“La arquitectura se hace en silencio”: Teodoro González de León

A sus 88 años, González de León es el arquitecto con el más grande espectro en cuanto a experiencia profesional y creación de grandes espacios públicos en el país. En esta entrevista, repasa su obra y las nociones de arquitectura que rigen sus construcciones.

Por Ana Guerrerosantos.    Fuente: http://www.magis.iteso.mx/content/%E2%80%9Cla-arquitectura-se-hace-en-silencio%E2%80%9D-teodoro-gonz%C3%A1lez-de-le%C3%B3n

Teodoro González León es autor de varios edificios emblemáticos de México. Fotos: Federico Gama

Teodoro González León es autor de varios edificios emblemáticos de México. Fotos: Federico Gama

Con cinco proyectos desarrollándose en su taller —ninguno de ellos a escala pequeña— y con una agenda que siempre da cabida a dos horas para escuchar música clásica y otro tanto para pintar y leer, además de asistir a su oficina y atenderla diariamente, o bien para viajar o pasar semanas en Nueva York, en donde sale, camina, pasea y va al cine, Teodoro González de León sonríe vivazmente.

A sus 88 años es el arquitecto con el más grande espectro en cuanto a experiencia profesional y creación de grandes espacios públicos en el país. Es autor de varios de los edificios emblemáticos de México, como el Museo Rufino Tamayo (1979), el Auditorio Nacional (remodelación, 1988), el Pantalón (Torre Arcos Bosques, 1993), el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC, 2008) y, en un futuro próximo, el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (concurso ganado, 2014). Y, pese a todo, la arquitectura le sigue pareciendo difícil; cada proyecto continúa representándole un parto laborioso, si no es que doloroso; y el acto de concebir un espacio debe seguir siendo en absoluto y riguroso silencio, como aprendió en el taller de Le Corbusier, con quien estuvo dos años en Francia, en la década de los cuarenta.

Hay mucho movimiento en su taller. ¿Qué proyectos vienen?

Estoy haciendo cinco cosas. Dos edificios altos. Uno ya lo conoce todo el mundo porque es muy polémico, está cercano a la Fuente de Petróleos, he padecido una hostilidad de los vecinos bestial… ¡Pero si estoy junto al bosque! ¿Por qué no voy a tener altura? ¡No doy sombra a nadie! Y ya está casi, bueno, la estructura con toda su envolvente, ya está. El otro es en lo que era el Centro Urbano Manacar, ahí viene una torre de 30 niveles con 150 metros de altura, y me ha costado mucho trabajo porque… ¡a mí todos los proyectos me cuestan muchísimo trabajo!

Entrevista Teodoro González de León

¿Su desarrollo, la obra o el trabajo creativo?

Todo. Pero todos. Las casas, todos.

¿Por qué?

Porque la arquitectura es difícil. Si uno quiere hacer algo… no repetirse. Cada vez tengo más experiencia y eso lo hace más difícil.

¿En vez de allanarse el camino, se le ha hecho más complicado?

Claro. Me doy cuenta de muchas más cosas, muchos más aspectos del proyecto. Lo veo más claro y me cuesta más trabajo resolverlos.

¿La planta, el diseño?

Todo. Nada en la arquitectura es solo. Estamos trabajando volúmenes.

Pero mientras me dice todo esto, en su rostro hay una sonrisa de gozo, de disfrute.

Bueno, porque a final de cuentas salen. Pero hay un momento en el que yo digo: “No va a salir”. [Ahora] estoy luchando con el vestíbulo del edificio Manacar, que es en una forma muy extraña y tenía un mural muy grande de Carlos Mérida, de 22 metros de ancho por 12 de altura que conseguimos rescatar. Estaba ahí, olvidado y arrumbado en Bellas Artes, y se me ocurre pedirlo, que nos lo presten en un comodato de 90 años o lo que sea y lo ponemos en el vestíbulo. Ese mural era el símbolo del lugar, entonces va a seguir siéndolo.

Ese respeto por lo que había antes habla muy bien de usted.

Lo que no respetaba bien al sitio era el antiguo edificio que había hecho Enrique Carral [1914] ahí. Él era un muy fino arquitecto en los sesenta, pero… es una esquina formidable que tiene en la bisectriz otra calle enfrente sobre una glorieta. Carral puso el edificio al lado, como hacía también Augusto Álvarez [1914-1995] sus cosas: ignorando las posiciones urbanas, las más elementales. Y muchos grandes arquitectos lo han hecho así, pero esa bisectriz yo no la pude pasar por alto, se extiende como dos kilómetros sobre una calle, entonces poner una cosa al lado de eso, como estaba el edificito… —era muy bonito pero ineficiente, tenía 12 metros de crujía, esbeltito, 12 pisos, no cabía nada para lo que se está haciendo ahorita—. A mí me dolió, yo vi construirse ese edificio, yo tenía mi oficina ahí al lado cuando lo construyó Carral (1963); era una obrita muy fina, pero no, no resistió el cambio del tiempo.

Hay una arquitectura que sí resiste el cambio del tiempo y otra que no, como esta que usted menciona. ¿Es quizás lo que está pasando en Nueva York con el Folk Art Museum de Todd Williams y Billie Tsien que el MoMA decidió derrumbar?

Ándele. Se ha armado una polémica, pero ¿sabe usted cuánto tiene ese espacio? De fachada tiene nueve metros y se extiende hasta el fondo del lote, son como 40 metros y corta totalmente el espacio del MoMA, que ya tiene propiedades del otro lado, entonces no puede conectarse. Además es como un objetito precioso, está muy bien diseñado, pero para aprovechar esos nueve metros, mete luz desde arriba… es un diseño muy complicado que nadie usa más. El museo fracasó, fracasó desde hace mucho y se cerró… Tratar de aprovechar esa estructura que está hecha para exhibiciones en desniveles… Es muy ineficiente como museo…

Uno entra al Museo Rufino Tamayo y parece que fue hecho hace poco. El Pantalón parece tener apenas un par de años ¿Es por el concreto?

Su piel no envejece porque es estructura, no es piel, no es recubrimiento. Yo nunca he hecho un edificio con recubrimiento. O es de vidrio o es concreto. Pero…

La piel se arruga.

Claro. Y es lo que tenía ese edificito, pero sobre todo la mala ubicación. Despreciaba totalmente su situación urbana. ¡Totalmente! Augusto Álvarez y Carral —que eran muy amigos y trabajaron juntos— pensaban en esa forma, ignorando la propuesta. Hacer eso fue muy de los cuarenta y los cincuenta.

¿Ignorar el contexto?

Y no hacer ciudad.

¿Usted le atribuiría esa cualidad suya en su manera de hacer arquitectura a su estadía con Le Corbusier?

No. Bueno, lo de la estructura sí se la debo a él; lo de pensar en la estructura como piel, como modeladora del espacio. Estuvo hace poco Rudy Ricciotti, un arquitectazo francés, aquí en México, y tuvimos una charla en el Tamayo. Estaba fascinado con el Tamayo. Él hace unas cosas impresionantes de concreto y coincidíamos en que la estructura forma espacio, o bien, el espacio debe estar formado por la estructura. No es un auxiliar de postecitos que se meten, no, la estructura es la que envuelve el espacio.

Entrevista Teodoro González de León

Hábleme, dentro del tema de la estructura, del concreto, del cincelado, del que contiene mármol, hasta llegar al blanco como el del Pantalón.

Es lo mismo mármol y cincelado. Igualito. Si no se cincela el concreto, vamos, hay que hacerlo con la perfección de Tadao Ando; esos concretos de alta resistencia que quedan perfectos, quedan como espejos. En México ya se puede hacer eso, pero hasta hace poco no se podía hacer. Y la invención del cincelado es por eso, porque se disfrazan errores de cimbra, de acabado, de colado. Se borran. Es un acomodarse a las condiciones, no digo malas, las condiciones de la técnica mexicana, que no es buena.

¿Qué le queda a usted del trato cotidiano con Le Corbusier, del ambiente de su taller?

La arquitectura se hace en silencio y eso lo aprendí con él. La concentración. Esos dos años que estuve con él fue una inmersión en la verdadera arquitectura y en cómo vivir la arquitectura.

Entendí que con mis maestros pericos era perder el tiempo, y por eso yo nunca di clases tampoco, como Le Corbusier, nunca.

Le Corbusier, padre del modernismo; Teodoro González de León, ¿padre del modernismo en México?

¡No! Está Juan O’Gorman [1905-1982], están muchas gentes. Yo no me puedo juzgar, no puedo hacer la labor de crítico de mí mismo. No tengo perspectiva… ni me importa, porque es tarea de otro. Mi tarea es hacer, no ver qué significado tienen mis cosas. Eso es para otros en los que cada vez creo menos, porque ven la arquitectura de otra forma. Hay buenos críticos, como William Curtis, por ejemplo, que ve la arquitectura, la que uno hace, como uno la creó, él lo ve y lo escribe. ¡Pero no inventa! No anda con que si modernismos o postmodernismos…

Casi todos los críticos viven haciendo parecidos, etiquetando, y es abominable.

Kenneth Frampton también ve la obra, cómo se hizo, cómo está respondiendo. Ése es el crítico que sí me llega.

William Curtis es muy amigo mío, lo voy a ver dentro de varios días porque se va a inaugurar el museo de Pierre Soulages, el pintor de 94 años, en Rodez, sur de Francia, y William ha seguido la obra de los arquitectos que hicieron el museo, que son esos tres catalanes de RCR, una mujer y dos jóvenes, fantásticos arquitectos. Entonces, lo voy a ver ahí porque soy amigo de Pierre desde los años cincuenta y me invitó. Hace mucho que no lo veo, de esas amistades con las que deja uno de hablar, y de repente recibí la invitación. ¡Claro que voy a ir!

A lo largo de los años, esas relaciones enriquecen mucho. ¿Usted llevó amistad con Juan Soriano?

¡Hombre, de todos los días! No —sonríe—, cada semana.

¿También con Rufino Tamayo?

Menos, pero sí.

¿Con quiénes más?

Con Juan O’Gorman. Cada vez que yo me encontraba con él, a él le alegraba y yo me alegraba también. Charlábamos horas y eso sucedía cada año o una cosa así, fue estupendo. Juan es el padre del modernismo en México, sin lugar a duda.

De los cinco proyectos que está desarrollando estos días, nada más hablamos de dos.

Bueno, hay una casa grande que está en la costa de Jalisco, en Punta Burros, antes de Punta Mita. Es un lugarcito más… Punta Mita está lleno de reglamentos y tonterías, es un fraccionamiento muy acotado. Yo hice un proyecto ahí para un amigo y no me lo admitieron… Hice un coraje… ¡Y además los dueños de ese fraccionamiento son mis clientes del Pantalón! Y fui a verlos: “Oye, tus gentes no me dan permiso, ¿por qué?” “A ver… Es que necesitamos que pongas tejas”, “No voy a poder, no puedo poner tejas, sería horrible”. Y me dice: “No te puedo ayudar, porque a mi padre le negué el permiso de una casa que le hacía [Manuel] Mestre”. Fundamentalistas. Yo proponía una techumbre curva de pasto, estaba frente al campo de golf. ¡Era el mimetismo total! No lo convencí. Es ceguera.

En cambio, en Punta Burros estoy bien, pero es un proyecto muy difícil porque es una casa para una familia muy grande que tiene siete recámaras en un lote de 30 metros de ancho, y me pidieron que todas vieran al mar.

Cuando no caben en planta, caben en corte —lo invade una amplia sonrisa de nuevo—. Y está quedando muy bien.

Después, estoy haciendo la ampliación de la Biblioteca de El Colegio de México, que ya desde hace como diez años les hice un pequeño croquisito, pero no tenían dinero, y ahora sí ya.

Estoy haciendo también la ampliación del Infonavit, no es la ampliación del edificio, es un lote atrás, pero sí se conecta en la plaza y es… creo que salió por ahí muy complejo y muy fuerte.

Me gusta tener esas obras que me entusiasman.

Entrevista Teodoro González de León

Y hablando de lo que el tiempo le ha permitido, arquitecto, vamos, a lo largo de los años usted ha visto cosas buenas y cosas malas en la arquitectura de México, lo digo en términos territoriales.

Claro, los hay buenos, regulares y malos.

Pero en términos territoriales, ¿qué es bueno y qué es malo?

¿Por qué preguntan por el qué, si siempre hay un quién? La arquitectura no se hace sola. Tiene gente que la trabaja atrás, siempre. Pero yo no quiero hablar de nadie, porque alguien se me va a olvidar. Siento que la arquitectura en México está mucho mejor que, digamos, en los sesenta.

O peor aún, que en los ochenta, ¿no?

Hay mucha gente ya bien educada que sabe hacer arquitectura.

¿Las generaciones aprendieron a hacer arquitectura en silencio, es decir, pensada?

Es que no se hace en otra forma.

¿Y hay alguien que se pueda mencionar como discípulo de Teodoro González de León?

No me doy cuenta quién me puede seguir, no sé. Y me niego a pensar en eso, está fuera de mis preocupaciones. No es menosprecio, simplemente no me preocupa.

Pero, por otro lado, ¿a quién admira usted?

A muchos. El más reciente es Rudy Ricciotti, es formidable. Una obra emocionante de veras. Voy a ir a ver varias de sus obras en Francia y lo voy a ver a él. Quizá Jean Nouvel, pero es que Rudy es otra cosa, se aparta de todos, es un salvaje. Vino a México invitado por Miquel Adriá, y al terminar su charla se fue al punto más remoto de Puerto Vallarta, no había nada. Unas casititas por ahí donde cazaban cosas para comer, pasó seis días ahí. Ése es Rudy. Sorprendente arquitecto.

¿Alguien más que le produzca esa admiración?

Japoneses, muchos. Tadao es buenísimo. La obra que hizo en Monterrey… la han publicado en todo el mundo. A nosotros no nos publican. México, Latinoamérica, un poco menos Chile, que se empieza a hacer notar muy bonito, pero a nosotros desde Europa y Estados Unidos nos ven como frontera, como que estamos en la frontera, en el horizonte de la cultura.

Entrevista Teodoro González de León

Y del desarrollo de las ciudades, de lo visto y aprendido en el taller de Le Corbusier, a lo que ahora somos, ¿qué opina?

Nadie puede prever el cambio de las sociedades y de las ciudades. Le Corbusier se quedó con una idea de ciudad de los sesenta, máximo.

Hasta por índices poblacionales la realidad ha cambiado mucho.

Sí. Y cómo se han transformado en objetos expansivos, intensos, como México, como Nueva York, que ahorita es la ciudad peatonal más grande del mundo, donde es una fiebre andar en la calle, es la ciudad más urbana. París no, París es perfecta, es una manufactura perfecta, pero ya no es viva. Tiene pocos lugares vivos. Nueva York tiene una arquitectura muy disímbola, pero, sobre todo, es una urbe que aloja al peatón, que lo provoca, que lo incita a salir, a caminar. Yo voy mucho y me tocó la gran tormenta de finales del año pasado, era increíble ver la nieve y las calles llenas de gente con un frío aterrador. Es gente que está viviendo su ciudad profundamente, con una intensidad… La ciudad de México es bastante así, todo el centro es un hervidero de gente, muy emocionante.

¿Por qué va a Nueva York tan seguido?

Tengo un departamento ahí, lo compré hace 40 años y voy a disfrutarlo. Está a dos cuadras del Lincoln Center (Manhattan), y los viajes son para ver exposiciones, galerías, museos, conciertos y cine. En México no voy al cine. Entonces, cada tres meses me pongo al día.

¿Cuál es su cine favorito?

A mí me gustan las fuertes, como las de Lars von Trier. Sus últimas dos películas las acabo de ver hace un mes en Nueva York, duran las dos, cuatro horas. Nynphomaniac es de una fuerza tremenda.
Ése es el cine que me gusta.

¿Y la música?

¡Ufff! Tengo una colección de música clásica contemporánea que tal vez es la mejor de México.

¿Quién es el gran favorito?

Hay muchos. Pero ahora estoy oyendo casi puros nuevos, jóvenes alemanes, italianos, polacos; aunque, claro, de repente repito mis viejos. Muchos. Todos los días tengo unas dos horas de música.

Ciudad lacustre

En 1965, los ingenieros Nabor Carrillo y Gerardo Cruickshank idearon el Proyecto Lago de Texcoco, que pretendía rescatar la hidrología del lugar mediante el tratamiento de aguas residuales provenientes de la ciudad de México. Con esto terminarían las inundaciones del Distrito Federal, se le abastecería de agua y se limpiaría el aire. Sin embargo, Carrillo murió en 1967, y Cruickshank, desde la Secretaría de Recursos Hidráulicos, consiguió que se le asignan 10 mil hectáreas al proyecto. El ahora Lago Doctor Nabor Carrillo cuenta con una superficie de embalse de mil hectáreas y una capacidad de almacenamiento de 36 millones de metros cúbicos.
Décadas más tarde, este proyecto de recuperación de los lagos del valle de México fue retomado por Teodoro González de León, quien junto con Alberto Kalach (1960), así como con Gustavo Lipkau y Juan Cordero, además de una serie de urbanistas, ingenieros, filósofos, políticos y biólogos, sostienen la viabilidad de todo el proyecto, sumándole la creación de nuevos espacios públicos.
Con el nombre de Ciudad Lacustre, este proyecto busca además lo siguiente:
— Inundar a una profundidad de cuatro metros las 12 mil hectáreas de tierras salinas y desérticas para crear un sistema de lagos cuya agua tratada contribuya a mejorar, mediante su vaporización, las condiciones ambientales de la ciudad de México.
— Crear un litoral de 75 kilómetros que dé cabida a los usos urbanos, como vivienda, centros culturales, educacionales y deportivos, hospitales, estadios, comercios, industrias, etcétera.
— Crear islas para diversos usos y actividades, entre éstas, el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.
Desde finales de los noventa, González de León y Kalach han trabajado por este proyecto, que logró una mención de honor en la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2002. Además, la editorial Clío sacó un libro titulado La ciudad y los lagos en 1998, y RM publicó uno más en 2011 con el nombre de México, Ciudad Futura. El proyecto sigue buscando la atención y la voluntad política para hacerse realidad.

¿Y su pintura?

Ésa la tomo, y de repente, cuando está esto muy fuerte —señala su escritorio—, la tengo que abandonar; pero no la abandono, hago dibujitos, hago cositas que me están acompañando.

¿Y dónde está toda su obra pictórica?

En cajas. Ya estoy haciendo aquí arriba —apunta hacia la segunda planta de su oficina— una ampliación para guardarla.

No le he preguntado de los proyectos que hizo asociado o en coautoría, como fueron los casos en los que trabajó con Abraham Zabludovsky o Francisco Serrano…

Ya no. Son épocas y se acaban. Las relaciones se gastan. En mi caso, yo creo que ya no voy a trabajar con nadie más… Bueno, acabo de hacer un proyecto con (Alberto) Kalach. Es el Aeropuerto de la Ciudad de México, que ganamos en un concurso. Todo ha sido muy extraño, pero trabajamos bien Alberto y yo.

Y ustedes han trabajado juntos desde finales de los noventa en el proyecto de Ciudad Lacustre.

Y es un proyecto que seguimos trabajando, así como una utopía para la ciudad.

¿Alguna novedad al respecto?

El aeropuerto está en el mismo lugar, en Texcoco, pero se niegan a que el agua esté cerca y no sé cuándo se va a decidir. Fueron equipos internacionales, nosotros tuvimos que asociarnos con una firma norteamericana que ha hecho como 30 aeropuertos. Fue interesante. Lo presentamos a finales de abril y fueron tres meses de trabajo muy agitados.

Yo creo que eso lo mantiene tan bien ¿no, arquitecto?

¿Usted cree? Bueno, es que el trabajo… la arquitectura es una forma de vida, no es un oficio. Los que lo toman como un oficio de ocho horas o doce están locos, eso no es un arquitecto. O es una forma de vivir o no lo es.

Casi religiosa, ¿no?

Yo no soy religioso.

¡Por eso!

Ah, sí.

Entrevista Teodoro González de León

¿Le ha faltado algo? ¿Algún proyecto con el que sueñe?

Sé que es inútil pedir o imaginar y yo nunca he promovido una obra que quiero hacer, salvo el proyecto de Texcoco, que es anónimo y es para la ciudad. La obra que he hecho siempre me la han dado, o por concursos o porque quieren que la haga. Pero nunca me he promovido.

Hay gente que dice que usted ha sido favorecido por el Estado…

Ahorita no estoy haciendo nada de obra pública… Bueno, sí, pero porque me la gané (Infonavit). Además, están mal siempre porque la ley de obra pública es mala, pervertida, aleja al arquitecto de la dirección de obra. Es idiota, desprecia. Por ejemplo: en un concurso yo gané el Palacio Legislativo de Guanajuato, la obra está casi terminada, se hizo con muchos problemas, y me excluyeron totalmente de la dirección de obra.

¿Para no pagarle?

Seguramente, la Ley de Obra Pública tiene una escapatoria, dice que eso se puede hacer con otro… Está pésimamente redactada.

Pero hablando de arquitectos y forma de vida, ¿qué me dice del temple que necesitan para ir de concurso en concurso?

Sí, son fatigantes, y más en México porque siempre están mal organizados. Yo ya hice dos concursos sobre el Zócalo y cero resultados. En el primero no lo dieron, el político se olvidó, y en el segundo dieron resultados, pero no pasó nada. No saben respetar; si tienes diez invitados, es un compromiso moral fuertísimo, pero “No, siempre no”.

Y a los concursos internacionales no nos invitan a los mexicanos, a los de invitación, no los concursos libres, eso no es jugar siquiera un volado, es nada.

Entonces, ¿le queda algún sueño por hacer?

No. Vivo en el presente, auténticamente. Me interesa mucho el pasado porque es una forma de conocer el presente, de tener más riqueza para ver el presente. El pasado es dudoso también porque el que conocemos, lo conocemos desde el presente, entonces está muy deformado, pierde… Y del futuro no hay que pensar porque es totalmente impredecible, no creo que se pueda adivinar nada, ni de la vida personal ni de la de los amigos, ni de la nación ni de la ciudad. Nada. Me niego. Es inútil. Y eso tiene una explicación: y es que el futuro es lo que hacemos todos juntos, entonces es imprevisible. m

Entrevista a Juan Palomar sobre Atlas de Proyectos para la Ciudad de México 2012

El 16 de julio del año pasado ya había anunciado en este blog el trabajo que estaban realizando Juan y Alberto sobre un Atlas de proyectos en la Ciudad de México.  Ahora Ana Guerrerosantos le hace una antrevista a Juan Palomar sobre esta iniciativa y al parecer el siguiente número sera sobre Guadalajara y después sobre Monterrey.  A continuación la entrevista:

Picture 1Por: Ana Gerrerosantos

Primero la Ciudad de México, enseguida Guadalajara y posiblemente en un tercer turno  Monterrey, será el orden de la ruta trazada por el equipo de Juan Palomar y Alberto Kalach para proponer mejoras a las ciudades del país en varios planos: la cuadra, la calle o la zona de cada urbe, vertidas en una edición tanto impresa como digital.

Con un primer ejercicio recién salido del horno, el Atlas de Proyectos para la Ciudad de México 2012, en dos tomos coeditados por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y por la promotora cultural Contornos, la publicación plantea cómo a las ciudades, “a lo largo del tiempo, millones de decisiones parciales, más o menos afortunadas, la(s) han ido modificando, dándole(s) una ‘forma informe’, imposible de captar como forma, mas no como sistema, como organismo, como el exoesqueleto del hombre urbano, que carcome el territorio”.

Así, desde la incansable búsqueda por lograr la Ciudad Lacustre en el Lago de Texcoco, hasta la simple “verdificación” de una avenida que la lleve de ser “un paisaje anodino a algo mucho más razonable” –en palabras del tapatío Juan Palomar-, el par de tomos de este primer Atlas de Proyectos presenta 37 propuestas mismas que surgieron de la participación en un concurso del Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México. “El concurso no llegó a ningún lado pero Alberto y yo decidimos hacer una publicación donde se presentaran con la mejor claridad posible estas ideas para la ciudad y poderlas comunicar al mayor número posible de gente”.

Con herramientas como ilustraciones “lo más evidentes posibles” y textos breves, la edición busca hacer las veces de “una invitación, una provocación, un llamado a analizar el propio barrio, la manzana, las calles, los arroyos subsistentes, la periferias a preservar”, en fin, la intención es la de “inquietar a la gente y sugerir que la ciudad puede ser de otra manera, podría cambiar si nos ponemos de acuerdo y le exigimos a las autoridades que se hagan cosas con sentido”.

Como ejemplos brincan el caso de Ciudad Nezahualcoyotl del Distrito Federal que “es un tejido denso y muy poco amable, en un entorno urbano bastante ingrato pero que tiene unos centros en donde se han construido una serie de instalaciones y el planteamiento es limpiarlos, hacer espacios verdes y vivienda vertical de tal manera que se le den ciertos acentos al paisaje anodino”. Y en las páginas destinadas a este proyecto titulado “Neza York”, Palomar y Kalach citan al escritor José Emilio Pacheco: “Entre las causas de la violencia ciega que amenaza con destruirlo todo, nadie incluye la desolación y la desesperanza que engendran vivir, sobrevivir, en un lugar donde toda fealdad tiene su asiento”.

Otro ejemplo destacable es el de los bordes urbanos: “Limitar el desparramamiento de la ciudad con estructuras fuertes de vivienda que formen un contorno ya definido y que defiendan lo que está más allá de ellos para que siga siendo área natural o llenar unas barrancas con cuerpos de agua permanentes para transformarlos en entornos mucho más atractivos”. Así explica Palomar la solución que ellos encuentran a los casos de la Reserva del Ajusco, Santa Catarina y el Parque Metropolitano del Cerro del Chiquihuite en México.

“Bordes claros y precisos, con avenidas y espacios públicos; con vivienda, servicios, recreación, cultura y comercio, formarán el límite entre ciudad y naturaleza”, lee la presentación que también subraya: “El problema es muy complejo. Pero va en su resolución el futuro de la ciudad, la calidad de vida de sus habitantes”.

Para que se conozcan las ideas

Palomar y Kalach desarrollaron este Atlas de Proyectos para la Ciudad motu proprio. Las ilustraciones fueron producidas en el taller TAX, del segundo, con técnicas mixtas ya que resalta su artisticidad, pero la producción en general corrió a cargo del Conaculta. Se tiraron 50 mil ejemplares para lograr “llegar a los chavos, a los barrios, a los dirigentes, a los políticos, a los funcionarios, a los interesados y Consuelo Sáizar –cuando todavía presidenta de la instancia gubernamental- compró la idea, la apoyó y ahí está”.

En tanto, en la lista de colaboradores aparecen personajes como de la arquitectura Miquel Adrià, titular de la editorial Arquine, y Eduardo Vázquez, así como los escritores Ricardo Cayuela y Arturo Rosenblueth; e incluso el político, ecologista e investigador Gabriel Quadri con quien Palomar y Kalach ya habían trabajado en conjunto anteriormente para un libro sobre Ciudad Lacustre.

Actualmente la publicación está por salir a distribución tanto en la Ciudad de México como en Guadalajara, Monterrey y otras capitales. Los autores están a la espera de las fechas de presentación pues está la expectativa de que “sirva como irritante, estimulante, que se rebata y se discuta”, dice Palomar quien ya cuenta con la invitación de la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción en Guadalajara para ello, pero con fecha por confirmar.

“El objetivo –reitera-, es que la gente piense que las ciudades no necesariamente son tan horrorosas y tan incómodas y tan absurdas como las que tenemos, sino que pueden ser otra cosa y que de ahí lo que nos separa es una voluntad, y que si nos juntamos muchos, podemos moverla”.

Guadalajara y Monterrey

El Atlas de Proyectos para la Ciudad de México, con sus tomos I y II, “es el primer paso para hacer otros”, informa el arquitecto quien además adelanta que ya se está trabajando en el de Guadalajara.

“Aquí hay muchas ideas que se han ido dando a través del tiempo, por distintos arquitectos, por distintos grupos, pero no existe algo que les de un núcleo o un vehículo para no estar inventando el hilo negro cada vez”. Y visto también como un estimulante o acicate para exigirles a las autoridades una mejor ciudad, Palomar señala tentativamente como ejemplos el lograr “un enorme parque en el Cerro del Cuatro, el aprovechamiento de La Barranca, la transformación del Centro, los bordes urbanos por todos lados, la preservación de La Primavera de una manera mucho más sensata, etcétera, etcétera”.

Con planes para producirlo en este 2013, el entrevistado también adelanta que la intención es realizarlo en conjunto con el ITESO, cuya escuela de Arquitectura cumple 50 años, pero de igual forma con otras instituciones. A repetirse como compiladores y organizadores, Palomar y Kalach tienen en sus planes invitar a varios arquitectos y personalidades “clave que tienen visiones muy importantes”, mismos a los que convocarán en breve para “definir lineamientos y hacer un primer listado de material, y con eso, encontrar un despacho o un lugar en donde se produzca el material, los gráficos, juntar los textos, el diseño editorial y después la impresión”.

Enseguida Monterrey también con una convocatoria y concurso de ideas continuaría la lista de este proyecto de Atlas de Proyectos para la Ciudad que Juan Palomar y Alberto Kalach lanzan para que “la gente diga algo y pueda reaccionar, o por lo menos para que no se diga que fuimos una generación de aburridos, como dice Juan Goytisolo”.

PARA SABER
En línea

El Atlas de Proyectos para la Ciudad de México de Juan Palomar y Alberto Kalach puede verse en http://www.mexicociudadfutura.com

Más reflexión y menos intelectualización: Humberto Ricalde [El Informador]

El arquitecto considera ejemplar la Cruz de Plazas de Guadalajara.

El yucateco, radicado en el df, es una referencia por su trabajo en la UNAM y en diversos despachos

GUADALAJARA, JALISCO (22/SEP/2012).- Presente en Guadalajara para dar una charla titulada “Sentir, Pensar y Habitar” en el Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana, Humberto Ricalde –nacido en Mérida, Yucatán (1942) pero radicado en el Distrito Federal— habla sobre sus 70 años de vida y los 46 de estos que le ha dedicado a su quehacer profesional. Libre, sin ataduras a un despacho para su producción arquitectónica o grupo alguno de gestión ejecutiva o ideológica, su único apego ha sido el académico como parte medular del taller Max Cetto de la UNAM.— Arquitecto, las personas del CCAU comentan que a usted le gusta mucho venir a Guadalajara.

—Sí, yo les decía que son las prebendas de tener 70 años y de haber venido por primera vez en 1960 o 61, hace 50 años. Y es extraño porque llega uno a esta edad y no se siente viejo, y además de haber estado aquí hace 50 aún creo que es una ciudad bellísima. Siempre lo he dicho: su sistema de Cruz de Plazas tiene una prestancia que ningún otro centro histórico tiene. La idea de Ignacio Díaz Morales de estructurar así, enmarcar el Teatro (Degollado), comunicar estas diversas plazas, el Palacio de Gobierno y prolongarlo hasta el Teatro… porque después la otra intervención, la que llega hasta el Hospicio Cabañas, fue excesiva. Yo conocí la Cruz de Plazas sin la Plaza Tapatía, una intervención maravillosa, radical, con las fuentes que rodean al teatro, los naranjos y la Rotonda de los Hombres Ilustres. En fin, siempre digo que al menos la parte estructurada del centro da una sensación centroeuropeísta.

— ¿Y a la distancia, arquitecto, cómo ve Guadalajara?

—Hacía cinco años que no venía. Lo que vi en el aeropuerto –me dicen que lo reformaron hace apenas unos años—… tiene escala, es grande pero es muy amable y no es monumental, porque por ejemplo –y vamos hacer la crítica— la Terminal 2 de Francisco Serrano (en el Distrito Federal), claro que se necesitaba, pero la sección de los agujeritos lo hace poco amable aunque internamente tiene muy buena luz, y ves este, con todas sus adiciones e intervenciones, y es muy cordial. También vi el hotel (Riu), es bastante digno como acento urbano. Pero un día Juan Palomar me llevó al Centro Cultural Universitario y vi el teatro (Telmex)… ¿de quién es esa intervención? (es obra de José de Arimatea Moyao. NDLR). Peca de monumental. Mucho. Y los edificios urbanos deben ser a la escala de donde actúas y a veces en la arquitectura de Serrano y de toda esa escuela, hay algo de monumentalidad.

— ¿Con quiénes se ha asociado en estos 46 años?

—Antes de irme a Europa trabajé diez años con Augusto Álvarez, el gran racionalista funcionalista que era mi paisano. Cuando regresé estuve con Félix y Luis Sánchez Arquitectos, ahí puedes contar otros 18 años. No es que haya estado los 18 pero cuando había intervenciones urbanas grandes o conjuntos habitacionales, la torre en el remate de Reforma donde está el caballote de Sebastián –iba a ser un hotel y acabó siendo oficinas— y también la prolongación de Reforma hasta el Desierto de los Leones. Eran intervenciones urbanas tan grandes que a veces poníamos oficina específica, digamos, conmigo como jefe de taller para desarrollarlas. Bueno, diez y 18 suman 28. Después estuve con López Baz y Callejas ocho años, vamos en 36. Y hasta hace dos años estuve 10 años con Moisés Becker. Ahí están los 46.

— ¿A dónde se fue los cinco años que menciona?

—Hice mi maestría en Praga, en diseño arquitectónico en la Escuela de Artes y Oficios y después, como admiro muchísimo al arquitecto Alvar Aalto y una finlandesa me invitó a ese país, estuve ahí un par de años. Verdaderamente es una tierra maravillosa, llena de tradiciones profundísimas. Busqué trabajo en la Sociedad de Arquitectos y como en la oficina 24 encontré algo… La gente dice que yo trabajé con Alvar Aalto pero yo no trabajé con él, yo trabajé en una oficina de planificación urbana, pero Giovanna, mi mujer, sí. Ella es especialista en espacios teatrales y Aalto estaba haciendo uno.

— ¿Cuáles son algunas obras suyas que lleva en el corazón?

— Sí. El conjunto Unidad Latinoamericana con Félix y Luis Sánchez que está entre avenida Universidad y Cerro del Agua, son mil 640 viviendas. No está firmada, pero fue maravilloso hacerla siempre con las prisas burocráticas porque Luis Echeverría la inauguró un 20 de noviembre ya que el 1 de diciembre cambiaba la presidencia.

Con Moisés Becker un edificio en Prados Sur, publicada en Arquine, es un edificio para oficinas para una agencia informática y es un edificio que él y yo hicimos con mucho cariño. Con Alberto Kalach, dos edificios en concreto que yo desarrollé ejecutivamente, digámoslo así. Unos son de los años setenta, otros de los ochenta, y hay que aclarar que todos son en coautoría, o sea, no soy el arquitecto que firma obra, la firmo pero con quien me invita.

— Al entendimiento de la arquitectura que tenemos hoy, ¿qué le quitaría y qué le sumaría?

—Le quitaría excesos de interpretación intelectual y racional, y me acercaría más a un entendimiento integral de la arquitectura. Más reflexión y menos intelectualización, eso haría yo con la arquitectura.

Por: Ana Guerrerosantos El Informador

Reflexiones para diseminar la arquitectura

Sergio Ortiz coordinador del curso Arquitectura y Pensamiento Contemporáneo

Desde hace aproximadamente cinco años, varias universidades locales retiraron o redujeron al mínimo las materias de Historia y Teoría en los planes de estudio de la carrera de Arquitectura. Limitadas a un semestre, la información que se le puede proporcionar al alumnado en estas clases es insuficiente y por ello, los propios estudiantes han buscado y aforado cursos, conferencias y seminarios en otros espacios e instituciones. Tal es el caso del CCAU (Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana) que para esta segunda parte de 2012 organiza un curso enfocado al discernimiento de estos temas en un entorno absolutamente actual.

Coordinado por el arquitecto Sergio Ortiz, el programa titulado Arquitectura y Pensamiento Contemporáneo contará con la participación de 10 conferencistas que ahondarán en puntos sumamente específicos de la historia, la teoría y el contexto presente de esta disciplina.

“Quisimos que en el curso estén teoría e historia, como dos campos que cuando cruzas una línea entre ambos, esto se convierte en la crítica”, explica el coordinador del curso. Y esta última, interpretada tanto como “movimiento teórico, teoría crítica o post teoría crítica”, será la plataforma de un programa que se centra en “invitar a que se reflexione acerca de la arquitectura y que los chavos sean capaces de diseminar lo bueno de lo malo”, subraya Ortiz.

Por lo tanto, desde “el pensamiento contemporáneo como algo menos definitivo, normativo o rígido” y más bien como una ventana de reflexión a las teorías como  “algo más provisional que se va cambiando, se va modificando y ya no es esa idea tan científica”, el curso, a iniciar este próximo 22 de agosto, arrancará con la participación de Leonardo Díaz-Borioli con Historiografía: La historia de la historia y continuará con Teoría de la Arquitectura Contemporánea a cargo del propio Sergio Ortiz.

Otra visión

“Muchas veces el presente es demasiado inmediato para saber que lo que está ocurriendo, es lo que va a prevalecer —explica él—. Entonces necesitas esta visión desde fuera para saber qué es lo que pesa, lo que prevalece y lo que queda”. Así, un repaso del menú de las más trascendentes tendencias ubicará al asistente en una perspectiva global del acontecer arquitectónico. “Recuerdo que en mi formación, el arquitecto Robert Venturi y su teoría de la complejidad y la contradicción de la arquitectura era la norma; y los  discípulos de Venturi, como Michael Graves, eran los arquitectos que realmente que rifaban ¿no? Ahora, 30 años después, ¿dónde están estos cuates? Tienen su lugar dentro de la historia, pero no tienen el peso que tenían en aquel entonces”.

Y luego de mencionar a estos estadounidenses, Ortiz continúa su ejemplificación hablando del holandés Rem Koolhas: “En los noventa y hasta el 2001, sus teorías del pragmatismo eran apabullantes, avasalladoras, y ahora a la distancia, creo que Koolhas ya tiene su medida y no voy a decir que es un pensamiento sin relevancia, pero ha ido teniendo menos impacto en las nuevas generaciones”.

El análisis de estas “modas” o “movimientos de impacto en los medios”, será presentado de manera general en el curso, el cual también está pensado como un diálogo con personalidades de la arquitectura de la Ciudad de México. Entre estas, Paloma Vera que impartirá una conferencia titulada Proyecto versus texto, y Fernanda Canales con Arquitectura en papel, ensayos, dibujos y libros, ambas plumas de la revista Arquine; o el académico Humberto Ricalde, de quien el entrevistado subraya el valor de su presencia en el curso Arquitectura y Pensamiento Contemporáneo ya que es quien “introduce la teoría post Villagrán a la generación de Bernardo Gómez-Pimienta, Enrique Norten, Alberto Kalach, Isaac Broid, (etcétera). Él es el que los forma con una nueva teoría y quien realmente introduce un nuevo pensamiento en las carreras de arquitectura que estaban, digamos, bastante congeladas en Villagrán, y que en Guadalajara (el equivalente) era Díaz Morales”.

Enseguida, Sergio Ortiz destaca a Juan Carlos Cano. “Es muy interesante —dice— porque su formación es de arquitecto pero luego se va a España a hacer un doctorado en Teoría Crítica Literaria, y ahora escribe en Letras Libres sobre arquitectura”. Para el coordinador es de suma importancia que todos los participantes conjuguen la práctica con la docencia o la crítica.

Pero en el cartel de este curso, destacan también los nombres de José Dávila y Jorge Méndez Blake, ambos artistas plásticos tapatíos. “Sí. Ellos dos son de Arquitectura del ITESO, son artistas pero su obra tiene mucho que ver con esa intersección entre el arte y la arquitectura, el espacio y la luz. En el caso de José Dávila más por cuestiones espaciales, y en el de Méndez Blake también se cruza una parte de literatura pero con un carácter de objeto”, apunta el coordinador.

Las participaciones de Méndez Blake responden a los nombres de 21 ideas para leer el arte del siglo XX; El problema de la autoría y la originalidad, Apropiacionismo y dependencia; y Arquitectura vs arte contemporáneo, algunos casos de estudio. Dávila, por su parte, hablará acerca del Situacionismo y arquitecturas utópicas en los sesenta.

El valor de la teoría

Para Sergio Ortiz, el hecho de que se tratara de teóricos fue de absoluta importancia al momento de conformar el programa. “A veces vas a congresos de arquitectura y realmente ves a personajes que presentan su obra pero no te deja mucho su conferencia. Reconoces el talento y la capacidad, y te quedas impresionado por la obra, pero no hay nada de reflexión”. Por eso Arquitectura y Pensamiento Contemporáneo, como una invitación a cavilar profundamente.

En la primera de sus tres participaciones, el coordinador presentará los principales temas abordados en publicaciones especializadas durante los últimos años. “Es parar el tiempo y decir, hasta ahorita este es el mapa de lo que se está discutiendo, criticando o reflexionando en la arquitectura hoy, por ahí va”. Y a su vez, esto se verá complementado por las subsecuentes ponencias “donde uno de esos temas lo va abordar un expositor en específico, entonces será como el zoom in y el zoom out” hacia el pensamiento contemporáneo de la arquitectura.

Mas informes en www.ccau.org / ccau.info@gmail.com

Fuente : El informador, Ana Guerrerosantos.

Ponen la muestra en Venecia

Cinco despachos de Guadalajara van a la XIII Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia, Italia. Ellos son los equipos comandados por Elías Rizo, Paolino Di Vece, Carlos Rodríguez, Alejandro Guerrero y Raúl Juárez Perezlete, quienes incrédulos aún, se preparan para aprovechar la oprtunidad de que el encuentro más importante del mundo en arquitectura abre sus puertas a creadores de estas latitudes.

Y es que si bien en las 12 anteriores ediciones de esta destacada reunión de lo mejor de la arquitectura universal México ya había estado presente en numerosas ocasiones, esta vez, bajo la dirección del británico David Chipperfield, el espectro se amplió a más latitudes y rincones del territorio mundial.

Así, entre nombres como el del estadounidense Steven Holl, el español Josep Lluis Mateo, el japonés Arata Isozaki y otros más de tal talla que en total suman 50, esta quinta tapatía redobla esfuerzos para dejar en alto el nombre de sus despachos y del país, ya que en la muestra en la que participan en el Palacio Bembo, los únicos mexicanos además de ellos son los integrantes de T3arq de Cuernavaca, Morelos.

Pero en estas oficinas de Guadalajara, todo comenzó por la llegada de un correo electrónico que más de alguno consideró una tomadura de pelo y que luego de algunas verificaciones, acabaron por darles seriedad absoluta. “El correo era una invitación para expresar un interés de participación y a partir de ahí establecimos contacto con ellos”, explica Raúl Juárez, y enseguida vino el entendimiento de que “dentro de la Bienal de Venecia y la muestra de arquitectura hay varios eventos y este es parte del programa pero no está en las sedes principales, esto es en otro edificio (el Palacio Bembo) –señala a su vez Carlos Rodríguez Bernal- y lo que hizo Chipperfield fue invitar a más curadores que son los que propusieron estas otras muestras o eventos dentro del marco de la Bienal”.

El curador de la muestra del Palacio Bembo, René Rietmeyer de la Fundación GlobalArtAffairs –quien organiza el evento- hizo la preselección para enviar las 100 invitaciones a la exposición y la selección ulterior para emitir las 50 confirmaciones. Días más adelante, los llamó telefónicamente “para pedir las especificaciones de lo que querríamos exponer, nos pedía el diseño con dimensiones, formato y apariencia”, relata Rodríguez.

Así, enfocados en el tema que recoge a toda la XIII Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia en un común denominador, el cual responde al título de Terreno común (Common ground), los cinco despachos tapatíos trabajan en sus propuestas, para ser expuestas del 29 de agosto al 25 de noviembre del año en curso.

Ana Guerrerosantos

PARA SABER
En el Palacio de Bembo

Elías Rizo, Paolino Di Vece, Carlos Rodríguez, Alejandro Guerrero y Raúl Juárez Perezlete,son los arquitectos que forman parte del listado que conforma la exposición “Rastros de centurias y Futuros pasos”, que tendrá lugar en el Palacio Bembo durante la próxima Bienal de Venecia 2012, del 29 agosto al 25 de noviembre.

Elías Rizo Arquitectos

Para el titular de este despacho, participar en la Bienal de Venecia es “una de estas cosas que no esperas que lleguen y que afortunadamente llegan”. Consciente de la responsabilidad que implica estar profesionalmente al lado de Holl o Isozaki, Rizo Suárez confiesa que fue uno de los que al principio casi pasa por alto la invitación, pero que al darse cuenta de la veracidad del documento electrónico, tuvo una semana para conceptuar su propuesta. El raciocinio le dictó preguntar “¿qué es common ground, qué es para David Chipperfield y qué quiere ver?”. Lo que van a presentar tiene que ver con “cómo se relaciona el tema del common ground –que es el mundo entero- y cómo todos estamos amarrados, todos somos uno y cómo nuestra arquitectura, desde los detalles más pequeños, está absolutamente ligada al common ground”. Mediante textos y video, el equipo de Elías Rizo expresa que “cada pensamiento que tenemos como arquitectos y que llevamos a cabo en nuestro trabajo está conectado a ese territorio común”.

LEAP

Para el laboratorio en arquitectura progresiva LEAP, constituido por Raúl Juárez Perezlete, Heriberto Hernández Ochoa y David Bercovici, llegada la invitación, “decidimos orientar la propuesta hacia el lado de las intervenciones urbanas, comenta Hernández. También con video, LEAP presentará una exploración sobre la Guadalajara que ellos prevén para 2042, basándose en la historia fundacional de la ciudad y un posterior análisis y diagnóstico ya realizado sobre el Centro Histórico tapatío. “¿Cómo vemos a Guadalajara cuando cumpla 500 años? –cuestiona Juárez- Entonces vamos a incorporar proyectos de carácter urbano y otros más puntuales en una propuesta integral”.

SPRB

Carlos Rodríguez Bernal y Laura Sánchez Penichet, por su parte, han denominado a su propuesta como “In Between” (Entre) ya que para ellos el terreno común “habla también de los espacios entre edificios y los procesos de cómo la gente los utiliza”, explica ella.

Especialistas en la arquitectura de paisaje, esta dupla sostiene que el discurso de su proyecto podrá dialogar con el concepto de Chipperfield sobre el terreno común“entre formas, espacios, lugares y temas”. Con tres meses para la entrega, él a su vez señala que “es una primera idea que habrá que desarrollar”.

SPRB expondrá lo suyo en un espacio compartido con el despacho ARS Atelier de Alejandro Guerrero.

Di Vece Arquitectos

Paolino Di Vece, quien interpreta la propuesta de Chipperfield como una oportunidad “no para ver arquitectura espectacular y virtuosa sino que prefiere ver cuáles son los elementos de su práctica profesional que son comunes para todos” lo cual conlleva a “un sinnúmero de respuestas correctas (donde) probablemente no haya una sola que sea mejor que las demás”, esboza su propia propuesta en los contrastes. “La composición es el proceso de hacer comparaciones contrastadas pero en equilibrio, que se derivan de necesidades programáticas, de las características contextuales del territorio y de las tradiciones culturales que confrontan una evolución constante”. Por ello, masa y vacío, luz y sombra, texturas, colores y ausencias serán la base del lenguaje de Di Vece Arquitectos en Venecia, a lo que han invitado al artista plástico Adrián Guerrero y las colaboraciones de Ricardo Agraz y Diego Delfín Álvarez.

Ars Atelier

Alejandro Guerrero y Andrea Soto llegarán a Venecia con un término: “Intertectonicidad, que es cómo una obra puede recordar a otras, es la universalidad de las formas”, aclara él. “Entonces esto se empata con el discurso de Chipperfield en el sentido de que en este suelo común, nuestra producción como arquitectos no intenta ser diferente, sino hablar un poco de lo mismo, por ejemplo, hay proyectos donde la arquitectura recuerda el paisaje, es decir, hay veces que el paisaje prevalece o se pone en un alto relieve respecto a la forma”. Así, se hace una analogía a la intertextualidad de la literatura, en la que en ciertos libros existen otros o son el recuerdo de más, acota Guerrero.

FRASE

Hay proyectos donde la arquitectura recuerda el paisaje, es decir, hay veces que el paisaje prevalece o se pone en un alto relieve respecto a la forma

Alejandro Guerrero, arquitecto

Fuente El Informador

Los mundos de Bernardo Gómez Pimienta

Bernardo Gómez Pimienta, arquitecto que va de la casa a la taza y del pabellón al sillón, es un malabarista de la escala geométrica. Hoteles, clubes o estaciones de bomberos, librerías, parabuses y bancas urbanas, o bien, vasos, fruteros y manijas, están en el “surtido de trabajo” suyo que recopiló bajo el sello editorial de Arquine y el auspicio del Conaculta.

El libro, que lleva su nombre por título, es el segundo muestrario de su trabajo en arquitectura y en diseño de objetos. “Es una recopilación del trabajo de 2003 para acá que combina proyectos construidos y objetos de diseño industrial, entonces tienes un edificio, una silla, una casa, un vaso y pasas por diferentes escalas, lo que a mí me parece sugerente”.

Recientemente presentado en la Ciudad de México el pasado 14 de marzo con la presencia de Agustín Hernández, Luis Enrique Mendoza, Miquel Adriá y la afamada Zaha Hadid quien “es muy raro que escriba o presente, pero muy amable ella, quiso hacerlo porque fue mi profesora en la maestría (Universidad de Columbia) hace muchos años”, el libro cuenta además con textos de los antes mencionados y de otros grandes nombres del medio como Peter Cook y Eric Owen Moss.

Multiplicidad y austeridad

En su escrito, la angloiraquí Hadid enaltece la duplicidad de Gómez-Pimienta como arquitecto y diseñador de mobiliario y productos. “Su trabajo aquí documentado adapta principios de diseño a varias escalas para lograr una visión arquitectónica única”, dice ella, mientras que el estadounidense Eric Owen Moss arranca por decir: “Lo sencillo no es simple” y entonces divaga por esta idea en la que el precepto es “nada superfluo; nada trivial. Casi nada, como casi todo. Es aquí donde se sitúa la arquitectura”. Y luego de versar hondamente sobre la sencillez lograda en el diseño y el lenguaje de Bernardo Gómez-Pimienta, acota: “No es el mundo como lo vemos, sino una versión cuidadosamente corregida. Una convicción de que debajo de la multiplicidad reposa la austeridad”.

El británico Peter Cook, a su vez, destaca la obra de su colega mexicano como “una arquitectura cool que nunca es tediosa” y párrafos adelante cierra tanto la idea como el texto diciendo: “Esta arquitectura que nunca es tediosa no es una trampa de la luz, si no una brillante trampa con la luz”.

Así, es “el trabajo de los últimos ocho años contado en un libro que pasa de diferentes programas a diferentes escalas” y que muestra cómo la cerámica, el vidrio y otros materiales se han ido sumando al universo creativo de Bernardo Gómez-Pimienta quien tiene perfectamente claro que la arquitectura “se hace en equipo” y el diseño “es una cosa más personal”. Cuenta que los proyectos habitacionales los hace en su despacho, rodeado de los miembros de su equipo, mientras que los objetos “van saliendo en mi cuaderno”.

Inspirándose en “la vida diaria, lo que leo, los viajes, las películas, un poco de todo y claro, los programas, las necesidades de fabricarlo, construirlo, la preexistencia que haya” es como han venido bancas urbanas, fruteros, floreros, vasos, manijas, chapas y demás objetos que constituyen esa parte del contacto físico con la arquitectura.

En tanto, de su despacho no paran de salir proyectos de los más distintos tipos. “La semana pasada inauguré la Biblioteca Castro Leal y ya no llegó a salir en el libro, pero están muchos otros en diferentes lugares”, señala.

La vuelta al mundo

Casas en Guadalajara, Monterrey, Distrito Federal, conjuntos habitacionales y edificios hoteleros en el país y en otros como Israel,  China y Venezuela, los pabellones de México en Francia, Colombia e India sí están en la edición, a lo cual el arquitecto comenta gustoso: “Son muchos proyectos (32), desde cosas muy pequeñas hasta grandes y en lugares muy diversos y también eso es sugerente porque se está representando a México en lugares lejanos”.

Para Gómez-Pimienta uno de los atractivos del libro, además de lo anterior, es que “tiene un ritmo que te va rompiendo todo, tiene cierta densidad y peso que hacen que se sienta muy rico, además de que es un libro en el que el tiempo se nota”.

Para este artífice del espacio y las formas, hacer la edición de su obra reciente fue “mostrar cómo se arman los proyectos en su contexto y su topografía, cómo se articulan los materiales y cómo se juntan las cosas”, evidenciando al final de su lectura y contemplación que la diversidad de escalas y que el ir de la casa a la taza es algo que “a mí me divierte mucho”.

La Ciudadela

Actualmente Bernardo Gómez-Pimienta desarrolla un edificio que albergará todas las instalaciones culturales del gobierno francés en el Distrito Federal. Este contempla auditorio, salones, galerías, hemeroteca, restaurante, “además de dos torres de vivienda, oficinas y una parte comercial rodeando una propiedad que fue la antigua embajada de Francia la cual se restauró”. En su escritorio también está un par de casas que le entusiasman ya que una es para un artista plástico que solicitó entrepisos altos para su obra, y la otra que –sobre la carretera a Toluca- será toda de piedra con interiores de madera.

“Y otra vez, en diferentes escalas”, subraya, porque además está desarrollando el plan maestro para la renovación de La Ciudadela, un edificio del siglo XVIII en la Ciudad de México que fue fábrica de tabaco, cuartel militar, prisión y posteriormente biblioteca. Tuvo una intervención de Abraham Zabludovsky realizada en 1987, y hoy, el gobierno del Distrito Federal hace gestiones para su recuperación integral. Gómez-Pimienta, junto con Alejandro Sánchez, tienen a su cargo tanto el plan maestro como los espacios interiores de todo el complejo que se extiende sobre 30 mil metros cuadrados, y esto incluirá teatro, cafetería, área infantil, librería, junta general, oficinas, hemeroteca y otros. “Vamos a todo vapor con esto porque tiene que estar este año”, advierte este arquitecto quien en palabras de Agustín Hernández “ve ahora un sueño superado, una geometría humanizada y habitada, producto del conocimiento multidisciplinario”.

Ana Guerrerosantos

PERFIL
En primera línea

Bernardo Gómez-Pimienta (Bruselas, 1961), es director de la escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac del Distrito Federal. En 1998 recibió el primer Premio Mies van der Rohe de América Latina; es miembro Honorario del American Institute of Architects, del Institute Royal des Architectes de Canadá y del Sistema Nacional de Creadores de Conaculta.

fuente: El Informador