Japón y su estética protagonizan la primera charla arquitectónica veraniega [cruce]

La milenaria tradición filosófica y estética de la isla fue desmenuzada por Jorge Rivera, profesor del ITESO, en la primera actividad organizada por la nueva Sociedad de Alumnos de Arquitectura del ITESO.

Mientras la ciudad vive días medio nublados y medio soleados y aunque el verano oficialmente aún no ha comenzado, la nueva mesa directiva de la Sociedad de Alumnos de Arquitectura (SAAI) arrancó la noche del miércoles 18 de junio sus “Charlas de Verano. Hablar Arquitectura”, cuya primera sesión estuvo dedicada al vasto mundo de la filosofía y la estética japonesas.

Pintura de Hasegawa Tōhaku (1539-1610), donde los límites y los puntos de fuga se distinguen claramente del arte occidental de la época

Pintura de Hasegawa Tōhaku (1539-1610) mostrada por Jorge Rivera, donde los límites y los puntos de fuga (prácticamente inexistentes) se diferencian claramente del arte occidental de la época

Todo un fanático de la cultura nipona, según sus propias palabras, Rivera preparó la charla “La poética del vacío: filosofía y estética en la cultura japonesa”, un veloz recorrido de dos horas a través de algunos de los elementos lingüísticos, los artistas y las corrientes arquitectónicas que han moldeado por siglos a esta nación.

Uno de los aspectos de Japón que Rivera dijo admirar, es su carácter camaleónico y su capacidad de absorber elementos de otras culturas (la china, por ejemplo) que, lejos de traicionarlas o abandonarlas, le han permitido enriquecer y darle continuidad a sus tradiciones.

Pero antes de llegar a los kanji, los ideogramas que conforman la escritura de la lengua japonesa, Rivera recurrió a Martin Heidegger para explicarle al medio centenar de alumnos presente en el Auditorio Q que el alemán es el indicado para tratar de entender cómo el uso y la comprensión del lenguaje nos permite crear conceptos y dialogar con los otros, dos ingredientes fundamentales en la concepción japonesa del tiempo, el espacio, el cine –otra de las filias de Rivera–, el arte y la arquitectura que mostró.

Echando mano de alguna pintura de Rafael (“La escuela de Atenas”), de traducciones de varios kanjis, de la sabiduría del escritor Yukio Mishima (cuya trágica muerte en 1970 se narra en la película Mishima), Rivera trazó un panorama muy general respecto a cómo en Japón los interiores y exteriores, el espacio y el tiempo, la presencia y la ausencia, el todo y la nada se conjugan y yuxtaponen una y otra vez para crear una sensación de continuidad que se desmarca de las tradiciones occidentales dominantes.

Sirvan como ejemplo de ese empleo japonés del lenguaje como constructor de realidades complejas dos de los kanjis que le tradujo a los asistentes:

“Ma” puede significar, según el contexto, tiempo y espacio o el espacio que queda entre dos objetos y al mismo tiempo entre dos fenómenos.

“Oku”, a su vez, significa espacio, interior y corazón, pero también el espacio interior de los límites de nuestro espacio interior o incluso se puede traducir como la profundidad dentro de un espacio dado.

“Okusama” puede traducirse como “esposa”, y también como “aquella que ocupa el espacio profundo de la casa y el espacio interior mío”, afirmó Rivera.

“La forma es vacío y el vacío es la forma”, dijo el arquitecto, citando una de las máximas de la arquitectura japonesa tradicional, donde no se sabe bien dónde empiezan y dónde terminan los jardines, edificios u hogares, sino que los espacios externos e internos –en muchas ocasiones asimétricamente– se conjugan y plantean un diálogo entre pasado y futuro construyendo infinidad de “momentos” para quien los habita, otra diferencia con las prácticas “occidentales”, donde las fronteras entre el “adentro” y el “afuera” fueron la norma durante siglos.

En el último tramo de la charla, Rivera citó a Kengo Kuma y Toyo Ito como dos referentes de la mejor arquitectura contemporánea japonesa, advirtiendo que analizar la manera en que ambos han amalgamado en sus obras las tradiciones de su país con las influencias globales ameritaría otra sesión completa.

La siguiente sesión de las “Charlas de Verano. Hablar Arquitectura” será el miércoles 25 de junio, con la presencia de Alejandro Guerrero, cuyo tema será “Kahn eterno”, a partir de las 19:00 horas en el mismo Auditorio Q; puedes informarte de todas las actividades de la SAAI en Facebook, buscándolos como “Sociedad de Alumnos de Arquitectura del ITESO”.

Texto Enrique González Foto Roberto Ornelas

Tadao Ando sentado en un sofá verde entrevista

Tadao Ando, durante la entrevista en Monterrey. / J. C. AGUADO SNYDER

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/01/actualidad/1367361003_499670.html

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El maestro Tadao Ando, 71 años, premio Pritzker de arquitectura en 1995, se acaba de sentar en un sofá verde. En la sala hay un fotógrafo y una chica que está grabando el momento con una cámara de vídeo. Tadao Ando se saca un peine del bolsillo y se peina el flequillo. Su peinado es como si un huracán minúsculo le hubiese pasado al lado de la oreja derecha y le hubiese planchado el flequillo en diagonal sobre la frente.

1. EL ORDEN DE UN ARQUITECTO

–La primera pregunta es…

Tadao Ando corta al reportero mascullándole algo en japonés a su traductora, también japonesa, y ella traduce lo que masculla el maestro.

–Dice que solo tenemos 15 minutos. ¿Por qué en vez de hacer primera pregunta, segunda pregunta… no hace todo en una sola pregunta?

El periodista responde que preferiría ir pregunta por pregunta. Ella traduce sobre la marcha y Ando vuelve a refunfuñar. La traductora, de nombre Shinobu Saki, reitera sus órdenes.

–Quiere que haga las preguntas uno, dos, tres, cuatro todo seguido.

–Es que hay preguntas que no tienen nada que ver entre sí –dice el periodista.

Ella traduce. Él escucha. Él masculla. Ella lo traduce de nuevo.

–No, no, no, sí te voy a contestar. ¿Me das las preguntas?

Y el periodista baja los brazos: “Ok”.

2. MONTERREY Y NOTRE DAME

El miércoles pasado en Monterrey el día estuvo gris, frío y con una lluvia fina a la que en México llaman mojapendejos. Tadao Ando estaba en esta ciudad para inaugurar su primera obra pública en América Latina, el Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño, un monumental edificio de hormigón visto que ha diseñado para la Universidad de Monterrey.

El periodista hace sus cuatro preguntas seguidas. Shinobu Saki termina la traducción y el maestro Ando, vestido con un sencillo traje negro y con una bufanda azul, comienza su monólogo.

-Primero, la arquitectura es un ser. Y es importante dónde va a vivir esa arquitectura. No puedes separar la obra de su entorno. Cuando llegué por primera vez a Monterrey lo primero que me llamó la atención fue un paisaje donde se encontraban las colonias pobres, y junto a ellas montañas impresionantes. ¿Qué es lo que voy a hacer en este medio ambiente? Un edificio es algo que debe quedar como una imagen impresionante para los que construimos y para las personas que viven en ese medio. Tiene que dar una esperanza a todos esos actores participantes. En Francia tenemos la catedral de Notre Dame y ese edificio fue construido en una época en la que alrededor de esa catedral todo era pobreza. Lo que yo pensé era construir un edificio en el que los estudiantes y todos los visitantes a este campus de la universidad, al entrar, sintiesen una esperanza dentro de sí mismos. Doña Márgara pidió que construyera algo que pudiera transmitir la esperanza a todos. Y ese mensaje fue algo que me impulsó para construir esta obra.

3. DOÑA MÁRGARA

Margarita Garza Sada de Fernández es hija de Roberto Garza Sada, un industrial fallecido en 1979 al que han dedicado el centro. Ella ha sido la mecenas del edificio. Doña Márgara es una mujer mayor. Un día antes de la inauguración nos recibe en el patio de entrada de su mansión colonial. Hay una fuente con un chorrito de agua continuo que le da un sonido zen a la conversación sobre Tadao Ando y su nuevo edificio. “Él no es muy platicador”, dice cuando se le pregunta cómo es el arquitecto japonés. Ella tampoco es muy habladora. No suele hablar con los medios. Dice que prefiere estar como ha estado siempre: “En paz”. Al lado de la fuente hay unas preciosas gallinas artesanales hechas de mimbre.

Tadao Ando aceptó el encargo de diseñar el centro en esta misma casa una tarde del año 2007. “Vino a merendar”, recuerda doña Márgara. “Tomamos un cafecito y unas galletas”. Cuando terminó la merienda, el arquitecto japonés se fue al aeropuerto, se subió a un avión en dirección a Los Ángeles y durante el vuelo dibujó el boceto del centro en una servilleta.

La señora Garza Sada no tiene nada más que contar de cómo consiguió que Tadao Ando le hiciese el edificio. Durante la entrevista también habla de cómo era Monterrey cuando era joven, y se alegra de recordar cómo en los años cincuenta, ella y otras cinco o seis señoritas de la capital industrial de México montaron una manifestación de “200.000 personas” que logró frenar un proyecto educativo del Gobierno nacional que se conoció como el texto único y que según ella tenía tendencias “comunistas”.

–¿Para usted que significaba el comunismo?

–Algo espantoso –dice Margarita Garza Sada de Fernández.

4. MONTAÑAS Y HORMIGÓN

El edificio es un voluminoso rectángulo gris en medio de un valle rodeado de montañas. En la base hace una forma de tijera que deja un amplio hueco de paso geométrico por debajo del edificio. Enfrente de la fachada principal del edificio se ve el paisaje industrial de Monterrey. El cauce seco de un río, fábricas, cables de alta tensión y al fondo una alfombra gris de barrios populares al pie del cerro de las Mitras, una montaña de unos 2000 metros de altura con picos que recuerdan a las tocas puntiagudas de los obispos.

Los montes son el mayor símbolo de identidad estética de Monterrey y de su zona metropolitana, una conurbación de cuatro millones de habitantes con un urbanismo en general mediocre. El Centro Roberto Garza Sada rompe de manera aparatosa la banalidad industrial del lugar. “Es un gran edificio de referencia”, opina Miquel Adrià, director de Arquine, la principal revista de arquitectura en México. Entre los expertos, la carrera de Tadao Ando se divide en una primera etapa de obras pequeñas y muy elogiadas (la Casa Azuma, 1975, o la Capilla de la Luz, 1989) y una segunda, después de ganar el Pritzker, de costosas obras monumentales (como el museo Fort Worth, 2002) a las que la crítica le achaca una pérdida de control de la escala en beneficio de la espectacularidad: un tema de debate del que ahora pasará a formar parte el contundente edificio de Monterrey. Adrià considera que es un edificio de calidad pero “desproporcionado”, un lujo en el sentido negativo, por exceso, y también en el sentido positivo, por envergadura estética: “Es una obra virtuosa, con un grado de contorsionismo espectacular [dice a propósito del complejo hueco geométrico de paso] y con unos espacios interiores muy ricos”. Agustín Landa, un reconocido arquitecto con base en Monterrey, opina que Ando no ha conseguido hacer un edificio adaptado al entorno. “Es un proyecto que podríamos poner en cualquier otro lado. No ha entendido el lugar”.

5. ARQUITECTURA Y BOXEO

El periodista levanta el dedo índice como un alumno en el aula.

–Tengo una duda –dice, y espera a ver si el esquema de entrevista marcado por Tadao Ando concede la posibilidad de la duda.

Shinobu Saki se lo transmite bajando la voz, con cierta aflicción, como si hubiese sido ella la que ha interrumpido el discurso del maestro.

Él acepta con un gesto de cabeza afirmativo.

–Gracias –le dice el periodista. Harigato, le dice la traductora-. No me queda claro cuál es para usted el vínculo del edificio con el entorno.

Él responde.

–Más que vínculo, están integrados. Los ciudadanos de Monterrey admiran al monte de las Mitras. Lo que deseo es que las personas que están en este lugar vean por un lado un edificio artificial y por otro lado un paisaje natural representado por las montañas, y que en ese momento se fusionen estas dos imágenes que ven y que se cree una nueva esperanza dentro de sí mismos. En todo el mundo actualmente la arquitectura es un negocio, construir y vender, pero la arquitectura es mucho más que eso, es algo sagrado, no es negocio. Es lo que yo pensaba para diseñar este edificio.

La última de las cuatro preguntas seguidas del periodista trataba de saber qué relación hay entre un boxeador y un arquitecto minimalista. En su juventud, Ando llegó a participar en campeonatos internacionales de boxeo.

–El boxeo es un deporte sagrado, porque es una lucha de los seres humanos uno contra uno. En ese sentido, el arquitecto se enfrenta a la arquitectura como un individuo con un ente. Y todos, por ejemplo los que hicieron esta viga, los que hicieron el techo, o los que hicieron el piso, cada uno y todos individualmente están enfrentándose con la obra y luchan contra ella. No fui yo solo quien construyó este edificio. Es el resultado de muchas personas. Nadie se rindió. Todos lucharon hasta el final para construirlo.

6. ALBAÑILES

El combate de los albañiles mexicanos con el vanguardista edificio del arquitecto japonés tuvo momentos delicados y otros de risa. Hubo obreros que abandonaron la obra porque los superó la presión de construir con una exactitud milimétrica. “La manera mexicana de hacer las cosas es la rapidez, el ahí se va”, explicaba a pocas horas de la inauguración Antonio Balderas, jefe de albañiles, cargo que en México recibe el fantástico nombre de mayordomo.

Una cosa que le costó comprender a los obreros fue que hubiese que dejar pequeños huecos circulares en la superficie del hormigón. Los agujeros en el hormigón visto son un sello de estilo de Tadao Ando, pero los albañiles no lo sabían y hubo algunos que se lanzaron a rellenar los huecos para que el edificio del premio Pritzker no quedase feo.

Hubo también soluciones ingeniosas en medio de la excelencia constructiva. Normalmente los huecos en el hormigón los hacían con unos tapones de plástico adecuados para tal fin, pero a veces no había tapones para todos, o no estaban a mano, y los albañiles descubrieron que el resultado era el mismo si se hacían los agujeros con tapones de refrescos.

La gente que ha trabajado con el arquitecto japonés en sus contadas y breves visitas de obra a Monterrey dice que normalmente estaba serio, pero que cada vez que iba había un momento especial en que pedía que se reuniese a los obreros locales para hacerse una foto con ellos. Entonces, con un casco de obra sobre su esmerado peinado transversal, rodeado de albañiles, Tadao Ando, un genio de la arquitectura que no pasó por la universidad, sonreía.

Casa para todos [Toyo Ito]

Testo alternativo Immagine Vista de exposición Architecture. Possible here? Home-for-All, pabellón japonés. Foto por Naoya Hatakeyama

Tras el terrible terremoto del 11 de marzo de 2011, algunos de los más célebres arquitectos japoneses se reunieron para crear el grupo
kisyn-no-kai, del cual forman parte Riken Yamamoto, Hiroshi Naito, Kengo Kuma, Kazuyo Sejima y Toyo Ito. Los arquitectos instauraron un diálogo con las víctimas de Sendai, buscando una manera para ayudarles en la reconstrucción de la ciudad, así como una manera para mejorar la vida cotidiana de la comunidad. El resultado fue Minna no Ie (Casa para todos): un sitio donde la gente pueda sentirse como en su casa, encontrarse con otros, descansar y hablar del futuro de la ciudad. La primera Casa para todos fue realizada en Sendai el pasado otoño y consistió de una pequeña estructura tradicional de vigas de madera que permite a la gente mirar hacia el futuro.

En la 13ª Bienal de Arquitectura de Venecia, el pabellón japonés presenta la exposición Architecture. Possible here? Home-for-all (Arquitectura. ¿Posible aquí? Casa para todos), que ilustra los resultados de la primera Casa para todos. Simultáneamente, muestra también la investigación referente a la realización de la segunda versión del proyecto en Rikuzentakata a través de decenas de maquetas de estudio del proyecto. Comisariada por Toyo Ito, la investigación ha sido llevada a cabo por los jóvenes arquitectos Kumiko Inui, Sou Fujimoto y Akihisa Hirata. La exposición también contiene obras del fotógrafo Naoya Hatakeyama —que en el tsunami perdió a su madre y la casa donde nació— que muestran imágenes de las áreas afectadas antes y después de la catástrofe, junto con la documentación visual sobre los arquitectos implicados en el lugar. El pabellón de Japón ha merecido el León de Oro a la mejor participación nacional. Toyo Ito, curador del pabellón, compartió el premio con todas las víctimas del tsunami.

Gonzalo Herrero Delicado, María José Marcos: Frente a los resultados de la primera Casa para todos, notamos una obvia segunda interpretación. El proyecto parece ser una reflexión sobre el nuevo rol social de los arquitectos contemporáneos, que se logra yendo más allá de las formas y volviendo a las calles, acercándose a las personas.
Toyo Ito: Si bien, ante todo, el proyecto busca ayudar a las personas, pero estas acciones eran también una manera de poner en discusión el rol de los arquitectos: sobre qué se debe hacer, sobre qué será la arquitectura de ahora en adelante y sobre cómo se cree que se hará la arquitectura en un futuro. Es un aspecto conceptual que tratamos de transmitir a la generación de los jóvenes arquitectos con el fin de replantear la arquitectura, y es algo que podemos hacer ahora porque esto es lo que está sucediendo. Es una cuestión muy importante para todos nosotros.

GHD/MJM: Siempre hablas de la Casa para todos como de un espacio público en donde las personas pueden encontrarse, pero entendemos que el concepto de espacio público es muy diferente en Europa y en Japón. ¿Nos podrías hablar más al respecto?
TI: La Casa para todos no es sólo un espacio interior, también es un pequeño pórtico. Está ligado a la concepción tradicional japonesa de mantener conectados los espacios interiores y exteriores mediante un elemento llamado engawa. De este modo existen gradaciones del exterior hacia el interior, algo típico de la vida japonesa en convivencia con la naturaleza. En Japón tenemos un clima bastante bueno, así que siempre se puede disfrutar de esta parte de la casa. El japonés disfruta los cambios de las estaciones, algo que es realmente importante para los ancianos, por ejemplo. Mientras tanto, en Europa y en los Estados Unidos, se tiende a separar muy claramente el exterior y el interior, lo cerrado y lo abierto. Los arquitectos implicados en la Casa para todos han tratado de difuminar esta división y ha sido muy importante porque de este modo todos forman parte de lo que ocurre en el interior del edificio.

De izq: Kumiko Inui, Toyo Ito, Akihisa Hirata y Sou Fujimoto. Foto por María Carmona

GHD/MJM: En tus proyectos es difícil distinguir qué nace de circunstancias específicas del contexto del proyecto y qué se hace proviene de tus intereses particulares. En este proyecto, como también en muchos otros, el espacio público parte de la escala doméstica. Nos gustaría saber si esta situación nace de las condiciones del proyecto o del hecho de que actualmente, la frontera entre escala doméstica y escala pública, en realidad ha desaparecido. ¿Es éste un aspecto que se encuentra especialmente en la Casa para todos?
TI: Buena pregunta. Obviamente en los últimos años he trabajado mucho en la escala pública y cada vez que lo hago me siento frustrado y enfadado, y por supuesto, esto se transforma en una buena energía para hacer bien el trabajo. Pero cuando se decide realizar arquitectura pública, no se trabaja por completo sobre la idea del medio ambiente, siempre se está vinculado a construcciones y limitaciones. Esta vez, sin embargo, con el proyecto de la Casa para todos, hemos empezado a trabajar con las víctimas del desastre y hemos creado un lugar comunitario para las personas. Esta vez, realmente hemos hecho algo por la gente. Es cierto que se trata de un público muy limitado, pero esta vez no me siento frustrado ni enfadado, porque en verdad funciona. Es un espacio público de forma elemental, y he encontrado la manera de reducir la brecha que hay entre ambas escalas. Sin embargo, haciendo esto en mi papel como arquitecto, no hago nada distinto de lo que he hecho anteriormente, si bien esta vez he tenido la ocasión de reflexionar cómo hacer estas cosas nuevas.

GHD/MJM: Para el segundo proyecto de la Casa para todos has pedido la colaboración de algunos colegas: Kumiko Inui, Sou Fujimoto y Akihisa Hirata. La investigación ha tenido como resultado la exposición que se puede visitar en el pabellón del Japón de la Biennale. La primera propuesta preveía la construcción de una Casa para todos en Venecia. ¿Alguna razón particular por la cual has renunciado a eso?
TI: Al principio queríamos construir una parte de la segunda Casa en el jardín frente al pabellón japonés y luego llevarla a Japón para las víctimas del desastre. Pero luego pensamos que de ese modo no hubiéramos podido entregar la estructura para los usuarios antes de la próxima primavera, o quizá del próximo verano, y entonces hubiera sido demasiado tarde. En este caso estas personas hubieran debido pasar el otoño y el invierno en viviendas muy frías y queríamos ayudar más deprisa. Por eso estoy encantado de anunciar que el proyecto se finalizará en Japón en dos meses. Y luego está la otra cuestión del apoyo económico para realizarlo: teníamos el apoyo de la Japan Foundation pero para el proyecto inmediato no hubiéramos obtenido financiación estatal, aunque también recibimos fondos de donantes de todo el mundo que nos apoyan.

GHD/MJM: Tus obras se concentran en la creación de espacios públicos en los barrios, pero las personas viven en chabolas de bajísima calidad arquitectónica. ¿No crees que hubiera sido más interesante dedicarse a mejorar estas viviendas?
TI: Es una pregunta interesante, dado que es algo que nos gustaría hacer, pero es muy complicada porque en Japón la situación política es muy compleja – especialmente respecto a este tema. Desde este punto de vista, Japón es un país precisamente con poca imaginación en donde el concepto de “competencia” no se suele entender: si debes construir 50, 000 viviendas provisionales, deben ser todas iguales, no se puede hacer algo de mejor calidad ni diferente, deben ser todas la idénticas.

GHD/MJM: La costumbre dice que la Bienal de Arquitectura de Venecia es un laboratorio de ideas, una ventana a las más interesantes realizaciones internacionales, pero esta edición, sin embargo, presenta muchos “arqui-estresllas” sin conceder mucho espacio a propuestas frescas e innovadoras. ¿Qué opinas de ello?
TI: Tradicionalmente, cada arquitecto está inevitablemente enraizado en un determinado país y es algo que el público puede aceptar, ya que se pensaba que pudiera constituir un espacio común. Pero el problema es que todo esto se ha ido perdiendo en los últimos años y en las últimas bienales porque hoy en día se puede ir a Tokio, a Pequín, a Hong Kong o aquí en Venecia, y ver que la arquitectura es utilizada únicamente como un instrumento de la economía, y que se ha perdido su significado original. En Japón, después del terremoto hemos tenido que hacer muchos sacrificios. Ha habido muchas víctimas y por eso hemos vuelto al grado cero, hemos vuelto a la idea de la arquitectura como un lugar que permite que las gente se reuna, un lugar con la capacidad de ser utilizado por todos. Es lo que hemos hecho, haciendo renacer de nuevo la ciudad, como ha sucedido tantas veces en nuestra historia. Es una manera de hacer arquitectura que se puede aplicar en todo el mundo, quiero decir, pensar en la arquitectura como un instrumento social, como una metodología para crear espacios en donde la gente pueda reunirse. En mi opinión, Chipperfield ha concebido el Common Ground en este sentido, o por lo menos nuestro proyecto es un reflejo de ello.

Con agradecimiento a Marie Vanhamme, presidenta de CIVA, por su apoyo, y a la Japan Foundation por su ayuda.

Ver más en: Domus México

Shigeru Ban ofrece ayuda a su nativo Japón

I have been to disaster areas all over the world,” says Shigeru Ban. But never had the Japanese architect and veteran relief worker seen the degree of devastation that struck his homeland on March 11, 2011. The 9.0-magnitude earthquake, followed by the massive tsunami that crashed down on 311 miles of coastline, left thousands of people dead or missing and many more homeless. “This tsunami was incredible,” says Ban. “It came nine minutes after the earthquake, so there was no time to escape.

Los centros de emergencia instalados en gimnasios y otros edificios grandes ofrecen poca privacidad. En respuesta Shigeru Ban ideo un sistema en particiones hecho con tubos de papel y mantas.

Ver más en Architectural Record

Los terremotos no matan gente, los edificios si

El arquitecto Shigeru Ban (Tokio, 1957) es consultor de las Naciones Unidas para los Refugiados y dirige la ONG Voluntary Architects’ Network (VAN), especializada en viviendas temporales para poblaciones en zonas de desastre, adonde acude para construir habitáculos. El viernes dio una conferencia en el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC) donde explicó sus métodos, antes de volar a Japón para intervenir en los lugares donde se concentran los desplazados por el terremoto y el tsunami.

Pregunta. ¿Cree que después lo sucedido deben revisarse las normas de edificación?

Respuesta. Ningún edificio construido después de 1981 se derrumbó a causa del terremoto. En ese año se cambiaron las normas de edificación. Otra cosa es el tsunami. En este sentido, lo que habrá que cambiar son los planes urbanísticos de las ciudades. Deberán construir edificios de ladrillo, de al menos cuatro pisos de altura en las costas, que funcionen como un muro, para proteger los demás edificios. No estoy muy seguro de que sea algo bonito, pero es lo único que funcionaría. Este tipo de edificios no sólo protegerían a los demás, sino que permitirían a la gente escapar a las terrazas.

P. ¿Qué soluciones propondría usted ahora para dar cobijo a la gente desplazada?

R. Más de medio millón de personas se encuentra en grandes pabellones deportivos, bajo grandes cúpulas, y tendrán que seguir allí dos o tres meses hasta que las viviendas temporales estén listas. Van a estar en una situación en la que no hay privacidad, todas familias duermen juntas… es una situación muy dura para esta gente, mentalmente, psicológicamente, por lo que vamos a instalar un sistema a base de tubos de cartón duro y papel, que permite crear espacios individuales bajo el techo de los pabellones, que se pueden levantar durante el día. Es un sistema que he desarrollado para Naciones Unidas y que se utiliza en campos de refugiados adaptado a cada situación.

P. Este terremoto de nivel 9 en Japón y el subsiguiente tsunami pueden haber causado la muerte de unas 15.000 personas, mientras que el de Haití, mucho menos potente, se saldó con cientos de miles de muertos. ¿Qué reflexión hace como arquitecto?

R. Los terremotos no matan gente. Los escombros de los edificios son los que matan gente. No estamos hablando de un desastre natural, sino de un desastre provocado por el hombre. El tsunami, por supuesto, es otra cosa, pero los efectos de los terremotos son responsabilidad de los arquitectos. Los últimos terremotos, como el de Chile, muestran que el país estaba bien preparado en términos de normativa, y también el de Nueva Zelanda del mes pasado, donde por cierto hubo un par de edificios que se desplomaron y provocaron muertes pero fue porque el propietario no había hecho las reparaciones que le exigieron los ingenieros municipales. Un crimen.

Fuente El País y Edgargonzalez.com