Pelea estira el legado de Barragán de México a Basilea

Casa Liraldi Luis Barragán

[Aspecto de la Casa Gilardi de Luis Barragán.]

Fuente:http://elfinanciero.com.mx/secciones/estilo-de-vida/42902-pelea-estira-el-legado-de-barragan-de-mexico-a-basilea.html

© 2013 New York Times News Service
NUEVA YORK. Cuando Luis Barragán, considerado por muchos el arquitecto más grande de México, murió en 1988, dejó dispersas residencias privadas y obras públicas semejantes a joyas en la Ciudad de México y Guadalajara, su ciudad natal. Pero una parte importante de su legado –su archivo profesional y los derechos de autor de diseños e imágenes de gran parte de su obra– terminó a miles de kilómetros de distancia de su patria.
Después de pasar a la viuda del socio de negocios de Barragán, fueron vendidos en 1994 a una acaudalada pareja suiza, Rolf Fehlbaum, presidente de Vitra, la compañía mueblera internacional y museo del diseño, y la mujer que iba a convertirse en su esposa, Federica Zanco, una experta en arquitectura.
En los años transcurridos desde entonces, Zanco ha dedicado su vida a promover el legado de Barragán. Pero su determinación de mantener el archivo en la sede de Vitra cerca de Basilea ha exasperado a muchos en México, quienes se han quejado por años de que el país no haya logrado retener el archivo y quienes dicen que Zanco ha entorpecido el estudio de este arquitecto galardonado con el Premio Pritzker en donde su trabajo está inextricablemente arraigado, reservando gran parte de su legado para sí misma.
Estas tensiones culturales han bullido durante años. Y ahora son sacadas a la superficie por la artista de Brooklyn Jill Magid, quien, de manera muy similar a Zanco, tuvo poca conexión inicial con México o Barragán pero se llegó a sentir atraída por su colorida obra modernista y su vida altamente privada y se ha incorporado de manera personal en la pelea.
“Jill Magid: Mujer con sombrero”, una exhibición que se inauguró en noviembre en Art in General en Nueva York, es uno de los primeros disparos de salva en lo que planea sea una serie de provocativas obras artísticas sobre Barragán que oscilen de manera surrealista entre los hechos y la ficción, el pasado y el presente, y México y Suiza.
Magid, de 40 años, se ha hecho de un nombre en exposiciones en el Tate Modern y el Whitney con obras que, como escribió Roberta Smith en The New York Times, “parecen motivadas por el deseo de infiltrar y personalizar, si no sexualizar”, los sistemas de control en la sociedad contemporánea.
Para una pieza, se hizo amiga y acompañó como su sombra a un agente de la policía de la Ciudad de Nueva York durante más de cinco meses; para otra, hizo arreglos para que el enorme sistema de vigilancia con cámaras de la policía en Liverpool, Inglaterra, registrara sus movimientos. En 2005, la agencia de espionaje holandesa en La Haya pagó más de 100 mil dólares para comisionar una de sus obras artísticas pero terminó confiscando y eliminando partes de la misma por temor a que sus revelaciones personales sobre los agentes comprometieran su seguridad.
Se enteró del archivo de Barragán casi por coincidencia, mientras exhibía su obra en una galería de la Ciudad de México, Labor, que se encuentra frente a la Casa Luis Barragán, la residencia del arquitecto hasta su muerte y ahora un museo dirigido por una fundación mexicana creada usando parte de los activos de Barragán tras su muerte.
“Entre más escarbaba, el relato mismo era fascinante, pero giraba más en torno a todos los interrogantes que planteaba sobre la historia del artista, sobre la historia misma”, dijo en una entrevista en su estudio. De la dedicación decidida de Zanco a Barragán, para lo cual Zanco creó su propia organización sin fines de lucro, la Barragán Foundation, Magid dijo: “¿Cuál es la diferencia entre amar algo y amar tanto algo que se le sofoca?”.
Magid imaginó a Zanco y el archivo como amantes, en cierto sentido, y se proyecta a sí misma como la tercera en discordia en un triángulo de amantes, contratando a abogados para que le ayuden después de que Zanco rechazó sus solicitudes de visitar el archivo y para el uso de los materiales. En algún lugar en medio de este triángulo está la fundación en la Ciudad de México, la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, que a menudo se ha impacientado por el control que tiene Zanco sobre el legado de Barragán.
“De vez en cuando, afirman que no podemos publicar libros, fotografías o realizar películas en nuestra propia casa; o, es más, en cualquier otra obra de Barragán, sin el permiso ‘adecuado’ de sus abogados, y, por supuesto, una tarifa”, señaló la organización en una declaración por escrito en respuesta a preguntas sobre su relación con la fundación suiza.
Las obras de Barragán y las imágenes de las mismas, añadió la declaración, “pertenecen a este país y a toda la gente en el mundo que busca la vitalidad y el consuelo de la belleza. Sería realmente extraño que los ‘derechos’ de Frank Lloyd Wright o Louis Khan se mantuvieran y administraran desde otro país, rigiendo su trabajo y limitando el acceso al público estadounidense”.
En una larga entrevista telefónica desde las oficinas de su fundación en Suiza, Zanco dijo que aun cuando comprendía los sentimientos de aquellos a quienes les gustaría que el archivo permaneciera en México, ella se ve como su salvadora, tras evitar que fuera vendido por piezas.
“Veamos lo que habría sucedido si nosotros lo hubiéramos dejado”, dijo. “Estaría disperso. Sería mucho más difícil reunir estas cosas”.
En cuanto a los permisos de derechos de autor y el acceso a los materiales, Zanco dijo que su fundación tenía poco tiempo para manejar las solicitudes porque ha estado dedicada a tratar de completar un estudio y catálogo de dos volúmenes del archivo para el año próximo. El dinero que la fundación recibe por tarifas de derechos de autor es minúsculo, dijo.
“Lo que peleo es el crédito”, dijo. “Me gustaría difundir la noticia de que la fundación está aquí”.
De los descontentos en México, dijo: “Quizá yo hiera sensibilidades, sin darme cuenta”. Pero añadió: “Lo que no acepto es: ‘aquí, somos pobres’, y ‘ustedes son ricos y colonialistas’. Yo no soy así”.
Magid, quien ha ahondado profundamente en muchos de los documentos personales, cartas y libros de Barragán que permanecen en un archivo más pequeño en la Ciudad de México, ha hecho de los derechos de propiedad intelectual un tema central y destacado de su exposición en Art in General principalmente haciendo grandes esfuerzos por permanecer apenas fuera de los límites de la violación de derechos de autor.
No se reproducen imágenes de las obras de Barragán. En vez de ello, compró varias copias de un libro sobre Barragán publicado por Zanco en 2001 y los colgó en la pared como obras ya hechas, con marcos en torno a las imágenes para hacerlas parecer impresiones fotográficas. Como no pudo conseguir que la fundación suiza le prestara una silla Butaca, una de las raras creaciones de muebles de Barragán, Magid fotografió una miniatura de la silla alguna vez producida por Vitra y la amplió al tamaño real.
Zanco ha advertido a Magid por escrito que tenga cuidado con las “implicaciones de derechos de autor” en la forma en que se entrega a su propia fascinación por Barragán. Pero, en la entrevista, Zanco insistió en que no sentía animosidad hacia la artista: “Los interrogantes que plantea son convincentes”, dijo. “Eso me encanta”. Añadió que esperaba que las dos pudieran colaborar en el futuro.
Magid dijo que también lo esperaba. Pero en la nueva exhibición, Zanco a menudo surge como sólo otro de los implacables agentes de control que han sido tan prominentemente expuestos en la obra de Magid. Y la naturaleza de la colaboración que la artista busca quizá no sea algo para lo cual Zanco esté preparada.
Una obra en la galería presenta el texto de una carta personal íntima que Barragán alguna vez escribió a una mujer que conocía. Pero ha sido alterada por Magid para que la carta ahora parezca ser de dirigida por ella misma a Zanco.
Comienza: “Muy querida Federica: Te agradezco infinitamente cumplir las promesas que hiciste”, y continúa: “Ahora sufro por tu ausencia y, lo que es aún peor, me siento ausente de todo lo que me rodea”.
Concluye: “Escríbeme mucho y ámame. Sinceramente tuya”, y está firmada por Jill Magid.

Crearán en Tacubaya el corredor turístico cultural Luis Barragán [DF]

Maqueta del proyecto de rescate de Tacubaya, que incluye la construcción del corredor turístico cultural Luis BarragánFoto Delegación Miguel Hidalgo

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/08/20/capital/031n1cap

Con una inversión de 100 millones de pesos, los gobiernos local, delegacional y federal construirán el corredor turístico y cultural Tacubaya Luis Barragán, que incluirá el rescate de sus comercios, mejorar las condiciones de las viviendas, ordenar el comercio ambulante y rehabilitar el paradero, esto último por medio de una asociación público privada.

El diputado federal del PRD Agustín Barrios Gómez informó que se logró incluir este proyecto en los convenios de coordinación en materia de reasignación de recursos 2013, por lo que se obtuvo un apoyo de 40 millones de pesos.

Se trata, dijo, del único plan turístico en el Distrito Federal que recibirá recursos federales para su ejecución este año, lo cual es histórico, pues permitirá recuperar un barrio con múltiples problemas, pero también con una enorme riqueza cultural y patrimonial, además de crear un polo turístico y social.

El propósito también es rescatar mercados, loncherías, pulquerías, fondas y cafeterías; mejorar las condiciones de vivienda de la población y ordenar el comercio ambulante, como se hizo recientemente en la calle Regina, en el Centro Histórico, indicó.

La delegación Miguel Hidalgo, por su parte, aportará 60 millones de pesos para ejecutar el proyecto y tener al término de esta gestión las obras concluidas, para crear este corredor turístico cultural, que incluirá la Casa Luis Barragán, el centro histórico y la alameda de Tacubaya, indicó su titular, Víctor Hugo Romo.

Además, considera las casas Amarilla y de La Bola, los mercados Cartagena, Peña Manterola y El Chorrito, la avenida Parque Lira, la explanada delegacional y la plaza Charles de Gaulle, por donde transitan diariamente un promedio de 2 millones de personas, pasan tres líneas del Metro y una del Metrobús, siete rutas de RTP y mil 500 unidades concesionadas.

No nos explicábamos por qué al lado de donde vive el Presidente estaba un área en malas condiciones como Tacubaya, por lo que vamos a regenerar y recuperar esta zona, que abarca un pedazo de San Miguel Chapultepec, Daniel Garza y Observatorio, afirmó.

La Autoridad del Espacio Público, Eduardo Aguilar, explicó que en este momento se atiende el corredor Constituyentes-Chapultepec, para vincularlo con el corredor Luis Barragán, mientras la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda revisa el Centro de Transferencia Modal de Tacubaya, para rehabilitarlo, mediante una asociación público privada.

La Secretaría de Turismo federal está muy interesada en que Tacubaya se regenere y se convierta en un barrio mágico, aunque deberá seguir una serie de lineamientos para lograrlo y, en caso de ser aceptada, contará con recursos de manera natural, afirmó Ricardo Rebollo, director general de programas regionales.

Sobre el tema, la vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Aleida Alavez Ruiz, señaló que el grupo parlamentario del PRD dará la batalla en la discusión y aprobación del presupuesto 2014, para impulsar proyectos como éste, que tengan como meta fortalecer nuestro patrimonio histórico y cultural

La guardiana de la casa de Barragán

Barragán escalera

Por: Anatxu Zabalbeascoa  Fuente: http://blogs.elpais.com/del-tirador-a-la-ciudad/2013/08/la-guardiana-de-la-casa-de-barrag%C3%A1n.html

“Su casa no es simplemente una casa, sino la casa misma. Cualquiera podría sentirla suya. Sus materiales son tradicionales y su carácter es eterno” Louis Kahn escribió así sobre la vivienda de su colega mexicano, el arquitecto Luis Barragán.  Crecido en los campos al sur de Jalisco, en la Hacienda Corrales que tenían sus padres, los caballos y la naturaleza de esa infancia están presentes en casi todas sus obras, también el hacer sencillo del Mediterráneo que aprendió de la mano de Ferdinand Bac y su Les Jardins Enchantés. Es eso, una lección de humildad, lo que se esconde detrás de la fachada del número 14 de la calle del General Ramírez en el barrio popular de Tacubaya, al suroeste del centro histórico de México D.F.

Cuando uno visita la casa tropieza con la biografía de un hombre al que le gustaba contemplar a diario, sobre su mesa de trabajo, la escultura que recibió con el Premio Pritzker. En una intimidad, que Barragán legó como documento público,  el visitante descubre la devoción por San Francisco en una austeridad rota solo por decoraciones religiosas. Así, uno ve a Barragán en cada estancia de su casa: recortando imágenes de revistas y colocándolas en el magnífico atril que le diseñó Clara Porset. Aparece el arquitecto en cada uno de los vacíos de la vivienda -dejando pasar la luz, llevando la vista hasta la hiedra del jardín- y surgen también, entre esas paredes ocasionalmente coloreadas, los amigos artistas: Chucho Reyes y Mathias Goeritz. Con ellos llega la sorpresa de los colores, la libertad de elección y los recorridos alternativos en una casa con varias puertas, varias escaleras y, queda claro al entrar, muchos secretos.

Es significativo que, tras participar en las promociones del Pedregal de San Ángel, convertido en su propio cliente al regresar de Europa, a partir de 1940,  Barragán eligiera para vivir las calles tranquilas de un barrio popular. Los caballos no caben en una casa entre medianeras de un vecindario como Tacubaya. Pero están presentes en la casa, en un vestidor al que uno llega a descalzarse sin necesidad de ensuciar más estancias.

Más allá de perseguir la huella de la luz y, además de encontrar en Tacubaya el origen de tantas obras posteriores –si uno cierra las compuertas de la habitación de invitados aparece la fachada interior de la iglesia de la luz de Tadao Ando-, por encima de sugerencias e inspiraciones, la casa encierra un misterio. Justo al salir al jardín, uno se tropieza con una estancia que no se visita. Todavía vive alguien allí. Barragán, soltero y sin hijos, legó a su muerte, en 1988, ese pedazo de su vivienda a la mujer que cuidó de la casa durante décadas. Regalo, cuidado y responsabilidad. A pesar de que una fundación vela por la casa desde 1994 (la Unesco la nombró Patrimonio de la Humanidad en 2004), han sido las manos de esa fiel guardiana -y aunque de un pedacito, única heredera- las que durante años han cuidado de la casa de Tacubaya en la que vivió el complejo Luis Barragán, autor de una arquitectura solemne y, sin embargo, sabiamente humilde.

 

Barragán ventana
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Propuesta del “Parque Rojo” para el señor alcalde

Por Juan Palomar

En la prensa apareció recientemente una declaración del alcalde de Guadalajara, Ramiro Hernández, en donde decía que eran bienvenidas las propuestas sobre qué hacer con el “Parque Rojo”, también conocido como Parque de la Revolución. Ateniéndose a esta solicitud, este columnista presenta aquí algunas ideas esperando que puedan ser útiles.

En primer lugar habría que reconocer plenamente que el parque es una obra de autor, y no de cualquiera. Es el resultado de la colaboración, hacia 1935, de los hermanos Juan José y Luis Barragán, este último premio Pritzker y cima de la arquitectura mexicana. Es una obra de arte mundialmente relevante. Cabe subrayar que los hermanos ganaron el proyecto en un concurso público.

Luego: el parque ha sido maltratado, mutilado, modificado de diversas maneras. Por cierto que nunca se ha visto tan pobremente mantenido como hoy. Después de la implantación de las entradas al Tren Ligero hace más de 20 años, se llevó a cabo un trabajo de rescate de lo que se pudo recuperar del proyecto de Barragán, con resultados estimables. (Trazo, kiosco, paraguas, bancas, luminarias, pisos, jardinería…).

En tercer lugar, habría que decir que, por lo tanto, el proyecto de rescate planteado actualmente debe tomarse con la mayor seriedad y profesionalismo. Esto implica realizar una consulta pertinente con todos los usuarios (y posibles usuarios que actualmente no van por lo lamentable de su estado) para conocer sus pareceres.

Después, elaborar un programa apropiado que comprenda necesidades, aspiraciones y posibles funciones adicionales, compatibles siempre con el espíritu del parque.

Acto seguido hay dos alternativas: encargar el proyecto a un arquitecto con pleno conocimiento del problema y capacidad jardinística (cosa fundamental en un parque). O realizar un concurso público en el que hubiera un filtro para estar seguros de que los equipos participantes reúnen las características para hacer una propuesta solvente. Con los “finalistas”, realizar sesiones de inducción al tema del parque y, ora sí, esperar las propuestas finales con un jurado absolutamente apropiado (y dado a conocer desde las bases). Y luego realizar el proyecto con respeto y apego a sus lineamientos.

Se arriesga aquí una idea para enriquecer, de entrada, al parque. Incluir en el programa la reconstrucción de la original área de juegos infantiles que proyectó Barragán en la zona Suroriente del parque. Tendríamos así algo muy relevante: la recuperación de una pieza arquitectónica de muy alta valía; y además proporcionar a los niños algo de lo que actualmente carecen en el “Parque Rojo”. Si aspiramos a que nuevos niños vayan repoblando la zona, esta acción sería una señal muy clara en esa dirección.

El Parque de la Revolución está actualmente en la peor etapa de su existencia. Es como tener una gran obra de arte, digamos un Orozco, rayoneado y sucio. Pero se puede aún restaurar todo lo restaurable y darle a esta acción una gran utilidad social, urbanística y estética.

Los Pañuelos del Parque Rojo

Les dejo este artículo a proposito de los planes y las últimas noticias de esta semana que pretenden cambiar y alterar el uso de un espacio público como lo es el Parque de la Revolución o “Parque Rojo”.
Por: Alina Peña Iguarán.
Dra. en Literatura y Estudios Latinoamericanos,
Forma parte del cuerpo docente del DESO- ITESO.
En el mismo lugar en que ahora Teresa Sordo cuelga todos los domingos un tendedero de pañuelos blancos bordados hubo una cárcel a mediados del siglo XIX, la Penitenciaría de Escobedo que se construyó sobre los terrenos de la huerta del Convento del Carmen. Como último testigo de la prisión hay una calle que corre de sur a norte y mantiene su nombre original: “Penitenciaría”. Señales, voces silenciosas, arqueología urbana y familiar, que dicen que estos suelos por donde transitamos son capas sobre capas de cemento, estuco, pavimento, lámina y ladrillos. Texto sobre subtexto, vida sobre memoria. Muchas veces nuestros ojos vendados de arrogancia moderna, progreso burgués o una simple y vergonzosa falta de curiosidad no logran hacer un corte transversal para ver la profundidad histórica de la ciudad. Sin embargo, si una aprieta el interruptor de los recuerdos que más de uno guarda, entonces la gente comienza a decir lo que sabe, excavan en su memoria personal y regalan su relato al espacio común. Así es como ahora puedo rescatar lo que sigue.
La Penitenciaría de Escobedo fue demolida en 1933 y dos años más tarde se inauguró el Parque Revolución sobre el diseño del primer proyecto urbano de Luis y Juan José Barragán. Sesenta años después se destruyó el parque para hacer la estación Juárez del tren ligero y finalmente una nueva lectura del diseño de Barragán volvió a rehabilitar el parque. El arquitecto Fernando González Gortázar además diseñó las entradas a la construcción subterránea. Y para reafirmar el nombre oficial del espacio se erigieron dos monolitos oscuros: Madero y Carranza. Dos figuras que poco coincidieron políticamente en su momento, pero que tras el afán de articular una familia revolucionaria que nos dé el Ser a todos los mexicanos, ignora importantes diferencias históricas. La mejor parte de todo es que los ciudadanos aciertan con su sentido común al re bautizarlo Parque Rojo. Y más aún, que las personas reutilizan sus jardines y pasillos para indignarse y manifestarse, para “echar novio” o descansar la comilona que se zamparon en los lonches Cosmos o sentarse un domingo y ver pasar a los ciclistas, patinadores, corredores y peatones,  –sin faltar el perro que, con correa al pescuezo, corre a todo lo que dan sus patas siguiendo el paso, en este caso el rodar, de la bicicleta de su dueño- que circulan por la vía recreativa.
Sobre todas esas capas que de alguna manera conviven, se tienden los pañuelos cada domingo. Colgados en hilera como retazos de una historia que escribimos juntos. Son recuentos bordados por más de cien personas que registran las muertes por la violencia organizada y las desapariciones forzadas. Cada día se suman más bordadores y con ellos la aguja y el hilo inmortalizan la última escena de sus vidas y les dan un lugar en la nuestra. A veces pareciera como si en cada puntada, en punto seguido, pudiéramos suturar un poco la herida que guardan las familias, las viudas, los amigos, los hijos, los padres y nosotros mismos.

Karla Preciado

El Parque Rojo es hoy una plaza pública donde se empiezan a relacionar una buena variedad de actividades comunitarias, y así de a poco vamos aprendiendo a participar y hacernos visibles frente a nosotros mismos. En esta línea me encuentro las fotos de Karla Preciado del 15-O de 2011; los indignados se manifestaron al pie de los paredones de las entradas al tren, se subieron a los monolitos negros y los vistieron con un nuevo discurso y nuevas demandas; su negrura se coloreó con las palabras de las cartulinas que piden democracia justa, seguridad, oportunidades y reconocimiento para los jóvenes.

Esos mismos pasillos del parque que cobijaron por años la prostitución homosexual y heterosexual, y mucho antes a los escribanos que ofrecían sus servicios para redactar cartas y documentos, ahora protegen los pañuelos, epitafios de una guerra de consecuencias inconmensurables, en donde es necesario llevar el saldo de nuestro dolor, para exigir que esto no vuelve a ocurrir.Y aquí estamos nosotros ahora, parados sobre un huerto, dos parques (el de Barragán y el de González Gortázar), una prisión, pasillos que han sostenido las caminatas de prostitutas y homosexuales, de familias que se apresuran para llegar a  la Bombilla, indignados, paseantes domingueros, bordadores. El Parque Rojo, abierto como plaza pública, sigue listo para acumular nuestras memorias y mirarnos en nuestro propio reflejo.Gracias a todos los que abrieron sus recuerdos, fotos y conocimientos frente a mis preguntas. De ellos y de todos son estas palabras y esta historia que sigue en construcción.

La pertinencia de la Escuela Tapatía de Arquitectura

Por Juan Palomar

Se ha venido denominando así a un grupo de ingenieros y arquitectos (que hacían prácticamente el mismo oficio) y que se identificaron alrededor de ciertos principios arquitectónicos y realizaron una obra relativamente afín entre los años de 1924 y 1936. Casi todos ellos fueron maestros o egresados de la Escuela Libre de Ingenieros (1902-1925), fundada y dirigida durante toda su duración por el ingeniero y abogado don Ambrosio Ulloa (1859-1933).

La reciente y agradecible aparición en la internet del directorio que aquí se ilustra (y que debe datar de 1934) ofrece la oportunidad de hacer una breve reflexión sobre un movimiento que sentó las bases de la arquitectura jalisciense para una buena parte del siglo XX. Y que a la larga tuvo una definitiva influencia en la arquitectura del país y de muchas partes del mundo a través de la obra, entre otros, de su integrante más destacado: Luis Barragán. Se ha señalado ya cómo la ejecutoria del maestro tapatío tiene una marcada continuidad —en términos esenciales— a través de su etapa jalisciense y su trabajo en México, posterior a 1936.

El maestro Díaz Morales y el ingeniero Urzúa afirmaban categóricamente el origen de las búsquedas de este grupo de profesionales: el descubrimiento por parte del propio Barragán, en un viaje a París en 1925, de dos libros seminales debidos a la autoría de Ferdinand Bac: Jardins Enchantés y Les Colombiéres. En ellos se propone una síntesis mediterránea de la gran arquitectura clásica y morisca que mucho tenía que ver con las viejas tradiciones edilicias —populares y cultas— de la región jalisciense. Para Barragán y sus amigos fue un reconocimiento —como en un espejo distante— y una confirmación.

De estas raíces surgió la Escuela Tapatía de Arquitectura. La mayoría de los listados en el directorio adoptaron en algún momento sus orientaciones. Reivindicaron así las antiguas tradiciones artesanales, la meditada adecuación a la climatología local, el gusto por patios, corredores y fuentes; la jardinería como un elemento esencial…y, en sus mejores casos, las nociones básicas que Barragán enunció en su famoso discurso al recibir el Premio Pritzker en 1980: belleza, magia, encantamiento, serenidad, silencio, intimidad, asombro.

La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara (UdeG), fundada por Ignacio Díaz Morales en 1948, es hija legítima de estas búsquedas y aunó otras raíces: entre ellas, las de la pléyade de maestros europeos que el fundador atrajo a la naciente institución.

El posterior magisterio del arquitecto en el ITESO, desde 1972 a 1992, significó una continuidad respecto a su ruptura con la Escuela de la UdeG en 1960.

La relevancia de la enseñanza de la Escuela Tapatía de Arquitectura para la arquitectura actual, tan proclive al encandilamiento de las modas, a la bobería y a los tics en boga, es fundamental y podría ser muy saludable. No, desde luego, para imitar formalmente sus logros ni para intentar reproducir sus particulares circunstancias. Sí, en cambio para atender a sus raíces profundas, para leer con atención las tradiciones, la cultura y la climatología regionales, para profundizar en las búsquedas —desde nuestro propio tiempo y circunstancia— de una arquitectura nueva, sustentable, atenta, que pueda decir con sus propias palabras las nociones que, por ejemplo, llevaron tan lejos a Luis Barragán, cumbre absoluta de la arquitectura mexicana.