Ada Louise Huxtable (1921-2013)

El mismo día martes 7 de enero que murio Humberto Ricalde también murio la celebre crítica de arquitectura Ada Louise Huxtable reconocida por la mayoría de los críticos de arquitectura en Estados Unidos como iniciadora de la forma moderna de esa disciplina en aquél país, huxtable fue la primera persona en recibir un premio pulitzer por crítica. empezó a escribir desde 1950 y fue crítica del new york times de 1963 a 1982.

La arquitectura también se escribe y los edificios también se leen. Ada Louise Huxtable (1921-2013) murió el pasado 7 de enero a los 91 años de edad. Estudió en New York University’s Institute of Fine Arts y durante cuatro años (1946-1950) fue asistente de curaduría en el Museum of Modern Art (MoMA) neoyorquino. En su primer artículo para The New York Times Magazine, publicado en 1958, criticaba cómo los periódicos cubrían el desarrollo y crecimiento urbano de las ciudades: “Architecture is the stepchild of the popular press” terminaba su aforismo.Sus textos siguieron la línea de críticos e historiadores como Mariana Van Renssalaer, Esther McCoy, Aline B. Saarinen, Anne O’Hare McCormick, Lewis Mumford y Montgomery Schuyler.

Comenzó en 1963 escribiendo para The New York Times y terminó ‘criticando’ para The Wall Street Journal; su último texto, Undertaking Its Destruction, publicado el 3 de diciembre del año pasado, fue una crítica frontal al proyecto de actualización para la Biblioteca Pública de Nueva York a cargo de Foster & Partners: “You don’t “update” a masterpiece. “Modernization” may be the most dangerously misused word in the English language”. En 1970, Huxtable fue la segunda mujer en ganar un Pulitzer para The New York Times, 33 años después que McCormick. En 1981, cuando Huxtable salió del diario americano, el texto editorial suscribió que ella misma había inventado una nueva profesión y que simplemente había cambiado la forma en que los lectores veían y pensaban los espacios de su entorno construido.

Como un manual de usuario para leer y entender la ciudad, Huxtable escribía los textos de su columna para develar los edificios, parques, tránsitos y las demoras de Manhattan. Sin conjeturas, escribía sobre la experiencia de habitar y percepción de los espacios. En 1996, Paul Goldberger –sucesor de Huxtable como crítico de The New York Times, ahora editor de Vanity Fair– escribió que antes de Ada Louise Huxtable la arquitectura no era parte de un diálogo público. Huxtable entabló este diálogo con relatos y crónicas asiduas sobre la evolución de la ciudad vertical y sus rascacielos. Como crítica a su crítica, de la misma forma en que Luis Fernández-Galiano lo hace en el prólogo de Por qué importa la arquitectura, la edición español de Why Architecture Matters de Paul Goldberger, Huxtable sólo escribía de su realidad, de su entorno inmediato: Lever House, Ford Foundation Building, CBS Building, Bronx Grit Chamber, Boston’s City Hall, National Gallery of Art, Pennzoil Place; y entre líneas mostraba su afinidad por un selecto grupo de arquitectos como Le Corbusier, Walter Gropius, Mies van der Rohe, Frank Lloyd Wright, Paul Rudolph, Louis I. Kahn, Eero Saarinen, Frank Gehry, Álvaro Siza, Rafael Moneo, Jean Nouvel o Christian de Portzamparc.

michael kimmelman, actual crítico de arquitectura del nyt, dijo en una entrevista que su concepción de ese trabajo se lo debe a huxtable. lo mismo ha dicho alexandra lange, crítica de design observer, quien dedica uno de los capítulos de su reciente libro writing about architecture a analizar un texto de huxtable.

en diciembre de 1992, en la new york review of books, huxtable escribió que habíamos llegado a una época en la que la arquitectura se había vuelto puro empaque y representación (packaging and play-acting).
 
kimmelman dice que de huxtable aprendió que la crítica de arquitectura no tiene que ver con edificios, sino con las condiciones sociales, políticas, económicas y ambientales que hacen posibles esos edificios y que a su vez se verán afectadas por su construcción. eso puede leerse claramente en el último texto que publicó huxtable, el 3 de diciembre del 2012, en el wall street journal donde, más allá de la funcionalidad y elegancia que pueda esperarse de un proyecto de norman foster, criticó la pertinencia del proyecto de renovar de esa manera la biblioteca pública de nueva york.
Extractos de la pagina de Arquine y del blog OTRO

Moneo, Príncipe de Asturias

Rafael Moneo será el sexto arquitecto que cuente en su currículo con el Premio príncipe de Asturias de las Artes, según ha decidido esta mañana el jurado reunido en Oviedo. Moneo suma así el premio a los grandes reconocimientos de su carrera (premios Pritzker, RIBA y Mies van der Rohe) y se une al club de colegas que han sido homenajeados en Asturias: Niemeyer, Sáenz de Oíza, Foster, Calatrava…

El nombre de Sáenz de Oíza sirve para entender el valor de la figura del arquitecto navarro (Tudela, 1937), ya que una de las claves de su carrera fue la de dar continuidad al trabajo de los grandes nombres de la Escuela de Arquitectura Madrid en la posguerra (el propio Oíza, De la Sota…) y llevarlos a otro lugar. Moneo fue siempre un arquitecto con un conocimiento enciclopédico de su arte, que abrió puertas al campo al incorporar modos y elementos de la arquitectura organicista del norte de Europa.

“Es una profesión hermosa, pero difícil también, que se pregunta continuamente por la razón de la forma”, ha manifestado Moneo en el día de su 75 cumpleaños, que ha llegado con un regalo inesperado. “No tenía la más remota idea de que era candidato; lo había sido en otras ocasiones. Pero pasada la fiebre de aquellos años, había entendido que mi turno para ser Premio Príncipe de Asturias había pasado”, ha confesado, antes de calificar su obra de “serena y pulcra. Son adjetivos que me gustaría que se correspondieran de verdad con mi trabajo. [Prefiero] las arquitecturas que no son imperiosas, que no se imponen inevitablemente a quien las usa, y que por el contrario, tienen esa condición discreta de forma que, tan solo quien busca, encuentra la consistencia arquitectónica”.

Moneo trabajó en el despacho de Jorn Utzon en los años 60 después de plantarse ante su puerta un día para conocer al arquitecto de la ópera de Sydney; estudió en la Academia de España de Roma; se inició en la docencia en Barcelona, donde vivió casi 10 años y, ya en los 70, cuando la arquitectura española era un asunto ensimismado y poco cosmopolita, empezó a trabajar y a dar clases en Estados Unidos y en Suiza. En particular, es importante su trabajo en Harvard, donde su enseñanza entronca con la de Josep Lluís Sert.

Pero lo que de verdad le ha dado relevancia a Moneo ha sido el trabajo del estudio que abrió en Madrid en 1973. Su primer gran proyecto gue la sede del Bankinter casi en la orilla del Paseo de La Castellana. Después, el Ayuntamiento de Logroño y el Museo Romano de Mérida, afianzaron un aire de familia, un estilo reconocible. La ampliación de la Estación de Atocha dio relevancia a su nombre entre los no profesionales. Y el Museo Thyssen lo ligó al ennoblecimiento del centro de Madrid.

Después, L’Auditori de Barcelona fue un presagio de los nuevos lenguajes que empapaban su arquitectura y que se plasmaron en el Palacio Kursaal de San Sebastián, su obra más apreciada y quizá la más intelectualizada, la que convirtió a Moneo en un arquitecto famoso en todo el mundo. A partir de ahí, su agenda ha incluido proyectos en Los Ángeles, Bélgica, Estocolmo o Basilea, además de la ampliación del Museo del Prado, el reencuentro de Moneo con el gran escenario de su trabajo.

Moneo, en realidad, vive y trabaja un poco más al norte, entre los chalés del Viso, donde no es difícil cruzarse con su figura desgarbada y, a menudo tocada con un sombrero Panamá. Su trato es amable, casi dulce pero casi distante. “El arquitecto tiene un modo de pensar, pero debe de atender también a las obligaciones con el mundo real. Ya sean técnicas o del contexto donde se inserta la obra”, dijo Moneo tras conocer que había recibido el Pritzker. “La arquitectura participa de los mismos problemas que tiene la obra de arte, pero se transforma cuando asume unas cargas culturales y soporta los intereses de quienes la promueven. Trasciende los deseos de quien la proyecta y se convierte en realidad cotidiana. Ese paso de lo propio, de lo que te pertenece, a lo que pasa a ser propiedad de todos da peculiaridad a la labor arquitectónica”.

Fuente: El mundo.es

Entrevista a Moneo: “Confundir arquitectura con obra de arte da lugar a muchos excesos”

Max Aub dijo que uno es de donde ha hecho el bachillerato“. Rafael Moneo (Tudela, 1937) recuerda esta frase para hablar de su infancia y su pueblo, de las calles, plazas y viviendas navarras, de la importancia que tiene la geografía para un arquitecto: “Nacer en un pueblo, crecer en un lugar con contornos bien definidos, geográficos y sociales, sin duda ayuda a entender lo importantes que son los límites, las condiciones de partida, tanto para la vida como para un proyecto. Conocer las ciudades es siempre necesario para iniciar una obra de arquitectura”. Uno de los trabajos que tiene entre manos lo mantienen cerca de casa. Es el Museo de la Universidad de Navarra que prevé inaugurar en otoño del 2013.

El encargo le llegó de la coleccionista María Josefa Huarte, cuya colección (Colección Fundación Beaumont) en su día fue el germen del intento fallido de crear un Centro de Arte Contemporáneo en Pamplona. Moneo resume el periplo: “Había trabajado con ella en una posible sede para su colección desde hace muchos años. Se exploraron diversas alternativas. Del Señorío de Sarría en Puente La Reina a la Ciudadela de Pamplona, pasando por la cesión de la colección a algún museo. Al final, María Josefa Huarte entendió que la Universidad de Navarra ofrecía la cercanía académica y la continuidad que deseaba. Y se decidió por ella. La Universidad entendió que era también la ocasión de incorporar al Museo la espléndida colección de fotografía con la que cuenta y que tiene su origen en el Legado de Ortiz de Echagüe. Y se ha completado el programa con un Auditorio y con alguna otra dependencia académica. Se trata, por tanto, de un Museo típicamente universitario. Algo que es muy frecuente en las universidades americanas y no tanto en nuestro país”. No será el primer museo que firma el prestigioso arquitecto español, Premio Pritzker de Arquitectura en 1996. El Palacio de Villahermosa del Thyssen y la ampliación del Prado, entre otros, también salieron de su estudio.

Pregunta.- ¿Qué supone para un arquitecto construir un museo?
Respuesta. – Al final del siglo XX, sobre todo en las décadas de los 80 y los 90, los museos se entendieron como aquel programa en el que los arquitectos podían moverse con mayor libertad. Ello dio lugar a que en muchas ocasiones la arquitectura prevaleciese frente a las colecciones. Y tal circunstancia, dado que en efecto hubo muchos excesos, ha tenido su contrapartida y hoy los museólogos son muy celosos de lo que es su trabajo, habiéndose limitado así las licencias que se tomaban los arquitectos. Los museos son hoy espacios más neutros, pero aún así la condición pública de un proyecto como un museo hace que éstos sean encargos del más alto interés. Y siempre hay matices que los hacen ser singulares a pesar de la neutralidad de que hablaba. En el caso que nos ocupa, para mí es muy importante que el museo satisfaga las expectativas que María Josefa Huarte tiene para su colección, para cómo ésta dé testimonio de lo que fueron los afanes estéticos de una generación.

P.- Entonces, ¿qué es lo que en un museo no puede fallar?
R.- Cumplir con los estándares de conservación de las obras de arte y buenos servicios del museo es fundamental.

P.- ¿Un edificio debe hablar del arquitecto que lo ha proyectado? ¿Hay firmas visuales en la arquitectura?
R.- La arquitectura aparece tanto en la construcción anónima, en lo que cabe calificar como prosa de las ciudades, como en aquellos momentos singulares en los que la atribución a un individuo de la obra es obligada. ¿Cuál de estas dos arquitecturas diversas tiene más valor? Debo decir que siento tanto respeto por la una como por la otra. Es cierto que la última arquitectura, en los últimos decenios, la voluntarista confusión de la arquitectura con la obra de arte ha dado lugar a muchos excesos y a una búsqueda de expresión personal muchas veces frustrada.

P.- Ha dicho en alguna ocasión que “lo hermoso de la arquitectura es cuando no tiene tanta necesidad de hacerse presente”. ¿Qué valor tiene para usted lo que pasa desapercibido, la sencillez? ¿Cree que es posible una arquitectura antimonumental?
R.- La arquitectura anónima convive con la obra singular. En ambas puede encontrarse todo aquello que se pide a una obra de arquitectura. Una gran obra de arquitectura acaba estando tan incorporada al medio que no reclama atención. Se la entiende como parte de él. Es lo máximo a lo que puede aspirar una obra de arquitectura.

P.- Los espacios interiores que diseña son bastante particulares y complejos. ¿Diría que ese es su mayor rasgo distintivo?
R.- Lo que se llamó en el siglo XX “arquitectura moderna” pretendía no hacer distinción entre interior y exterior. La obra de arquitectura disfrutaba de una autonomía tal que llevaba a ignorar el medio en el que se incluía. Siempre he creído que esto no era así. Que la obra de arquitectura debía contar con el medio -ciudad o paisaje- y que su inclusión en él propiciaba la distinción entre interior y exterior de que antes hablaba. Un proyecto puede así resolverse desde la condición urbana y ser en su interior otra cosa. Esta inesperada e incierta relación entre interior y exterior es para mí uno de los alicientes de la obra de arquitectura. De ahí que a veces un edificio cumpla con una misión en el ámbito urbano que no anticipa la complejidad de los espacios interiores. La luz, naturalmente, juega siempre un papel mediador entre interior y exterior.

P.- Dicen que en España hay tanto arquitecto parado porque todo el trabajo lo tiene Rafael Moneo. ¿Cómo se toma eso?
R.- Quien así habla está mal informado. Responder a esta pregunta exigiría, en primer lugar, recordar que una obra de arquitectura, un proyecto, dura siempre más de siete años. Ello quiere decir que algunos de los trabajos en los que estamos ocupados en el estudio son encargos antiguos. La crisis ha hecho mella en todos y, en efecto, no hay tantos nuevos posibles encargos. La única obra reciente en marcha que tenemos en este momento en España es la Ampliación de la Estación de Atocha. Un trabajo, por otra parte, que entraría dentro de la categoría de proyectos anónimos que comentaba antes. En segundo lugar, habría que hacer constar que apróximadamente la mitad del trabajo del estudio es fuera de España. En todo caso, y hasta ahora, no hemos reducido el tamaño del estudio.

P.- ¿Qué se espera de la arquitectura hoy en día?
R.- Algunos reclamarían la novedad y con ella la condición espectacular que seduce. Otros, la contribución de la arquitectura a una construcción racional en el planeta, lo que implicaría, a mi modo de ver, establecer la continuidad con lo construido. Particularmente, me considero más próximo a éstos que a los primeros.

P.- ¿Cómo está viviendo la arquitectura este momento de globalización? ¿Aporta mayor internacionalización para la arquitectura española?
R.- La globalización ha llegado en un momento en que la arquitectura española gozaba de una cierta visibilidad. No es raro encontrar arquitectos españoles trabajando en una escuela, dando conferencias, formando parte de jurados, construyendo, etc., fuera de España. En estos momentos de crisis esta apertura al exterior es todo un alivio.

R.- Para alguien tan apegado a su tierra natal, ¿qué sentido tiene para usted la idea de “no lugar”?
R.- Hace siglos, miles de años, que la arquitectura no ha estado estrictamente localizada. Basta pensar en la arquitectura Romana, en el Gótico, en la difusión de la arquitectura en el Renacimiento, para entender que la arquitectura ha sido un conocimiento compartido, extenso. En un momento como el actual, naturalmente, la discusión de los problemas que tiene la arquitectura es global. Todos participamos en él. Pero ello no es óbice para que ese modo común de entender las cosas encuentre acomodo, se ajuste a un lugar. Hasta el extremo que quepa decir que el lugar es el origen de la arquitectura. Los “no lugares” actuales, sólo hasta cierto punto, lo son.

P.- Ha confesado que no sólo tiene pasión por la arquitectura, sino también por la pintura. ¿Sigue encontrando tiempo para pintar? ¿Qué es lo último que ha dibujado?
R.- Dibujo todos los días, todavía me gusta ayudarme del dibujo para entrever lo que una arquitectura puede ser. Y ello me lleva a dibujar continuamente. Desgraciadamente pinto poco. Pero la pintura sigue atrayéndome, así como muchas otras cosas, la lectura, viajar por España, beber un buen vino.

P.- ¿Qué otros proyectos le mantienen ocupado?
R.- Como ya he mencionado, la Ampliación de la Estación de Atocha y la finalización de un complejo edificio público en Toledo, así como un pequeño hotel en el centro histórico de Barcelona. Fuera de España está en construcción un importante laboratorio para Neurociencia en la Universidad de Princeton y están a punto de finalizarse los “souks” en Beirut. Así como una intervención compleja -vivienda, comercio- en el corazón de Udine.

Fuente: el Cultura.es