Ideas por metro cuadrado

Las ciudades exitosas, las que permiten a sus habitantes acceder a una buena calidad de vida, deben de llenar ciertas condiciones esenciales. Éstas se engloban en lo que se ha venido denominando el derecho a la ciudad: alojamiento digno, educación, empleo, cultura, recreación. Todo lo que se requiere para habitar con calidad de vida en una comunidad urbana.

Para alcanzar estos requerimientos es necesario contar con un modelo de ciudad que los haga posibles. Las ciudades que, como la nuestra, basan su crecimiento en la dispersión urbana, profundizan la instauración de un modelo insostenible de desarrollo y se alejan del deseable derecho a la ciudad. A estas alturas está más que demostrado que para enfrentar las actuales y futuras necesidades de sus habitantes la ciudad requiere orientarse decididamente hacia un modelo que contemple mucho mayores densidades, diversidad, accesibilidad, movilidad adecuada (colectiva y no motorizada), suficientes espacios públicos, empleo y otros satisfactores en ubicaciones cercanas a la vivienda; en un solo concepto: un modelo integralmente sustentable.

Y la sustentabilidad no implica simplemente los aspectos ambientales. Involucra lo social, lo económico, lo cultural. El fondo será siempre lograr para cada individuo la mejor calidad de vida posible. Una vida en la que se encuentren oportunidades de desarrollo laboral, educativo, cultural y social.

Es en este último aspecto en donde viene al caso el título de esta columna. El modelo deseable para una ciudad como Guadalajara debiera buscar ciertas características de las urbes grandes, densas y diversas. Estas condiciones permiten habitar una ciudad de proximidad. Una ciudad en la que es posible encontrar oportunidades y estímulos (ideas) en los mismos contextos en los que se desarrollan las actividades y los (reducidos) traslados diarios.

La ciudad segregada y “especializada” en zonas dormitorio, extensas áreas industriales, centros despoblados y saturados de comercios, ubicuos “cotos” semiautistas, conjuntos comerciales a los que solamente se puede acceder en transporte automotor, y otros elementos inconexos yuxtapuestos según la conveniencia mercantil e inmobiliaria han producido una creciente esterilidad de ideas. La misma “especialización”, entendida en este sentido, carece de la capacidad de generar el humus espiritual, el sustrato social e intelectual que ofrezca a cada individuo los estímulos necesarios para su desarrollo.

Los ámbitos más vivos, atractivos y solidarios de la ciudad son aquellos en donde la interacción social y cultural, propiciada por la proximidad y el intercambio, genera un sentimiento de pertenencia e identificación y una cierta efervescencia social y cultural. El modelo de nuestros viejos barrios sigue siendo en muchos sentidos vigente. Barrios en los que se habita, se trabaja, se comercia, se educa… Barrios, centros y enclaves urbanos en los que cada individuo genera sus propias condiciones frente a su vida y a los demás. Lugares de intercambio, opción, confrontación, enriquecimiento. En donde, finalmente, existe mayor cantidad de ideas por metro cuadrado.

Por Juan Palomar

PISO se cambia de formato

La revista sobre arquitectura, diseño y cultura urbana Piso, que nació en 2001, dirigida por Carlos Rodríguez Bernal en equipo con Eduardo Moreno y René Caro, es ahora relanzada en formato electrónico.

Su titular, Rodríguez Bernal, ha reunido un nuevo equipo en el que el editor es Alejandro Guerrero. Ellos “colgarán en la web” al entrar diciembre, la nueva versión electrónica de esta revista que se ha caracterizado por ser el espacio y el foro “de la arquitectura del lado b, aquella que es silenciosa, no estridente”.

Si bien a lo largo de lo que ahora es ya toda una década de existencia, Piso ha salido a la luz de manera intermitente y sin formalidad en su periodicidad, también es cierto que se trata de una publicación que cuenta con la lealtad de sus seguidores. Por ello, y por el afán de “generar cierto cuerpo de conocimiento”, la revista sigue.

“En sus primeros años y hasta 2005 teníamos bastante regularidad –cuenta Rodríguez-, salíamos tres veces al año pero luego se empezó a espaciar”.

Entonces, explica que la producción se tornó complicada debido a que siempre fue “un proyecto en paralelo”. En ese tiempo Carlos Rodríguez era director de la escuela de arquitectura del TEC de Monterrey, campus Guadalajara, así que entre los aprendizajes, quedó claro que “si no les dedicas un tiempo considerable a este tipo de proyectos, es difícil que avancen”.

Esto, sumado al hecho de que “el entorno no es nada propicio para una publicación cultural, que no son las que gozan de mayores apoyos o interés por parte de los anunciantes”, fue alargando las pausas para que Piso se produjera.

“En México casi todas las revistas independientes se nutren de patrocinadores o del soporte de una casa editorial importante. Nosotros nunca hemos tenido ni una cosa ni la otra”, advierte.

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