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Pero… ¿alguien me puede decir qué rayos es una mujer? parte II

Por Mariana Espeleta Olivera
Académica del Cifovis ITESO

Lee la parte I de esta historia aquí.

En la última entrega sobre la cuestión de qué es ser una mujer, nos quedamos en que nació un bebé y los médicos declararon “¡Ha nacido una bella princesita!”. La envolvieron como tamal en una cobijita rosa y sus papás la reina y el rey, ya que estamos en un cuento la educaron como habían educado a todas sus hermanitas, en sentido contrario al de todos sus hermanitos. Para la continuidad del reino era muy importante que los niños y las niñas se fueran convirtiendo en hombres y mujeres opuestos y complementarios. De hecho, prácticamente había tablas descriptivas en todos los libros de filosofía y ciencias naturales que organizaban a los dos géneros[1] humanos de la siguiente manera:

Hombre

Mujer

Feo Bella
Fuerte Débil
Formal Inestable
Extrovertido Introvertida
Sabe mandar Obedece
Órgano sexual externo Órgano sexual interno
Proveedor Criadora
Cazador Recolectora
Activo Pasiva
Lucha con dragones La secuestran dragones

A esta tabla se le pueden añadir todos los atributos que a ustedes se les ocurran que por ocurrencias no paramos, en esto de la conformación del género. La importancia de este asunto de los opuestos complementarios estaba enclavada en la necesidad absoluta de producir sujetos que:

1.- Sintieran atracción por su opuesto o sea heterosexuales[2] o, si no sentían atracción, la relación al menos les resultara indispensable para sobrevivir. Esto se llamó la “división sexual del trabajo” a través de la cual el obrero llevaba el sustento a casa y la esposa del obrero transformaba ese sustento en sopa de verduras, en uniformes de obrero limpios, en cuidados, etc. Cada uno de ellos no podía vivir sin el otro. Así la administración del reino solo tenía que pagar un salario por dos trabajos, teniendo fabulosos ahorros del 50% en todas las labores. Esto mantenía en posibilidades de trabajar a todos los obreros del reino y además producía nuevos obreros que reemplazarían a los viejos ¡Negocio redondo!

2.- No fueran iguales, sino que uno de ellos fuera dependiente del otro, y además inferior. Así en todas las clases sociales habría un sujeto subalterno que estaría obligado a prestar trabajo gratuito. ¿Adivinan a quién le tocó ese papel? ¿no? ¿si? A ver una pista: El INEGI[3] nos informa que hoy en día en un momento en el que muchos afirman que estamos en las puertas de la igualdad las mujeres jefas de familia, que también proveen parte o todo el sustento de su hogar, dedican 68 horas a la semana en trabajo doméstico no remunerado, mientras que los hombres dedican 31.3 horas.

Al bautizo de la princesita no invitaron a las brujas feministas, pero ellas de todos modos se colaron para echarle una bendición: “Serás libre de los estereotipos de género”. Así, pesar de los esfuerzos de sus institutrices por convertirla en una linda anfitriona y una excelente costurera, la princesa se destacó en las ciencias y los deportes. Creció como sus hermanos, robusta y fuerte, se negaba a los vestidos y los peinados de tres pisos y aventó los tacones por la ventana del castillo.

Por supuesto, el colmo llegó cuando se rehusó por completo a casarse y quiso quedarse con su dote como propiedad personal. La encerraron en una torre, desde la que escapó disfrazada de hombre. Cuenta la leyenda que hizo fortuna como mujer de armas y comerciante.

La historia de la princesita no es tan rara, en realidad. A lo largo de la historia existe un sinnúmero de mujeres que se negaron a conformarse con esa camisa de fuerza que según su contexto cultural significaba ser mujer. Todas esas mujeres enfrentaron diferentes formas de rechazo y represión y muchas tuvieron que pagar con su vida la inconformidad de asumir un rol de género.

Algunas de ellas, a pesar de todo, destacaron no sin castigo—, como la propia sor Juana Inés de la Cruz. Otras no corrieron con tanta suerte. Se calcula[4] que en la cacería de brujas, solo en Europa, murieron quemadas y torturadas más de 100 mil mujeres, aunque el número real es difícil de calcular porque muchos juicios no fueron registrados y en otros casos las mujeres murieron por las torturas y no por una condena jurídicamente establecida.

Las mujeres acusadas de brujería fueron principalmente aquellas que se dedicaban a la salud herbolaria, las parteras, las que no estaban casadas o no tenían hijos y las que tenían propiedades codiciadas por sus vecinos… Es decir, mujeres con poder o mujeres que no encajaban en los estereotipos de género, que representaban una amenaza para las instituciones patriarcales. La Iglesia fue la principal promotora de la cacería de brujas.

La cacería de brujas es solo un ejemplo de los sistemas de opresión. Nos ayuda a entender mejor la manera en la que se fue configurando la identidad de las mujeres a lo largo de los siglos posteriores, entre la aceptación a veces por supervivencia y la resistencia. Mujeres obedientes: buenas. Mujeres desobedientes: malas.

Aun en nuestros días podemos identificar con claridad las formas en las que estas etiquetas configuran el panorama de lo femenino y ordenan a las mujeres en determinadas posiciones sociales, recompensando a unas y estigmatizando a otras. Los productos culturales, es decir, películas, canciones, programas, espectáculos de todo tipo, a menudo son medios muy eficientes para reproducir estereotipos y producir el género.

¿Pero… qué es una mujer? Ya dijimos que una mujer no es un cuerpo hembra en el caso de que el cuerpo sea comprobablemente hembra y que una mujer “no nace, se hace”. También dijimos que ese ser llamado mujer no es un tipo de sujeto permanente, ahistórico, esencial lo que significaría que en cualquier época o lugar es la misma cosa, porque proviene de una “esencia” femenina, sino una forma de subjetividad personal y social que se produce según un contexto cultural determinado.

Ser mujer es, entonces, encajar en mayor o menor medida en lo que tu contexto específico permite para tal categoría, y vivirlo también interiormente. Es un fenómeno cultural y psicológico, en el que una persona se siente mujer, y es identificada como mujer por los demás. Esta cuestión, que constituye lo que es ser una mujer, no deja de estar llena de problemas teóricos, éticos y sociales. Por ejemplo ¿qué pasa con las personas que internamente se identifican como mujeres pero sus cuerpos o sus características no encajan en lo patrones de lo que su cultura entiende por mujer?

Este debate es muy interesante, porque extiende la categoría de mujer a un fenómeno que propone ir de lo subjetivo de la experiencia personal a lo objetivo lo percibido por todos, como un camino nuevo para cuestionarnos las categorías de género. Si una persona “se hace” de cierta manera para encajar en una identidad preestablecida el género… ¿podemos pensar que cada “hacerse” crea a su vez a tal categoría?, ¿que cada repetición no es un acto perfecto, sino una interpretación única que va insertando modificaciones?…[5] Y este es el momento, queridas amigas o amigos, amigues… ya da igual en el que la teoría saltó de Simone de Beauvoir a Judith Butler… y todo cambió para siempre. Pero ese es otro cuento, y ya hablaremos de eso en otra ocasión.

 

[1] En ese momento solo había dos géneros: el que correspondía al cuerpo de macho y el que correspondía al cuerpo de hembra, o al menos en el discurso, porque en la realidad… pues ya se sabe cómo es de canija la realidad.
[2]A este fenómeno las autoras feministas, como Adrienne Rich, lo han nombrado “heterosexualidad obligatoria”.
[3]Estadísticas a propósito del día de la familia mexicana (5 de marzo). Datos nacionales. Consultar en: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2017/familia2017_Nal.pdf
[4]Anne L. Barstow (1994). Witchcraze: A New History of the European Witch Hunts. Una explicación completísima del fenómeno de la caza de brujas y su interacción con los procesos de consolidación capitalista y las relaciones de poder entre la Iglesia y el Estado, lo puedes encontrar en el super librazo de Silvia Federici: Calibán y la bruja. Aquí lo encuentras completito para leer, por deseo expreso de la autora de que su obra sea de acceso libre (¡una crack!): https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Caliban%20y%20la%20bruja-TdS.pdf
[5]Teoría de la performatividad de Judith Butler. Para saber más puedes leer “Deshacer el género”, de editorial Planeta, o leer este comic que lo explica con gatos 😉 https://www.themarysue.com/judith-butler-explained-with-cats/. ¡O venir a mi clase! YEIIIII.

 

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La manera en la que lees ¿funciona?

Por Gabriela Muñoz Padilla
Académica del Cifovis ITESO

¿Qué recuerdas del último texto que leíste? ¿Comprendiste todo? ¿Cómo sueles seleccionar los documentos para garantizar su credibilidad? ¿Qué competencias de lectoescritura requiere esta era digital?

El 8 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Alfabetización. Se considera analfabeta a la persona de 15 o más años que no sabe leer o escribir un recado.

Las cifras indican que ha disminuido la tasa de analfabetismo en México. Según el INEGI, en la encuesta intercensal 2015, en 45 años el porcentaje de personas analfabetas de 15 y más años bajó de 25.8 en 1970 a 5.5% en 2015, lo que equivale a casi 5 millones de personas que no saben leer ni escribir.

Sin embargo, y pese a que es muy desafortunado que aún haya personas analfabetas, estas cifras no representan un avance sustantivo si hablamos de analfabetismo funcional. El analfabetismo funcional es el de una persona que, a pesar de saber leer y escribir, presenta dificultades para la comprensión de textos y el uso de la tecnología.

¿Qué porcentaje de mexicanos al leer un contrato laboral lo comprende e identifica las implicaciones de firmarlo? ¿Sabe llenar un formato de manera adecuada para la obtención de una visa? ¿Cuántos leyeron de manera reflexiva las propuestas de los políticos como un insumo para la decisión de su voto? Como ves no es suficiente con leer y entender el significado de las palabras del texto, sino que es necesario saber comprender, interpretar y analizar la globalidad de un escrito.

Según el informe del 2011 del INEGI, México tenía 33 millones de habitantes analfabetas funcionales. Esta cifra refleja la urgente necesidad de potenciar las habilidades cognitivas y socio culturales para incrementar la comprensión e interés por la lectura. No saber leer representa un aislamiento y vulnerabilidad frente del desarrollo social, cultural y económico.

Se requiere impulsar el sistema escolar mexicano en materia de lectoescritura, pero también responsabilizarnos como ciudadanos para mejorar nuestra capacidad de comprensión lectora como una herramienta para enfrentar y tomar mejores decisiones ante la vida. En palabras de Paulo Freire, no basta con leer sino que hay que comprender y así poder tener una lectura más crítica para entender el mundo que hoy vivimos.

Un mundo con un acelerado desarrollo tecnológico, pero que no tiene resueltos problemas de pobreza e inequidad y presenta un severo rezago educativo, provoca también una brecha digital, es decir, una separación entre personas con acceso rutinario a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y quienes no lo tienen o no saben utilizarlas.

Este 8 de septiembre, Día Internacional de la Alfabetización, es una buena oportunidad para encontrar los desafíos que tenemos en el contexto mexicano, en donde converge población analfabeta y analfabeta funcional, y en el que es difícil acotar la brecha digital, principalmente en las zonas rurales.

También es un buen motivo para identificar qué tanto te funciona la manera en la que lees y cómo puedes incidir en tu contexto para, a través de la lectura, incrementar la comprensión del mundo en el que vivimos.

Algunos recursos para mejorar tu lectoescritura:

Si eres alumna o alumno del ITESO, acércate al Departamento de Lenguas y recibe tutorías personalizadas.

 

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Abordar el reto de los derechos indígenas desde la educación

Por Efraín Jiménez Romo
Académico del Cifovis ITESO
Coordinador del Programa Indígena Intercultural

El reto para hacer realidad la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas cada día es mayor, debido a la lógica de un modelo de desarrollo hegemónico que orilla a las comunidades a abandonar sus territorios para sobrevivir. Los pueblos son amenazados por el narcotráfico y despojados de sus tierras y ríos por empresas transnacionales dedicadas al turismo y la minería.

Con la migración, los pueblos originarios experimentan aún más discriminación y vulnerabilidad, ya que los expone a ser sujetos de violación de sus derechos humanos debido a su género, edad, origen étnico y calidad de migrantes.

El pasado 9 de agosto se conmemoró el Día Internacional de los Pueblos Originarios, en el que fuimos convocados a comprometernos a hacer plenamente realidad esta Declaración, incluidos los derechos a la libre determinación y a sus tierras, territorios y recursos tradicionales, según palabras de António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

En el Programa Intercultural Indígena del ITESO, PII, estamos convencidos de que una alternativa para empoderar y dar alternativas a los jóvenes de los pueblos originarios es la educación. Una educación que responda a la cosmovisión de su cultura y les otorgue saberes y herramientas para continuar con su proyecto de desarrollo académico personal y comunitario, y les ayude a hacer frente a las grandes problemáticas medioambientales, de despojo de su territorio, de salud, de violencia, entre otras.

El PII trabaja desde 2013 con la Red de Centros Educativos Interculturales Wixáritari y Na’ayerite, Red CEIWYNA, en la Sierra Madre Occidental, en la región de El Gran Nayar, de Jalisco, Durango y Nayarit. La Red CEIWYNA consta de nueve centros educativos, tres de nivel secundaria y seis bachilleratos interculturales.

Cada uno de estos proyectos son impulsados por la comunidad, con recursos y esfuerzo propios, y reconocen su historia y visión, aspectos comunes para trabajar colectivamente a través de actividades académicas, culturales y deportivas que amplían y muestran la diversidad cultural, lingüística, ambiental y social de la región, y sienta las bases de un sistema educativo cultural y contextualmente pertinente. Mediante la línea educativa es posible vivir el compromiso por y con los pueblos originarios.

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El éxito político nunca es definitivo

Por Mario Edgar López Ramírez
Académico del Cifovis ITESO

Muy a pesar de lo que desearían muchos políticos profesionales, el poder político es una serie de equilibrios. Es decir, no puede concentrarse todo el poder en una sola mano, porque tener el poder significa constituirse en el eje de una compleja balanza de intereses. En la democracia el juego es complicado, porque se incluye una diversidad de intenciones y de voluntades. Todas ellas entran en acción y nunca son estáticas, siempre se mueven, generan alianzas o las deshacen, incorporan nuevos actores, excluyen otros e introducen lo inesperado. De ahí que el éxito nunca sea seguro, ni siquiera para el ganador del juego. Ni en las mejores dictaduras el control unipersonal es completo, en todo caso lo que consiguen las dictaduras es reducir el número de participantes en el campo, pero no logran hacer del dictador la única y absoluta encarnación del poder.

Por eso una de las preocupaciones más grandes que tiene la clase política moderna es cómo someter bajo su autoridad a la lógica democrática; es decir, cómo encuadrar a las instituciones, a las organizaciones participantes y finalmente a las personas con voluntad de poder. Todo ello, a la vez que se mantiene la impresión de un escenario transparente, abierto y participativo de cara a los ciudadanos, por medio, básicamente, de un discurso basado en los valores democráticos. De ahí que la democracia tiene siempre un aspecto esquizofrénico: permite la participación, pero acotada; proclama la inclusión, pero solo de algunos; exige la transparencia, pero debajo de la mesa. Es el irreductible conflicto entre la razón del Estado y la libertad, en el que, por lo general, pierde la libertad, si esta no es defendida una y otra vez.

La forma ideal que los políticos profesionales desearían para gobernar en una democracia sería tener la totalidad del control y, a la vez, la totalidad de la legitimidad democrática. Este es el sueño de la demagogia de la que tanto nos advertían los filósofos griegos. Es la hipocresía y la perfidia vuelta forma de gobierno. Es el perfecto abono para el conflicto, la represión y la violencia. Si partimos del hecho de que ejercer el poder es el arte de equilibrar intereses, la demagogia cierra la posibilidad de incorporación de otros actores y abre con ello el ánimo de exterminio al interior de la clase política, ya que si el gobernante no reconoce en sus aliados, en sus adversarios y en los ciudadanos, los factores de de su propio poder, es porque cree que tiene la suficiente fuerza para destruirlos. Su voluntad es de aniquilación, de negación del otro, de irracionalidad.

En palabras de Nicolás Maquiavelo: “El político virtuoso es racionalista, calculador y dueño de sí mismo, desempeña con aplomo los más diversos papeles y es lo suficientemente prudente para identificar su propio interés con el bienestar de aquellos a los que trata de dirigir”. Así lo señala en su libro El Príncipe, y vaya que este texto no se escribía en referencia a la democracia, sino a uno de los sistemas más concentrados de poder: el monárquico. Esta visión corrobora el carácter de construcción social que tiene el poder, muy a pesar de que existan ganadores con aspiraciones absolutas.

En este sentido, el reconocimiento del conflicto social es importante precisamente porque es en el conflicto en donde se demuestran los pesos de poder de los aliados, los adversarios y los ciudadanos. Todos los conflictos se originan en el deseo: el ciudadano desea la seguridad de sus bienes, la elite por su parte desea dominar a las masas y tener el monopolio de los bienes públicos. La conflictividad, por tanto, es natural tanto en los buenos como en los malos gobiernos. La diferencia entre ellos no reside en la presencia o ausencia de conflicto, sino en los rumbos que tome en cada uno. En un buen gobierno el conflicto ininterrumpido y enmarcado dentro de límites que permitan la convivencia, puede llegar a ser incluso una garantía de mayor libertad.

En suma, ejercer el poder es un arte difícil porque implica mantener en equilibrio una serie de intereses que, si se desequilibran, desbordan el conflicto que siempre está latente en el juego del poder. A esto se incorpora el hecho de que aquel ganador del juego que quiera tenerlo todo, poseerlo todo, controlarlo todo, desequilibrará el sistema de intereses y empujará a la clase política al conflicto. Esta paradoja es llamada “las estratagemas de la razón” o la “retroacción de una acción” y consiste en que aquel político que intenta controlarlo todo, termina descontrolando el sistema. Su razón, por muy calculada que parezca, escapa hacia la irracionalidad y su acción, por muy planeada que esté, se bifurca hacia propósitos no deseados. Buscando tener el poder, pierde el poder.

Como dice el pensador francés Edgar Morin, las estratagemas de la razón se llevan a cabo cuando la acción escapa a la voluntad del actor para entrar en el juego de las fuerzas sociales, en gran medida incontrolables e impredecibles. Morin da varios ejemplos históricos de las estratagemas de la razón: uno de ellos es Napoleón Bonaparte, quien, creyendo satisfacer su desmedida ambición de poder, manipula a su favor las ideas democráticas de la Revolución Francesa y termina instalando un imperio personal, para después fortalecer una reacción de la aristocracia en su contra, la cual es la causa de su propia destrucción. Napoleón desequilibró el conjunto de intereses, probó la gloria unos años y luego saboreó las consecuencias de su deseo de control. Y es que, como lo dice Fernando Savater, ”la política es algo fácil de estropear”. Especialmente la política que se da en un contexto que intenta ser democrático. Dicha política solo la pueden ejercer, con mayor cabalidad, los verdaderos hombres de Estado, que comprenden el difícil equilibrio de pesos y contrapesos que conlleva. Por eso hay que recordarles esto, a los que hoy en día, se creen los ganadores del juego: el éxito nunca es definitivo.

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¿Tienen alguna moral los políticos?: Reflexiones en vísperas electorales

Por Mario Edgar López Ramírez
Académico del Cifovis ITESO

Todo estudiante de ciencia política aprende, desde las primeras lecturas de Nicolás Maquiavelo, un principio básico: en el mundo moderno la política y la moral deben ir separadas. Esta forma de enseñar a los politólogos, que serán los observadores de la política, no hace otra cosa que responder a la descripción de lo que hacen los políticos en la realidad. Para actuar en el campo de poder, el político no necesita la moral, solo necesita saber cumplir los acuerdos que asume, no importa si esos acuerdos son buenos o son malos. Tener principios o ser una persona con valores no es tan importante para la clase política como tener la certeza de que con quien se pacta es capaz de cumplir con lo pactado. En ese sentido el político tampoco necesita guardar afectos, solo necesita saber guardar las formas de relación personal políticamente correctas. En todo caso, lo más cercano a un código moral que tienen los políticos es el respeto a las reglas del juego del poder. Pero esto no tiene, necesariamente, una relación directa con la idea o la intención de hacer el bien.

Por mucho que esta separación entre moral y política pueda parecernos alarmante pues suponemos que, como mínimo deseable, el gobernante debe tener moral—, separar ambas dimensiones es una forma de protegernos, para no formar elevadas expectativas sobre lo que los hombres políticos son y sobre lo que pueden en realidad hacer. Si nos acercamos a la actuación de los políticos desde este enfoque, según el cual el político actúa por acuerdos y no por valores, muchas cosas que se manifiestan como incongruentes, incorrectas e inexplicables como las alianzas entre grupos de ideologías enemigas, las entrevistas entre personas públicamente enfrentadas o la aprobación de proyectos promovidos con argumentos endebles, falsos o irregulares nos parecerán, si no más congruentes, por lo menos más explicables.

Claro que los políticos siempre podrán aludir a la moral en sus discursos y podrán hacernos escuchar lo que nos gusta oír, pero el cumplimiento efectivo de sus promesas de campaña o de gobierno siempre pasará por una complicada red de equilibrios e intereses al interior de la clase política, la cual terminará desviando el discurso moral hacia la realidad de lo posible. Vaya que la política se describe como el arte de lo posible y no de lo deseable. Y como bien lo advertía Max Weber a aquellos que estiman a la política como un arma para hacer el bien:

“Los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo estaba regido por demonios y que quien se mete en política, es decir, quien se mete con el poder y la violencia como medios, firma un pacto con poderes diabólicos y sabe que para sus acciones no es cierto que del bien solo salga el bien y del mal solo el mal, sino con frecuencia todo lo contrario. Quien no vea esto es, en realidad, un niño desde el punto de vista político”.

El texto en el que Weber escribió esto se titula “La política como profesión” y fue pronunciado en Alemania, en 1919. Sigue vigente para quien hoy quiera ser un político profesional.

Aunque parezca contradictorio, cuando Maquiavelo propuso la necesidad de separar la moral de la política, era porque se daba cuenta de que en esta relación la moral nunca sometía a la política, sino que la política siempre sometía a la moral, y la transformaba en un instrumento del poder. Al referirse a la moral, los políticos pueden justificar sus acciones: reprimir por el bien de la patria, emprender guerras para buscar la paz, y un sin fin de trampas demagógicas como estas.

En la época en que vivió Maquiavelo, el Renacimiento, la Iglesia había llegado a niveles inaceptables de utilización de la moral como herramienta justificatoria del poder. La corrupción eclesiástica era un espectáculo desvergonzado: tráfico de influencias, saqueo y concentración de riqueza, uso de símbolos sagrados del cristianismo para manipular al pueblo y vida disoluta de muchos de los prelados. Maquiavelo presenció el poder que le daba a la política ligarse al discurso moral, decirle al pueblo que el poder que ejercía el rey era con la bendición e, incluso, la imposición de Dios. La moral, al servicio condicionado de la política, logra doblegar el alma de los gobernados a favor de los poderosos.

Mucho se ha criticado a Maquiavelo, particularmente en su libro El Príncipe, en el que, de manera descarnada, habla de lo único que debe preocuparle al político: mantener el poder. Si para hacerlo debe parecer bueno, desarrollar alianzas o traicionar a alguien cosa que es muy riesgosa—, etcétera, todo tiene que ir conforme a una muy calculada evaluación de los costos y los beneficios que el político obtendrá de tal acción. Hasta aquí, la moral no juega ningún papel en el análisis político del escritor italiano y, si nos fijamos bien, no sería necesario ni considerarla, ya que es suficiente con el desnudo código político. Introducir la moral generaría ruido en el análisis del poder, ya que nadie realmente moral puede decir que hacer el bien es una opción entre otras. Para el hombre moral buscar el bien es una forma de vida, y la única opción. Con la propuesta de separación entre moral y política, Maquiavelo da en la clave: para entender la política hay que saber que un verdadero político dejará de ser moral si eso conviene a sus intereses. Los políticos que intentan ser primero hombres morales que hombres políticos, quizá puedan sobrevivir algún tiempo dentro del sistema, pero seguramente luego serán descartados, apartados, excluidos o expulsados del campo del poder.

Otro gran aporte de la separación entre moral y política es que evita las guerras de exterminio al interior de la propia clase política. En términos llanos, Maquiavelo diría: si los políticos se asumen como son, hombres con intereses y no ángeles vengadores, entonces tienen todas las posibilidades de sentarse a negociar cuando hay conflicto entre ellos. Pero cuando con falsedad los políticos comienzan a decir que representan al partido del bien, al grupo de los buenos, a la sección de los puros, entonces estamos en vísperas de un conflicto de exterminio. La razón es simple: el bien nunca negociará con el mal. Cuando una parte de la clase política se asume como representante del bien absoluto y, peor aun, cuando por un extraño juego psicológico llega incluso a creer que lo que piensa es totalmente verdadero, entonces se cierran las posibilidades de diálogo, de negociación, y se avanza hacia el exterminio del otro: el exterminio del mal. Sea este discurso asumido en el fuero interno de los políticos o no, cuando alguna parte de la elite política comienza a aludir al bien contra el mal, el escenario tiende a radicalizarse o está radicalizado. Lo que Maquiavelo, padre de la ciencia política moderna, pediría a los políticos es: reconózcanse en su miseria humana y siéntense a negociar.

Mucho más hay que decir sobre esta compleja relación entre moral y política, cosas de las cuales todos hemos practicado un poco. Por ahora basta con señalar que la paradoja de Maquiavelo, quien al separar ambas logra salvar a la moral y con ella a los hombres morales, desenmascarar a la política y hacernos entender a los hombres políticos, quizá sea útil en estos momentos de vísperas electorales y radicalización en el campo del poder.

 

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Teodora: la ciudad contra la tierra

Por Mario Edgar López Ramírez
Académico del Cifovis ITESO

Teodora, nos cuenta el escritor Italo Calvino, es una urbe que defiende su legítimo derecho a destruir la Tierra. Así han sido educados sus habitantes, los teodoritas, tanto grandes como pequeños. Teodora, es pues, la más titánica y la más congruente de todas las ciudades en el mundo, porque reconoce y refleja —sin hipocresías ni tapujos— el espíritu profundo que anima a cualquier metrópoli sobre el planeta: la imperiosa necesidad de exterminar, o de llevar hasta su mínima expresión, a toda manifestación de vida natural para así establecerse como un lugar totalmente humano. Por ello, esta fantástica ciudad de Teodora, una de las tantas que Italo Calvino imagina en su libro Las ciudades invisibles, es la más civilizada de todas. Civilización y ciudad son sinónimos irremediables. Destrucción de la naturaleza y vida civilizada equivalen la una a la otra. Porque la verdadera ciudad es la que está hecha por la pura mano del hombre, la que está rodeada de objetos que dan la sensación de control (del tiempo, de la vida, del espacio); la que es capaz de sustituir todos los elementos de la naturaleza por medio de la artificialización técnica. La ciudad ideal es la que elimina la tierra: es el sueño de un futuro en el que las creaciones humanas lo dominarían todo y así quedaría erradicada la inseguridad y el temor que las civilizaciones humanas han sentido por los elementos incontrolables de la naturaleza. La ciudad de Teodora representa la seguridad absoluta. El 22 de abril es el Día Internacional de la Tierra, por lo que habrá que hablar de su antagonista, la ciudad, para comprender la fuente de su continuo deterioro y destrucción.

Para Italo Calvino, la razón principal que movía —y mueve aún— a la ciudad de Teodora es el miedo a la naturaleza. Calvino nos narra:

“Invasiones recurrentes afligieron a la ciudad de Teodora durante los siglos de su historia: por cada enemigo derrotado otro cobraba fuerzas y amenazaba la supervivencia de los habitantes. Liberado el cielo de cóndores, hubo que enfrentar el crecimiento de las serpientes; el exterminio de las arañas permitió a las moscas negrear y multiplicarse; la victoria sobre las termitas entregó la ciudad al poder de la carcoma”.

En otras palabras, lo primero que hizo la ciudad de Teodora fue ignorar, no comprender y menospreciar los ciclos de la naturaleza. Esto lo hicieron sus habitantes, paciente y constantemente, a lo largo de los siglos. Para los teodoritas era indispensable eliminar a los molestos cóndores, pero al exterminarlos, proliferaron las serpientes, cuya población era equilibrada por estas aves majestuosas, pero despreciables. Así mismo, con el objetivo de matar a todas las arañas y eliminar a todas las termitas, proliferaron las moscas y la carcoma. Al final, sin embargo, Teodora y los teodoritas parecen haber triunfado: “una por una las especies inconciliables con la ciudad tuvieron que sucumbir y se extinguieron. A fuerza de despedazar escamas y caparazones, de arrancar élitros y plumas, los hombres dieron a Teodora la exclusiva imagen de ciudad humana que todavía la distingue”. El aspecto humano de Teodora es, precisamente, su exterminio de lo natural.

Pero la historia de la imaginaria Teodora no termina ahí:

“Durante largos años no se supo si la victoria final no recaería en la última especie que quedara para disputar a los hombres la posesión de la ciudad: las ratas. De cada generación de roedores que los hombres conseguían exterminar, los pocos sobrevivientes daban a luz una progenie más aguerrida, invulnerable a las trampas y refractaria a todo veneno. Al cabo de pocas semanas, los subterráneos de Teodora volvían a inundarse de hordas de ratas. Finalmente, en una postrer hecatombe, el ingenio mortífero y versátil de los hombres logró la victoria sobre las exuberantes actitudes vitales de los enemigos”.

Los teodoritas desarrollaron una inteligencia destructiva para garantizar la eliminación hasta de los más tozudos seres y parece que fue una batalla edípica, porque se enfrentaron al símbolo que durante los siglos precedentes describía su forma de ver a los animales: todos los miembros del reino animal eran unas ratas. El águila-rata, el león-rata, el delfín-rata, el oso-rata, la ballena-rata, el perro-rata, la rata-rata.

Teodora, el gran cementerio de la tierra, se enorgullecía por esto, nos sigue describiendo Italo Calvino, aunque sin perder nunca su actitud científica:

“El hombre había restablecido finalmente el orden del mundo que él mismo había perturbado: no existía ninguna otra especie que volviera a ponerlo en peligro. En recuerdo de lo que había sido la fauna, la biblioteca de Teodora custodiaría en sus anaqueles los volúmenes de Buffon y de Linneo”.

Linneo y Buffon fueron aquellos “pre-científicos” que en el siglo XVII se dedicaron a describir la plenitud de las especies terrestres: en una época de difícil acceso a la información, el sueco Linneo escribió un volumen de 2,300 páginas llamado Sistema Naturae, que le ganó el mote de gran clasificador de los seres vivos. Pero esto no fue nada comparable con la entrega y ambición del conde de Buffon, quien “se dedicó a escribir el mundo entero, sus orígenes y cuanto encerraba, y acabó componiendo una enciclopedia sobre la naturaleza, en cuarenta y cuatro tomos, la Histoire Naturelle, Généralle et Particulaire, traducida a otros idiomas tan pronto como aparecían. Fue la obra científica más importante y de más influyente de su siglo, y la más popular, ya que combinó descripciones redactadas con elegancia con historias sobre la vida de una cantidad apabullante de animales y plantas, además de introducir discursos sobre astronomía, edad de la tierra y procesos vitales”, nos refiere la enciclopedia electrónica Evolutionibus. El cuidado amoroso de estos textos en la biblioteca de Teodora, nos refiere a la pasión por la ciencia que tienen las ciudades.

En conclusión, las cosas no salieron bien en Teodora. Su cronista imaginario nos describe el horroroso destino a la que está todavía sujeta.

“Relegada durante largo tiempo a escondrijos apartados desde que fuera excluida por el sistema de especies ya extinguidas, la otra fauna volvía a la luz desde los sótanos de la biblioteca donde se conservan los incunables, saltaba desde los capiteles y las canaletas, se instalaba a la cabecera de los durmientes. Las esfinges, los grifos, las quimeras, los dragones, los hircocervos, las arpías, las hidras, los unicornios, los basiliscos volvían a tomar posesión de su ciudad”.

Teodora ha quedado condenada a sus propios monstruos e imaginaciones y la visión más aterradora es que siempre quedará una última especie a eliminar: el hombre mismo, quien no puede separarse de la naturaleza, porque es eso: naturaleza.

Ya lo decía en el siglo XIX el pensador Geddes de Frédéric Le Play: “las enfermedades de civilización son enfermedades de ciudades”, así como el sociólogo Armand Mattelard: “el espacio neurálgico de nuestro tiempo y, por consiguiente de la guerra, es la ciudad, por ahí es por dónde hay que atacar al mal”.

 

 

Iqbal Masih contra la esclavitud infantil

Por Héctor Morales Gil de la Torre
Académico del Cifovis ITESO

Iqbal Masih empezó a trabajar a los cuatro años de edad, cuando su padre lo entregó al propietario de una fábrica de alfombras a cambio de un préstamo para pagar la boda de su hermano mayor. Desde ese momento, Iqbal destinaba doce horas diarias al trabajo para saldar la deuda familiar, pero, con el tiempo, la deuda no solo no disminuía, sino que aumentaba con los intereses y los nuevos préstamos que pedía su padre. Cuando tenía diez años, Iqbal asistió a un mitin sobre derechos humanos y consiguió su libertad a través de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado. Se convirtió en un ferviente luchador en contra de la explotación a menores, hasta que en 1995 le fue arrebatada la vida como consecuencia de su lucha en contra de los intereses de las empresas que utilizaban mano de obra infantil[1]. Hoy, 16 de abril,  se celebra el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, inspirado en la historia de vida de Iqbal.

¿Qué sentido tiene pronunciarnos contra la esclavitud infantil en estos tiempos? Es decir, ¿es una problemática vigente que aqueja a la población infantil de nuestro país o del mundo?

Los últimos reportes sobre la problemática son del año 2017 y los elabora la Organización Internacional del Trabajo, organismo tripartita[2] del Sistema de Naciones Unidas. Conforme a esas fuentes, la esclavitud moderna se expresa de diversas formas: el trabajo forzoso, la servidumbre por deudas, la esclavitud y las prácticas análogas a ella, el matrimonio forzado y el tráfico de personas. Ese conjunto de expresiones, para efectos de monitoreo, seguimiento y diseño de medidas que contribuyan a su erradicación, se resume en dos problemáticas generales: el trabajo forzoso y el matrimonio forzoso.

El trabajo forzoso se entiende como cualquier forma de trabajo o servicio que implica involuntariedad y coacción. En de esta categoría entra el trabajo realizado por un niño bajo coerción de un tercero (que no sean sus padres) y el realizado como consecuencia directa del involucramiento de sus padres en trabajos forzados[3]. Esta categoría incluye la explotación sexual comercial de niñas y niños.

Cuarenta millones de personas fueron víctimas de esclavitud moderna en el 2016, lo que representa 5.4 víctimas por cada 1,000 habitantes en el mundo. De ellas, 25 millones realizaron trabajos forzosos y 15 millones sufrieron de matrimonio forzado. Del total, 71% fueron mujeres y niñas y 25% fueron niños y niñas[4].

Si bien en 2016 América fue la región que registró la menor prevalencia de esta problemática (1.9 víctimas por cada 1,000 habitantes, comparada con las 7.6 víctimas por cada 1,000 habitantes de África), la problemática afectó a millones de niñas y niños. Tan solo en 2007, 3.64 millones de menores de 17 años, de los cuales 1.1 millones tenían entre 5 y 13 años, realizaban labores productivas, en México[5]. En 2013 se registraron 2.5 millones de niñas y niños incorporados al mercado laboral en México.

Entre las principales causas del trabajo infantil en nuestro país se encuentran las relacionadas con la pobreza de los hogares de origen, la interrupción temprana del proceso educativo, condiciones culturales como la naturalización del trabajo de menores en negocios familiares, entre otros factores. Como consecuencia del trabajo infantil se identifican afecciones físicas, psicológicas, educativas y económicas.

Para el caso de México, los reportes más recientes (2014) presumen la persistencia de estas problemáticas, pero no incluyen información precisa con relación a la participación de niñas y niños en trabajos peligrosos, como pueden ser las actividades que se llevan a cabo en horarios nocturnos y prolongados, los que exponen a los niños y niñas al abuso de orden físico, psicológico o sexual, los trabajos que se realizan bajo tierra o agua, los que les exigen el uso de maquinaria o herramienta peligrosa, los que les exponen a agentes o procesos perjudiciales entre otros. Tampoco se presenta información detallada sobre la participación de niñas y niños en actividades ilícitas, como las relacionadas con la producción y tráfico de estupefacientes o las vinculadas con la mendicidad organizada. Ni se señala la cantidad de niños que realizan trabajo infantil agrícola, considerado como una de las peores formas de trabajo infantil[6].

Existe un consenso a nivel mundial en que el trabajo infantil limita el ejercicio pleno de los derechos de los niños y de las niñas a la educación, a la cultura, a la recreación, al ocio, entre muchos otros. En sociedades desiguales y empobrecidas, la problemática encuentra condiciones para arraigarse y reproducirse, lo que contribuye a consolidar la transmisión generacional de la pobreza y a profundizar la fragmentación de la cohesión y la solidaridad social.

Ante ello no hay peor posición que la negación, por lo que el reconocimiento de la problemática en los hogares, en las unidades productivas, en las actividades cotidianas, es un primer paso, y muy relevante. Además, mientras que el combate frontal a la problemática es una medida propia de la autoridad pública, la sociedad puede impulsar acciones preventivas, entre las que se destaca la de alentar la permanencia de los niños y las niñas en el trayecto educativo, inhibiendo las causas de la deserción escolar e incentivando la terminación adecuada del nivel básico y medio superior, al menos.

Además, ya existen experiencias locales y globales que buscan reducir la participación de niñas y niños en actividades laborales y en trabajos peligrosos, como la Campaña Ropa Limpia, que tiene por objeto identificar ropa libre de trabajo esclavo y de trabajo infantil.

Nuestra Universidad ITESO ha de ser un espacio para debatir las mejores alternativas que aseguren el pleno ejercicio de los derechos de todas y todos. El Día Mundial contra la Esclavitud Infantil es la ocasión para comenzar a discutir opciones para el resguardo de los derechos de la infancia y del crecimiento de las y los niños en ambientes libres de cualquier explotación, laboral o de otro tipo, que limite el desarrollo adecuado de su personalidad y potencialidad.

 

[1] Puedes ver reseñas de la vida de Iqbal Masih en: ciprevica.org/16-de-abril-dia-mundial-contra-la-esclavitud-infantil/ y en www.diainternacionalde.com/ficha/dia-internacional-contra-esclavitud-infa
[2] Es el único organismo del Sistema de Naciones Unidas que no solo se integra por representantes gubernamentales de los Estados miembro, sino que además incorpora en su estructura al sector gubernamental y al sector de los trabajadores. Para ver más: www.ilo.org/global/about-the-ilo/lang–es/index.htm
[3] Ver, OIT. (2017). Methodology of the global estimates of modern slavery: Forced labour and forced marriage. Génova: OIT.
[4] Ver, OIT. (2017). Global estimates of modern slavery. Génova: OIT.
[5] La legislación laboral anterior permitía el trabajo adolescente con el consentimiento de los padres a partir de los 14 años de edad. Conforme a la última reforma de la legislación laboral (2012), la prohibición de trabajar se extiende hasta los 16 años de edad.
[6] Ver, Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (2014). El trabajo infantil en México: avances y desafíos. México: STPS.

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El río Santiago, el absurdo y el gato invisible sobre la silla

Por Mario Edgar López Ramírez
Académico del Cifovis ITESO

El tratamiento público que el gobierno de Jalisco dio hace 10 años al caso del niño Miguel Ángel López Rocha, y su muerte relacionada con la contaminación del río Santiago, fue una verdadera demostración de cómo lo absurdo es capaz de transformarse en un argumento de Estado.

Como lo señala el diccionario: lo absurdo es todo aquello repugnante a la razón y contrario al sentido común. ¿Cómo es entonces que lo absurdo pueda convertirse en un argumento creíble? Hay por lo menos una condición: que las explicaciones y los discursos inconsistentes, irrazonables y descabellados de la clase política estén suficientemente revestidos de un lenguaje técnico y científico, el cual les dé apariencia de objetividad y racionalidad. Esta relación entre lo absurdo combinado con una aparente objetividad científica es toda una tecnología del poder, es decir, es un método intencionado, que no solo se manifiesta en el caso del río Santiago, sino que atraviesa a diversos conflictos ambientales a nivel regional e incluso global: ante la depredación del medio ambiente, los poderosos hacen que los expertos justifiquen su irresponsabilidad ecológica.

En el caso de Miguel Ángel, esta condición se ha cumplido a cabalidad. Los datos, las cifras, las investigaciones científicas y las declaraciones de los expertos oficiales –salvo honrosas excepciones– han trabajado, en primer lugar, para disfrazar lo que hay de fondo, es decir, la existencia de una grave contaminación ambiental vinculada a la industria, la cual acerca a las poblaciones de Juanacatlán y El Salto a una especie de lento genocidio. Así mismo, la voz oficial de los expertos gubernamentales ha colaborado para diluir la responsabilidad directa que, en la situación del río, tienen las autoridades federales y estatales en materia ambiental: no hay estudios suficientes, nos dicen, para demostrar la presencia de metales pesados en el río y esto equivale a decir que, por lo tanto, no existe contaminación por metales pesados. Por otra parte, cuando se manipulan las escalas de análisis científico, se forman verdaderas piezas de la demagogia: desde una escala de análisis urbano, nos señalan, todos contribuimos a contaminar el río, por lo que todos fuimos culpables de la muerte de Miguel Ángel. Lo que equivale a decir que nadie tiene la culpa. Y qué alivio da este argumento absurdo a los verdaderos responsables: la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y la Comisión Estatal del Agua (CEA) de Jalisco.

Lo absurdo como estrategia pública del poder es una práctica perversa, esencialmente maligna, porque corrompe la verdad de una manera cínica, no por ignorancia, sino de una forma totalmente deliberada. El juego es el del típico sofismo del gato invisible echado en la silla. El poder nos dice: “si hubiera un gato invisible en esa silla, la silla se vería vacía; y porque la silla se ve vacía, se comprueba que hay un gato invisible en ella”. En conclusión: todos los que opinan que no hay un gato invisible en la silla están equivocados. “Ahora bien”, continúa el poder, “si usted está en desacuerdo con que hay un gato invisible en nuestra silla, compruebe científicamente lo contrario”. Como la prueba irrefutable de que no hay un gato invisible en la silla es precisamente que no se ve, pero el hecho de que no se vea es también la prueba irrefutable de que sí está en la silla, entonces la falta de evidencia se constituye en la principal evidencia. Así, los poderosos nos venden la cantidad de argumentos absurdos e irrefutables que se les antoja.

En una ilustrativa nota del reportero Jorge Covarruvias de La Jornada Jalisco, el jueves 21 de febrero de hace diez años, se estampaba casi de manera magistral una pieza de lo absurdo que busca justificarse con pruebas científicas. Señalaba que el entonces presidente del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco (CCIJ), Javier Gutiérrez Treviño, se dijo dispuesto a beber un buche de agua del río Santiago para demostrar que este líquido no estaba lleno de veneno, y que tampoco fue la causa de la muerte de Miguel Ángel López Rocha.

El buche de agua es la prueba absurda e irrefutable, pero solo está en el discurso, tal como el gato invisible echado en la silla. “Esa agua no está tan contaminada como están satanizando aunque venga de México y venga de dónde venga, aquí el problema es político, a nosotros como iniciativa privada nos molesta demasiado. Nosotros estamos viendo que la tendencia es estar molestando para que no se construya Arcediano (la presa que se quería construir en aquel entonces, al fondo de la barranca de Huentitán). Estamos totalmente en contra de eso”. “Pero se murió un niño”, dice el reportero, “Sí pero vamos a ver los… todavía según sé… todavía no está la autopsia al 100 por ciento”, afirma el industrial, “pero el gobernador reconoció que la causa fue la contaminación”, insiste el reportero. “Yo creo que no eh… creo que por ahí hay unas investigaciones que vamos a sorprenderlos, no les quiero decir porque, no quiero” concluye el empresario.

A este ejemplo del gato invisible se le pueden agregar otras declaraciones para la colección perversa de lo absurdo, que han sido expresadas por nuestra clase gobernante: “vamos a desviar el río”, “el niño sufría de violencia intrafamiliar por parte de la madre”, “la culpa por la presencia de arsénico en el agua la tiene una hierba que crece a la orilla del río”, “Miguel Ángel murió por un golpe en la cabeza”, “vamos a entubar el río”, “el menor consumía drogas”. En ninguno de los argumentos se abordaba directamente el problema de la contaminación industrial del agua. En todas está detrás la justificación de algún estudio, de algún experto, de alguna institución científica. Lo absurdo reina, aunque el sentido común nos podría dar la respuesta: el agua es vida, pero el agua del río Santiago no es capaz de contener ninguna forma de vida. Es un río muerto, por lo tanto lleva agua que produce muerte.

En memoria del niño Miguel Ángel López Rocha, mártir de lo absurdo y de la indolencia pública y privada de esta ciudad.

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Pero… ¿alguien me puede decir qué rayos es una mujer?

Por Mariana Espeleta Olivera
Académica del Cifovis ITESO

Otra vez, como todos los 8 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer… pero ¿qué es una mujer? Parece una pregunta tonta, pero si lo pensamos con cierta profundidad las cosas se complican. Podríamos responder que ser mujer inicia con haber nacido en un cuerpo de hembra humana. Este cuerpo, con su compleja biología regulada por genes y hormonas, produciría una subjetividad de mujer: una persona que se identificaría con aquellas características internas y externas que asociamos con la feminidad.

Esta solía ser la respuesta clásica, clara y simple como una línea recta, incuestionada ni por la ciencia ni por la filosofía. Si vas a la biblioteca y sacas el famosísimo Diccionario de Filosofía, de Nicola Abbagnano[1], (en su última actualización de 1998) y buscas la entrada “mujer”, lo único que vas a encontrar es una ausencia. ¿Y acaso no habla el silencio? Existe la entrada para “hombre”, por supuesto, y esta entrada pretende cubrir a la humanidad, incluyéndonos por default. Entonces, ¿somos iguales?, ¿somos al menos filosóficamente lo mismo? Para nada. Simplemente ha sido un asunto que filósofos y científicos han ignorado sistemáticamente, o que solamente han discutido para reafirmar sus posiciones de poder y, en la mayoría de los casos, para cimentar la inferioridad de las mujeres y la superioridad de los hombres[2].

Como en todas las historias clásicas, claras y simples como líneas rectas, un día apareció en el cuento una bruja que lo puso todo patas pa’rriba. Esta bruja era, obviamente, una bruja feminista[3].

Todo comenzó con el supuesto presentado arriba, de que el cuerpo determina la subjetividad. En realidad esto es una treta que oculta una enorme desigualdad (ojo, no dije diferencia[4]) que estableció privilegios y características geniales para los hombres y desventajas y defectos de carácter para las mujeres. Tales características y derechos, al provenir del cuerpo de la naturaleza, de la biología—, se presentaban como imposibles de modificar, eternos y “correctos” para el buen funcionamiento de la especie y, por ende, de la sociedad. Intentar escapar de esos designios “del cuerpo” significaba ir contra la naturaleza y buscar la ruina humana. ¿Ven cómo solamente una bruja podría proponer tal cosa?

En ese entonces a los hombres “por naturaleza” es decir, con un cuerpo con testículos, pene y testosterona les tocaba el rol de ser los que mandaban, de salir a la vida pública, de traer el sustento a casa y ver el futbol los domingos. A las mujeres “por naturaleza” por tener un cuerpo con pechos, útero y estrógeno—, qué casualidad, nos tocaba ser mamás tiernas, cuidar a los niños, obedecer, cocinar, parir, cuidar a todos suegros incluidos, atender al marido, lavar, planchar, doblar y guardar… Entonces, tener un cuerpo de hembra significó ser subalterna, y no poder hacer nada para cambiarlo.

Pero empezó la idea de buscar otra explicación, ya que esta parecía muy sospechosa… Si todo era tan natural ¿por qué necesitaban entrenarnos desde niñas con muñecas y cocinitas? ¿Por qué necesitaban reprimirnos todo el tiempo: con la manera en la que nos sentamos, las cosas que decimos, los lugares a los que vamos, las horas en las que llegamos, nuestros impulsos sexuales, nuestras ambiciones intelectuales? Las brujas se miraron unas a otras y exclamaron al unísono:  “Witch, please!”

Las brujas feministas se pusieron a discutir entonces qué era ser mujer. Lo llevan discutiendo desde mitades del siglo XX. Para empezar, parece que ha quedado claro algo que la pensadora Simone de Beauvoir afirmó en 1949[5]:  “No se nace mujer, se llega a serlo”. Es decir, que hace falta entrenar para ser mujer. Sin saberlo, Simone estaba explicando el concepto de género. O sea que un cuerpo, del sexo que sea, necesita pasar por un proceso de asimilación para convertirse en aquello que lo define culturalmente como hombre o mujer.

Una mujer no es un cuerpo de mujer, sino un sujeto que se comprende a sí misma como tal y que proyecta esa percepción hacia los demás, de acuerdo con un código cultural compartido, que se asienta sobre su cuerpo biológicamente sexuado como hembra. Es quien se vive “mujer” (lo que sea que eso signifique en su cultura), quien actúa como mujer, quien tiene aspecto de mujer y de quien los demás piensan que es mujer.

Tiempo después nació una linda princesita. No es cierto, más bien un día nació un bebé y cuando le hicieron la primera inspección genital, los médicos exclamaron que era una niña ¿Cómo lo supieron? En realidad, lo adivinaron por el aspecto que tenía “eso” que identificaron como una vulva ¿Cómo que “adivinaron”? Efectivamente, los médicos adivinaron porque, hoy en día, en pleno siglo XXI, no existe un procedimiento científico que sirva para determinar con total certeza el sexo de una persona[6]
. Ni siquiera los cromosomas obedecen en realidad a un patrón binario, en muchos casos. A simple vista, ni se diga: ¿cuándo un clítoris es demasiado grande o un pene demasiado pequeño como para más bien parecerse a su “opuesto”?. Ese refrán “a ojo de buen cubero” ha resultado bastante problemático en el caso de identificar un sexo.

La historia de la princesa continuará. Sígueme leyendo en la segunda entrega de este texto si quieres conocer más detalles sobre la intrigante cuestión: ¿Qué es una mujer?

 

[1] Abbagnano, N. (2012). Diccionario de Filosofía. Fondo de Cultura Económica: México.
[2] Si no me creen, hagan un recorrido por el pensamiento de cualquier filósofo (hombre, claro), del S.XX para atrás, y verán lo que les digo. La lista de ejemplos misóginos es tan larga que es mucho más fácil nombrar las excepciones: Poullain de la Barre, John Stuart Mill… y, y, y, ya.
[3] La relación entre la brujería y el feminismo es compleja e histórica. Las primeras acusaciones de brujería en la Edad Media fueron en realidad un movimiento de represión a las mujeres. Para saber más de esta parte olvidada de la historia oficial, te recomiendo leer “Calibán y la Bruja”, de Silvia Federici. Es un libro indispensable y muy interesante.
[4] Diferentes somos todos. Las mujeres y los hombres somos diferentes, pero también los altos y los chaparros, los gordos y los flacos… cada ser humano es único y diferente, es problema viene cuando, a partir de tales diferencias, organizamos una sociedad con acceso desigual a los derechos y al bienestar, una sociedad racista, sexista, clasista, etcétera.
[5] Esta afirmación es parte de una obra clave del pensamiento feminista francés (y mundial), “El segundo sexo”. Un clásico de hoy, mañana y siempre.
[6] Entiendo que esta afirmación alarmará a varias personas de mi grupo de lectorxs. No se preocupen. Para leer más sobre el tema, pueden consultar estos enlaces de prestigiosas publicaciones científicas (en inglés):
https://www.nature.com/news/the-spectrum-of-sex-development-eric-vilain-and-the-intersex-controversy-1.19873
http://newsroom.ucla.edu/stories/male-or-female
https://scopeblog.stanford.edu/2015/02/24/sex-biology-redefined-genes-dont-indicate-binary-sexes/

 

¿Tienes algún comentario o duda? Contacta a la autora: marianae@iteso.mx