Gabriele Basilico La fotografía de la ciudad (1944-2013)

Por: Alejandro Hernández. Blog OTRO

Nacido en Milán, Gabriele Basilico (1944-2013) estudió arquitectura —Aldo Rossi fue uno de sus maestros— pero desde muy pronto se dedicó a la fotografía. Sus imágenes en blanco y negro de paisajes urbanos, prácticamente deshabitados, son quizás de las mejores descripciones de la ciudad contemporánea, sea Berlín o Beirut, haciéndonos pensar al mismo tiempo en los grabados de Piranesi —”indudablemente mis fotos de Beirut entran con relación a las ruinas piranesianas” escribió el mismo Basilico [Architetture Città, Visioni, (Milán: Mondadori, 2007)].

tomado de la pagian de Arquine

Basilico narra que “en 1963, cuando, timidísimo, frecuentaba los primeros cursos de la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milán, la fotografía no era parte de mis proyectos para el futuro”. De esos años, Basilico destaca la figura de Aldo Rossi y su La arquitectura de la ciudad, de 1966. Basilico destaca “el procedimiento analítico de Rossi de confrontar los edificios singulares con el tejido urbano, de dar profundidad a la historia en el diálogo con lo moderno (en otras palabras, de restituirle un sentido de continuidad vital a la tradición)” y la noción de hecho urbano. Esa influencia de Rossi y de su atención a lo urbano sobre el edificio singular, es visible en el trabajo fotográfico de Basilico, quien también se reconoce deudor del trabajo riguroso y sistemático, casi obsesivo, de Bernd y Hilla Becher.

De la fotografía como registro, como catálogo de nuestro entorno, Basilico llega a darse cuenta que su tema “no eran las obras construidas por el hombre, sino también y sobre todo la relación fuerte entre las obras del hombre y el espacio”. Un espacio que sólo puede sacarse a la luz –fotografiarse pues— mediante “una mirada lenta, una mirada hiperanalítica, que para ver y representar lo que tenía enfrente, necesitaba de un tiempo dilatadísimo”. El interés de Basilico en sus desoladas y precisas composiciones era, dice, “hacer salir al espacio de la fotografía, transgredir la convención del margen”.

La mirada lenta y construcción de ese espacio infinito, más allá de los límites de la fotografía, dependían en buena medida, para Basilico, de la mecánica de su máquina. Prefería trabajar con una cámara que le impusiera “un procedimiento lento y poco contemporáneo,” pero que le permitía “tomar consciencia del espacio”: “la máquina de gran formato, con tripie, y con su tiempo lento de preparación, ayuda a ver con los ojos y no con la cámara, habitúan a ver para fotografiar. En cierto sentido, la técnica y el modo de «observar », estrechamente conectados, imponen un modelo de comportamiento”. Por eso una de sus máximas era que “el fotógrafo debe siempre estar atento a no contradecir lo que el ojo ve”.

Con todo y sus imágenes que muestran toda ciudad como una ruina en potencia —como si en el pasado de toda ciudad estuviera la roma de Piranesi y en su futuro el Beirut del mismo Basilico—, no pensaba que la imagen revelara más que lo que podía narrarse, que la imagen valiera por mil palabras: “creo —escribió— que la escritura en general y sobre todo la narración, tienen un poder de evocar, describir y reinventar un lugar mejor que cuanto pueda hacer una imagen”. La ciudad es como un libro que debe leerse por entero, dijo Basilico, uno de sus mejores lectores contemporáneos.

 

Urbanismo, televisión e imaginación

Un muy buen artículo de Alejandro Herández sobre el nuevo libro de Jeff Speck Walkable City.

Por: Alejandro Hernández Gálvez. Blog OTRO

Ayer leí el primer capítulo del nuevo libro de Jeff Speck walkable cityla ciudad caminable. speck define la caminabilidad como un fin y un medio a la vez que una medida: “mientras que las recompensas son físicas y sociales, la caminabilidad es tal vez más útil en cuanto contribuye a la vitalidad urbana y es más significativa como indicador de esa misma vitalidad.”

speck explica que lo que hace que una ciudad sea caminable no son sólo las banquetas, pasos peatonales, rampas y demás, sino, sobre todo, el tejido (fabric) de la ciudad: “la colección cotidiana de calles, cuadras y edificios que anudan a los monumentos.” dice también que el peatón es una especie muy frágil –”el canario de la mina de la habitabilidad urbana”. el caminar debe cumplir –según speck– con cuatro condiciones: ser útil –llevarnos a alguna parte–, seguro –sobre todo percibirse como seguro–, cómodo e interesante.

en el primer capítulo, why walkability?, speck afirma que la vida peatonal es la única manera en que se pueden dar encuentros casuales que deriven en amistades –entendamos que la vida peatonal va desde la caminata en la banqueta hasta el café o la copa en la esquina o el almuerzo en el buen restaurante de barrio.

afirma algo más: que en los estados unidos las nuevas generaciones están optando por vivir en centros urbanos, en vez de en suburbios, y desplazarse a pie, en bicicleta o en transporte público. es más que una moda: es una tendencia demográfica que, entre varias razones, tiene un componente imaginativo: hoy más gente se imagina vivir en la ciudad de otra manera, no pasando horas en su auto privado atrapados en el tráfico sino en centros urbanos relativamente densos y con diversidad de usos al alcance no de la mano sino de los pies.

el cambio depende en gran medida de nuestra capacidad de imaginarnos de otro modo –creo fue castoriadis quien dijo que una sociedad funciona exitosamente mientras sea capaz de imaginarse exitosamente como sociedad. y la imaginación, hoy, es alimentada en buena medida por la televisión.

speck dice que el creció en los suburbios viendo por horas en la tele programas como la isla de gilligan, the brady bunch, la familia partidge. si en la primera serie se trata de una comunidad aislada por accidente, en los segundos eran comunidades aisladas voluntariamente: exiliados a la paz del suburbio a dónde sólo se llega en su auto –o en autobús, pero también privado como el de los partridge. claro, sigue speck, que también veía programas donde la ciudad aparecía como protagonista: dragnet, mannix o las calles de san francisco. en todos esos casos la ciudad era escenario de violencia y crimen. el mensaje que la televisión –como inception– colocaba en el imaginario colectivo era claro: la ciudad es peligrosa, el suburbio apacible.

las nuevas generaciones han crecido también en los suburbios, pero ahora –escribe– viendo seinfeld, friends o, más tarde, sex and the city. la ciudad se ha vuelto, en esos programas, un espacio agradable, atractivo, donde los amigos se encuentran y divierten. notemos que el énfasis es, como la famosa serie, en los amigos y ya no en las familias o, más bien, las familias también aparecen ahora mostrando su cara oculta –como los suburbios: desperate housewives sería el mejor ejemplo de la nueva manera de ver al suburbio y a la familia: tan disfuncionales y peligrosos como antes imaginábamos a la ciudad.

cuando en las elecciones pasadas se culpaba –no sin razón– a la televisión privada de ser parcial al informar, escribí aquí que peor que lópez dóriga resultaba cualquier telenovela o programa de la televisión mexicana que limita nuestra imaginación y construye estereotipos de formas de vida. no dudo que el show de bill cosby, al presentar a una familia negra exitosa, haya sumado a la posibilidad de que hoy estados unidos tenga un presidente negro. tampoco dudo que will & grace y más tarde modern family the new normal ayuden a que la sociedad tenga otra imagen de los homosexuales. por supuesto no supongo que la televisión sea el único motor de esos cambios, pero si un importante combustible o, de menos, lubricante, y en un país sin lectores, como méxico, con mayor razón.

hace mucho que no veo en la tele nacional otra cosa que noticieros y similares, pero supongo que las telenovelas siguen siendo, además de historias repetidas, mal actuadas y producidas pobremente, un escaparate de mal gusto donde las mismas “técnicas narrativas” –qué excesivo resulta aquí ese término– se usan para presentarnos la situación física de la historia, el dónde: una imagen fija de un exterior y luego pasamos a un interior acartonado, siempre igual, con la misma iluminación y decorado. por lo que recuerdo –y me resisto a hacer el trabajo de campo– los personajes de las telenovelas mexicanas no van a restaurantes o bares –mucho menos reales– ni al parque, no caminan por la banqueta, no andan en bici y menos en pesero o en metro –y si algo así sucede, es para mostrarnos la triste vida de la niña pobre que al final será salvada gracias a que, en realidad, es la hija perdida del rico, rubio y guapo.

en la televisión mexicana, además de que parece no existir el 70 por ciento de la población nacional –al que finalmente van dirigidos esos programas– la ciudad es un fantasma, la vida urbana, pública, está ausente. el mexicano que vive en una terriblemente diseñada casa geo a tres horas de cualquier centro urbano se sienta en la noche, muerto de cansancio, a ver el interior acartonado y de mal gusto de la casa del rico en la telenovela –o de la vecindad, que siempre será una farsa.

por eso cuando leo que los “vecinos y comerciantes” de división del norte se oponen a una ciclovía o que “vecinos y comerciantes” de la roma y la condesa se oponen a los parquímetros, supongo que en buena parte tiene que ver con su incapacidad de imaginarse algo distinto a lo que viven, incapacidad si no generada sí al menos fomentada por el imaginario televisual.

tiene razón fernando escalante cuando escribe que “el público es el culpable”, pero en las maneras de usar y, sobre todo, imaginar el espacio público, quienes no han visto mucho y lo que han visto no les muestra otras posibilidades, poco pueden hacer. ¿será parte de la solución, para una mejor ciudad, más seinfeld y menos telenovelas?

Lago asfaltado

Fuente: http://www.arquine.com/blog/lago-asfaltado/

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

Sous le paves la plage: bajo el pavimento la playa. La consigna del 68 parisino parece una versión del subtítulo de la novela que Diego Cañedo publicó en 1945: Palamás, Echevete y yo o el lago asfaltado. Diego Cañedo fue el seudónimo de Guillermo Zárraga, arquitecto, profesor, político y escritor. El lago asfaltado es un viaje en el tiempo en la ciudad de México, que también es protagonista de otros textos de Cañedo-Zárraga, como El Gran Planificador –breve relato en el que el Popocatépetl, tras una gran erupción, ordena el caos de la gran ciudad de México, convirtiéndose, por tanto, en El Gran Planificador.

Para Italo Calvino, a veces, sobre un mismo suelo y bajo un mismo nombre, se suceden ciudades diferentes sin haberse conocido, incomunicables entre sí. Aunque a veces hay trazos y rastros que persisten y, desde hace siglo y medio, gracias a la fotografía, imágenes. Las imágenes de la ciudades nos cuentan esa acumulación de trabajos y días, de obras y desobras, de construcción y destrucción. Esa condición casi forense de la fotografía es la que apuntaba Roland Barthes al explicar que lo que en ella se reproduce al infinito, existencialmente es irrepetible. La ciudad y su imagen se revelan como cambio y permanencia, diferencia y repetición.

Sobre este lago edificamos una ciudad pero bajo el asfalto persiste el lago y en las imágenes, como fotogramas  de una película sin director, las secuencias y con suerte las consecuencias de esas transformaciones. De los más de dos millones de imágenes que guarda el Museo Archivo de la Fotografía, se presentan aquí algunas no como registro nostálgico de un pasado mejor, sino como muestra de un cambio constante que sólo por momentos parece estabilizarse bajo la apariencia de orden para, poco después, cambiar de nuevo en un vertiginoso y complejo proceso de organización, a veces exitoso y muchas otras no, cuyo resultado, por ahora, es el lago asfaltado.

Ayer se inauguro El lago asfaltado. Gran exposición del acervo del Museo Archivo de la Fotografía (MAF). La muestra -hasta marzo del próximo año- está integrada por más de 80 imágenes del acervo histórico del MAF con base en la curaduría de Alejandro Hernández Gálvez. El museo, ubicado en “La casa de las ajaracas”, detrás de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, resguarda más de dos millones de imágenes fotográficas (negativos en nitrato, acetatos, positivos plata gelatina, placas de vidrio) que dan cuenta de los distintos procesos de transformación urbana que han ocurrido en la ciudad durante los últimos cien años, particularmente a través de las obras públicas.

Esta exposición reúne parte de este vasto archivo fotográfico con base en una iconográfica centrada en ofrecer un panorama muy preciso sobre las diversas etapas de cambios y adecuaciones que han acontecido en la capital mexicana. De tal forma se exhiben vistas aéreas o registros de la edificación de monumentos y edificios fundamentales en el panorama arquitectónico de la ciudad, que en conjunto ofrecen al espectador una visión ampliada de las improntas del pasado que han definido el aspecto matérico de la ciudad.  Para completar el discurso curatorial se presenta un grupo de autores mexicanos contemporáneos que han retratado la ciudad desde distintas perspectivas: Guillermo Kahlo, Héctor García, Pablo Ortiz Monasterio, Francisco Mata, Antonio Caballero, Ilán Rabchinskey, Verea-Lake, Adam Wiseman y Pablo López Luz.

 

Un canon arquitectónico capitalino y una colección jalisciense

Juan Palomar Verea

Toda arquitectura necesita, para arraigar en la mentalidad compartida, de un relato. Una relación de hechos, personajes y sucedidos, que conformen un imaginario común en el que las diversas historias puedan imbricarse y tomar vigencia. Así, cada trayectoria independiente encuentra relaciones y distancias, reconoce afinidades y diferencias, se inscribe dentro de tal tendencia o afirma su marginalidad. Para volver a todo esto visible y compartible, significativo, alguien tiene que contar la historia y, por fuerza, establecer un canon, una lista más o menos razonada de actores arquitectónicos cuyo trabajo se propone como relevante y digno de atención.

Es una tarea no exenta de riesgos. De inclusiones y exclusiones derivadas de múltiples factores. Es más que conocido el hecho fundamental del centralismo exacerbado que desde siempre padece nuestro país. Desde la capital se han escrito las historias y se ha sancionado –o ignorado- la participación de los distintos arquitectos en el devenir de la disciplina a través del tiempo. Ha hecho falta, consuetudinariamente, el contar con visiones que desde los estados, desde otras ciudades y regiones, cuenten sus historias y hagan valer sus particulares cánones. Es obvio que, por la misma fuerza de las cosas, concurren en la ciudad de México presupuestos y visibilidades, trayectorias y obras. Habría que contar con historias nacionales contadas desde otros lugares que no fueran, forzosamente, la ciudad de México.

Uno de los últimos ejercicios en la propuesta de un canon mexicano es la publicación del libro 100 x 100, Arquitectos del Siglo XX en México. Los autores son Fernanda Canales y Alejandro Hernández Gálvez, y fue publicado por la Editorial Arquine. Constituye un valioso ejercicio y recopila datos e imágenes de gran utilidad, a la vez que aporta una buena bibliografía específica sobre muchas de las figuras incluidas.

Para Jalisco, y la región occidental del país, es fundamental contar con un relato a la vez propio y atento a otras regiones. El esfuerzo iniciado por Arabella González Huezo desde la Secretaría de Cultura de Jalisco, con la serie Arquitectos Jaliscienses del Siglo XX, y que ha encontrado una afortunada continuidad, es una excelente herramienta para acometer esa tarea. Llega por estos días, con el libro dedicado a Julio de la Peña, a la entrega número 22 de esa colección. Es un canon propio y en construcción de los creadores arquitectónicos de la región, al que sin duda se irán agregando otras figuras significativas. Varios de esos personajes están, por cierto, inscritos también en la publicación capitalina. A partir de estos trabajos corresponderá más tarde, esperanzadamente, la construcción local de algunos relatos generales en los que se reconstruyan las relaciones y las tensiones entre los diversos actores de la arquitectura regional y su contexto. Y de allí se deriva la propuesta de los cánones que sirvan de referencia para entender el devenir de la arquitectura en nuestros ámbitos, instrumento esencial para plantear y realizar nuevos desarrollos.

Los dos esfuerzos editoriales están en construcción. Los autores de 100 x 100 anuncian nuevas ediciones, revisadas y aumentadas, de su obra. La colección de Arquitectos Jaliscienses prosigue también en sus producciones. Contar con relatos que nos ayuden a entender el pasado sin duda resulta fundamental para situarnos en el presente y tomar partido ante el futuro.

 

100×100 Arquitectos del Siglo XX en México

Nuevo libro de de Fernanda Canales y Alejandro Hernández Gálvez, el cual es fruto de una extensa investigación, constituyendo una suerte de diccionario de la arquitectura mexicana del siglo XX. Alejado de todo historicismo, intenta proponer una lectura desde el siglo XXI, trazando líneas temporales y conexiones dinámicas entre las tendencias, los hechos y los protagonistas de la modernidad arquitectónica en México.

Ordenando alfabéticamente por autor y compuesto casi exclusivamente por fotos de época, el libro refleja los vaivenes de una arquitectura a caballo entre la tradición y la vanguardia, entre el color y la abstracción, entre la transparencia y la masividad. Se presentan así, una selección de cien arquitectos, entre los cuales se encuentran Manuel Rocha, Luis Barragán, Félix Candela, Guillermo Zárraga, entre muchos otros importantísimos arquitectos de la historia mexicana.

Además de los cien, se pueden contar las sociedades y cuatro urbanistas y planificadores; Carlos Contreras, José Luis Cuevas, Domingo García Ramos y Hannes Meyer.

Desde su diseño mismo, el volumen reconstruye los derroteros de una historia aún en marcha, con un enfoque que ofrece, tanto al especialista como al estudiante o al lector curioso, una panorámica de obras y personalidades, configurando un relato en busca de nuevos significados.