“La buena arquitectura lleva implícito el ser sostenible” [El País]

El arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura. / LUIS FERREIRA ALVES

Autor de las viviendas del cineasta Manoel de Oliveira en Oporto y del futbolista Cristiano Ronaldo en Benavente (Portugal), Eduardo Souto de Moura es, para muchos arquitectos, el alumno aventajado de Álvaro Siza. Firmó el Estadio de Braga y parte del metro de Oporto. Y ahora, con un crematorio en Bruselas y viviendas en varias ciudades españolas, empieza a construir fuera de Portugal.

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Fuente: http://elpais.com/diario/2007/06/30/babelia/1183158375_850215.html

Eduardo Souto de Moura (Oporto, 1952) fuma sin tregua y habla con tanto humor como lógica. Se muestra más descreído que entusiasta. Pero es el entusiasmo lo que le hace aceptar los proyectos para nuevas viviendas unifamiliares aunque no le salgan las cuentas. Explica que, desaparecida la coherencia o la reivindicación de lo autóctono, vivimos en una época en la que se le puede pedir poco sentido a la arquitectura más allá del buen gusto. Y se declara en contra del tuneado que adorna tanta arquitectura actual.

PREGUNTA. ¿En qué beneficia y en qué perjudica a la arquitectura el retraso tecnológico que sufre su país, Portugal?

RESPUESTA. Le perjudica la palabra misma: ir retrasado no es una buena presentación. La ventaja es que al llegar tarde, se puede tratar de evitar los errores que otros han cometido. Hace unos días vi las fotografías aéreas de Málaga que publicaba EL PAÍS. Impresionaban. Hace poco me pidieron que hiciera allí una torre. Y uno puede pensar que un rascacielos es más especulativo que una casa. Sin embargo, cuando vi las fotos pensé ¡al menos un rascacielos deja libre el suelo!

P. ¿El low tech tiene también un lado bueno y otro malo?

R. Antes había buena mano de obra en Portugal. Y eso permitía una arquitectura artesanal y conectada con la tradición que Távora y Siza desarrollaron mucho. Ahora los buenos artesanos se han ido a Suiza, donde les pagan como a artistas. Sin embargo, la prefabricación sigue siendo más cara en Portugal que la construcción tradicional. Eso hace que ante un nuevo proyecto uno se plantee como posible cualquier material. En Portugal no se da hoy un material lógico ni perfecto.

P. Y eso ¿qué resultado da?

R. Ahora mismo he empezado a construir el centro cultural de un poeta, Miguel Torga, cerca del Duero. Quería trabajar con la piedra del lugar, pizarra. Pero resultaba caro. Consideré un prefabricado negro, como la pizarra, hormigón negro o incluso una cerámica gris plateada. Al final, lo que decide entre todas las opciones posibles es el precio. La tradición que consideraba lógico trabajar con el material local ha desaparecido. Hoy la piedra local puede costar el doble que un material similar importado de China. Y la atmósfera local se puede lograr igualmente con materiales similares que no sean autóctonos. La cuestión de los materiales locales ha quedado desmitificada.

P. Que los materiales hablan el idioma del lugar ¿es una patraña?

R. No hay nada más caro que la ecología. Sólo los suizos pueden ser ecológicos. Uno que construye allí un edificio está obligado a instalar un sistema que trate y recicle las aguas grises del baño. Pero preparar un edificio para acumular las aguas grises, bombearlas, depurarlas y reciclarlas es muy poco sostenible, consume una cantidad de energía brutal. No tiene sentido. Esta preocupación sólo la puede tener Suiza.

P. ¿Piensa que la sostenibilidad es un problema de ricos?

R. Es un problema de malos arquitectos. Los malos arquitectos se organizan siempre con temas secundarios. Dicen cosas del tipo: la arquitectura es sociología, es lenguaje, semántica, semiótica. Inventan la arquitectura inteligente -como si el Partenón fuese estúpido- y ahora, lo último es la arquitectura sostenible. Todo eso son complejos de la mala arquitectura. La arquitectura no tiene que ser sostenible. La arquitectura, para ser buena, lleva implícito el ser sostenible. Nunca puede haber una buena arquitectura estúpida. Un edificio en cuyo interior la gente muere de calor, por más elegante que sea será un fracaso. La preocupación por la sostenibilidad delata mediocridad. No se puede aplaudir un edificio porque sea sostenible. Sería como aplaudirlo porque se aguanta.

P. ¿Desmitifica también la arquitectura vernácula?

R. Hoy es como comprar un suéter de cachemir. No estoy en contra, me gusta. Como prenda aislada está bien. Pero no es una operación generalizable. Lo mismo sucede con la arquitectura vernácula. Hoy una casa en piedra es un lujo. Y hacer un pastiche forrando con piedra es pretencioso. Simular las cosas no es vernáculo.

P. A pesar de que han construido fuera de Portugal, a usted y a Siza cuesta verlos lejos de su contexto. ¿Cómo se siente cuando trabaja fuera?

R. Siza nunca ha salido de Portugal. Ha viajado mucho, pero no ha dejado de ser nunca un portugués de viaje. Sus proyectos son de allí. Es como los astronautas, que viajan por el espacio y se preparan durante años para hacerlo. Pero al final, lo que les gusta a los astronautas es volver a casa. Siza viaja mucho, pero siempre es un portugués. Y a mí me pasa algo parecido. Eso quiere decir que para nosotros estar fuera es una excepción.

P. Empezó siendo muy miesiano, cartesiano. Y en sus últimas viviendas parece haberse soltado. ¿Qué le ha hecho cambiar?

R. Hay dos cambios. Uno es el de una nueva escala. Yo tenía una caligrafía miesiana que podía servir bien para las casas de un piso. Pero si uno llega a una escala urbana, esa caligrafía deja de servir. Hay que adaptarse al nuevo medio y buscar otro tipo. Eso me ha sucedido haciendo el metro de Oporto o cuando trabajé en el Estadio de Braga. Es imposible abordar esos proyectos con una arquitectura rectilínea. Ese cambio de escala me abrió la mente. Me hizo pensar de otra manera.

P. ¿La escala cambia a los arquitectos?

R. Y la edad. Cuando era más joven estaba preocupado por el estilo, por la elegancia. Y hoy valoro más la naturalidad. Para poder resistir, para que los edificios permanezcan, es importante que las cosas se vivan como naturales. Un poco como ocurre con los animales, que cuando nadan mucho pierden las manos que se transforman en aletas. La naturaleza responde siempre de la manera más natural, con lógica. Y creo que antes yo hacía una arquitectura muy preocupada por ser coherente y que, sin embargo, respondía a un campo muy limitado de la realidad. Hoy he ido perdiendo el miedo a hacer cosas feas. No es que nadie quiera hacer algo feo de entrada. Es que para hacer cosas bonitas hay que perder el miedo a hacerlas feas.

Pedro Gadanho curador del MoMA

Fuente: edgargonzalez.com

Pedro Gadanho ha sido elegido para ser el próximo curator de Arquitectura Contemporánea del MoMA.

Decidido en un concurso internacional, el director de la revista Beyond y profesor de la universidad de Oporto, compagina su actividad con la de curator independiente, crítico e investigador.

Pedro será responsable del amplio portafolio de actividades del museo relacionadas con la arquitectura como el YAP (young architects programme), el MoMA PS1, así como las exposiciones del propio museo.

Entrevista a Eduardo Souto de Moura “Soy realista. Creo en la reparación”

Fuente: El País ANATXU ZABALBEASCOA

Tiene una sonrisa irónica, pero plácida, de buena vida y mejor ánimo. No es una novedad, forma parte de su fisonomía. Con ella recibe la felicitación por el “inesperado” Premio Pritzker. “En la vida hubiera imaginado que algún día me lo darían. Ni siquiera me había parado a pensarlo”, asegura. Pero, pícaro, admite que le vino muy bien. “Negociaba honorarios en París. Me ofrecían el 5% y yo pedía el 6%. Estaba ya cansado de discutir. Parecía condenado al 5, cuando el Pritzker llegó para solucionarlo”. El Pritzker le llega a Eduardo Souto de Moura (Oporto, 1952) en un momento en que se empieza a soltar formalmente y ya no es el discípulo de Mies van der Rohe pasado por Álvaro Siza -su otro maestro- que una vez fue. Con poca obra fuera de Portugal, empieza a construir en Francia y en España. Pero han sido proyectos radicales como el estadio de Braga o el Museo de Paula Rego (Casa das Historias) en Cascais los que le han llevado hasta el Olimpo de los más reconocidos arquitectos contemporáneos. La entrevista es al atardecer, en la terraza de un hotel de Madrid. Allí puede fumar libremente. Durante más de una hora, empalma un cigarrillo tras otro. Fuma mientras posa para la fotógrafa. “Mi madre protesta porque en las fotos siempre salgo fumando y gordo. ¿Y cómo quieres que salga si fumo y me puse gordo?”.

Obama presidió la ceremonia de la entrega de su Pritzker. ¿Qué significa que el presidente de EE UU entregue un premio de arquitectura? Hay dos formas de interpretarlo. Una está en su propio discurso: aseguró que le habría gustado ser arquitecto; que le gusta la arquitectura, que en Chicago trabajó en un edificio de Mies van der Rohe. La otra es que pienso que la familia Pritzker le ayuda mucho. Son demócratas y lo apoyan.

¿De qué habló con él? Solo estuve cinco minutos con él. Pero fue muy agradable. Hizo un discurso…, bueno, alguien le hizo un discurso muy cabal sobre la importancia de la arquitectura social. Pero lo interpretó muy bien. Para mí ha sido tan importante el encuentro con él como el premio. Y se lo dije.

¿Qué le dijo? Que él tenía una gran responsabilidad porque era de los pocos políticos que pueden cambiar las cosas. Porque tiene poder e influencia.

¿Qué le respondió? Se le veía preocupado, porque está en una situación muy complicada frente a los republicanos. Sé que está discutiendo el plazo de la deuda americana y para aumentar la deuda hay que cambiar la Constitución, y los republicanos ahora le hacen chantaje: si quieres eso, la sanidad fuera Bueno, me gustó mucho que me diera él el premio. Es uno de los pocos políticos que en los últimos años han tratado de hacer algo. Y es simpático. La mujer también.

En el discurso, Obama habló de su estadio de Braga. Dijo que podría ser su obra más importante. A mí es la que más me gusta.

El estadio de Braga, con sus dos graderíos insertados en una cantera de granito, fue diseñado como escenario de la Eurocopa de 2004 y habla de la recuperación de espacios y también de una arquitectura social que permite ver los partidos a quien no tiene entrada subiéndose al monte y sentándose en el cerro.

Su padre era de Braga. Sí, y cuando era pequeño e iba a ver el fútbol, era de los que se quedaban fuera. El estadio era otro, muy bonito, un estadio de arquitectura fascista, abierto como una U. En la abertura había una colina, el monte Picoto, y allí subían los que no podían pagar, la clase popular. Muchas veces los arquitectos hablan de los proyectos como hijos. Dicen que son todos iguales, que no tienen preferidos. Yo no. El estadio de Braga ha sido el proyecto que más me entusiasmó.

¿Por qué? Porque todo funcionó: el momento oportuno, el lugar indicado, con el cliente adecuado. Trabajamos día y noche. La obra empezó antes de terminar de diseñar el proyecto. Se trituraba el granito. Trabajé con un grupo de ingenieros jóvenes impecables. Es también una obra de ingeniería. Pero también una obra de land art y un trabajo minucioso. No es normal que en un proyecto de 20 hectáreas se pueda llegar a dibujar el detalle del tirador. Todo ese cúmulo de cosas creo que no va a suceder nunca más.

En Braga está también su primer proyecto, un mercado. Era todavía estudiante cuando lo hice.

Y ya lo demolieron. No, lo transformamos. La historia es así. Dejé de trabajar con Álvaro Siza y fui a trabajar con mi profesor de urbanismo. El proyecto del mercado era suyo, pero me dijo que empezara a diseñarlo yo. Y lo dibujé. Luego me fui al servicio militar y él fue muy honesto. No lo continuó, me dejó trabajar desde la mili. Con el tiempo, apareció una deformación en el techo. Y, peor aún, el barrio se llenó de supermercados. Desapareció la razón de ser del mercado.

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Reporte 1 Worshop Portugal GDL

Por Oscar H. Castro.

El día lunes 25 de julio dio inicio la fase proyectual del Workshop Portugal-Guadalajara, en la Universidad de Minhos, en Guimaraes, Portugal.

La primera etapa consistió en un recorrido de una semana a través de diversas ciudades portuguesas; Lisboa, Evora, Coimbra, Oporto, Guimaraes, con el fin de vivir distintos espacios concebidos por arquitectos portugueses de diferentes épocas, principalmente los consagrados Álvaro Siza Vieira y Eduardo Soto de Moura (ambos ganadores del Pritzker), pero también de otros muy jóvenes y no tan jóvenes que han contribuido a consolidar la calidad de la arquitectura portuguesa; Alberto Pessoa, Ruy Athouguía, Fernando Távora, Gonçalo Byrne, Jose Paulo dos Santos, Manuel Rocha de Aires Mateus, etc.

El recorrido ha permitido adentrarse en distintos temas que han estado presentes en la arquitectura portuguesa durante siglos, tales como el uso del muro masivo de mampostería, de grandes planos y volúmenes blancos, del color en mosaicos de recubrimiento, de elegantes detalles en granito y mármol.

En la fase proyectual, que durara los siguientes cuatro días, 23 estudiantes de arquitectura del ITESO, una estudiante de restauración de la ECRO y 8 estudiantes de arquitectura de la Universidad de Minho, se enfrentarán al reto de rehabilitar un espacio en el centro medieval de Guimaraes.

Este workshop internacional es encabezado por cuatro arquitectos de Guadalajara: Margarita Peredo, Salvador Macías, Alejandro Guerrero y Jorge Rivera. El equipo de asesores portugueses está integrado por: Bruno Baldaia, Carlos Maia, Francisco Ferreira y Bruno Figueireido.