Lamentable el fallecimiento de Humberto Ricalde (1942 – 2013)

Humberto Ricalde en el CCAU Centro para la CUltura Arquitectónica y Urbana. Miércoles 19 de septiembre 2012
Humberto Ricalde en el [CCAU] Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana. Miércoles 19 de septiembre 2012
La arquitectura mexican pierde a un gran arquitecto. Personalmente fue un placer conocerlo y  tenerlo en Guadalajara en septiembre del 2012.

Unas plabras de Alejandaro Hernándes de su blog OTRO:

humberto –porque siempre pedía que así se le llamara: “mi mamá me puso humberto” o, en su defecto, maestro ricalde– fue para mi, como creo para muchos en los últimos cuarenta años, la persona de la que más aprendí de arquitectura. no sólo lo que sabía y enseñaba –palabra que detestaba: “¡la arquitectura no se enseña, se aprende!”– sino, sobre todo, por la pasión sin límites por pensar con arquitectura.

conocí a humberto hace ya casi veinte años, cuando en una conferencia de carlos mijares hice un comentario quizás impertinente. terminada la conferencia se acercó, me saludó y me felicitó por lo que había dicho. nada disfrutaba más humberto que la impertinencia, y se deleitaba en ejercerla. después la carrera fue larga. fue mi tutor y luego me invitó a ser su asistente en un curso donde aprendí tanto como en los años de la carrera.

humberto siempre se presentó como arquitecto. detestaba la idea de ser calificado como crítico, historiador o teórico. le gustaba contar que a manfredo tafuri, el gran historiador italiano, lo conoció sentado en una constructora revisando planos y a quien se atrevía a calificarlo de teórico, humberto le respondía con una mentada de madre o sacando su lapicero de la bolsa de la camisa y diciendo “con esto me gano la vida”. humberto dibujaba y proyectaba tanto como escribía y enseñaba. sin tener una oficina propia –alguna vez lo intentó y alguna de las crisis del país acabaron con ella– humberto colaboró con muchos arquitectos. trabajó para augusto álvarez, a quien reconocía como su maestro; dibujando para barragán junto con giovanna rechia, su esposa, los planos que aquél nunca hizo de su casa; con félix sánchez, con alberto kalach, con lopez baz y calleja y con salomón gorshtein, entre otros. humberto se definía como un mercenario, su lápiz era su arma y recorriendo la ciudad te podía señalar los distintos edificios en los que había colaborado –algunas eran batallas perdidas, otros grandes triunfos.

humberto también inició varias empresas editoriales. traza, un suplemento del periódico uno más uno; luego la revista a, asociado con enrique norten, alberto kalach e isac broid y más tarde hicimos los cuatro números de trazos, unos cuadernitos temáticos dedicados al laberinto, el baño, el territorio y el cine. además de textos, prólogos y presentaciones en infinidad de libros y revistas. tan duro crítico con amigos como con extraños, humberto nunca se llevó bien con lo establecido y las figuras de autoridad. cuando sospechaba que alguno de sus conocidos cercanos habíamos caído en esa trampa, no dudaba en asestar el golpe –que no iba casi nunca dirigido a la red, sino al incauto que se había dejado atrapar por ella.

con el dibujo, preciso y exacto, otra de sus pasiones era la historia de la arquitectura. no se puede proyectar sino desde ahí, decía e hizo suya la frase de bruno zevi: enseñar historia de la arquitectura en las mesas de dibujo y a proyectar en los laboratorios de historia. como le gustaba hablar y contar cosas –y escribir era una prolongación natural de ese gusto–, contaba las historias de los edificios, de sus arquitectos y de la época en que vivieron y trabajaron como parte de lo mismo. las curvas que dibujaba aalto y el vodka que prefería se mezclaban para explicar una planta o un detalle. recién leí en una novela de alessandro baricco algo que humberto hubiera suscrito:

no somos personajes, somos historias. nos quedamos parados en la idea de ser un personaje empeñado en quién sabe qué aventura, aunque sea sencillísima, pero lo que tendríamos que entender es que nosotros somos toda la historia, no sólo ese personaje. somos el bosque por donde camina, el malo que lo incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa, el color de las cosas, los ruidos.”

humberto siempre hablaba de arquitectura pero no entendía a quienes sólo hablaban de arquitectura. lo que leía, lo que veía, lo que cocinaba, comía y bebía, la vida, pues, era todo parte de ese pensar con arquitectura. eso le enseñó a muchas generaciones por más de cuarenta años de aprender, con ellos, a pensar y hacer arquitectura. él mismo vivió y pensó –la arquitectura y la vida– con una intensidad que pocos alcanzan –doble disciplina lo llamaba él: entregarse al trabajo y entregarse a la vida por completo.  así, contando edificios o cantando boleros, recordaremos a humberto, el maestro ricalde.

 

Otras formas de hacer arquitectura

Por Alejandro Hernández Gálvez 

Aunque bajo el encabezado de este texto está, como de costumbre cuando es mi turno, mi nombre, lo que sigue lo escribimos y suscribimos Fernanda Canales, Eduardo Cadaval y yo.

En México se deberán construir en los próximos 12 años cerca de 18 millones de viviendas, además de escuelas, hospitales, carreteras y toda la infraestructura de soporte. ¿Quiénes planearán y construirán estas obras? ¿Qué beneficios tendría hacerlo bien? ¿Cuáles las repercusiones de hacerlo mal? El potencial de la obra pública como detonador de urbanidad ha transformado ciudades y sociedades. Sitios como Medellín y Bogotá cambiaron tanto su fisonomía como su historia al vincular arquitectura -como bibliotecas de barrio, escuelas y guarderías- con infraestructura de transporte colectivo y espacio público. Entender la continuidad entre la casa, la banqueta, la calle y el parque transformó la vida de miles de personas.

Durante los últimos 50 años las ciudades de México han crecido sin planeación. Tampoco existe una democratización ni transparencia en la asignación de los proyectos públicos. El acceso a proyectos a través de concursos abiertos no es un problema de arquitectura, sino de cultura democrática, de igualdad de oportunidades laborales y de lucha contra la corrupción. Un concurso favorece el surgimiento de nuevas ideas y ofrece múltiples soluciones a un mismo problema. Más que concursos monumentales, quizá los que necesitamos son aquellos de nivel básico, desde el centro deportivo de un pequeño pueblo a la clínica regional o la nueva guardería. En uno de los países con más escuelas de arquitectura en el mundo -más de 100- y con uno de los mayores índices de construcciones informales y de falta de credibilidad institucional, los concursos también pueden ayudar a mejorar la calidad de la educación al abrir oportunidades para que tanto alumnos como profesores se enfrenten a problemas concretos donde la arquitectura podría volverse algo más útil.

En los años cincuenta, para la creación de Ciudad Universitaria, hubo un concurso interno y más de 100 arquitectos participaron en el proyecto. En los años noventa, para el Centro Nacional de las Artes, el concurso fue por invitación y sólo participaron ocho grupos. La construcción de nuestras ciudades, de nuestras casas, escuelas, hospitales y calles no puede seguir dependiendo de las decisiones del gobernante o administrador en turno. Se requiere de una ley que obligue a que haya concursos de proyectos para cualquier tipo de obra pública, algunos abiertos y otros por invitación, algunos locales, otros regionales, unos nacionales e incluso, los menos, internacionales. Con una normatividad clara tanto para convocar los concursos como para seleccionar al jurado.

¿Vamos a confiar en que las instituciones funcionen sin una participación enérgica y colectiva? ¿Seguiremos esperando a que los legisladores vislumbren la necesidad de dicha ley o, movilizándonos, seremos capaces de proponerla? Se requieren poco más de un millón 300 mil firmas para que una iniciativa ciudadana llegue al poder legislativo, ¿cuántos estudiantes de arquitectura y arquitectos somos en el país? ¿Cuántos queremos un juego con reglas claras en el que todos podamos participar? ¿Cuántos ciudadanos querrán sumarse y saber a quién pueden exigir mejores servicios? Los ciudadanos son los que pagan las obras que muy pocos eligen y reparten. Es su dinero el que se gasta pero no sus espacios los que se construyen. Es tiempo de buscar otras formas de hacer arquitectura.

http://www.reforma.com/editoriales/cultura/677/1353411/default.shtm?plazaconsulta=reforma&