De la urbanización salvaje a los exiliados urbanos

Por Graciela Mariani, Arquitecta, Planificadora urbana y regional (UBA). Fundadora del blog Nuestras Ciudades.

Los que trabajamos con las ciudades, siendo o no urbanistas, sabemos que solo las leyes de uso del suelo, ordenamiento territorial, sus códigos y reglamentaciones correspondientes y una activa participación ciudadana, es aquello que nos garantiza el no quedar a merced de las conveniencias políticas e intereses arbitrarios e insaciables de los desarrolladores inmobiliarios.

Vemos, con tristeza que en este mundo globalizado, el destino de nuestras ciudades ha quedado a merced del mercado y no de los derechos del hombre a tener acceso a una mejor calidad de vida.

Los desalojos masivos son sucedidos de extensas demoliciones a fin de construir obras faraónicas de una voracidad económica descarnada, en desmedro de espacios verdes, espacios aéreos, que no tienen en cuenta limites en la densidad poblacional flotante y en la infraestructura de servicios necesaria y mucho menos respetan las características del paisaje urbano-ambiental.

Estas acciones obligan a gran parte de los ciudadanos a vivir en zonas marginales y en gran estado de precariedad o en su defecto a tener que habitar espacios que no cumplen con sus características sociales y necesidades culturales ni laborales. Tal es el caso de los muchas grandes ciudades, que contrariamente a lo supuesto, no se encuentran en rincones ignotos de la tierra, sino en ciudades tan soñadas como ha sido el caso de París y sus consecuentes disturbios en octubre y noviembre del 2005.

Peor es el caso cuando esto sucede en zonas urbanas consolidadas y de buena funcionalidad al solo efecto de solventar grandes negociados y desarrollos no sustentables.

Mientras que por otro lado renombrados arquitectos se enorgullecen en presentar y filmar para cadenas internacionales la construcción de enormes mega-proyectos, torres altísimas, hasta con canchas de tenis salientes en grandes ménsulas flotando a gran altura. Sus clientes solo pueden ser las grandes corporaciones y/o aquellos que las manejan.

Demás esta repetir que no se contemplan en estos proyectos el impacto ambiental y socio-económico que puedan llegar a producir. Y que generalmente, los mismos que hacen grandes campañas promoviendo la sustentabilidad o sostenibilidad, son los desarrolladores de mega-proyectos insustentables, que comprometerán aun más a las futuras generaciones negándoles todo tipo de derechos.

Por tanto no es de extrañarse que las modificaciones y excepciones a los códigos y planes vigentes, sean algo con que tanto habitantes como urbanistas deban enfrentarse de manera ya casi permanente.

La ciudad heredada y fragmentada

El siglo XX nos ha dejado en las grandes ciudades: vastos espacios utilizados para infraestructuras, como los ferrocarriles y las autopistas por un lado y enormes vacíos urbanos en donde se asentaron las antiguas industrias que fueron desplazadas a las afueras de las mismas

Por otro lado en este tercer milenio en Latinoamérica nos encontramos con tres tipologías de desarrollos habitacionales, claramente definidas: Conjuntos habitacionales de lujo, Barrios o comunidades cerradas y Desarrollos de Vivienda Social.

Todos estos se asientan sobre el territorio ejerciendo un claro dominio de su espacio. Unos han fragmentado la ciudad y los otros van invadiendo y usurpando las localizaciones preferenciales, los espacios verdes y públicos, generando una exclusión y segregación social de los sectores más vulnerables económicamente.

El resto, los intersticios, son tierra de nadie, quedando tan solo fracciones aisladas, y aun teniendo legislaciones que protegen el patrimonio edificado, este tiende a desaparecer en manos de los especuladores inmobiliarios.

Así, se van generando procesos, que los expertos denominan “gentrificación” que no es más que un denominador de moda que encubre a la especulación inmobiliaria, la “urbanización salvaje“.

La “urbanización salvaje”

La “gentrificación” es el proceso mediante el cual zonas degradadas se “ponen de moda” y pasan a reubicarse allí estratos de mayores ingresos. Es la manera en que se “disfraza” el lavado de dinero, la corrupción y la especulación inmobiliaria.

Las zonas con localizaciones privilegiadas son las agraciadas con los complejos de lujo para las clases más privilegiadas o para el turismo, al mismo tiempo van expulsando la población originaria, que al haberse valorizado su propiedad, puede venderla a mejores precios y acceder a una propiedad de las mismas o mejores características generales, en alguna zona más deprimida y/o alejada.

Este proceso de usurpación privilegiada que desplaza a unos y a otros, va creando un circulo vicioso en donde el que menos tiene se queda sin otra alternativa que la de emigrar a algún otro lugar, en donde tenga supuestas posibilidades de empleo, o terminar seguramente, en un asentamiento precario.

Estas nuevas construcciones se implantan sobre la estructura urbana preexistente, contando con servicios altamente sofisticados dejando relegados los servicios de la vieja ciudad, que intentan competir con aquellos infructuosamente. El espacio físico se acaba, las soluciones son cada vez más costosas y la ciudad se convierte en una masa antieconómica de metal y cemento.

Ese es el momento en que nos movilizamos, socialmente, diciendo: algo hay que hacer con lo ya construido y con las grandes densidades existentes, para las que nuestras estructuras urbanas no estaban preparadas.

Estos procesos de gentrificación provocada por el capital especulativo, genera lo que podríamos llamar: el círculo vicioso de la urbanización salvaje, que expulsa población hacia la periferia degradada.

Se ha hablado mucho sobre este proceso deshumanizador del crecimiento especulativo urbano, en donde las edificaciones no están orientadas para el uso los futuros habitantes sino tan solo a la venta o alquiler por entidades intermediarias que buscan únicamente el provecho económico.

A ese capital especulativo no le interesan ni los habitantes, ni la salud, ni la ecología ni las más mínimas de las necesidades humanas. Construyen para que el dinero que tienen se reproduzca y genere renta y por ende mas dinero.

Ciudades del futuro y “exiliados urbanos”

En estas condiciones el futuro es verdaderamente desalentador.

Venimos asistiendo, sobre todo en el último decenio, a las luchas de los movimientos sociales urbanos, por la tenencia de la tierra, el derecho legitimo a la vivienda, al agua y al saneamiento, a la regularización de la tenencia precaria del suelo, etc.

Estas luchas son reivindicadas, desde hace largo tiempo, por nuestras organizaciones sociales, sus reiteradas demandas les han permitido influir en desarrollos legislativos y en el planteamiento de políticas públicas en materia de vivienda, derechos contra los desalojos, gestión urbana y ordenamiento territorial.

Estas nuevas políticas públicas, comunitaria y participativamente generadas, han hecho que muchos gobiernos latinoamericanos estén tomando serias medidas al respecto, ya sea, a través del dictado de legislaciones urbanas y ambientales actualizadas, intervenciones directas en el territorio, y/o de controles específicos, con la ayuda de medidas innovadoras en materia de financiamiento del suelo urbano, vamos buscando darle forma de ciudad para todos, a lo descontroladamente construido y al déficit habitacional.

Aunque los datos de crecimiento poblacional y de futuras migraciones son alarmantes ya que se estima que la mayoría de esos nuevos habitantes urbanos serán probablemente pobres, dando así, como resultado, un fenómeno llamado por la Agenda Hábitat la “Urbanización de la Pobreza”, es decir: asentamientos precarios.

Estos asentamientos estarán caracterizados por problemas para acceder al transporte público, un estatus residencial inseguro, acceso inadecuado al agua potable, al saneamiento básico y a otra infraestructura, viviendas de baja calidad estructural y hacinamiento.

Y aun hay individuos y aun familias que quedan al margen del sistema, convirtiéndose en exiliados urbanos que ni siquiera pueden acceder a esos asentamientos irregulares, ya que también esas áreas irregularmente ocupadas, son manejadas por grupos de individuos que producen mercados informales de la tierra o las edificaciones ocupadas, cobrando también una renta para acceder a las mismas, a cambio de protección y una futura continuidad en el asentamiento.

Esta gente vive en las calles de la ciudad, a la intemperie, se tapa con plásticos o cartones, come lo que les regalan o de la basura, no tiene vida ni espacio propio: son exiliados urbanos o no-ciudadanos, que están excluidos de la sociedad.

Consideraciones finales

Ante este desolador panorama nos preguntamos ¿qué podemos hacer nosotros?

Y para encontrar una respuesta nos dirigimos al documento que se viene redactando y actualizando en los sucesivos Foros Sociales Mundiales del último decenio, la Carta Mundial del Derecho a la Ciudad que dice entre otras cosas:

“El derecho a la ciudad se define como el usufructo equitativo de las ciudades dentro de los principios de sustentabilidad y justicia social. … Se entiende como un derecho colectivo de los habitantes de las ciudades, en especial de los grupos empobrecidos vulnerables y desfavorecidos, que les confiere la legitimidad de acción y de organización, basado en sus usos y costumbres, con el objetivo de alcanzar el pleno ejercicio del derecho a un patrón de vida adecuado.” … “La ciudad debe ejercer una función social” … “Las rentas extraordinarias (plusvalías) generadas por la inversión pública, – actualmente capturadas por empresas inmobiliarias y particulares -, deben gestionarse en favor de programas sociales que garanticen el derecho a la vivienda y a una vida digna a los sectores que habitan en condiciones precarias y en situación de riesgo.”

Dado que la ciudad nos cambia y últimamente es mas para mal que para bien, debemos tener el derecho de cambiarla a ella, cambiándonos a nosotros mismo.

El Derecho a la Ciudad es uno de los derechos más descuidados y eso es algo que debemos revertir, reconquistando la ciudad para sus habitantes.

Publicado originalmente en laciudadviva.org

“En la arquitectura hace falta menos ego y más miedo”

Entrevista a Denise Scott Brown por

Fuente: http://elpais.com/elpais/2013/04/23/eps/1366712866_157748.html

Denise Scott Brown. / TOMÁS CASADEMUNT

Con 81 años, la arquitecta y urbanista Denise Scott Brown (Nkana, Zambia, 1931), crecida en Johanesburgo, formada en Roma y Londres y afincada en Filadelfia, ha viajado recientemente a México, donde la entrevistamos, para presentar la primera edición en español de su libro Armada de palabras (Arquine). En 1991, cuando su socio y marido, el arquitecto Robert Venturi, viajó al DF a recoger el prestigioso Premio Pritzker, ella no lo acompañó. Entendió que ese galardón debía haber sido también para ella, porque hacía 26 años que firmaban conjuntamente sus edificios y eran las ideas de Scott Brown sobre la importancia de lo ordinario –hoy recuperadas en el currícu­lo académico de universidades como Columbia– las que armaron algunos de sus libros míticos como Aprendiendo de Las Vegas. En las últimas semanas, una petición promovida por estudiantes graduadas de Harvard en change.org para que Scott Brown comparta el Pritzker de su marido lleva acumuladas más de 5.000 firmas. Entre ellas, la de la también Pritzker Zaha Hadid y la del propio Venturi. Por eso, irónica, comenta que cuando su esposo llegó al DF entró en el palacio presidencial a recoger ese premio y ella, en cambio, ha llegado hasta el pedregal de Santo Domingo para ver cómo tres generaciones de una familia viven, y trabajan, en los veinte metros cuadrados de una vivienda de autoconstrucción: “La cultura predominante frente a la cultura dominante”.

Aunque ella y Venturi lideraron durante los años ochenta una de las vanguardias más extrañas de la historia de la arquitectura –la posmoderna, el cíclico regreso al simbolismo de la historia como reacción frente al maquinismo de la modernidad–, por encima de los más de 200 edificios que ha levantado, el legado de Scott Brown está en la actitud de su arquitectura, que se ha esforzado en buscar inspiración en lo cotidiano. Así, la ampliación de la National Gallery de Londres, concluida en 1991, fue uno de sus trabajos más criticados por quienes consideran que la arquitectura debe hablar de su tiempo y no mimetizar los edificios existentes. Sin embargo, 22 años después, uno no repara en esa ampliación. El cuerpo añadido forma parte de ese rincón londinense porque atiende tanto al peatón como a la monumentalidad de Trafalgar Square. Las ideas de esta arquitecta y urbanista hablan desde ese edificio. “Observar lo ordinario puede resultar feo. Pero es importante”.

PREGUNTA: ¿La falta de prejuicios será la mayor conquista arquitectónica del siglo XXI?

RESPUESTA: Es necesaria una mente muy abierta para analizar cualquier tema. Pero luego tiene que llegar un filtro. No todo vale. Ese filtro es el prejuicio. La mente es un columpio entre recabar información y filtrarla. Es necesario adorar lo que haces para no agotarte con el balanceo.

P: ¿Cómo hace para seguir viendo cosas que a los demás nos cuesta ver?

R: Siempre he tenido la cabeza como un radar. Creo que mi madre la tenía así. Luego, cuando uno se hace mayor, la mitad de la vista es memoria.

P: Creció en Johanesburgo. ¿Cómo aprendió a mirar más allá de lo que tenía delante?

R: Allí el racismo era algo asumido. Eso o te hace ver o te ciega. Pero debo hablar de mi padre. Era promotor y cuando regresó de un viaje a Nueva York dijo: “Lo que he visto lo podría haber hecho yo”. Pensaba a lo ancho. Buscaba los principios de las cosas, era un estratega. Era capaz de predecir cosas. Al regresar de Nueva York dijo que la Sexta Avenida desaparecería. Y así fue.

P: Sin embargo, fue su profesora de dibujo quien le abrió los ojos.

R: Yo iba a un colegio inglés. Pintábamos muñecos de nieve en las felicitaciones de Navidad. Esa profesora nos pidió que miráramos por la ventana. En Sudáfrica no había nieve. ¿Cómo podíamos ser creativos si no pintábamos lo que teníamos delante y repetíamos lo que hacían otros?

P: ¿Qué se necesita para saber ver?

R: Le Corbusier aconseja mirar detrás de los edificios. Creo que se necesita algún tipo de cambio social para que uno abra los ojos a cosas nuevas. Los grandes problemas ensanchan la mirada.

P: ¿Su libro ‘Aprendiendo de Las Vegas’ comenzó en África?

R: Todo lo que vi en mi infancia lo recordé más tarde. Yo iba a una escuela inglesa. Había racismo no solo entre negros y blancos. La ascendencia inglesa era la clase más alta. Ser judía, como yo, procedente de Letonia significaba convertirse en un refugiado. Pero también había refugiados nazis. Crecí entre ellos y no entre los afrikáneres. A los negros apenas los veíamos. Mi abuelo era racista. La contradicción de los judíos en Sudáfrica es que huyendo de la persecución colaboraron con el apartheid.

P: ¿Por eso se fue?

R: Pensé que no tenía la fuerza suficiente para enviar a mis amigos a prisión. Me sentía lejos de la ideología del sector social en el que vivía. Pude haberme quedado a ayudar, pero se necesitan seis personas para iniciar un movimiento de protesta y allí solo había tres.

P: ¿Es usted judía practicante?

R: Pertenezco a una sinagoga. Y Bob [Venturi] y yo vamos una vez al año.

Denise Scott Brown, durante su juventud, en una fotografía sin fecha tomada en Sudáfrica.

P: ¿Por qué tienen los judíos tanto poder en la arquitectura?

R: ¿Eso cree? Louis Kahn decía que los judíos no podían dirigir empresas en Norteamérica. Se necesitaba ser de clase alta, haber estudiado en Princeton y conocerse de toda la vida para triunfar en los negocios. Todavía es así.

P: ‘Aprendiendo de las Vegas’ fue un título sugerente, pero esa ciudad no es real. ¿De qué debe aprender la arquitectura?

R: Uno aprende de donde puede. Es cierto que el apartheid rompió Sudáfrica, pero también lo es que allí se construía más vivienda social que en toda América. Esas viviendas están todavía allí. El régimen racista ha desaparecido y las casas siguen allí.

P: La vida está llena de contradicciones.

R: La vida no es blanco o negro. Las dicotomías no son nada creativas. Beethoven usó música folk como inspiración.

P: Escribió ‘Aprendiendo de Las Vegas’ con su marido, Robert Venturi. Han trabajado juntos durante medio siglo. Sin embargo, a usted le ha costado décadas que reconozcan su trabajo.

R: Sí. Y solo lo han hecho las mujeres. Algunos arquitectos me llamaban cuando les fallaba Venturi. Me pedían que fuera a explicar los trabajos de Venturi.

P: ¿Quién le pidió eso?

R: Rafael Moneo.

P: Philip Johnson también le pedía que abandonase la sala después de las cenas, cuando los hombres iban a hablar de arquitectura.

R: No. Philip Johnson no invitaba a mujeres. Eso me lo pedían en otras casas.

P: ¿Por qué no le exige ese reconocimiento a su marido? Robert Venturi no reclamó compartir el Premio Pritzker que recibió en 1991 con usted.

R: Para Bob, admitir que yo era la mitad del estudio supuso enfrentarse a sus colegas. Y aun así dijo que yo era más del 50% en el discurso de aceptación del premio.

P: Pero no reclamó compartirlo con usted.

R: Ha sido tan bueno conmigo que no puedo pedirle más.

P: Sin embargo, lo reclama el resto del mundo. Uno esperaría que alguien que además de su socio es su marido y su amigo la apoyara antes que nadie.

R: Las cosas han cambiado y ahora podría ser más sencillo. Robert Venturi lo pasó muy mal hasta llegar donde está. Tiene problemas de autoestima, entre otras cosas, porque fue un niño disléxico. Le costó aprender a leer y su vida escolar fue dura hasta que llegó a Princeton y floreció. Con todo, sigue siendo un hombre inseguro.

P: No quiero insistir más, pero, precisamente siendo inseguro, usted debió reforzar su seguridad.

R: Sin duda. Le ayudé mucho. Fue injusto que solo le premiaran a él. Pero habría sido más injusto que ninguno de los dos recibiera el premio.

 P: ¿Es la arquitectura de hoy más justa con las mujeres?

R: Bueno… la mayoría de los arquitectos lo quieren hacer todo, aunque no estén preparados. No es tanto egocentrismo como miedo a que no les vuelvan a hacer grandes encargos si delegan una parte. Pero lo mismo sucedería con las mujeres. La ambición ciega. El AIA (American Institute of Architects) no da su medalla de oro ni a parejas ni a estudios.

P: Ha dedicado esfuerzo y tiempo a que reconocieran la contribución de las mujeres. ¿Por qué era tan importante para usted?

R: Hay muchas mujeres que me gustan. Mi madre fue un chicazo. Creció en zonas salvajes de África. Vestía como un niño por una razón: para una mujer era más seguro vestir así. Eso lo heredé yo. Solo que, además, a mí también me gustaban las muñecas. Pero mi padre me había advertido: “Los judíos no podemos decir que no somos como los otros. Eso nunca funciona”. Cuando defiendes que eres diferente, llamas la atención y las cosas se vuelven contra ti.

P: ¿No se debe reclamar una voz propia si se tiene?

R: Sí. Pero sentirse diferente del resto de las mujeres es una trampa. De modo que varias arquitectas nos reuníamos y teníamos sesiones de curación mutua. Ya sabe: “Algo parecido me pasó a mí…”. Daban consuelo. Luego las mujeres arquitectas empezaron a entrar en las escuelas antes de tener sus propios estudios. En lugar de atacar los bastiones masculinos, los estudios donde se diseñaba edificios, fueron a las escuelas a formar futuros arquitectos. Hoy hay arquitectas trabajando en países árabes que no se sienten oprimidas por tener que llevar burka. Al contrario. Como le sucedía a mi madre, que era más libre vestida de chico, esas mujeres son más libres bajo un velo protector. Estamos habituadas a los disfraces. Una vez me salió un proyecto en Bagdad y pedí información: “¿Como judía y como mujer es inteligente ir a Irak a trabajar?”, pregunté. Todos me contestaron lo mismo: “Como mujer, no hay problema. Como judía, mejor no ir”.

P: ¿Cree que las mujeres desarrollarán la parte social de la arquitectura?

R: Sí. Nos hemos fijado en lo que rodea la arquitectura porque también nosotras la hemos rodeado. No es que solo nos interese lo social. Somos más intuitivas y muchas de las cosas las vemos antes. Por ejemplo, entendemos bien cuándo debemos quitarnos de en medio frente a alguien tan hambriento de poder que la única posibilidad de hacer algo es alejarse de él.

P: Su nombre de soltera fue Denise Lakofski. ¿Por qué no fue nunca Denise Venturi?

R: Una vez busqué artículos de una socióloga norteamericana, Ruth Durant, y me di cuenta de que había desaparecido. Luego comencé a leer a otra mujer que escribía cosas similares, pero su nombre era Ruth Glass. Sumé dos y dos e intuí que se había casado. Cuando Bob y yo nos casamos, yo era profesora en Berkeley y ya había publicado artículos. Me acordé de esta socióloga y pensé que no tenía sentido perder lo hecho. Renunciar a mi apellido habría supuesto renunciar a mi obra.

P: Scott Brown es el apellido de su primer marido.

R: Sí, Robert era el último de su línea. Habíamos estudiado arquitectura juntos y cuando murió con 28 años quise quedarme con su nombre. No estoy segura de que a sus padres les hiciera gracia. Pero quise hacerlo. Con todo, la razón principal fue la de los escritos. Llamándome Venturi no habría podido hacer nada.

P: ¿No pensó eso cuando se puso el apellido de su primer marido?

R: Éramos muy jóvenes.

P: ¿La independencia es algo que se aprende o se desarrolla?

R: Sospecho que se aprende, pero también he tenido grandes dependencias. He tenido que convertirme en una anciana para ser mucho más independiente en mis ideas de lo que fui. Puede que las hormonas tengan algo que decir.

P: ¿Las hormonas generan independencia mental?

R: Los hombres continúan con la testosterona hasta los noventa. Las mujeres se liberan de esas urgencias y el patrón mental cambia. Si has trabajado y llegas a anciana, tienes experiencia y seguridad. Los cambios hormonales liberan a las mujeres.

P: Cuando el coche de Robert Scott Brown se estrelló en Pensilvania, ¿qué le hizo quedarse en América?

R: Me había ido de Sudáfrica porque allí una mujer era un menor. Además nos iba muy bien en la Universidad de Penn. Nos entendíamos. Y ya hablábamos de la cultura popular, aunque éramos hijos de la edad de las máquinas: diseñamos una ciudad lineal con trenes que circulaban a 300 kilómetros por hora.

P: Pasó de diseñar ciudades lineales con su primer marido a protestar por la destrucción de los centros históricos con Venturi, el segundo.

R: Sí. Lo aprendí de los Smithson. Que uno crea en el progreso no implica que defienda la destrucción.

P: ¿Cómo conoció a Venturi?

R: Me pidió que fuéramos a un baile en Princeton. Su idea de un baile era encerrarse en la biblioteca mientras sonaba la música. Allí había un libro de Edwin Lutyens. Se lo mostré y se convirtió en su arquitecto favorito. Hizo la casa de su madre a partir de esas ideas.

P: ¿Qué vio en Venturi?

R: En Europa, un urbanista es un gran arquitecto, un heredero de Le Corbusier. Pero en América, si eras urbanista, los arquitectos pensaban que habías elegido esa opción porque no eras lo suficientemente bueno como para diseñar. Bob era distinto.

P: ¿Por eso le guardaba un sitio en las reuniones de profesores de la Universidad de Penn?

R: Un asiento y una galleta. Él daba el segundo curso de teoría. Y yo el primero. Decidí contarles a los estudiantes lo que realmente me interesaba: lo que los Smithson estaban haciendo en Inglaterra: estaban mirando a la historia. Eso a Bob le interesó. Y empezó a aparecer por mis clases.

P: ¿Y por eso le pidió que fuera a Las Vegas con usted?

R: Sí. Pero más tarde. Cuando me fui a dar clases a Berkeley.

P: ¿Es cierto que le pidió que se casara con usted?

R: Bueno… llegado un punto, sabíamos que iba a ocurrir y lo puse fácil. Sí. Fui yo. Le ayudé.

P: ¿Los arquitectos tienen vida personal?

R: La mía ha sido la arquitectura. La gente me preguntaba: “¿No te paras nunca a oler las rosas?”. Y yo contestaba que no me hacía falta. Gracias a mi profesión he viajado y he conocido a personas que me han cambiado el punto de vista.

P: Su hijo Jimmy lleva cinco años filmando la película ‘Aprendiendo de Bob y Denise’. ¿Qué ha aprendido?

R: Lo que ha aprendido aparece en su conversación. Es un tipo de persona que se aburre y necesita empezar de cero cada tantos años. Mi padre era así.

P: ¿Hay diferencia entre arquitectura y construcción?

R: Quien distingue entre arquitectura y construcción habla peyorativamente del trabajo de otros. Yo creo que la arquitectura es la manera consciente de hacer espacios.

P: ¿Qué porcentaje de las decisiones urbanísticas es fundamentalmente económico?

R: La política lo condiciona todo. Es cierto que quien controla la economía termina controlando también la política, pero si miramos el mundo así, todo en la vida, incluida la elección democrática de Obama, es una cuestión económica. Me parece relevante ver cómo los políticos estadounidenses están reconquistando el poder. Tras la Segunda Guerra Mundial se tomaron grandes decisiones urbanísticas. Y los arquitectos creímos que por fin llegaba nuestra hora. La realidad era otra. El interés era reciclar las industrias de la guerra y desviar su producción hacia la construcción.

P: ¿Opina que a muchos arquitectos les preocupan más los edificios que las calles?

R: Muchos intentan hacer ciudades y las hacen mal. Cuando diseñas parte de una ciudad, no puedes tomar todas las decisiones. Simplemente eres un guía. Debes escuchar a los demás y pensar cómo responderá lo que estás haciendo dentro de 100 años. Ningún político piensa con esos plazos. Pero el miedo es bueno, aporta prudencia. Menos ego y más miedo, podría ser un buen lema para la arquitectura.

Patrimonio, espacio público y sustentabilidad urbana [Plataforma Urbana]

Fuente: http://www.plataformaurbana.cl/archive/2013/04/18/patrimonio-espacio-publico-y-sustentabilidad-urbana/#more-57305

Por Martín M. Muñoz. Tesista de la Licenciatura en Urbanismo de la Universidad Nacional de General Sarmiento (Bs. As., Arg.)

El patrimonio arquitectónico y urbano jerarquiza el espacio público que enmarca, y con ello contribuye enormemente a la ansiada sustentabilidad de nuestras ciudades. Este artículo busca ponerlos en relación para realzar la pertinencia de repensar el paisaje urbano en su conjunto y desde la escala humana.

Espacio urbano peatonal densificado y con mixtura de usos 2

En los últimos años ha ganado un pronunciado protagonismo el término “sustentable”. Planteado como nuevo ideal a alcanzar, el término se encuentra ligado fuertemente a la consolidación del avance de la ecología como campo de estudio y acción desde los años setentas. Y en ese sentido, el término “sostenible” es también utilizado como sinónimo, y, si bien cada palabra reconoce un origen distinto, actualmente ambas se encuentran interligadas por el mismo paradigma en boga que las enarbola desde hace más de cuarenta años: el desarrollo sustentable. Así, es que hoy, de cara al futuro, es necesario volver a preguntarnos qué es ser sustentable. Porque el escenario que fue testigo de la génesis de ese concepto sufrió un drástico cambio cuando el crecimiento de la población mundial nos señaló que desde 2007 más de la mitad vive en ciudades . Lo que muchos señalan como el triunfo definitivo de las ciudades y el inicio de la era urbana, nos debe convocar a repensar cómo la humanidad piensa sostener este proceso y sustentarse en adelante.

Para ello, es ineludible entender a la ciudad como un sistema interconectado. Ya en las primeras décadas del siglo pasado, estudiosos de las cuestiones urbanas de la talla de Lewis Mumford o la dupla de Robert Park y Ernest Burgess, entendían a la ciudad como el artefacto más perfecto creado por la humanidad, dotado de un mecanismo social propio, emplazado en un territorio que lo influye, pero que a la vez transforma. El avance y dominio de la Naturaleza por parte de los hombres supuso una transformación radical en el ambiente que lo sustentaba, tanto el natural como el construido, que no tardaría en evidenciar un desbalance en la relación armoniosa entre las partes en los últimos siglos.

De aquí que, teniendo en cuenta las demandas y desafíos de las ciudades de hoy y para recuperar la relación armoniosa entre individuo, sociedad y naturaleza, la interacción social es una de las necesidades de primer orden para garantizar la sostenibilidad del sistema de vida urbano. Para que ese tipo de acercamiento y comunicación mutua de acciones, palabras y señales entre personas se dé, es necesario un espacio común que los contenga, los identifique e interpele. De aquí la centralidad de la importancia de rescatar el espacio público de las ciudades, ese espacio definido por oposición al espacio privado albergado en el interior de los edificios.

Asimismo, dentro del tratamiento de los espacios públicos, la conservación y puesta en valor del patrimonio urbano existente en el entorno es esencial. No debemos olvidar, por ejemplo, que el tratamiento de las fachadas juegan un papel fundamental en la definición y la composición espacial del conjunto arquitectónico que los enmarca. Con esto se jerarquizan estos espacios como corredores y nodos urbanos, de manera de que actúen como grandes hitos atractores de funciones superpuestas: transitar, recrearse, comerciar, residir, esparcirse, en fin, un sin número de actividades que es posible localizar coincidiendo en torno a estos lugares de sociabilidad. Al mismo tiempo, esto nos permite visibilizar, rescatar y valorizar la memoria de la ciudad haciéndolas parte del escenario de la cotidianidad.

Por otro lado, articular los espacios públicos con las áreas verdes permite poner en práctica la vivencia de una ciudad a otra velocidad, distinta de la impuesta por las tecnologías modernas, y recuperar la dimensión humana del peatón. Porque gozar de las facilidades que brinda la cercanía de las ventajas de la vida urbana más el verde ajardinado, todo ello dentro de un radio acotado de manzanas a la redonda del propio domicilio es también contribuir a la sostenibilidad, ya que reduce los tiempos y los costos urbanos y ambientales asociados a los largos traslados, sobre todo los ligados al automóvil y la expansión de las ciudades en baja densidad. En este sentido, muchas de las principales ciudades del mundo apuestan a la transformación de sus áreas centrales en pos de la conformación de barrios caminables enriquecidos por usos mixtos: Curitiba, Tokio, Londres, Seattle, Portland, Boston, Delhi, o Montevideo son sólo algunas de las ciudades que buscan renovarse y enriquecer su vida urbana a partir de este tipo de intervenciones. No obstante, existe al mismo tiempo una contracara dada por el mercado del suelo: la mayor demanda de los inmuebles localizados en estos barrios empuja al alza su precio, lo cual genera procesos de gentrificación.

Piazza Navona Roma 2

En el caso de Argentina, podríamos rescatar que han existido tibios intentos cercanos a este tipo de intervenciones urbanas, como la peatonalización de algunas de las calles céntricas comerciales, por ejemplo, que no llegan a acercarse al paradigma propuesto, ya que no son ejemplos realmente completos en sí mismos, dada la ausencia de población residencial en el área. Esto nos invita a ir por más, a buscar la concreción de experiencias de diseño urbano que integren la recuperación social del espacio público con la revalorización del patrimonio de nuestras ciudades, en articulación con la dotación de arbolado y áreas verdes en los intersticios adecuados. En conclusión, avanzar en procesos responsables de densificación poblacional y mixtura de usos en nuestros centros y subcentros urbanos es contribuir con que nuestras ciudades sean sustentables y garantizar que la forma de vida urbana sea sostenible.

Guadalajara crece desordenada: expertos [informador]

    • La metrópoli requiere un transporte de cercanía

En la segunda mitad del siglo XX se registra la mayor expansión de la ciudad, pese a la disminución de la tasa de densidad poblacional

GUADALAJARA, JALISCO (13/FEB/2013).- El mayor crecimiento de la mancha urbana de Guadalajara se da en la segunda mitad del siglo XX, cuando surgen nuevas centralidades, es decir,  puntos de concentración económica como lo fue Plaza del Sol durante los años sesenta.

Con las nuevas centralidades, la conexión con el Centro “ya no es tan importante, y la ciudad en lugar de crecer de manera continua, lo hace  de forma discontinua, es decir, a saltos, y se empieza a dejar pedazos de suelos sin construir, esto está acompañado con el boom del sistema de transporte”, explica la doctora en Arquitectura y Urbanismo y académica de la Universidad de Guadalajara, Adriana Olivares González.

Para la directora del Museo de la Ciudad y especialista en restauración, Mónica del Arenal, el siglo XX ha sido el momento de mayor expansión de Guadalajara, ya que se unió “el desarrollo industrial con el comercial”.

Durante el siglo XIX la mancha urbana “creció pegada a la ciudad  y casa por casa”, dice Olivares González. Este modelo se rompe a principios del siglo XX, cuando se desarrollan los primeros fraccionamientos o el espacio conocido como las Colonias, que son el inicio de la planeación urbana.

Con las llamadas “Colonias” no sólo se inaugura un proceso de producción de suelo, sino que cambia la traza de la ciudad, expresa Mónica del Arenal, quien destaca que fue con la colonia Moderna, cuando aparece la glorieta como el centro de un desarrollo.

Para la segunda mitad del siglo XX con el desarrollo de las nuevas centralidades -Plaza del Sol y Plaza Patria-, el Centro pierde su importancia, es entonces cuando se forma el área metropolitana.

Otro momento importante en la vida de Guadalajara fue el modelo de los fraccionamientos cerrados de finales del siglo XX, que hace de la infraestructura del automóvil algo básico.

“En este momento es cuando se desborda la ciudad y comienza la región urbana” y el desarrollo “a saltos y fragmentado porque los fraccionamientos son cerrados,  por lo tanto, la ciudad pierde permeabilidad”, explica Olivares González.

Con los nuevos desarrollos de finales del siglo XX comienza “un consumo  masivo de suelo, vinculado a nuevas formas de entender el confort, relacionado con cuestiones ecológicas y con la necesidad de estar próximo a la naturaleza. Eso genera un gran consumo de suelo y a la gente no le interesa tardar más tiempo en llegar a su trabajo”, comenta la profesora de la Universidad de Guadalajara.

Sin embargo, este modelo no entiende a la ecología como un menor consumo de suelo, lo que sí implicaría un respeto por la naturaleza. De si este crecimiento responde al incremento en el número de habitantes, la respuesta es no, porque “no es proporcional la expansión urbana con el crecimiento de la población”, señala Olivares González.

PARA SABER 

1950: Tres mil hectáreas de territorio.  446 mil 278 habitantes en Guadalajara. La densidad promedio es de 163 habitantes por hectárea
1970: 10 mil 996 mil hectáreas. Un millón 517 mil 343 habitantes en Guadalajara.  La densidad promedio es de 140 habitantes por hectáreas.
1980: 23 mil 695 hectáreas.  Dos millones 244 mil 715 habitantes. La densidad promedio 98 habitantes por hectárea.
1990: 32 mil 804 hectáreas. Dos millones 870 mil 417 habitantes. La densidad promedio 91.
2010: 64 mil 102 hectáreas. Cuatro millones 434 mil 252 habitantes. La densidad promedio 68.

FUENTE: Adriana Olivares e INEGI.

EL INFORMADOR / MAYRA TORRES

Convocatoria Concurso público internacional. Chile

Con motivo de la conmemoración del Bicentenario de la República de Chile, la Presidencia de la República se encuentra desarrollando el programa “Legado Bicentenario”, iniciativa que incluye la generación, revitalización y consolidación de espacios públicos y edificaciones de trascendencia urbana y patrimonial para el país.

En este contexto, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo convoca a un concurso público internacional de ideas con el fin de recibir propuestas urbanas y arquitectónicas para la conclusión, actualización y revitalización del Paseo Bulnes y su área colindante, denominado “Concurso Público Internacional Plan Maestro Eje Bulnes”.El propósito de esta iniciativa es la generación de un Plan Maestro para el Paseo Presidente Manuel Bulnes y su entorno, ubicado en el corazón de la comuna de Santiago, de la ciudad de Santiago de Chile.Este concurso entregará tres premios y tres menciones honrosas y constituye la primera etapa dentro de una estrategia para potenciar el uso de este espacio público y concretar elementos de su plan original que a la fecha permanecen inconclusos.

Quiénes Pueden Participar

  • El presente es un concurso anónimo.
  • Podrán participar arquitectos chilenos o extranjeros en forma individual.
  • Podrán participar equipos de profesionales o técnicos de disciplinas tales como arquitectura, urbanismo, paisajismo, ingeniería, economía o administración. En todo caso, el responsable del equipo deberá ser un arquitecto titulado.
  • La inscripción en el concurso será considerada válida únicamente después de que se realice el pago correspondiente a la compra de Bases. El monto a pagar es de $100USD (cien dólares de los Estados Unidos de América) o bien $50.000CLP (cincuenta mil pesos chilenos).

Las siguientes personas están inhabilitadas para participar en este concurso:

  • El Director del Concurso ni los miembros del Jurado.
  • Las personas que tengan vínculos profesionales en la actualidad con cualquiera de los miembros del Jurado, o que los hayan tenido en los seis meses previos a la publicación del llamado a Concurso.
  • Los parientes hasta el segundo grado de consanguinidad y primero de afinidad con el Director del Concurso o con los miembros del Jurado.
  • Los profesionales y funcionarios que hayan participado en la elaboración de las Bases.
  • Los profesionales y funcionarios que hayan sido condenados por penas aflictivas o sancionados por faltas a la ética profesional.
  • Los profesionales o funcionarios con contrato vigente o que se hayan desempeñado como trabajadores de la Presidencia de la República, del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, del Ministerio de Obras Públicas y de la Municipalidad de Santiago hasta dos meses antes de la publicación del concurso.

Jurado

  1. Sebastián Piñera Echenique, Presidente de la República o su representante.
  2. Rodrigo Pérez Mackenna, Ministro de Vivienda y Urbanismo o su representante.
  3. Laurence Golborne Riveros, Ministro de Obras Públicas o su representante.
  4. Miguel Saavedra Saenz, Director de Obras de la Municipalidad de Santiago.
  5. Luis Eduardo Bresciani Prieto, Presidente del Colegio de Arquitectos.
  6. Victor Gubbins Browne, arquitecto, Premio Nacional de Arquitectura 2000.
  7. Un arquitecto de prestigio internacional que acepte la designación del Director del Concurso.
  8. Un arquitecto representante de los concursantes que acepte la designación.

 

Asesor del Jurado: Emilio De la Cerda Errázuriz, Secretario Ejecutivo Consejo de Monumentos Nacionales.
Director del Concurso: Fernando Pérez Oyarzún.

Premios

Los premios para las propuestas ganadoras del Concurso serán:

  • PRIMER PREMIO CLP$25.000.000
  • SEGUNDO PREMIO CLP$15.000.000
  • TERCER PREMIO CLP$10.000.000
  • TRES MENCIONES HONROSAS CLP$2.000.000 c/u

* El jurado podrá declara desierto cualquiera de estos premios.

Plazo inscripción y Compra de Bases

13 de Septiembre al 16 de Octubre del 2012

Fecha de Recepción de Propuestas

19 Noviembre 2012

Información e Inscripciones en:

www.concursoejebulnes.cl

 Fuente:  Archdaily

El fenómeno visual de Ixtapaluca [Domus México]

Foto: Livia Corona

Mucho se ha dicho sobre el desafío de las políticas de vivienda social en México y de su producción, comercialización y planificación masivas. Ya no es un enigma para nadie la escala industrial de la promoción inmobiliaria y sus efectos negativos tanto sociales como urbanos. Tantas líneas de texto y tantas cifras impiden ver el problema de la vivienda social. Las imágenes fotográficas, sin embargo, han sido desde hace mucho tiempo utilizadas para explicar las condiciones de la vivienda y del modo de vida. En el Nueva York de principios del siglo XX, el activista y periodista Jacob Riis investigó con su cámara los tenements del Lower East Side para presionar a favor de las reformas de salubridad en la vivienda. Lo mismo sucedió con una fotografía de la periferia informal de Lima, Perú, tomada por la editora Monica Pidgeon en los sesenta, publicada después en un libro del historiador Leonardo Benevolo y en la revista mexicana Arquitectura Autogobierno (1976). La circulación de las fotografías y su poder de comunicación visual suelen representar más rápida y ampliamente un fenómeno social. Movidos por el deseo de comunicar el problema de la vivienda social; artistas, arquitectos y urbanistas en México han echado mano de sus cámaras para representar esta nueva realidad de la vivienda.

Tomando el caso de la ciudad de Monterrey, el fotógrafo Alejandro Cartagena relata en su libro Suburbia Mexicana (2011) las causas y efectos que esta construcción de la vivienda social tiene sobre el paisaje natural y urbano. Así mismo, la investigación visual titulada Two Million Homes for Mexico de la fotógrafa mexicana Livia Corona, se interesa en el impacto de esta urbanización sobre el modo de vida y la cultura urbana. La perspectiva metodológica de su obra se acerca a lo que en las ciencias sociales se llama antropología visual. Algunos artistas extranjeros investigan también el tema de la vivienda social tratando de producir imágenes y mediatizar el fenómeno urbano en proceso. Es el caso de la arquitecta francesa Raphaële Goulet, quien después de viajar por varias ciudades mexicanas realizó una película documental crítica titulada Lucha Libre (2009), o del artista catalán Jordi Colomer, quien desarrolló un video acerca de la ciudad de Ixtapaluca, ubicada en la periferia de la Ciudad de México, sobre la carretera a Puebla, donde se concentran más de 47 mil casas idénticas. Después de filmar la inmensidad del conjunto desde un helicóptero, Colomer aterrizó con su cámara para mostrar la vida cotidiana de esta suburbia. Sin embargo, cuando el artista realizó su video Avenidad Ixtapaluca (2009) el fenómeno urbano y social de la suburbia mexicana ya no era un misterio. De hecho, Ixtapaluca se ha vuelto un fenómeno visual de representación de la vivienda social y al mismo tiempo un icono de la condición urbana y cultural actual del país.

Desde las primeras construcciones de lotificación en Ixtapaluca un fotógrafo aficionado tomó un cliché sorprendente desde el cielo. Oscar Ruiz, piloto de helicóptero y conocido por sus fotografías desde las alturas, captura con su cámara una porción de la casas de Ixtapaluca “el 21 de septiembre 2003 a la cinco de la tarde.” Su fotografía, publicada desde entonces en periódicos internacionales y en su sitio web, suscita controversia. Oscar Ruiz ha tenido que afirmar la autenticidad de su imagen frente a varios internautas que lo acusan de trucajes y de fotomontajes. En efecto, la fotografía ofrece un encuadro surrealista de una vista casi axonométrica de cientos de casas iguales y descontextualizadas.

En 2006, Livia Corona solicitó al piloto que la volara para tomar su versión de la vista aérea de Ixtapaluca. Ante su rechazo, la fotógrafa pidió a Domus que la ayudara a realizar dicha imagen para un articulo titulado Postcards from the Edge (nº 899, 2007). A diferencia de la imagen de Oscar Ruiz, la de Livia Corona permite “ver el ensamble y el detalle” al abarcar la vida urbana, la extensión de la urbanización de casas y el horizonte del paisaje de los volcanes. La imagen se volvió un ícono, circula por el mundo en exposiciones y se publica en numerosos artículos de prensa o revistas. La dimensión global y mediática de esta fotografía culmina con su publicación en la introducción del libro Our Choice: A Plan to Solve the Climate Crisis (2009) escrito por el político y activista ambiental Al Gore.

Esas representaciones visuales críticas y documentales acerca de la condición suburbana mexicana ofrecen otra dimensión cuando la imagen pierde su autor. Este fue el caso de estas dos famosas fotografías de Ixtapaluca, que han sido difundidas ampliamente en Internet. Pasa lo mismo con las instituciones públicas mexicanas u organizaciones privadas que anonimizan las imágenes y se las apropian. Mientras la fotografía de Livia Corona conserva casi toda su integridad en estudios urbanos, trabajos académicos, o reportes de políticas públicas, la producida por Oscar Ruiz, más abstracta y manipulable, ha sido el objeto de transformaciones e influencias.

Cuando el gobierno federal mexicano adoptó en 2010 el Articulo 73 de la Ley de la Vivienda —que exige a los promotores seguir un reglamento y principios de densidad, usos mixtos, y planificación del transporte publico— la imagen de Oscar Ruiz se instrumentalizó para representar de otra manera esta suburbia mexicana. Por encargo del urbanista Richard de Pirro para la Secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL), el artista Malcom Coehlo dibujó en 2008 una imagen a partir de esa fotografía que constituye la principal ilustración que acompaña los materiales de difusión de esta política de vivienda. La fotografía se utilizó como un soporte útil y eficaz para un collage que comunica visualmente las transformaciones que implica la ley sobre la organización formal de los desarrollos de vivienda. El poder de difusión de la fotografía de Oscar Ruiz rebasó el campo de las reformas de las políticas públicas para asentarse en el imaginario de la cultura popular cuando el grupo de música ingles Radiohead se inspiró en esta fotografía para la composición gráfica de un póster promocional para Xendless Xurbia (2010), uno de sus álbumes.

Thomas Watkin es urbanista y sociólogo francés. Vive y trabaja en Guadalajara. Es miembro fundador del Centro para la Cultura Arquitectonica y Urbana (CCAU).