Arquitectura mexicana y española: un viaje de ida y vuelta en la crisis

Escuela de Bellas Artes en Oaxaca de Mauricio Rocha. / Sandra Pereznieto

Por     Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/04/28/actualidad/1367168309_689445.html

Nuestro hormigón es para ellos concreto; nuestros ladrillos, tabique; los estudios de arquitectura son despachos, los promotores, desarrolladores y lo sostenible allí es sustentable. Salvada esa anecdótica barrera lingüística, quedan las diferencias del clima, la cultura, la geografía y la economía que llevan a convivir con patios, pérgolas y celosías, huyen del aire acondicionado y tratan de reinventar los materiales más sencillos (como el petate o bloque de tierra compacta). Sin embargo, por lo que hablaron históricos de la arquitectura mexicana como Pancho Serrano y emergentes como Mauricio Rocha con españoles con experiencia en México, como Carlos Lamela, en un debate organizado por Roca Gallery en Madrid, la arquitectura mexicana podría indicar el camino a la futura arquitectura española. Y al revés, la mexicana que parece estar ahora donde la española estuvo hace dos décadas: iniciando su globalización haría bien en aprovechar la experiencia española. Así, ese diálogo de ida y vuelta podría servir a los edificios de ambos lados del Atlántico.

Aunque la arquitectura mexicana tiene una historia que opone fuerza plástica a la tentación del espectáculo, la experiencia española podría servir a la hora de evitar que con la bonanza económica que atraviesa México la nueva riqueza les haga perder fuerza expresiva. Sería útil también para evitar el mareo ante los grandes nombres que lleva a contratar arquitecturas-franquicia. Ahora que sabemos que muchos proyectistas de renombre lo son por sus mejores proyectos (y no por todos ellos) merecería la pena venir a comprobar todos los Foster, Chipperfield, Nouvel, Rogers o Herzog y de Meuron que se han levantado en España y juzgar, por uno mismo, si se puede estar siempre a la altura. Ese viaje aclararía la diferencia entre monumento y burbuja. Lo explicó con otras palabras Javier Sordo a unos estudiantes mexicanos: “no hay que temer la globalización, sin ella no estarían ustedes aquí”, se debe ser más competente. Mauricio Rocha también lo puso en claro: “Qué bueno que Hugo Sánchez jugó en el Madrid y que Chicharito sea una estrella en el Manchester United”. Es absurdo negarse a la globalización. La clave está en que esta sea una suma que aprenda de todos lados y no imponga una única manera de pensar y ver.

Los arquitectos españoles, por su parte, harían bien en atender a la experiencia mexicana a la hora de trabajar con poco. “Muchas de las cosas que hacemos tienen mucha relación con no tener dinero”, apunta Pancho Serrano, autor de la Universidad Iberoamericana en D.F. Javier Sordo lo secunda: “cuando no hay dinero hay que hacerlo todo con ingenio”, dice. Y sabe de qué habla. Hijo de Juan Sordo Madaleno -el arquitecto del Hotel Villa Magna o del Meliá Castilla de Madrid- Sordo hijo (hay otro arquitecto Sordo nieto), lo hace todo: desde el diseño de proyectos hasta la construcción de edificios, desde el control de obra hasta el interiorismo, desde la promoción de las obras hasta la búsqueda de inversores.

De ese mismo ingenio habla Mauricio Rocha en otros términos. “Capacidad de soportar el lugar”, dice para describir el caos que su arquitectura supo acoger en del Mercado de San Pablo de Ozotopec. O “arquitectura que se entiende en lugar de imponerse”, explica para describir el cuidado con la orientación, con la exploración de los materiales más modestos o con el descubrimiento de todos los sentidos más allá de la vista que halló trabajando en su primer proyecto: una escuela para invidentes en D.F.

Autores de los edificios corporativos para Danone o Coca-Cola en la capital mexicana, Arturo yJorge Arditti hablaron de “maestros de obra que llegan a corregir los planos de los arquitectos”. Esa mano de obra es la clave. ¿Cómo conservarla para no industrializar completamente la construcción? ¿Cómo serán las ruinas industriales? Las de piedra y ladrillo se visitan. Y en ellas se siente la mano de quien las trabajó. Las de los materiales industriales, ¿serán ruinas o serán basura?