Ocho pasos y una idea para reformar esta ciudad [Desmesura]

Marcel Hénaff, en La ville qui vient (2008) nos propone entender la ciudad como un cuerpo de tres almas. Como una no santísima, pero al fin trinidad: La ciudad como monumento o representación del mundo; la ciudad como máquina; y la ciudad como red. A grandes rasgos, así se vive la ciudad. Quienes la habitamos la construimos desde nuestro quehacer estético, productivo y afectivo, de acuerdo a nuestras capacidades, y atravesados por el poder. Ese poder cada vez más concentrado en el dinero, que termina por organizar y proyectar el espacio urbano como si fuera un simple tablero de juego para el despliegue inmobiliario, dejando de reconocer las múltiples dimensiones de la ciudad.

Repensar el ejercicio de planeación y gestión urbana para revertir y prevenir los efectos negativos que el crecimiento disperso ha generado en términos económicos, sociales, ambientales y culturales, implica revisar las herramientas que se han creado para hacerlo. Aquí va una propuesta de ocho puntos que tendríamos que considerar para alterar la forma en que estamos construyendo nuestro futuro urbano, si es que ha de ser así:

  1. Antes de hablar de un modelo de ciudad, es preciso hacer una declaración de principios para la ciudad. Todo indica que la especie humana ha optado por un hábitat urbano, por lo que la ciudad debe entenderse necesariamente como un espacio de realización y libertad, en el que puede ejercer su derecho a ser: esa condición simultánea de presente y futuro. Antes que lo técnico y lo político, la ciudad necesita un fundamento ético-filosófico basado en la inclusión, la igualdad de derechos y la solidaridad presente y futura, para que todas y todos podamos ser en la ciudad. La noción del derecho a la ciudad captura de manera adecuada estos ideales y sus principios pueden ser una guía efectiva para las decisiones que habremos de tomar en colectivo sobre esta ciudad. http://bit.ly/106QbnF

  1. Más allá de la firma de una Carta por el Derecho a la Ciudad, como lo han hecho distintos gobiernos alrededor del mundo, es necesario impregnar nuestros dispositivos legales con estos principios. Una reforma al Código Urbano para el Estado de Jalisco debe comenzar por reconocer este derecho, al igual que aquellos que dimanan de la Constitución (como el acceso a la vivienda digna, a un medio ambiente sano, a la alimentación, la cultura, la educación y el empleo), y desarrollar los mecanismos para garantizar su exigibilidad. Esta reforma es ya de por sí necesaria para atender procesos y formas emergentes de urbanización, que llegan a representar cuando menos una tercera parte de nuestra mancha urbana, y que han quedado marginadas por décadas de los beneficios de la ciudad. También es necesaria la reforma para subsanar los vacíos y ambigüedades jurídicas que provocan fragilidad de este cuerpo legal frente a las resoluciones de Tribunal Administrativo del Estado; conocido por sus siglas como el controvertido TAE. En el mismo sentido, es necesario que la Ley de Coordinación Metropolitana establezca objetivos y principios a favor del derecho a la ciudad, porque hoy adolece de un propósito claro para el desarrollo urbano, y define su objeto como un simple medio.

  1. Una vez establecidos los principios para el desarrollo urbano y ya en su calidad de derechos, es necesario integrar un sistema de información, de orden cualitativo y cuantitativo, que nos permita identificar tanto los déficits, las carencias, los obstáculos y todo aquello que condiciona negativamente el desarrollo equitativo, sustentable, incluyente y productivo, como los procesos locales y las dinámicas del deseo que habrán de potenciarse para avanzar hacia una ciudad en donde todas y todos podamos llegar a ser. No se trata de establecer un modelo de ciudad, sino de adoptar modos de relación con el territorio, con lo público, y con el y la otra, que permitan reconocernos como una red social interdependiente. Hasta este punto, la ciudad – en nuestro caso, la metrópoli – sigue siendo un todo; un sólo sistema conectado de cuerpos, datos, procesos, prácticas, acciones y reacciones.

  1. De esta comprensión sistémica (si se gusta de Luhmann) o en red (si se prefiere a Latour) deben partir los proyectos de ordenamiento ecológico y territorial: estatal, regionales, metropolitanos, municipales; los Programas de Desarrollo Urbano: estatal, metropolitanos, municipales; los Planes de Desarrollo Urbano de Centro de Población y los respectivos Planes Parciales de Desarrollo Urbano municipales. Han sido notables las ausencias de estos instrumentos en distintos municipios metropolitanos, pero particularmente, la ausencia de un Programa o Plan de Desarrollo Metropolitano desde 1982, y de un Programa Estatal de Desarrollo Urbano. De hecho, la actual administración del estado ha decidido abiertamente eludir la materia de desarrollo urbano, convirtiendo la antigua Secretaría, en una de Infraestructura y Obra Pública, que es en realidad lo que terminó haciendo también la extinta SEDEUR. Por otro lado, el largamente esperado Instituto Metropolitano de Planeación, no ha dejado de ser un instituto al servicio de una burocracia que se resiste a asumir la lógica de una auténtica gobernanza metropolitana.

  1. Todos estos instrumentos de gestión urbana han sido usados, hasta ahora con poca efectividad, como instrumentos de regulación, no de proyección o fomento; han estado escindidos de los Planes Municipales de Desarrollo, que tradicionalmente adolecen, a su vez, de una dimensión territorial, como si el desarrollo pudiera planearse en el aire, sin un anclaje concreto en sitios específicos. El territorio es el medio en donde pueden converger las inversiones, programas y obras para darle un sentido estratégico e integrado al desarrollo; de otra forma, cada coto de poder presupuestal sigue sus propias lógicas, generando una dispersión y desarticulación en el gasto y las políticas públicas, que se traduce en exiguos y perversos impactos para el desarrollo urbano.

  1. La definición de sitios estratégicos – no ligados a la idea de acupuntura urbana, sino más bien a la noción de áreas de gestión urbana integral que abarcan un territorio más amplio – son la escala adecuada para definir las acciones urbanísticas. En este recorte analítico del territorio se hace más visible y se puede entender la comunidad en su diversidad. A esta escala pueden observarse los espacios, expresiones y dinámicas de la vida cotidiana, en la que habrá que insertarse ineludiblemente para comprender los procesos vivos de diálogo y reflexión que posibilitan el trazado de rutas de acción entretejidas.

  1. De aquí surgen los planes maestros y las plataformas de gestión barriales o sub-distritales que permiten, por un lado, darle un sentido local y comunitario a las acciones urbanísticas; y por el otro, trascender los núcleos del habitar cotidiano, para entenderse como parte de un complejo urbano más amplio. Los equipamientos, servicios, redes y vocacionamientos del espacio público desarrollados a esta escala, permiten configurar y funcionalizar – desde abajo – los sistemas urbanos, productivos, sociales, culturales y ambientales, posibilitando procesos de apropiación comunitaria que ayudan a proyectar las intervenciones urbanas más allá de la temporalidad administrativa.

  1. Este nivel de construcción a escala barrial, se convierte en la pieza básica del ensamblado que ha de configurar el sistema de planeación y gestión territorial. Constituye la base de los acuerdos que habrán de monitorearse, recrearse y hacerse cumplir con todos los medios disponibles. Esta ciudad finalmente va a cambiar en el momento que esto se garantice; en el momento en que esto se entienda como un derecho, cuyas violaciones deberán tener serias consecuencias.; cuando entre a la cárcel el siguiente que, por abuso de poder, afecte nuestro derecho colectivo a la ciudad, y a las condiciones básicas para ser en coexistencia.

Esto lo sabemos de hace tiempo, pero no hemos sido capaces de cambiarlo, quizá por que el pragmatismo y la frialdad con la que nos acercamos a la planeación urbana, nos hace entender la ciudad como un conjunto de terrenos y nos parece exagerado entenderla como el espacio para construir nuestro paraíso terrenal. La idea de metrópoli como ciudad madre, ¿no nos sugiere que hemos sido demasiado(s) hombres al frente de los ejercicios de planeación y gestión urbana?

@hektanon

Héctor Castañón R.

Fuente: http://desmesura.org/firmas/ocho-pasos-y-una-idea-para-reformar-esta-ciudad#sthash.uTR4Mn6L.dpuf

¿De qué tamaño el la Ciudad Creativa Digital?

Presentado en Guadalajara en enero del 2012 por el entonces presidente de la República como un proyecto estratégico para el desarrollo económico del país, y adoptado a nivel local como un ambicioso proyecto urbano con el que se buscaría impulsar nuevas dinámicas socio-económicas desde el corazón de la metrópoli, el proyecto de Ciudad Creativa Digital no ha estado a la altura de lo que se podría esperar de él.

¿De qué tamaño es hoy la Ciudad Creativa Digital? ¿Se trata todavía de un proyecto de impacto regional, que ampliaría las oportunidades de desarrollo para los habitantes de esta ciudad, o se reduce a un esfuerzo inmobiliario para ocupar espacios subutilizados en el centro histórico? ¿Cuáles son en realidad sus alcances espaciales, sociales y económicos? Aquí va una lectura de su situación actual.

El tamaño urbano

En términos espaciales se ha hablado de al menos tres escalas: La primera es de un polígono de 22 hectáreas en torno al Parque Morelos, cuyo perímetro fue definido por la existencia de un complejo de predios de propiedad pública en la zona (escuelas, centros de salud, parques, fincas patrimoniales, espacios de oficina y ruinas que dejaron los Juegos Panamericanos). En el Plan Maestro de Ciudad Creativa Digital, se establece que dentro de los primeros siete a diez años, bastaría y sobraría con los espacios disponibles para desarrollar el “nodo creativo” sin necesidad de afectar más propiedades.

Sin embargo, el propio proyecto plantea una segunda escala de más de 400 ha. como área de influencia del nodo principal. Este planteamiento causó una gran conmoción entre residentes y usuarios de la zona, porque imaginaron que habría retroexcavadoras limpiando toda esta superficie y grúas construyendo plantas maquiladoras que emitirían radioactividad (no es exageración, esto se habló en reuniones vecinales).

La realidad es que dicha extensión fue pensada como un área en la que se favorecería la instalación de equipamientos y servicios asociados al desarrollo esperado (vivienda accesible para trabajadores, espacios recreativos, empresas de servicios, infraestructuras de soporte, etc.), prometiendo un mosaico de coexistencia entre usos de suelo, estilos arquitectónicos, niveles de ingreso, prácticas culturales y grupos de usuarios.

Pero una escala más amplia en la que el proyecto fue comprendido por diversos actores, es la escala de ciudad, porque en toda ella existen vocacionamientos y emprendimientos que ya son parte del ecosistema creativo. Se proponía hablar de la ciudad de Guadalajara como una gran red de espacios de posibilidad para la producción creativa.

Hoy vemos, como ejemplo de ello, que se construye el Centro Cultural Universitario en Zapopan, que se ha instalado el edificio de Innovación y Diseño – MIND en la zona de la Expo, que continúa consolidándose la aglomeración del sector digital en torno al Centro de Software de Ciudad del Sol, que hay una concentración de centros tecnológicos en periférico poniente, y que la zona de Chapultepec se ha convertido en un laboratorio vivo de emprendimientos creativos.

Sin embargo, al centro de la ciudad han migrado y regresado contadas empresas del sector, que no ven claridad en el proyecto de consolidación de un nodo en el Parque Morelos. Tampoco los residentes y usuarios actuales de la zona han tenido evidencias de una transformación urbana que les represente un beneficio.

El tamaño social

En su discurso, el proyecto de Ciudad Creativa Digital reconoce que la inclusión es un ingrediente clave para la creatividad; que entre más diversos sean los elementos de un complejo, mayores combinaciones posibles habrá para la innovación. De esta manera, se hablaba de un proyecto al que uno podría insertarse desde distintos sectores sociales, y que realizaría una decidida apuesta por el desarrollo de talento.

Lo que vemos en realidad, es que las secretarías de educación y desarrollo social se han mantenido ajenas al proyecto, y no han contribuido a ampliar las posibilidades de formación y capacitación para las poblaciones en desventaja; que la gran cantidad de personas creativas que hay en Guadalajara – en campos tan diversos como el diseño, la moda, la gráfica, las artes, la gastronomía, la producción audiovisual, la educación o la tecnología – están desconectadas del proyecto; y que no se ha hecho por comenzar a construir vías para que el gran potencial creativo de la juventud tapatía encuentre un curso en esta iniciativa.

La base social del proyecto es sumamente limitada, porque su concepto de creatividad parece también ser limitado. “Nuestros sueños no caben en sus urnas” han dicho los jóvenes; “nuestra creatividad no cabe en su proyecto”, parecen decir ahora.

El tamaño económico

El proyecto original se concibió como medio para potenciar el ecosistema productivo local, que ya representa alrededor del 60% de las exportaciones nacionales del sector. Potenciar implicaría ampliar la base productiva local, fortaleciéndola con el desarrollo de capacidades, equipamientos, servicios, y tecnologías que se encuentran ausentes o frágiles en el ecosistema actual. Sin embargo, en los hechos se ha apostado por la promoción de la Inversión Extranjera Directa, porque en primera instancia puede parecer más sencillo, por ejemplo, importar una palmera adulta, que acompañar el desarrollo de las delicadas raíces de una especie nativa que se reproduce a su ritmo y con sus propias fuerzas.

Si bien ambas estrategias podrían ser complementarias, lo preocupante es que el proyecto ha mostrado una seria desvinculación con las iniciativas locales, y ha privilegiado la interlocución con empresas extranjeras, llevando como herramientas de negociación la oferta de suelo subsidiado y un paquete de incentivos tributarios para su instalación.

Bajo esta lógica, el impacto económico del proyecto se circunscribiría a un sistema semi-cerrado en el que sólo los iniciados – empresas, proyectos y profesionales – tendrían cabida, reduciendo las posibilidades de nuevos emprendimientos de base local.

Las evidencias mostradas hasta el momento, reflejan que la Ciudad Creativa Digital es un proyecto tendiente a la exclusión económica, social y urbana, de manera que lo que podríamos esperar de éste no sería muy distinto a lo que nos presentan casos similares en diferentes partes del mundo, y que han sido ampliamente documentados por el Museo de los Desplazados. La idea de gentrificación social y económica con la que se asocia al proyecto, se ha ido construyendo como consecuencia del discurso concreto de la acción gubernamental.

El tamaño político

Para construirle un sentido colectivo al proyecto – que se tradujera en beneficios concretos para diversos sectores locales – sería indispensable la puesta en práctica de una plataforma de gestión que trascendiera los ciclos administrativos, y que permitiera la interinstitucionalidad, la multidisciplinariedad y la concurrencia de distintos grupos sociales. El problema de fondo, es que hoy este proyecto padece de una incapacidad de construir visiones, alianzas y espacios de colaboración.

Desde el gobierno estatal se ha optado por la vía de una gestión centralizada, que ha desmantelado toda institucionalidad tendiente a un modelo de gestión más abierto y participativo. De hecho, se ha concentrado tanto el espacio de decisión, que ha terminado por aislarse hasta de las dependencias del propio Gobierno del Estado. El aparato de gestión actual del proyecto se reduce a una gerencia de proyecto que coordina un pequeño equipo operativo, desde donde se planea el trabajo en función de sus limitados alcances. De ese mismo tamaño es hoy la Ciudad Creativa Digital.

La operación actual del proyecto se constriñe a una serie de promociones directas con empresas para ofrecerles alternativas inmobiliarias; a la contratación de proyectos que no se discuten ni se validan técnica y socialmente; a una serie de interlocuciones erráticas con los actores locales; y a una presencia intermitente entre los actores de la industria, que no pueden más que estar a la expectativa, al sentirse tan distantes del proceso de toma de decisiones.

La Ciudad Creativa Digital es hoy del mismo tamaño que las disposición gubernamental para adoptar modelos de gestión colaborativos y transparentes; del mismo tamaño que las capacidades para establecer agendas colaborativas entre los actores económicos; o del mismo tamaño que la voluntad para dialogar entre distintos sectores sociales.

De esta manera, atendiendo a sus dimensiones actuales, ¿quiénes caben en el proyecto de Ciudad Creativa Digital? Si la diversidad es una condición para la creatividad, ¿qué tan creativa puede ser una ciudad que cierra las puertas a la discusión y a la construcción de agendas compartidas con quienes la habitan?

Héctor Castañón R.

@hektanon

Fuente: http://desmesura.org/firmas/de-que-tamano-es-la-ciudad-creativa-digital

Conferencia: Smart city ¿Sueño o realidad? [CCAU]

El CCAU Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana  presenta este jueves 25 de abril la mesa redonda: Smart City ¿Sueño o realidad? en punto de las 20:30 horas En base a ésta definición nos gustaría presentarles la mesa redonda Smart city ¿sueño o realidad? Con la participación de:  Héctor Castañon Reyes, Alberto Pérez Martínez y Joel Ruiz Pérez.   Modera la mesa Lucia Ortiz.

Entrada libre.

smart city boletin_“Hoy en día, las principales ciudades del mundo luchan por ser espacios más tecnológicos, verdes y transitables. Sin embargo, cuestiones tradicionales como la transparencia de la gestión pública y la participación ciudadana son básicas en el devenir de la ciudad moderna, por lo que deben ser una pieza fundamental en la estrategia de ésta.
La filosofía de las Smart Cities reside en aunar, mediante una adecuada planificación, todos estos conceptos con la finalidad de convertir las ciudades en espacios sostenibles, innovadores y eficientes, en los que el ciudadano debe ser el eje del cambio y el principal beneficiado del nuevo paradigma urbano.”
Juan Costa, líder global de Servicios de Cambio Climático y Sostenibilidad de Ernst & Young  Libro Blanco Smart cities.

Ciudad Creativa Digital es el principio o la semilla de una Smart city cada día más real y Guadalajara ha apostado por ser parte de la red de Ciudades Creativas Digitales. Apuesta alta sin duda ¿realizable?. En la mesa redonda conoceremos las diferentes perspectivas de expertos en la materia representando cada uno de los sectores y de la viabilidad del proyecto tan importante para Guadalajara.