Shigeru Ban Premio Pritzker 2014

El premio Pritzker de 2014 es el arquitecto japonés: Shigeru Ban.

Shigeru Ban (Tokio, 1957)

Estudió en Sci-Arch en Los Angeles y luego en  Copper Union, Nueva York en Estados Unidos para luego volver a Japón y fundar su oficina.

Desde el inicio de su carrera, experimentó con la construcción con tubos de papel. Una constante que se desarrollaría a lo largo de su carrera destacando entre muchos proyectos su trabajo con materiales sostenibles y una preocupación por el reciclaje de los edificios.

La mayoría de sus edificios las juntas son con el mismo tipo de material, lo que los hace fácilmente desmontables y reciclables.

Destaca también su preocupación por la creación de arquitecturas de emergencia, habiendo construido casas de emergencia para tragedias como tsunamis, terremotos y refugiados en varias latitudes (Japón, Nueva Zelanda, Haití, Congo)

A su vez el Sr. Ban ha trabajado extendiendo las capacidades de materiales, como en el Museo Metz Pompidou, la fabulosa colaboración con Otto Frei dio como resultado el pabellón de Japón de la Expo de Hannover.

Algunas de sus destacadas obras son

Fuente: www.edgargonzalez.com

Shigeru Ban: “Los arquitectos podemos ser útiles a mucha gente, no solo a los ricos”

Shigeru Ban, retratado junto al pabellón que ha levantado en la sede madrileña del Instituto de Empresa. / JAMES RAJOTTE

Fuente:http://elpais.com/elpais/2013/06/24/eps/1372089024_687561.html

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¿Qué arquitecto querría diseñar la casa de quien no puede pagarle? Shigeru Ban (Tokio, 1957) empezó por las emergencias. Con 37 años, en Ruanda, utilizó por primera vez las estructuras de tubos de cartón que le han hecho mundialmente famoso. Ese mismo año 1995 volvió a emplearlas en su propio país, tras el terremoto de Kobe. No solo construyó viviendas en una semana, también enseñó a los ciudadanos a hacerlas. Lo mismo sucedió luego en Turquía, en India y en Haití. En el pabellón japonés de la Expo de Hannover del año 2000, Ban llevó ese humilde sistema constructivo a un edificio monumental. Hoy, más allá de idear viviendas con estancias móviles, es el ­autor del flamante Centro Pompidou de Metz, pero no ha perdido la independencia ni la obsesión de ser útil. En Madrid ha levantado un pabellón en el jardín del Instituto Empresa y ha hablado a los empresarios de la urgencia de compartir conocimiento. Sabe de qué habla: la mitad de su tiempo la dedica a gente que no puede pagarle.

PREGUNTA: Con el Pritzker a Toyo Ito, ¿se siente el siguiente japonés en la cola?

RESPUESTA: No, el Pritz­ker es un premio para cuando alcanzas el máximo nivel en la profesión.

P: Pero el nivel no es una cuestión de edad. Y un gran premio puede dar aliento. Herzog y De Meuron arriesgaron más tras recibirlo en 2001.

R: Eso es poco habitual.

P: Puede ser. Peter Eisenman cuenta que él nunca lo conseguirá porque mejora continuamente.

R: [Risas]. Fue profesor mío y discutíamos todo el rato. Me llamaba Osito de Azúcar (Sugar Bear).

P: ¿Por qué?

R: Decía que mi nombre era muy complicado.

P: Pero es sencillo.

R: Simplemente no nos llevábamos bien. No permitió que me graduara en Cooper Union. Tuve que rehacer mi tesis por él. Él quería que siguiéramos sus enseñanzas a ciegas y yo no estaba de acuerdo. Concluyó que como yo era japonés, no podía pensar como él.

P: ¿No admitía que alguien pensara diferente?

R: Trataba de lavar el cerebro de los estudiantes. Yo debía de ser algo más maduro e hice las cosas a mi manera.

P: ¿Es una práctica habitual entre arquitectos estrella no admitir otro discurso que el propio aunque sean profesores?

R: Sobre todo en Estados Unidos. Y sobre todo entre los arquitectos conocidos: tratan de producir epígonos. No aceptan la diversidad de pensamiento.

P: Usted trabajó para otra estrella, Arata Isozaki, que, sin embargo, se ha transformado con los diversos movimientos arquitectónicos.

R: Isozaki es tan inteligente que todos los que defendieron el posmodernismo quedaron atrapados en esa elección menos él. Tuvo la cabeza y la fuerza suficientes para no encasillarse. Por eso busca empleados que piensen lo contrario que él. No le interesa que le sigan ciegamente.

P: ¿Qué tipo de arquitectos contrata usted?

R: [Risas]. Me interesa que entiendan mi manera de entender la arquitectura y mis valores.

 P: ¿Cuáles son esos valores?

R: La modestia. La comple­­jidad que se necesita para hacer las cosas sencillas. Odio el desperdicio. Siempre empleo lo que está disponible en cada lugar.

P: Odiar el desperdicio caracteriza su arquitectura desde que empezó levantando campos de refugiados para la ONU.

R: Antes de que comenzara a hablarse de sostenibilidad, en 1986, ya me parecía de sentido común. No es solo una cuestión ecológica, simple lógica: en las emergencias sobra lo que no es necesario.

 P: ¿Por qué le interesó la arquitectura de emergencia?

R: Me desilusionaba que la profesión de arquitecto solo fuera conocida por la gente privilegiada y rica.

P: ¿Eso sigue igual?

R: Sí. La arquitectura se acerca al poder y al dinero porque ambos son invisibles y necesitan que la arquitectura los haga visibles. Pensé que los arquitectos tenemos un conocimiento que puede ser útil a mucha más gente.

P: ¿Cree que el siglo XXI podría trasladar la arquitectura de los poderosos a los necesitados?

R: No. Aunque ahora hay muchos estudiantes interesados en lo que hago. Hace poco, los estudiantes soñaban con ser arquitectos estrella.

P: Tal vez hayan tomado nota de lo que les ha pasado a muchas estrellas, por no hablar de los que se han estrellado antes. ¿Qué hizo que usted considerara trabajar con cartón y papel?

R: Como estudiante analicé la obra de los arquitectos famosos. La mayoría están influidos por el estilo del momento, pero hay algunos que no. Esos pocos han sido inventores, creaban su propio sistema constructivo o ideaban un material. Hablo de Buckminster Fuller, de Jean Prouvé o de Frei Otto. Desde joven quise desarrollar mi propio sistema estructural.

P: ¿Le motivó más inventar que conseguir resultados sociales?

R: Al principio sí. Utilicé papel prensado para una exposición sobre Alvar Aalto y comprobé que con ese material se podían construir estructuras. Aprendí que la duración de un edificio no tiene que ver con la fortaleza de los materiales con que está construido: el hormigón puede ser destruido por un terremoto, y el papel, sobrevivir a ese mismo terremoto.

P: Algunos de sus edificios de papel, como la iglesia de Kobe, se han convertido en permanentes.

R: Incluso los edificios construidos con papel pueden permanecer mientras alguien los cuide. En cualquier caso, mientras el principal objetivo de los edificios sea hacer dinero, la arquitectura siempre será temporal. Un promotor puede destrozar un edificio, aunque sea de hormigón, si cree que sustituyéndolo por otro puede conseguir más dinero.

P: ¿Se siente más cerca de un inventor que de un arquitecto al uso?

R: No estoy inventando nada nuevo. Utilizo materiales de otra manera. Les doy otro sentido.

P: ¿Cuándo, cómo y por qué decidió construir para la gente que realmente necesitaba esas construcciones?

R: Mientras estudiaba arquitectura me daba cuenta de que no trabajábamos para la sociedad. Solo lo hacíamos para la gente privilegiada. Pensé que era una pena.

P: ¿Qué le hizo pensar eso? Alguien de su edad que completó estudios en EE UU proviene de una clase acomodada. No creo que viera necesidad en su infancia.

R: No sé de dónde salió mi interés. Me parece sentido común.

P: ¿A qué se dedican sus padres?

R: Mi madre es modista. Hizo esta chaqueta para mí [comenta estirándosela]. Mi padre es un hombre de negocios. Ellos siempre me han dejado elegir. No sé qué me hizo mirar hacia los necesitados.

P: ¿Ideales políticos, religión, educación?

R: No tengo ni idea, salvo que me parecía mal que la arquitectura estuviera encerrada en un gueto social. Los clientes potentados resultan cansinos. Creen que el dinero lo puede todo y… no es así.

P: ¿Dónde aprendió eso?

R: Cuando trabajé para Isozaki. La profesión de arquitecto me parecía mucho mejor que la de los médicos o los abogados porque ellos tienen que dar con frecuencia malas noticias. Los arquitectos solo damos noticias positivas. La gente se hace una casa en el mejor momento de su vida. Luego concluí que no éramos realmente necesarios para la sociedad.

P: Los arquitectos que admira fueron outsiders. ¿Es consciente de haber elegido un camino secundario?

R: No lo elegí, pero soy consciente de lo que hago.

P: ¿No se considera miembro del club de los arquitectos célebres?

R: En absoluto.

P: Pero lo es. Más allá de solucionar emergencias en diversos países, ha reinventado la tipología doméstica y ha firmado el Pompidou de Metz, un museo: el edificio clave para convertirse en una estrella.

R: No soy uno de ellos. Especialmente en Japón, donde me dejan de lado.

P: ¿Qué quiere decir?

R: Tengo experiencia en situaciones de emergencia en Turquía, Japón, India o Haití. Pero tras el terremoto de hace dos años, en Tohoku, la costa oriental japonesa, fueron muchos los arquitectos famosos que decidieron trabajar allí y no me llamaron para integrarme.

P: ¿Pero usted ha trabajado en Fukushima?

R: Sí, pero fuera de su grupo. No pertenezco al club. Con todo, que muchos arquitectos estén involucrados en una situación de emergencia es una buena noticia. Y bonita.

P: ¿En qué consistió su traba­­jo en Fukushima?

R: Comen­­cé haciendo tabiques. La gente fue evacuada a gimnasios y pensé que un tabique de papel les daría intimidad. Lo había visto en Kobe. Pasados unos días, las familias empiezan a necesitar recogerse. Pero las autoridades no aceptaban mi propuesta: es más fácil controlar a la gente sin tabiques. Al final conseguí que me hicieran caso. Construimos 1.800 unidades.

P: No solo tiene que pensar qué se necesita y cómo hacerlo. Tiene que demostrar que será aceptado. ¿Cómo lo logra?

R: En una emergencia lo tienes que hacer todo: lograr el dinero, idear el sistema, conseguir el material, enseñar a construirlo… La recompensa no es económica. Pero es enorme. Para mí, esos tabiques son arquitectura porque transforman la vida de la gente.

P: Con el tipo de decisiones y acciones que usted realiza, la arquitectura se convierte en política.

R: Sí. Lo que hago en las emergencias lo hago desde una ONG que he creado por una cuestión burocrática. Si trabajara para el Gobierno, debería seguir las normas. Y en las situaciones de emergencia, uno no tiene tiempo de pedir permisos.

P: No les debe de hacer mucha gracia a los políticos.

R: En una emergencia, ellos ven números. Me sentía incapaz de convencerles de que la calidad es necesaria pasado un tiempo, por eso decidí hacer yo mismo las cosas. Sin esperar ayuda o apoyos. Lo que yo hago cuesta lo mismo que lo suyo, pero permite que la gente viva mejor. Tras el terremoto de 2011 propuse viviendas de tres plantas porque no hay espacio para que todos tengan una casa aislada, por pequeña que sea. Costaban lo mismo que las de una planta que hizo el Gobierno.

P: ¿Cómo se viven las catástrofes cuando uno las ve en directo?

R: El número de muertos no revela el desastre. Ahora trabajo en Christchurch (Nueva Zelanda). Allí murieron 150 personas; en Japón, más de 20.000. El daño parece menor. Pero el coste económico, comparado con el nivel de vida en el país, supera al de Japón. Además está el día después. En Christchurch cayeron muy pocos edificios. Pero luego resultó que el 80% de los inmuebles tenían daño estructural. Hay que rehacerlo todo. Y eso cuesta. Una cosa es recoger el desastre; otra, tener que destrozar tú.

P: ¿Cuánto dedica a la emergencia?

R: La mitad de mi tiempo. Cuando sucede un desastre, más, claro. Los desastres son una escuela de vida, pero mi satisfacción es la misma cuando la gente entra a vivir en una de mis casas de emergencia que en otra que me han encargado. La diferencia es que el desastre no paga.

P:¿No cobra nada?

R: No.

P: ¿La mitad de su tiempo no cobra nada?

R: No.

P: ¿Es consciente de que podría ganar el doble?

R: Si tuviera proyectos [se ríe].

P: ¿Se gana bien la vida?

R: Defina buena vida. Trabajo mucho. Tengo poco tiempo. Pero hago lo que quiero. Y tengo suficiente para pagar el alquiler de mi apartamento.

P: ¿No tiene casa propia?

R: No.

P: ¿Tiene hijos que mantener?

R: No. Eso me dejaría menos tiempo.

P: ¿Qué opinan sus padres de las casas de tubos de cartón?

R: Están orgullosos. Tengo buenos padres y recibí una buena educación: hacer dinero no les interesa especialmente.

P:Pero uno relaciona a los hombres de negocios con el dinero.

R: Mi padre trabajaba para Toyota. Y mi madre tiene una tienda de ropa de mujer, Atelier Ban. Solo diseña para mujeres y para mí. Odio ir de compras. Visto de negro porque es fácil y cómodo. Antes le compraba a mi amigo Issey Miyake, pero como ya no diseña, la ropa suya que tenía empezó a gastarse. A mi madre le preocupó y me hizo ella ropa nueva.

P: ¿Qué le diría a quien le acusa de haber desarrollado sus arquitecturas de emergencia para entrar en el club de los arquitectos?

R: No me importa lo que digan. Hago lo que me interesa. Continuaré haciendo trabajos de emergencia y continuaré haciendo viviendas. Todos los arquitectos que respeto –Alvar Aalto, Louis Kahn o Mies van der Rohe– diseñaron casas hasta el final. Creo que no hay mejor entrenamiento. Me gustan los arquitectos que buscan retos y no los que solo se preocupan de mantener su statu quo, su posición.

Los terremotos no matan gente, los edificios si

El arquitecto Shigeru Ban (Tokio, 1957) es consultor de las Naciones Unidas para los Refugiados y dirige la ONG Voluntary Architects’ Network (VAN), especializada en viviendas temporales para poblaciones en zonas de desastre, adonde acude para construir habitáculos. El viernes dio una conferencia en el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC) donde explicó sus métodos, antes de volar a Japón para intervenir en los lugares donde se concentran los desplazados por el terremoto y el tsunami.

Pregunta. ¿Cree que después lo sucedido deben revisarse las normas de edificación?

Respuesta. Ningún edificio construido después de 1981 se derrumbó a causa del terremoto. En ese año se cambiaron las normas de edificación. Otra cosa es el tsunami. En este sentido, lo que habrá que cambiar son los planes urbanísticos de las ciudades. Deberán construir edificios de ladrillo, de al menos cuatro pisos de altura en las costas, que funcionen como un muro, para proteger los demás edificios. No estoy muy seguro de que sea algo bonito, pero es lo único que funcionaría. Este tipo de edificios no sólo protegerían a los demás, sino que permitirían a la gente escapar a las terrazas.

P. ¿Qué soluciones propondría usted ahora para dar cobijo a la gente desplazada?

R. Más de medio millón de personas se encuentra en grandes pabellones deportivos, bajo grandes cúpulas, y tendrán que seguir allí dos o tres meses hasta que las viviendas temporales estén listas. Van a estar en una situación en la que no hay privacidad, todas familias duermen juntas… es una situación muy dura para esta gente, mentalmente, psicológicamente, por lo que vamos a instalar un sistema a base de tubos de cartón duro y papel, que permite crear espacios individuales bajo el techo de los pabellones, que se pueden levantar durante el día. Es un sistema que he desarrollado para Naciones Unidas y que se utiliza en campos de refugiados adaptado a cada situación.

P. Este terremoto de nivel 9 en Japón y el subsiguiente tsunami pueden haber causado la muerte de unas 15.000 personas, mientras que el de Haití, mucho menos potente, se saldó con cientos de miles de muertos. ¿Qué reflexión hace como arquitecto?

R. Los terremotos no matan gente. Los escombros de los edificios son los que matan gente. No estamos hablando de un desastre natural, sino de un desastre provocado por el hombre. El tsunami, por supuesto, es otra cosa, pero los efectos de los terremotos son responsabilidad de los arquitectos. Los últimos terremotos, como el de Chile, muestran que el país estaba bien preparado en términos de normativa, y también el de Nueva Zelanda del mes pasado, donde por cierto hubo un par de edificios que se desplomaron y provocaron muertes pero fue porque el propietario no había hecho las reparaciones que le exigieron los ingenieros municipales. Un crimen.

Fuente El País y Edgargonzalez.com

Presentación de los proyectos conceptuales del concurso para el Museo de las ciencias ambientales

Hace unos meses anunciamos aquí que se presentaban (por tan solo  dos días) los proyectos al concurso por invitacion del nuevo Museo de Ciencias Ambientales del Centro Cultural Universitario de la UdeG.  Si te la perdiste ahora tienes otra oprtunidad  para verlos.

Se mostrarán los proyectos del concurso internacional convocado. Participaron: Snohetta (Noruega), Smiljan Radic (Chile), Shigeru Ban (Japón), Mauricio Rocha (México) y Diller, Scofidio & Renfro (Estados Unidos)

Exhibición de maquetas: 9 al 31 de marzo 2011

Biblioteca Central Horst Hartung Franz

Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño. CUAAD

Exhibición pública del proyecto ganador y los proyectos participantes del concurso arquitectónico del Museo de Ciencias Ambientales del Centro Cultural Universitario

Sede: MUSEO DE LAS ARTES, SALA DE CURADURÍA, DEL MUSEO DE LAS ARTES, UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA, Ave. Juarez esquina Enrique Díaz de León.

Fecha: viernes, sábado y domingo 10 al 12 de diciembre 2010,

Horario: 10:00 a.m. a 5:00 p.m.

Este fin de semana estará abierta al público en general la exhibición de maquetas y paneles descriptivos de los proyectos arquitectónicos concursantes para el diseño del Museo de Ciencias Ambientales del Centro Cultural Universitario, mismo que estará ubicado frente al Auditorio Telmex. Ese una gran oportunidad para los profesores y alumnos de arquitectura y urbanismo estudien los mas avanzados planteamientos arquitectónicos de cinco de los más innovadores arquitectos a nivel latinoamericano e internacional.

Sobre esta exhibición el Arquitecto Miquel Adriá, director de la revista internacional de arquitectura y diseño “ARQUINE” y asesor del concurso menciona: “Indudablemente el proyecto del museo presenta conceptos innovadores que le plantean retos al diseño arquitectónico. La Universidad de Guadalajara ha invitado a cinco talentosos arquitectos que plantean las más interesantes, originales e innovadoras propuestas estéticas y funcionales del panorama latinoamericano e internacional. El nivel de los arquitectos invitados y la calidad interdisciplinaria y prestigio del jurado y sus asesores, lo ubica como uno de los concursos de mayor relevancia arquitectónica en la historia reciente de la arquitectura mexicana.”

Arquitecto ganador: Snohetta

Arquitectos participantes:  Diller, Scofidio & Renfro, Shigeru Ban, Smiljan Radic y Mauricio Rocha