EXPOSICIÓN: La jugada. Santo Santiago y los tastuanes

Textos por: Guillermo de la Peña, Rubén Páez Cano y Tomás de Híjar.
Marionetas representando a los tastuanes y al Santo Santiago.

Con La jugada, muestra organizada en el marco del 16º Festival Universitario, el Centro de Promoción Cultural del ITESO, se sumó a los festejos del Centenario del Museo Regional de Guadalajara, en el 2018.

 

Presentación

Esta exposición dio testimonio de una variante de las danzas de conquista que se llevan a cabo en las festividades religiosas de nuestro país: “la jugada” o “la danza de los tastuanes”, la cual tiene un lugar prominente en las conmemoraciones religiosas de la región occidental de México. Se trata de una representación que hace referencia a la llegada de los españoles en el siglo XVI, y bajo el mando de Nuño Beltrán de Guzmán, al territorio de lo que hoy son los estados de Jalisco y Zacatecas.

Luego de fundar la Guadalajara itinerante, ésta fue invadida por los indios caxcanes –o “tastuanes”— encabezados por Tenamaztle. En aquel momento, a punto de ser derrotados, los españoles invocaron a Santo Santiago quien los protegió en la Guerra del Mixtón.

Sin embargo, se considera a la vez que la danza de los tastuanes y Santo Santiago representa la resistencia de los indios frente al dominio español, por lo que tradicionalmente ha tenido lugar en las poblaciones de tradición indígena para conmemorar la festividad de Santiago apóstol (25 de julio) y para celebrar los frutos de la cosecha (a mediados de septiembre).

Aún se recuerda que, en Guadalajara los tastuanes danzaban al son de la chirimía en los barrios indígenas Mezquitán, Analco y Mexicaltzingo –hoy integrados a la ciudad–, y todavía se hacen “jugadas” en las poblaciones de Tonalá, Santa Cruz, Ixcatán, Tepetitlán, Ocotán, Nextipac y Jocotán.

La exposición se conformó con objetos y representaciones que daban cuenta de la danza desde el siglo XVIII, hasta los elementos contemporáneos que constituyen parte de esta tradición. Se presentaron piezas de cerámica bruñida y esculturas virreinales, diversos elementos de indumentaria y máscaras; la exposición incluyó música, videos y fotografías, así como algunos objetos representando las “jugadas” y los personajes de la danza.

 


I.- El culto a Santiago Apóstol

Cántaro de barro representando a Santiago Matamoros.

El culto jacobeo en lo que fue la Nueva Galicia tiene dos matrices culturales: la relevancia que tuvo el santo patrono de España en el proceso de la reconquista, que concluyó en 1492 con la caída de Granada, último bastión musulmán en la península ibérica; y el repoblamiento de los núcleos urbanos que arrasaron los indios rebeldes que tomaron parte en la llamada Guerra del Mixtón, en 1541.

La primera, hizo que la iconografía del Apóstol más divulgada en el Nuevo Mundo fuera la del jinete de la legendaria batalla de Clavijo, montado en un corcel blanco al tiempo de aplastar a sus enemigos en el año 844. Así nació el Santiago Matamoros, símbolo al que animaba siempre el espíritu de guerra santa. La segunda matriz estaría relacionada con el Santiago Mataindios, apodo reciente y que no se ajusta a los términos en los que los indios conquistadores abrazaron el culto jacobeo para legitimar su presencia en territorios tan distantes a los de su procedencia, como fue el caso de los tlaxcaltecas que acompañaron al Virrey De Mendoza y que se quedaron en la Nueva Galicia luego de sofocar la aludida Guerra del Mixtón.

Consta que la campaña militar que encabezó el lugarteniente de Carlos V no hubiera sido exitosa sin la participación de un copioso ejército compuesto por indios tlaxcaltecas, huejotzincas, cuauhquechultecas, mexicas, xilotepecas, acolhuas y purépechas, que según las cuentas ascenderían a cincuenta mil. También consta que quien encabezó la rebelión de los caxcanes, Francisco Tenamaztle, capituló para evitar mayores tropelías a su gente.

Vasija de barro tonalteca representando a Santiago Mataindios.

Que en lo que fue la Nueva Galicia siga viva la religiosidad popular en torno al santo de los conquistadores es sorprendente, pues salvo esa evidencia nada más resta por acá de los antiguos pueblos de indios. Pero también lo es el desconocimiento de este dato por parte de los estudiosos de un tema –la danza de los tastuanes— que rebasa ampliamente lo folclórico para elevarse al de raíz identitaria más alta, ya que trastoca la visión derrotista del indio “conquistado” para poner la atención en el indio “conquistador”, es decir, el que con el tinte de guerra santa hizo suya la expansión de los dominios de España en esta parte del mundo y la convalidó, dándole culto a Santiago con elementos tan propios de su cultura: la danza, las máscaras y el mitote, con el propósito de contrarrestar –lo acaba de exponer de forma novedosa y brillante el investigador Claudio Jiménez Vizcarra–, “el habla y el tlatol del diablo”, como se designa en la probanza en descargo del Virrey De Mendoza, al discurso que alentó la rebelión de los indios de la Nueva Galicia en 1541, fruto, dijeron los escribanos, de una suerte de aquelarre en el que “viejas hechiceras” invocaron al diablo, quien les dirigió su palabra a través de Tecoroli para pedirles que mataran a todos los cristianos de esa provincia; que renegasen de esa fe.

Quede planteada, pues, la hipótesis del culto jacobeo entre nosotros como la memoria que de su conquista hicieron en la Nueva España los indios que repoblaron los sitios arrasados por la también llamada rebelión chimalhuacana.

 

II.- La Guerra del Mixtón

Página 46 del Códice Telleriense-Remensis, que habla del año 1541, en el que “se alsaron los yndios de jalisco”, según la anotación debajo de la ilustración.

Una interpretación diferente se lee en los textos de Antonio Tello, Pablo de Beaumont, Alonso de la Mota y Escobar y Matías de la Mota Padilla. Gracias a ella, se puede saber que la fiesta se inició para memorar la intervención del apóstol Santiago en la Guerra del Mixtón en donde los españoles vencieron a los indios caxcanes –tastuanes.

Los abusos de los colonizadores y la resistencia indígena dieron lugar a diversas batallas: “Dieciocho indios principales cayeron en manos de los capitanes españoles Domingo de Arteaga, Cristóbal de Oñate, Martín Benítez y Juan Pascal, quienes ahorcaron públicamente a nueve de ellos. En respuesta, los nativos dieron muerte al encomendero Juan de Arce, quien además fue comido, como se hacía en la guerra antigua entre estos pobladores” (L. Barjau).

El 28 de septiembre de 1541, sesenta mil indios al mando del tastuán Tenamaztle sitiaron la antigua Guadalajara (fundada en Nochistlán) y se retiraron luego de cuatro días. Fue entonces que los españoles decidieron buscar un sitio más adecuado para establecer de manera definitiva la ciudad de Guadalajara y se encaminaron al Valle de Atemajac.

Mientras tanto, concentrados en el Cerro del Mixtón los caxcanes se preparaban para la guerra, tal como se consigna en el Códice Telleriense-Remensis, en donde Tenamaztle se enfrenta al Virrey Antonio de Mendoza –cuyo apellido se puede ver escrito con un maguey y una tuza: metl-tuza.

Cuando los españoles salieron a combatir a los sublevados, antes de emprender el ataque, ofrecieron perdonar las muertes e incendios que los indios habían causado, con la condición de que debían ser obedientes y pacíficos con sus encomenderos.

Se dice que se escuchó la voz de Tenamaxtle: “Nosotros queremos que se vayan en paz, pues estamos en nuestras tierras… y a ustedes ¿quién los ha llamado?”.

 

III.- El nombre y la representación

Si bien, el nombre “tastuanes” parece provenir de los caxcanes –nombre de los indios que habitaban esta región del país—, también es posible que sea una deformación burlesca de la palabra tlatoani, señor.

La representación de los tastuanes implica su identificación como seres lúdicos –sus evoluciones se conocen con el nombre de “jugadas”—; pero también como salvajes, paganos y adversarios de la religión cristiana. Ocultan su rostro con máscaras de madera que ostentan rasgos animalescos y van tocados con una montera o peluca confeccionada de cola de res y crines de caballo, que les cuelga hasta la cintura. Acompañados de música de tambor (o temponaztle) y chirimía.

 

Hoy en día, como en antaño, la celebración de Santo Santiago y los tastuanes presenta los siguientes cuatro momentos:

  1. Los tastuanes se presentan y toman posesión del espacio habitado.
  2. Los tastuanes discuten y negocian con Santiago sobre la posesión del espacio circundante.
  3. Los tastuanes combaten contra Santiago, lo vencen y lo matan.
  4. Santiago resucita y los tastuanes le rinden pleitesía; pero al mismo tiempo, el significado de Santiago se transforma: de ser una fuerza destructora se convierte en una fuerza curativa, vital.

Esta fiesta se ha celebrado durante varios siglos en los viejos barrios y poblados indígenas que ahora forman parte del área metropolitana de Guadalajara, tales como Santa Cruz de las Huertas (en el municipio de Tonalá); Mezquitán, San Andrés y Huentitán (en el municipio de Guadalajara); Jocotán, San Juan de Ocotán, Ixcatán, Nextipac y Santa Ana Tepetitlán (en el municipio de Zapopan); Juchipila y Apozol, así como en localidades del extremo noroeste de los Altos de Jalisco, como en Mechoacanejo (municipio de Teocaltiche).

 

VI.- La danza de los tastuanes

Danzantes.

Cuando los tastuanes han provocado el caos en las calles, éste se conjura al aparecer de Santiago –quien monta un caballo blanco, blande un machete de acero, viste a la antigua usanza hispana: sombrero de cuero de anchas alas adornado con plumas blancas, botas y capa española—; lo acompañan sus servidores (dos o más), llamados “moros” o “perros rastreros” (en Jocotán) o “sargentos” (en Ixcatán). En la versión de Nextipac, los tastuanes se repliegan ante él, que declara ser “Rey de la Nueva España y de la Nueva Galicia”.

Luego, los tastuanes marchan todos en una procesión encabezada por Santiago, a la plaza o atrio de la iglesia, donde se ha erigido una plataforma, que recibe el nombre de castillo: allí tendrán lugar las negociaciones por la tierra, durante las cuales los tastuanes miden el suelo con cordeles, profieren largos e ininteligibles discursos –salpicados de vocablos en náhuatl— y con grandes gesticulaciones señalan hacia los cuatro vientos.

Reyes coronados.

En las negociaciones intervienen tres reyes coronados (y en ocasiones una reina), que representan los poderes terrenales, y lo más interesante es que los tastuanes se vuelven contra Santiago y lo matan. Entre el momento de la muerte de Santiago y el de su resurrección hay un intercambio de regalos entre los tastuanes y la población local.

Enseguida, actividad lúdica de los tastuanes se reanuda: vuelven a corretearse y a gritar, mientras Santiago reposa en el atrio envuelto en una cobija. Cuando Santiago resucita se produce una gran conmoción. Sus verdugos caen fulminados, pero el santo “los cuerea” –así, su espada se convierte en un instrumento de vida— y se une a la actividad alborotadora.

La culminación de la fiesta tiene lugar cuando Santiago “cuerea” a todos los fieles, quienes forman una larga fila para recibir el impacto curativo.

Santiago resucitado.

 

V.- Indios que hacen muecas a la ciudad

Guadalajara es una ciudad que presume de criolla, y hasta de española, donde los indios quedan confinados a los museos.

Recorrido con la comunidad, posterior a la jugada.

La celebración de los tastuanes permite a los indios salirse de los museos y hacer muecas a la ciudad, al tiempo que subvierten los símbolos de la cultura de Conquista.

 

De hecho, su afirmación pública de la indianidad lo es también del derecho a la tierra; y precisamente una característica de los pueblos caxcanes a lo largo de la Colonia fue la reivindicación de las tierras de la comunidad.

 


Sobre el diseño de la exposición

Los núcleos temáticos

Montaje de algunas salas.
  1. Santiago, santo de dos mundos.
  2. Las “jugadas” de la danza: ayer y hoy
  3. La danza y su historia de continuidad. Del siglo XVIII a la actualidad.
  4. Los tastuanes
  5. Las máscaras y la música para la danza.
  6. La “jugada” en Santa Cruz de las Huertas, municipio de Tonalá, Jalisco.
  7. Las variantes de la danza en: Tonalá, Jocotán y San Juan de Ocotán, Jalisco, y en Nochistlán, Zacatecas.

Finalmente, se muestra en el siguiente video a Rubén Páez Kano habla del trabajo museográfico realizado para una exposición sobre la tradición de los tastuanes en Jalisco, el reto que implica cada pieza en el montaje y el trabajo de colocación para crear el impacto deseado en el espectador.