura es puro espacio y de que éste jámas sale en la foto. Recordemos mejor la historia del espacio que lo revela como una idea, como un concepto cuya invención tiene lugar en un momento de la arquitectura y cuyas transformaciones aún no cesan. Olvidemos esas fotos pero recordemos, como propuso Keith Eggener, que son parte de una clara e inteligente estrategia para fabricar una imagen, de la arquitectura y del arquitecto. Recordemos que, según Beatriz Colomina, la arquitectura moderna se hace a sí misma en el juego de la publicidad y las publicaciones, y olvidemos al Barragán asumido como antídoto local a lo moderno internacional. Asumamos al Barragán absolutamente moderno. Y deberemos olvidar, para ser consecuentes, el olvido de esa historia y pensar en las convergencias de Barragán, por ejemplo, con Loos y sus espacios que se traban rebasando el lugar que la planta les asigna, mayores quizás que con la hacienda y el color anaranjado. Pensemos que hay una operación que tiene por objetivo al ambiguo espacio concebido por la modernidad arquitectónica y que se detiene en la zona donde el interior se diferencia del exterior.

Sobre todo, no nos olvidemos de olvidar a los seguidores, a todos los que no han hecho más que copiar y reproducir lo que el maestro inventó en silencio, quizá, pero no de la nada y tampoco sólo de sus recuerdos de la infancia. Olvidemos la leyenda del creador ingenuo. Olvidémonos de los gruesos muros de aplanado rudo, ocres o anaranjados, y de las ventanitas o ventanotas cuadradas. Olvidémonos de las vigas de madera y también de pensar que sustituyéndolas con otras de acero se moderniza el asunto. Olvidémonos del espejo de agua y de los cántaros de barro enmohecidos. Olvidémonos del papel de china, de los muebles que fingen ser rústicos y de las esferas de espejo, aunque sea sólo por un momento para intentar recordar a Barragán, el otro. 

Ganador del Concurso Nacional de Arquitectura Papalote Museo del Niño en Iztapalapa

Fuente: http://www.arquine.com/ganador-del-concurso-nacional-de-arquitectura-papalote-museo-del-nino-en-iztapalapa/

Muchas felicidades a todos y en especial a Laura Sánchez Penichet, Mara Partida y Héctor Mendoza egresados de la escuela de arquitectura del Iteso por este logro y también a  Juan Palomar por este reconocimiento.

El Jurado, integrado por Miquel Adrià, Mauricio Amodio, Dolores Beistegui, Ernesto Betancourt, Fernanda Canales, Víctor Legorreta y Benjamín Romano, se reunió los días 19 y 20 de noviembre de 2015 en la Sala de Juntas de Papalote Museo del Niño, ubicada en Av. Constituyentes nº 268, Col. Daniel Garza, Delegación Miguel Hidalgo, México, D.F. 11830, para conocer las propuestas de anteproyecto arquitectónico, que expusieron los responsables de cada uno de los siete equipos de arquitectos, en orden alfabético: Jorge Ambrosi, Armando Birlain, Alfonso de la Concha, Calíope Hernández, Alberto Kalach, Alan Rahmane y Carlos Rodríguez.

Después de debatir entre sí sobre las siete propuestas, el viernes 20 de noviembre del año en curso, a las 11:50 horas, el Jurado acordó por unanimidad los tres mejores trabajos, ordenándolos del primero al tercero.

Atentamente, el Jurado: Mauricio Amodio (Presidente del Jurado), Miquel Adrià, Dolores Beistegui, Ernesto Betancourt, Fernanda Canales, Víctor Legorreta, Benjamín Romano, Ernesto Alva Martínez (Secretario Técnico del Concurso).


1er. Lugar : Carlos Rodríguez Bernal
Asociados: SPRB arquitectos + MX-SI architectural studio, Laura Sánchez Penichet, Carlos Rodríguez Bernal, Mara Partida Héctor Mendoza, Boris Bezan.
Colaboradores: Ricardo Valdivia, Lidia Nájera, Claudia Bucio, Olga Bombac y Oscar Espinosa Servín.

LAMINA 1LAMINA 2LAMINA 3LAMINA 4LAMINA 5LAMINA 6LAMINA 7LAMINA 82do. Lugar: Jorge Ambrosi (Ambrosi / Etchegaray)
Asociados: Jorge Ambrosi, Jorge Arvizu, Ignacio del Río, Gabriela Etchegaray, Emmanuel Ramírez, Diego Ricalde.
Colaboradores en Ambrosi Etchegaray, Cantera Estudio, Entorno Taller de Paisaje, MMX studio, Ecostudio, Artec 4, TGC, Saad Acústica: Omar Vergara, Gerardo Reyes, Mariana Ávila, Javier Caro, Ivonne Cervera, Luas Hoops, Alberto Molina, Miguel Coloma, Miguel Vieyra, Rubén Oliveros, Ivo Martins, Andrés Soliz, Ariadna López, David Camarillo, Eréndida Tranquilino, Gonzálo Álvarez, Mariana Braga, Mariel Collard, Olivia Hansberg, María Z. Jareth Barrón, Santiago Cardoso, Carlos Arriaga, Alejandra Ruiz y Rodrigo Manzanos.

ModelModelModelModelModelModelModelModelModel3er. Lugar: Alberto Kalach + Juan Palomar Verea
Hector Módica, Xavier González, Helena Sáenz, Carlos Ledezma, Mariana Manjarrez, Juan Ignacio Ulacia, Iván Ramírez, Roberto Silva, Juan Pablo de la Rosa, Armando Hernández, Toshiyuki Kobayashi,Alexa Mabel Pacheco, Jorge Luis López, Valentina de la Rosa y Marco Kalach.