El espejismo de la vivienda mínima [NEXOS]

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Por Arturo Ortiz Struck en NEXOS http://www.nexos.com.mx/?p=22315

Vivienda conservadora en un Estado diluido es un diagnóstico fatal para la conformación de ciudades, ciudadanía y democracia. La forma, el tamaño y la distribución arquitectónica de una vivienda son irrelevantes ante las condiciones de localización urbana y de flexibilidad social. Si bien parece impensable y a veces se percibe como “inhumano” que la vivienda mínima sea de 34m2, es mucho más cuestionable que el tamaño el hecho de que haya una reproducción de los modelos de habitación para una familia nuclear y que además esté localizada a gran distancia de los espacios de concentración laboral, en una colonia de casitas iguales sin servicios, condiciones de barrio o variedad en los usos de suelo. Si pensamos por un momento en el tamaño promedio de los departamentos en Manhattan, y vemos que aún los más pequeños cuestan millones de dólares, podemos atribuir su valor a que están localizados en el ombligo del mundo, en donde la vida peatonal y de barrio es posible, dentro o junto a áreas de concentración laboral, con una evidente presencia del Estado que garantiza derechos y servicios. Pero también el pago de impuestos se ve reflejado en la infraestructura. El problema de la vivienda mínima no es de tamaño, sino de ciudad.

En Los espectros de la globalización1 Saskia Sassen describió el fenómeno de la globalización y su traducción física dentro de las ciudades. Una de las explicaciones que da, y que ha resultado ser profundamente influyente en la geografía contemporánea, está relacionada con la supremacía de las necesidades del capital sobre las determinaciones de los Estados, los cuales paulatinamente han perdido su presencia en las decisiones económicas y han logrado amoldar las necesidades de la agenda neoliberal a los discursos de democracia. El fenómeno que describe es universal pero heterogéneo, si bien sucede en todos los países, en cada uno se da en forma diferente, con intensidades y expresiones diversas. Lo que probablemente Sassen nunca imaginó, es que en medio de la discusión entre la presencia o desvanecimiento del Estado en las decisiones políticas y económicas, en algunas geografías, parece haber desaparecido principalmente de las calles en grandes ámbitos urbanos.

En mi opinión las ciudades tienen dos lecturas: la primera se refiere a su configuración física, es decir, a las calles, edificios, parques, plazas y todo lo construido; la segunda lectura se relaciona con el concepto de ciudadanía, el cual se refiere a la posibilidad de que los individuos dentro de un entorno urbano puedan ejercer sus derechos, exigir los servicios públicos y encontrar una simetría entre sus obligaciones y los beneficios que obtienen a través de ellas, por ejemplo, a la hora de pagar impuestos. En otras palabras, sólo un entorno urbano capaz de ofrecer acceso a los derechos y servicios puede ser definido como una ciudad.

La producción dominante de suelo urbano en México está determinado por dos procesos relacionados con el acceso a la vivienda: los asentamientos irregulares y la vivienda producida a partir de las políticas públicas. Sin entrar en muchos detalles, los dos ámbitos urbanos son, por lo general, incapaces de brindar ciudadanía. Los asentamientos irregulares se producen en forma heterogénea, en muchas ocasiones mediante organizaciones sociales que han tomado el papel de un gobierno paralelo; o bien se producen a través de intercambios conflictivos entre ejidatarios y particulares, o mediante un mercado inmobiliario informal en relación a la tenencia de la tierra. El hecho es que la definición de la propiedad privada queda siempre en entredicho y su expresión física la podemos ver en todo el país representada por grandes extensiones de casas grises de uno o dos pisos, con pocas ventanas, plagadas de antenas de televisión y tinacos, sobre entornos urbanos incipientes, en sus inicios éstos no cuentan con calles, iluminación pública, drenaje o agua. Mientras que la vivienda formal es la expresión arquitectónica por excelencia de una tabla de Excel, donde lo único esencial es la producción de créditos y servicios financieros, el resultado en los últimos dos sexenios son casi 10 millones de casitas en la periferia, lejanas a los espacios de concentración del empleo, y de otras estructuras urbanas, también lejanas a raíces culturales, al grado que hay alrededor de 20% de estas unidades abandonadas. Ambas expresiones urbanas ponen en evidencia un Estado desvanecido de la vida cotidiana.

Pero también para una buena parte de las clases medias y altas del país el Estado desapareció en términos prácticos de la vida urbana. Muchas familias de este sector socioeconómico han decidido vivir en conjuntos habitacionales cerrados, fuera de la esfera pública y de sus ventajas, tal vez la invisibilidad del Estado en las calles, la inseguridad y la incertidumbre sobre los intereses de los funcionarios públicos, ha dado lógica a la creencia de que los derechos parecen estar restringidos a la propiedad privada, incluso cuando se pone en entredicho el de otros, como en el caso de las empleadas domésticas.

En todo caso, la dificultad de acceder a nuestros derechos de manera inmediata y expedita ha construido escenarios de vivienda ajenos al espacio público, a la democracia y a las instituciones públicas en todos los segmentos socioeconómicos de todas las ciudades del país, donde la representación del Estado ha sido superada por la de su ineptitud y corrupción.

Los modelos de vivienda expresan en su configuración una desconfianza generalizada a las estructuras de gobierno, además muestran la ausencia del Estado en  cualquiera de sus versiones o niveles, en ocasiones la única presencia estatal es la de algún cuerpo de policía, ya sea federal o local, pero esta presencia despierta temor antes que confianza.

Por otro lado, los modelos de vivienda dominantes en México son profundamente conservadores, si bien la configuración demográfica ha puesto de manifiesto en el siglo XXI a una sociedad mucho más diversa e impredecible que la del siglo anterior, donde la familia nuclear ha perdido posiciones en la formación de los hogares, se han creado nuevas configuraciones familiares: un padre o madre soltera con hijos y/o hijas, familias con más de una pareja sexual en el mismo domicilio, individuos que comparten una casa o departamento sin tener una relación de parentesco, parejas sin hijos y millones de personas que viven solas. Con todos estos cambios en la sociedad mexicana, la vivienda sigue siendo familiar, como si el programa arquitectónico de una casa habitación garantizara las moralidades perdidas, donde el único espacio sacralizado formalmente para la sexualidad se le denomina: recámara principal o conyugal. Casas pensadas desde una mirada heteronormativa que siempre implica tener hijos y por lo tanto dos recámaras, una para niñas y otra para niños; en donde la reproducción de una extraña versión del american way of life se pone en evidencia a través de la sala-comedor, y cuando es posible permite incluso reproducir la inequidad social tan invisible como constante a través de los cuartos de servicio.

El hecho es que la vivienda mínima en México ha limitado sus posibilidades a las dos condiciones que he narrado, por un lado al Estado diluido que impide una relación óptima entre lo público y lo privado, y por otro lado un conservadurismo arquitectónico e inmobiliario que ha sido incuestionable, incluso en los espacios dominantes de reflexión arquitectónica.

Además, los productores de vivienda formal deben cubrir las necesidades de producción de los servicios financieros, por lo que su oferta está vinculada a la capacidad de pago de los consumidores, por ello no recurren a los mejores terrenos ni a muchos planes de redensificación en centros urbanos, sino que optan por la tierra más barata, con la cual la localización siempre será cuestionable. La dispersión urbana es de baja densidad y por lo tanto hay pocas actividades, cuando lo ideal sería aumentar la densidad y concentrar actividades.

Son posibles nuevos modelos de vivienda sobre las estructuras urbanas preexistentes, que busquen equilibrios distintos. Es posible imaginar, por ejemplo, una vivienda sin mínimo de metros cuadrados, pero con alta densidad, localizada dentro de las concentraciones laborales urbanas, en un esquema de renta, en donde el desarrollador de vivienda sea el propietario y transfiera la carga financiera que hoy tienen que asumir las familias por décadas a los arrendatarios que probablemente habitarán algunos años esos espacios, con una dinámica activa en la ocupación/desocupación de cada vivienda. Pero además es una posibilidad para atender a una sociedad diversa en su configuración familiar, a jóvenes con la necesidad de independencia. También es posible aprovechar este tipo de proyectos para mejorar el acceso a servicios y derechos, mediante plantas bajas públicas, incorporando módulos que faciliten el acceso a instituciones y programas sociales. También es posible la redensificación en pequeñas propiedades, facilitando el incremento de densidad en áreas habitacionales de dos pisos, en donde cada propietario pueda pensar en un piso más o en dividir una casa en dos o tres departamentos, que permitan no sólo una atención a la diversidad, pero que también pueda representar una opción para propietarios de la tercera edad, que tienen casas muy grandes y costosas para sus necesidades, se pueden incorporar servicios financieros que permitan préstamos para las modificaciones sobre la propiedad garantizados con las futuras rentas, esquemas como el reverse mortgage que consisten en préstamos a personas de la tercera edad sobre sus propiedades, las cuales pueden garantizar no sólo una pensión vitalicia, sino un activo con dos o tres unidades habitacionales fáciles de comercializar en comparación con una casa vieja.

Opciones existen, la pregunta consiste en saber si el Estado está lo suficientemente diluido, como para no poder imaginar, plantear y poner en marcha nuevas políticas públicas en relación con la vivienda, o si todavía tiene las monedas de cambio suficientes para reaparecer y dar destino a las ciudades del país.

 

Arturo Ortiz Struck
Arquitecto. Realizó una maestría en investigación urbano arquitectónica en la UNAM.


1 Sassen, S. (1998), Los espectros de la globalización, Fondo de Cultura Económica de Argentina, 2003, (pp. 61).

Entrevista a Saskia Sassen: Urbanismo de código abierto y smart cities

Saskia Sassen
Entrevista a Saskia Sassen, investigadora y escritora centrada en la globalización (incluidas las dimensiones social, económica y política), la inmigración, las ciudades globales (incluidas las ciudades y el terrorismo), las nuevas tecnologías y los cambios en el estado liberal que se derivan de las condiciones actuales de transnacionales.
En cada uno de los tres grandes proyectos que componen sus 20 años de investigación, Sassen se inicia con una tesis que plantea lo inesperado y contradictorio del orden, con el fin de cortar las «verdades establecidas». Su proyecto actual, «Cuando en el territorio existen marcos existentes», está bajo contrato con la Harvard University Press. Además de su nombramiento en la Universidad de Columbia, Saskia Sassen es miembro de varios consejos editoriales y es asesor de varios organismos internacionales. Es miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Grupo de Ciudades. Ha recibido diversos galardones y premios, más recientemente, un Doctor Honoris Causa por la Universidad de Delft (Países Bajos), el primer Premio Distinguido Alumno Escuela de Postgrado de la Universidad de Notre Dame, y fue uno de los cuatro ganadores de la primera Universidad de Chicago Premio Mentor futuro que abarca todos los programas de doctorado.
Hace poco escribió un ensayo acerca de las llamadas smart cities en Mckinseydigital.com, me gustó mucho tu punto sobre la necesidad de «urbanizar» las tecnologías utilizadas en proyectos de smart cities. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Y qué crees que le falta en proyectos tales como New Songdo oMasdar city
Saskia Sassen: Este concepto de urbanizar la tecnología es uno de varias líneas en las que he estado trabajando durante un largo tiempo. El punto de partida no era necesariamente las ciudades. Fue la idea de que en los dominios interactivos la tecnología ofrece sus capacidades por medio de propuestas ecologías que incluyen las variables no tecnológicas, lo social y lo subjetivo, la lógica y los objetivos de los usuarios, por ejemplo, las finanzas utiliza la tecnología con fines distintos a Amnistía Internacional, etcétera, etcétera . Una vez más, hice este argumento para dominios interactivos.
Hay otra condición que afecta el ámbito interactivo, aparte de la propia tecnología. Al principio empecé estudiando la lógica de las finanzas (un sector que está profundamente arraigado en las redes digitales y los espacios digitales) que no es la lógica de la ciencia, la ingeniería informática o el desarrolladores de softwarelo que hizo el dominio digital. El efecto es que el usuario (la financiación) no utiliza necesariamente todas las propiedades del sistema. También busqué en las organizaciones de la sociedad civil en la misma línea. Esto nos ayuda a explicar por qué los resultados nunca se corresponden con lo que se pudo haber predicho sobre las capacidades de la tecnología.
Ahora estoy buscando en las ciudades a través de la misma lente. Los usuarios traen sus propias lógicas a las tecnologías. En el caso de una ciudad con su diversidad de gente y lo que los motiva, el resultado puede ser bastante diferente de lo que los diseñadores esperan. Y esto es importante. Esto mantiene la ciudad viva y abierta. Al incorporar las tecnologías interactivas en entornos urbanos, es importante la mutación permitiendo que los diversos tipos de usuarios traigan sus propias lógicas a esas tecnologías. Si la tecnología controla todos los resultados de forma rutinaria (como si se tratara de una tubería de datos) hay un alto riesgo de que se convierta en obsoleta, cada vez menos utilizada o tan rutinaria que apenas sea interactiva. Muy parecido a comprar un billete de en una máquina automática: sí, usted tiene opciones, pero difícilmente se puede llamar a esto un acto interactivo. La cuestión clave y la pregunta que siempre nos hacemos es cómo conseguir que la tecnología sea abierta, sensible a las señales del medio ambiente y a las opciones de los usuarios, incluyendo lo que puede parecer extravagante desde la perspectiva de la ingeniería. La ciudad está llena de señales y usos peculiares: la oportunidad, sería urbanizar una amplia gama de tecnologías. Pero esta posibilidad debe hacerse, no es simplemente una función interactiva de las tecnologías como la conocemos ahora, tiene que ir más allá de la capacidad de la incorporación de la retroalimentación. Debe ser más parecido a una open source.
¿Cree usted que las tecnologías en red pueden dar lugar a nuevas formas de urbanidad? Dicho de otro modo, ¿hasta qué punto se encuentran las ciudades del futuro modeladas por nuestras experiencias e infraestructuras urbanas pasadas? 
Saskia Sassen: La urbanidad es un mutante. Y esto significa que se hace y se rehace a lo largo de muchos conceptos diferentes, ideas, imaginación obtenidas de todo el mundo. Puede ocurrir en sitios donde nosotros, los de nuestra cultura occidental, no lo vemos. Por la noche en los barrios obreros de Shanghái las paradas de autobús se han convertido en espacios públicos, es decir en urbanidad. En algunas grandes ciudades los únicos espacios que los pobres, a menudo sin hogar, tienen son los espacios que durante el día vemos como infraestructura: espacios donde se cruzan varias líneas de autobuses o llegan a su final. Hay muchos ejemplos de prácticas que desestabilizan el sentido formal de un espacio. Yo creo que la urbanidad se hace, no sólo se trata de diseño urbanos atractivos.
Así que mi respuesta a tu pregunta es ¡sí! Creo que las tecnologías de red también, y de hecho, ya están dando lugar a nuevas formas de urbanidad. El más conocido de estos, por supuesto, utilizando la tecnología para comunicarse acerca de un espacio real (una plaza, una tienda de muebles, etc.) por medio de diversos dispositivos de localización. Una vez más, lo que me intriga es pensar más allá de estas «prescritas» posibilidades: de dos maneras. Una de ellas es a través de lo inquietante, por lo inestable, de las opciones prescritas ya incorporadas en el diseño de la tecnología. Por ejemplo, la inserción de una capacidad tecnológica determinada en un medio con una ecología diferente. Esto es lo que los hackers hacen, en cierto modo. En el caso de la ciudad, significaría llevar una lógica urbana a la ecología, la ciudad como hacker… Unhacker benigno y positivo de una serie de campos tecnológicos en las ciudades. La otra es lo que me gusta llamar «ingeniería descalza», haciendo referencia al concepto de «médicos descalzos» en los pueblos de China durante el comunismo, agentes locales que conocían las propiedades de las plantas y entendían al pueblo. ¡Necesitamos «urbanistas descalzos»!
En el documento mencionado, se utiliza el término «urbanismo de código abierto». Es interesante ver como una metáfora referente a la cultura digital se incorpora más allá de sus dominios originales. ¿Cómo cree que el concepto «fuente abierta» puede ser aplicado al urbanismo? ¿Cuáles serían los límites y oportunidades? 
Saskia Sassen: Como una práctica de la innovación tecnológica, el código abierto no ha sido acerca de las ciudades, sino de la propia tecnología. Sin embargo, hace referencia a que las ciudades tienen y están a nivel del suelo, donde sus usuarios están. El parque está formado no sólo por el hardware de los árboles y estanques, pero también con el software de las prácticas de las personas. Hay muchos ejemplos, y cada ciudad tiene los suyos propios. En mi ciudad, Nueva York, un ejemplo de software de esas personas es el Riverside Park en Nueva York, en la década de 1980 pasó de ser una zona prohibida, cargada de peligros, a ser un parque para todos aquellos que querían usarlo. ¿Cómo sucedió este cambio? En parte porque muchos dueños de perros comenzaron a pasearlos en el parque. Tener un perro en sí era una reacción a la sensación de inseguridad en una ciudad de altas tasas de homicidio y atraco. Pero la ciudad como un medio ambiente vivo ha tolerado la mutación y permitió a la gente a interactuar de nuevo: un perro, a pasear al perro, ir en grupo, y a recuperar el territorio del parque. Otro ejemplo es la reciente proliferación de la agricultura urbana, no fue una decisión de arriba hacia abajo. Fue el resultado de una combinación de condiciones, sobre todo el deseo de los residentes de la ciudad por llevarlo a cabo, por el verde, de transformar su medio, y la idea romántica de tener al alcance productos frescos. Y ahora el impulso proviene de cada techo y cada espacio de tierra vacía para convertirse en un sitio para la agricultura urbana. Aquí vemos que miles de decisiones individuales crean una posibilidad de transformación urbana. Hay muchas iniciativas diversas que producen este tipo de «tercer espacio».
Estas son las formas en que la ciudad habla de nuevo. Podemos pensar en las múltiples formas en que la ciudad contesta como un tipo de urbanismo de código abierto: la ciudad parcialmente hecha a través de un gran número de intervenciones y pequeños cambios desde el principio. Cada una de estas múltiples pequeñas intervenciones puede no parecer mucho, pero en conjunto le dan un significado adicional a la noción de lo incompleto de las ciudades y este estado inconcluso brinda a las ciudades de: larga vida, flexibilidad y capacidad para mutar. Y este potencial de resultados distribuidos es una consecuencia natural de la tecnología de código abierto. Pero más allá de la propia tecnología, traer los conceptos de código abierto en múltiples entornos urbanos refuerza las características centrales de las ciudades, hace que las personas se apropien de las ciudades y fortalece los derechos a la ciudad.
En agudo contraste, creo que el modelo de smart cities, como fue propuesto por los técnicos, con los esfuerzos de tele presencia de Cisco Systems, un ingrediente clave, pierden la oportunidad de urbanizar las tecnologías que proponen. En segundo lugar, el concepto de ciudad inteligente, si es demasiado rígida, se convertirá en un inútil esfuerzo por eliminar el carácter incompleto de la ciudad, no se conseguirá el cierre total o el control. Esta es una receta para construir en obsolescencia. Imagínese si Roma no hubiese mutado a través de los milenios: sería una ciudad muerta. En tercer lugar, los planificadores de las ciudades inteligentes, sobre todo Songdo en Corea del Sur en realidad hacer que estas tecnologías sean invisibles, y por lo tanto, las ponen en orden y no en diálogo con los usuarios. Más allá de las imágenes de los urbanismos de código abierto, podemos fortalecer este escenario positivo de lo incompleto de la ciudad como la realidad, el despliegue de tecnologías de código abierto en una variedad de contextos urbanos.
Entrevista originalmente publicada en www.urbanadigital.com
Traducción: Silvestre Vivo Millán

Las ciudades van a ser más importantes que los estados

No es extraño que la socióloga y experta en urbanismo Saskia Sassen (La Haya, Países Bajos, 1949) crea que “las ciudades van a ser más importantes que los Estados” y que “los ejes Washington-Nueva York-Chicago o Hong Kong-Shanghái-Pekín van a ser más importantes que Estados Unidos o China”. Su acento hablando un cálido español es un palimpsesto, capas de voces en los que se rastrea desde su origen holandés a los años de infancia y formación en Buenos Aires, pasando por ciudades de Francia, Italia y Estados Unidos.

Titular de la cátedra Lynd de Sociología y miembro del Comité Sociológico para el Pensamiento Global en la Universidad de Columbia, su interés primordial es el urbanismo y las ciudades, pero sus pasiones (que comparte con su marido, el también sociólogo Richard Sennett, con quien prepara un gran proyecto: “Teatro Mundi. The Global Street”) son extensas como las raíces de un árbol. Se extienden bajo la piel de la ciudad. Lo denotan libros tan trabajados como “Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales”. Ayer participó en Madrid en el lanzamiento del libro “Valores y ética para el siglo XXI”, cuarto volumen de la colección anual editada por BBVA para difundir el conocimiento sobre los grandes desafíos de nuestro tiempo, junto a la aplicación para iPad de OpenMind, que ofrece funcionalidades avanzadas para la lectura y visualización de contenidos. Pese al rigor de su condición académica, Sassen es capaz de cifrar en titulares seductores buena parte de su pensamiento, como cuando dice que cree en la economía de mercado, pero que no es lo que tenemos ahora mismo: “Nos hemos vuelto consumidores de todo, de nuestra democracia, de nuestra ciudadanía”.

-¿Qué es el urbanismo de “open source”, de código abierto?

-Para mí esa noción comienza como un paso crítico ante una noción de la ciudad inteligente que implica que uno tiene básicamente sistemas ya hechos de fábrica y los introduce así, ya hechos, en grandes edificios o infraestructuras en la ciudad, y yo digo que esa es una forma de matar la ciudad. Porque tiene que haber una especie de diálogo entre la ciudad, el habitante, el edificio, el usuario, etcétera. Yo creo que la ciudad nos habla. Por ejemplo, un auto hecho de manera fantástica para la velocidad y grandes carreteras, al llegar al terreno de la ciudad ésta le dice: ‘aquí, no. Aquí es otro mundo, otra cosa’. Entonces, la noción de código abierto es permitir que la ciudad nos hable, escuchar. Es como si hubiéramos perdido la capacidad de oír ese idioma, por así decirlo. Pero también significa que los habitantes pueden decir ellos mismos si esto funciona o no. Ese acto de comunicación me interesa menos que el hecho de tener la opción. Esos websites de los gobiernos donde puedes hacer comentarios no me parecen muy útiles. Tiene que haber otras modalidades más espontáneas en el idioma de la ciudad, y para mí una manifestación del idioma de la ciudad son con los códigos encastrados, por ejemplo en el centro de la ciudad. En plena hora punta, nos rozamos, te rompen un botón, te empujan, pero nadie se lo toma de modo personal. Eso es un código. Es la ciudad hablando y diciendo: ‘no te lo tomes como algo personal’. Yo digo que por ahí viene una cosa de la tecnología, que se hace en las fábricas y los laboratorios, y son modelos cerrados. Son supuestamente interactivas, porque te dan cinco opciones, o tres. Eso no es interactivo. No es que tenga todas las respuestas, pero sigo indagando en ese asunto.

-Hablaba antes de ciudades inteligentes y edificios inteligentes. Sin embargo, ¿esa tecnología es para la vida o para el control de la vida? Todos esos sistemas de cámaras que están permanentemente fotografiando y grabando nuestras actividades urbanas, y se dice que es por nuestra propia seguridad, pero parece como si estuvieran protegiendo a los que tienen de los que no tienen.

-Yo creo que ese es un gran problema. Esos sistemas están hechos con un criterio de las empresas y es un mercado enorme, de muchos billones. En segundo lugar hay una demanda enorme para construir nuevas ciudades. En China están construyendo 400 nuevas ciudades, India quiere construir…

-¿Modelo Brasilia?

No, es otro modelo. Modelo ciudad inteligente. Songdo es un ideal, en Corea, que busca maximizar el uso de estas tecnologías así llamadas inteligentes. Está bien eso, pero hay que urbanizar la tecnología. Si uno va a introducir sistemas tan complejos en el contexto urbano, hay que urbanizar esas tecnologías, como en el ejemplo del auto que cité. La ciudad está urbanizando al auto, y de ahí surge un nuevo mercado…

-¿Urbanizando en el mejor sentido?

-En el mejor sentido. Urbanizando al auto, como en el caso de los “smart-cars”, con los que ya no dependes de una gasolinera, sino de un enchufe en tu casa. Esa es una manera muy elemental –hay que buscar otras maneras más brillantes- de urbanizar al automóvil. Urbanizar a la tecnología para todo lo que es entorno construido. ¿Qué significa urbanizar? ¿Qué es lo que marca a lo urbano? Hay pautas a tener en cuenta. Por ejemplo, hay mucho terreno construido que no está urbanizado. Lo urbano para mí tiene que ver con complejidad, pero a nivel de sistema, y algo que es incompleto. La ciudad es un sistema complejo pero incompleto, no terminado. En esa apertura, en ese no estar completo, cerrado, reside la posibilidad de las ciudades de sobrevivir siglos y milenios y tener vidas más largas que grandes reinos, grandes poderes económicos. Eso me parece extraordinario. Estos sistemas inteligentes cerrados violan esa capacidad.

-¿Son como las nuevas murallas?

Exactamente. Desurbanizan a la ciudad. Hay mucho terreno construido que no son urbanos. Los suburbios para mí no son urbanos. Ahora hay más y más suburbios que en muchos casos no son tales, sino parte de la ciudad. Pero una ciudad como Londres, que es bastante chata, tiene 32 núcleos. Eso es una urbanidad que me parece muy razonable.

-El modelo mancha de aceite que exportó Estados Unidos, ¿está en crisis en este momento o sigue exportándose a todas partes?

Esa es una modalidad por ejemplo en América Latina, dejarse expandir. No hay casi disciplina. De todos modos, hay una modalidad, un estilo de vida, que es quedarse en la casa mirado la televisión. Recuerdo una noche que estaba caminando con el responsable de la planificación urbana de Berlín y me decía que el gran desafío como planificador de una ciudad es conseguir que la gente esté por la noche en la calle.

-¿El modelo Madrid?

Exactamente. Yo llegué ayer a la medianoche [del domingo] y eso estaba fantástico, y no un exceso de tráfico. El tráfico no domina, hay otra cosa que domina: una urbanidad muy sentida. El problema en Estados Unidos es que hay mucho espacio que parece urbano, pero en realidad no lo es: la gente se queda en su casa mirando la televisión. Ese problema lo tienen ciudades como Tokio, con centros completamente muertos. En ese sentido, Wall Street ha cambiado. Porque la vieja Wall Street ya no le sirve a las grandes firmas financieras y en los viejos edificios hay mucho artista que vive ahí, hay nuevos entornos. Pero en Manhattan es una isla y si quieres vivir maximizas, ahí vale la pena construir o reformar. Chicago también lo hizo, con los viejos edificios de los años 30, transformados en vivienda. Ahora hay dos migraciones que se están yendo al centro de Chicago: uno, el de los retirados que regresan de los suburbios, y otro el de los jóvenes profesionales.

«La pobreza más grande está ahora en los suburbios. Los centros se aburguesan»

Cerca de 90.000 personas se han mudado al centro de Chicago en los últimos años, aunque muchos más se han ido a los suburbios. O el centro es muy vivo o está muerto. No han desaparecido los suburbios, pero cada vez y más gente –y no estoy hablando de una mayoría- le interesa vivir en la ciudad. Porque la pobreza más grande está ahora en los suburbios. Los centros se están “gentrificando” (aburguesando), y ciudades como Filadelfia han recuperaron su centro centro. Hay un segundo centro donde hay guetos, y después los viejos suburbios, que son o bien muy ricos o bien muy pobres. Pero no es una tendencia general.

-¿Qué le parece el fenómeno de las ciudades fronterizas, gemelas, a lo largo de la frontera entre Estados Unidos, que dependen unas de otras, como San Diego/Tijuana, El Paso/Ciudad Juárez, Brownsville/Matamoros?

No lo he estudiado a fondo, pero durante un tiempo pensamos que iba a ser un formato del futuro, una especie de híbrido, experimental, como un tercer espacio. Y ese es en parte el caso. Ese proyecto no se ha logrado por el narcotráfico, y porque se ha llenado de armas, más que militarizado. Una versión elemental de la militarización, una pobreza, de degradación. La frontera es un arma, es más crudo, más descarnado.

-En España hay problemas territoriales específicos, por la cuestión de las nacionalidades, que ha hecho más costoso y problemático el funcionamiento del Estado. Usted plantea que las ciudades tomen el relevo a los países como forma de relación, intercambio, comercio. ¿Sería ese un modelo idóneo para la Unión Europea, que ahora sufre una gran crisis de identidad: hacerse una entidad más integrada, como Estados Unidos, o la desintegración? ¿Podría plantearse una Unión Europea de los ciudadanos y las ciudades, no de los Estados?

-Creo que vamos en esa dirección, no necesariamente en términos de los aparatos formales, porque las ciudades no tienen mucho poder. Y tampoco en el sentido de un nuevo liderazgo. Pero a nivel de ciudadanía creo que vamos en esa dirección, y mucho de que denominamos como europeización –especialmente de las juventudes- es un fenómeno poco urbano. Lo vi en la London School of Economics. Era un espacio desnacionalizado, no era una universidad inglesa. No sabías a qué país pertenecía esa universidad. A nivel de ciudadanía hay un espacio multisitio europeo donde hay una especie de europeización. Lo que pasa es que ese espacio, que estructuralmente es real, tiene consecuencias, va a ser futuro, pero no hace el presente porque los aparatos formalizados se han deseuropeizando. Están renacionalizándose por cuestiones políticas, electorales, económicas, y porque vive a corto plazo, y porque es posiblemente el último suspiro, no sé si muriendo. Las ciudades tienen de hecho una especie de internacionalismo que no está en el discurso político, porque tienen que manejar tantas cosas… Yo creo que hay una especie de geopolítica urbanizada, pero son como vectores, como ejes. Más importante que Estados Unidos en términos de le geopolítica global va a ser una especie de combinación de Washington, Nueva York y Chicago. Para China, va a ser Hong Kong, Shanghái y Pekín. Y para Turquía Ankara y Estambul. Se vuelven más importantes que el país en sí. Yo creo que eso a nivel de Unión Europea también va a pasar, aunque sea difícil de ver. Y también pequeñas ciudades, como Lyon o Marsella (donde hay mayoría musulmana y es un emporio digital y una ciudad de la gente), que también entran en este mapa.

-Esa visión tan positiva de la ciudad, ¿cómo encaja en versiones más críticas, más duras, con grandes aglomeraciones como México D. F., Río de Janeiro, Lagos, Johanesburgo, Calcuta, Mumbai…? Porque generan también problemas descomunales de gestión de los recursos, del agua, de la desigualdad…

Lo que estamos viendo es una espacialización de sectores económicos de un poder, una agresividad y una falta de todo sentido cívico que están destruyendo estas ciudades. En Nueva York hemos expulsado a cientos de miles de personas, pero está toda aburguesada.

-Hay gente que dice que es un parque temático.

Pero mismo en Manhattan hay grandes desigualdades. En el censo de 2009, el 1 por ciento de los salarios más altos reciben el 44 por ciento de todos los salarios de la ciudad, comparado con el 12 por ciento en 1979. Esa desigualdad no la vamos a evitar. Claro que hay desigualdad. Pero respecto a esas grandes ciudades, tratando de entender trayectorias, historia, hago preguntas para encontrar muestras reveladoras. En Nigeria, por ejemplo, se construyó una nueva capital, Abuja, donde los precios son tan altos que los pobres no van ahí. Y lejos además. Lagos es todavía el principal centro económico, aunque también va a cambiar. Pero ¿qué tipo de espacio es Lagos? Es un espacio dominado por toda una serie de actores económicos modestos, pero que saben cómo construirse las casas, que son emprendedores, que saben cómo hacerse una economía.

Expertos en sobrevivir.

Pero más que eso lo que me interesa resaltar es que han hecho economías, han hecho sus casas, han hecho su manera de conseguir fuentes de energía. De alguna manera, van a estar mucho más preparados que la pequeña clase media de empleados, que están sufriendo, que es el fenómeno de Grecia, el fenómeno de la

«Los pobres de África estarán preparados para vivir mejor que las clases medias»

plaza Tahrir en Egipto. Es una clase media que ese esperaba algo, el contrato del Estado con la clase media, que ahora se quebró. Tengo un escenario distópico, que vamos a tener unas zonas no marcadas: ciudades protegidas nuevas, con sistemas inteligentes, supercontroladas, carísimas, para una minoría, pero van a existir por todas partes en el mundo, y va a haber millones; y después estos grandes espacios urbanizados, que sí habrá alguna manera de controlar algo, pero que no va a ser “Blade Runner”, no va a ser tan extremo. No quiero verlo como una cosa tan negativa. Y además, pueblitos, pequeñas supervivencias, minas, plantaciones… De eso hablo en mi nuevo libro, “Expulsiones”, de todas estas nuevas tendencias. El problema es que muchos políticos no saben de qué hablan cuando hablan de la ciudad. Es una invitación a no pensar. Cuando yo digo ciudad, qué no estoy viendo. Una categoría con tanto poder, qué es lo que oculta. En la penumbra, qué hay: 220 millones de hectáreas que se han comprado desde el año 2006 en África, en América Latina, en Asia, en Ucrania, en Rusia… Para cultivar, tener agua…Pero en los últimos dos años los principales compradores son grandes fondos de inversión. Sabíamos ya que en 2008 GP Morgan, Goldman n Sachas compraron fondos en Ucrania, y en África. Los Estados son los que venden.

-¿Están hipotecando el futuro de sus países?

Es terrible lo que está pasando. Cuando China compra tres millones de hectáreas y aparece una plantación en Zambia para cultivar combustible está provocando una evicción de fauna, flora, docenas de pueblitos, cientos de pequeños agricultores y también de manufactura rural. ¿A dónde se va esa gente? Se van a las ciudades, a los barrios marginales.

-Hay una tendencia internacional de jóvenes arquitectos, vinculada en España al movimiento de los indignados, al 15M, que defiende no construir, no construir nada, que la opción más radical es dejar de construir y rehabilitar lo que ya tenemos porque está demasiado construido.

-Yo estuve con su ministro de Vivienda en Estambul y ante Erdogan, el primer ministro turco, dijo que eran el país que más estaba construyendo, y lo dijo con orgullo.

-La olimpiada del cemento.

Yo creo que eso es importantísimo. Tenemos que empezar a trabajar más intensamente con los descubrimientos que se están haciendo en los laboratorios científicos, porque nos dan pautas de cómo reutilizar mucho de lo que ya tenemos. Y los arquitectos juegan un papel muy importante en esto, con sus conocimientos sobre como introducir energía solar, y muchas más cosas. Ese me parece un proyecto importantísimo. En el norte industrial de Alemania están rehabilitando grandes ciudades medio desiertas, donde grandes cuencas industriales y manufactureras. ¿Por qué no invitan a inmigrantes a desarrollar estas ciudades abandonadas, donde podrían crear economías rurales de producción de alimentos? ¿Por qué no? Tenemos que recuperar esa capacidad.

-El discurso de la sostenibilidad es uno que tiene mucho predicamento en el mundo académico y político. Pero algunos dicen que es un intento de salvar el propio sistema capitalista.

-Yo estoy completamente en contra del mercado de cambio de derechos de emisiones de residuos a la atmósfera. Eso no nos va a llevar a ninguna solución. Tenemos que ver qué podemos hacer, qué están haciendo por ejemplo los biólogos o los químicos en los laboratorios. Como bacterias que son capaces de generar moléculas de plástico a partir de aguas sucias orgánicas, plástico resistente, durable, pero biodegradable. Eso puede ser un beneficio inmenso y reemplazar algo que es muy tóxico, como los plásticos que no se degradan. En vez de discutir políticas que no nos llevan a ninguna parte, mejor probar estas nuevas vías. Hay que pensar fuera del círculo político, del círculo de los expertos. No es posible comerciar con las emisiones. Eso es un chiste, y más ahora que según los últimos datos estamos llegando a un punto de no retorno en la Tierra.

-Cuando el ex presidente francés Nicolas Sarkozy vio amenazado su futuro electoral y ante la nueva crisis planteó repensar el capitalismo. Lo mismo Barack Obama cuando llegó a la Casa Blanca, que habló de reconsiderar el sistema económico mundial, basado en finanzas tóxicas, bancos, refinanciando sistemas, la especulación, el sistema de las ciudades…

-Hay capitalismos y capitalismos. Yo creo en una economía de mercado. Nosotros no tenemos una economía de mercado. Es un falso mercado. Ya queda menos mercado. Mientras que en esos

«El 70% del mercado está dominado por firmas con información privilegiada»

grandes barrios degradados ahí tienen el mercado de Adam Smith básicamente, donde los productores y vendedores bajan y suben los precios en función de la competencia. Lo que tenemos ahora es discursos de mercado para concentrar y concentrar poder económico. Si tuviéramos una economía de mercado los beneficios y los bienes estarían mejor distribuidos. El problema es que no tenemos mercados genuinos. El 70% de lo que llamamos mercado global no lo es, está dominado por firmas que tienen información privilegiada. Eso no es libre mercado. Existe el comercio justo que está ayudando a los pequeños productores… Pero no basta.

(El caso de ExxonMobil es sintomático, como relata el libro de Steve Coll, recién aparecido: Private Empire. ExxonMobil and American Power, en el que se ve la capacidad de la mayor empresa del mundo para propiciar legislaciones que favorezcan sus negocios, por ejemplo con la dictadura de Guinea Ecuatorial).

No es simplemente decir el capitalismo es malo, porque entonces mucha gente dirá: ya, pero yo no quiero el comunismo.

Que fue un fracaso total.

-Yo lo que digo es que hay que tener sistemas distribuidos, y una de las cosas de las ciudades hoy día es que si hay un espacio donde todavía tienes una experiencia y una sistematicidad de mercado y de condiciones repartidas es en la ciudad, pero ahí están surgiendo también grandes desigualdades. Nos hemos vuelto consumidores de todo, de nuestra democracia, de nuestra ciudadanía. Y eso de mirar televisión es como no vivir nuestra propia vida. Tenemos tanta gente que podría hacer las mesas y las estanterías que estamos ahora mismo importando de China. Relocalizar aquellos elementos de la economía que podemos rescatar.

-Habla para terminar de “Teatro Mundi. The Global Street”, que prepara con su marido, el sociólogo Richard Sennett, su primer proyecto juntos.

Trata de la plaza pública y las culturas que surgen en la calle y forman parte del urbanismo del centro, con corrientes musicales, como el rap, y se acaba convirtiendo en tendencias generales, que solo vemos en viejas tradiciones culturales, como por ejemplo la música folklórica influyó en Bach. La fuerza de esos barrios inmigrantes, donde están vivos y tienen su conciencia y hacen cultura y eso al final es una aportación muy grande.

-¿Quién es Saskia Sassen?

¿Quién es? Mi marido dice que yo tal vez tenga una vida espiritual, pero psicológica… (y, como a menudo en la entrevista, se ríe). Como que no existe. Yo no sé quién soy. No es que me problematice. Es que yo no sé qué contestar. No es que yo me torture, para nada. Cuando me veo en Youtube no me reconozco.

Fuente: ABC