Desde el frente: contra las bienales del ego (II)

Por Juan Palomar

Las bienales de arquitectura son una añeja tradición dentro del gremio. Vienen, posiblemente de los concursos y las muestras escolares de la École de Beaux-Arts, y luego de las etapas heroicas de las primeras modernidades, cuando fueron el vehículo de combate para una forma de entender la arquitectura que requería su exposición y difusión para sobrevivir y ganar más adeptos. Se comprende y se agradece. Pero los tiempos cambian, y las luchas que se necesita dar también.

Está por inaugurarse la Bienal de Arquitectura de Jalisco, organizada por el capítulo local de la Academia Nacional de Arquitectura. Meritorio esfuerzo. Pero, como ya quien esto escribe respetuosamente lo ha dicho, y ahora lo repite, ese esfuerzo bianual por mostrar muy parcial y pálidamente (ver anterior columna) y para su mutuo y casi exclusivo solaz las hechuras de algunos arquitectos debería más bien enderezarse para demostrar, en los hechos, el ejercicio útil, eficaz, creativo y fecundo del oficio. Sin ir más lejos, utilizar la misma energía (o más, esperanzadamente) que se emplea en organizar, producir imágenes y cartones al uso, museografiarlos, montarlos y admirarlos para en cambio ir, en grupo, en Academia, a algún pueblo (o un barrio) requerido urgentemente de arquitecturación y realizar allí un taller-repentina de dos o tres días, al término de los que se podría entregar al pueblo o al barrio del caso, a sus autoridades y/o a sus vecinos, una modesta pero significativa contribución a su mejoría integral arquitectónica. Y, entonces, comunicar a quien sea pertinente los resultados comunes de la Academia, sin protagonismos ni egos sobados. Así se podría hacer mejor honor a los objetivos de la institución, y sería mucho más divertido y pedagógico. No se puede ser complaciente ni convencional en tiempos como en los que vivimos, cuando la práctica profesional de la arquitectura está en una grave crisis y existe como nunca una aguda necesidad social del verdadero oficio del arquitecto.

Circula también estos días la convocatoria mexicana para la participación nacional en la bienal de arquitectura de Venecia del año próximo. Pasa casi lo mismo, aunque el enfoque de estas muestras haya evolucionado últimamente. En la bienal pasada, curada por Rem Koolhas, pudimos ver una inenarrable colección de “fundamentals”: puertas, ventanas, barandales, herrajes, etcétera y algunas cosas más interesantes, sobre todo de los países llamados emergentes. Pero no pasa mayor cosa. Este año Alejandro Aravena, el curador, propone el tema “Reportando desde el frente”, que suena mejor. Al efecto, por primera vez se hace un esfuerzo de tomar —aparentemente— en serio a lo que la provincia mexicana produce y no aplicar el tan conocido “chilangazo”. Y el arquitecto Salvador Macías ha convocado a un grupo más o menos heterogéneo de arquitectos tapatíos a ver qué se propone. Bravo.

Muy bien: Pero, ¿cómo enfocar un esfuerzo destinado al Arsenal de Venecia —o a alguna otra sede menos favorecida de la Serenísima— que valga la pena, desde Jalisco, desde Guadalajara? No, ciertamente dando paso al consabido desfile de creaciones arquitectónicas más o menos dispersas e irrelevantes. No porque puedan quizá carecer de interés algunas obras valiosas. Sino porque se continuaría así la inercia del convencionalismo, del individualismo casi siempre estéril y de la búsqueda del brillo personal y efímero en lugar de proponer planteamientos socialmente útiles realizados coordinadamente a partir de una plataforma territorial y espacial compartida y coherente.

Una propuesta en concreto: los arquitectos Pedro Alcocer y Sandra Valdés han estado realizando los últimos años un trabajo apasionante que se llama Anillo Primavera. Tiene que ver con el bosque del mismo nombre, con sus bordes cada vez más amenazados, con los múltiples contextos que en varios municipios requieren de arquitecturación. Esto es, de ordenamiento espacial, de alternativas urbanas y arquitectónicas, de actuaciones de todas las escalas y desde diversas disciplinas. Este es un enorme “frente” desde el que habría que reportar los trabajos arquitectónicos pertinentes, urgentes.

Podrían formarse, bajo la coordinación de Pedro Alcocer y Sandra Valdés, uno o varios equipos que atacaran ordenadamente distintos frentes de trabajo mediante una serie de visitas a los lugares o áreas concernidas y una serie de sesiones repentinas en las que, de la manera más sencilla, inmediata y contundente posible se planteen alternativas urbano-arquitectónicas. Con un buen collage de los resultados podríamos aspirar -como grupo- a presentar algo significativo al jurado que elegirá la representación mexicana y —¿quién sabe?-— al público de Venecia. Pero sobre todo adelantaríamos y contribuiríamos en el muy amplio e indispensable trabajo en favor de la Primavera y de nuestro estado. Y, claro, brindaríamos por la musa.

ELEMENTAL Monterrey

Fuente: http://www.archdaily.mx/mx/609958/elemental-monterrey

© Ramiro Ramirez
© Ramiro Ramirez
  • Arquitectos: Elemental S.A.
  • Ubicación: Nuevo Leon, Mexico
  • Área: 6591.0 m2
  • Año Proyecto: 2010
  • Fotografías: Ramiro Ramirez, Unknown photographer

  • Densidad: 477 (hab/há)
  • Superficie Casa: 58,75 m² (inicial, 40 m2 + ampliación, 18,75 m2)
  • Superficie Dúplex: 76,60 m² (inicial, 40 m2 + ampliación, 36,60 m2)
  • Mandante: Instituto de la Vivienda de Nuevo León (IVNL)
  • Ingeniería: Área de proyectos e innovación tecnológica, IVNL
  • Urbanización Y Especialidades: Área de proyectos e innovación tecnológica, IVNL
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© Ramiro Ramirez

Descripción de los arquitectos. ELEMENTAL Chile nos ha enviado la información corespondiente a su proyecto de vivienda colectiva en Nuevo León, México. Antes de revisarlo, queremos destacar que este edificio recién concluido ha sido ganador en los Brit Insurance Awards 2010, en la Categoría de Arquitectura, superando a proyectos como el High Line de Corner, Diller Scofidio + Renfro o el TEA, en Tenerife, de Herzog y de Meuron.

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© Ramiro Ramirez

Santa Catarina es una ciudad de 230.000 habitantes, ubicada en el Estado de Nueva León, en el norponiente de México. Este conjunto representa el primer proyecto Elemental fuera de Chile.

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© Ramiro Ramirez

El Gobierno de Nuevo León, México, nos encargó diseñar un conjunto de 70 viviendas en un terreno de 0,6 há en un barrio de clase media de Santa Catarina. La densidad requerida sugería aplicar la tipología diseñada para Iquique, sin embargo, el clima de Santa Catarina es muy distinto al del norte chileno (desértico). Los 600 mm de lluvia anuales exigen adaptar la respuesta a esta nueva pregunta.

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© Ramiro Ramirez

El encargo plantea el desarrollo de un barrio de clase media, con un financiamiento de US$20.000 por vivienda (casi el doble del presupuesto para los proyectos de vivienda construidos por Elemental en Chile). Sin embargo, los estándares constructivos y la normativa aumentan los costos de construcción significativamente. En este escenario, es muy pertinente la estrategia de invertir los recursos estatales en construir la “mitad difícil” de la vivienda, especialmente dada la capacidad de autoconstrucción observada en México, lo que asegurará un escenario de ampliación de las viviendas muy promisorio.

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© Ramiro Ramirez

El Proyecto

El proyecto plantea un edificio continuo de tres pisos de altura, en cuya sección se superponen una vivienda (primer nivel) y un departamento dúplex (segundo y tercer nivel). Ambas unidades están diseñadas para facilitar técnica y económicamente el estándar final de clase media, del cual entregaremos la “primera mitad” (40 m2). En ese sentido, las partes difíciles de la casa (baños, cocina, escaleras, y muros medianeros) están diseñados para el escenario ampliado, es decir, para una vivienda de más de 58 m2 aprox. y un dúplex de 76 m2 aprox.

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En segundo lugar, dado que casi el 50% de los m2 del conjunto serán auto-construidos, este edificio es poroso para que los crecimientos ocurran dentro de su estructura. Por una parte queremos enmarcar y ritmar (más que controlar) la construcción espontánea a fin de evitar el deterioro del entorno urbano en el tiempo, y por otra parte hacerle más fácil el proceso de ampliación a cada familia. La cubierta continua propuesta sobre llenos y vacíos protege de la lluvia las zonas de ampliación y asegura el perfil definitivo del edificio frente al espacio público.

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© Ramiro Ramirez

En tercer lugar, la experiencia nos dice que en barrios de clase baja las áreas verdes tienden a ser “de tierra“, debido a la escasa mantención y a la distancia que existe entre área verde y casa, que no permite que los vecinos la cuiden. Lo que hicimos en este caso, fue “rodear” el área verde con el edificio, reduciendo al mínimo la distancia entre el espacio comunitario y las viviendas. Esto nos permite definir un espacio colectivo de accesos resguardados, que da lugar a las redes sociales y genera las condiciones favorables para que la mantención y cuidado suceda por la proximidad de las casas.

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Todos los departamentos tienen acceso directo desde el espacio público y estacionamiento, condición especialmente relevante en un país en el que cualquier familia puede acceder a un automóvil.

ELEMENTAL y su tipología de vivienda “A medio terminar”: un éxito en toda situación

Desde que desarrollaron su tipología para el proyecto Quinta Monroy en Iquique, Chile, la casa a medio terminar se ha transformado en una firma para ELEMENTAL: han utilizado la técnica en múltiples ciudades de Chile, así como su proyecto de vivienda en Monterrey, México. La tipología comenzó como una idea para lidiar con bajos presupuestos, el cual permite a los gobiernos proporcionar vivienda a los ciudadanos a precios increíblemente bajos, pero a la vez para la creación de viviendas que cubran las necesidades de las personas y que generen valor con el tiempo. Ahora, ellos han aplicado su teoría a su proyecto en Villa Verde.

Lee más sobre la tipología y la forma en que se ha aplicado en Villa Verde, a continuación …

 

Cortesía de ELEMENTAL

En Villa Verde, ELEMENTAL fue capaz de trabajar con un presupuesto más alto que en oportunidades anteriores. En lugar de proporcionar una vivienda a los miembros más desfavorecidos de la sociedad, ahora diseñaron para gente  quien  utiliza el fragmento superior de la política de vivienda social en Chile.

Tomando en consideración un presupuesto mayor, ELEMENTAL cree “que podríamos haber tomado una de nuestras propias tipologías más económicos y utilizar el dinero extra para acabar con ellos … pero pensamos en aplicar una vez más el principio de la construcción gradual y priorización de los más complejos componentes, esta vez con los estándares más altos tanto para la formación inicial y el escenario final.”

Este tema es de exclusiva urgencia, ya que empresa Arauco tiene previsto ampliar este diseño a cerca de 30 ciudades a lo largo de Chile, todos ellos con una población de alrededor de 10.000-20.000 personas. La investigación de ELEMENTAL mostró que “no es exactamente en este tipo de ciudades en las que se encuentra el peor nivel urbano”, y por esta razón se consideró más importante centrarse en la calidad de la construcción y no de su totalidad.

Los residentes también reciben entrenamiento sobre cómo mejorar sus viviendas. Cortesía de ELEMENTAL

Su diseño de Villa Verde es un paso más para demostrar que su idea original es válida y está un paso más adelante en el camino hacia la vivienda social;  hay un valor intrínsico en el proceso de construcción gradual si es que se utiliza en el extremo más barato o más caro de la vivienda social. Fundamentalmente, esto muestra que todos los propietarios tienen expectativas, para muchos propietarios la mejor manera de dar cuenta de esta aspiración es ofrecer flexibilidad y espacio para amplificaciones.

Otro novedoso aspecto de este proyecto en particular es la estructura de las organizaciones involucradas: en lugar de proporcionar viviendas sociales de forma directa al gobierno, como en proyectos anteriores, ELEMENTAL recibió el encargo de una empresa que quería ofrecer viviendas a sus empleados a través del fondo más amplio del gobierno.

En un plano estético, Villa Verde muestra que hay una cierta aptitud de vecindad en este tipo de desarrollo, en el que los propietarios de viviendas tienen más participación en la apariencia final del edificio. Esto evita la calidad de potencial sin lugar que se ve presente en un diseño previsto para 30 barrios diferentes en todo el país, cada dirección refleja una calidad distinta de sus ocupantes.

En esencia, el proyecto Villa Verde instaura una tipología desarrollada por ELEMENTAL, hace ya casi 10 años en la Quinta Monroy – ya muy minimizado a una técnica eficaz de mejorar las condiciones de vivienda para las personas que viven en las peores condiciones posibles – es mucho más versátil de lo que alguna vez podríamos haber creído.

Fuente: http://www.archdaily.mx/269418/elemental-y-su-tipologia-de-vivienda-a-medio-terminar-un-exito-en-toda-situacion/

“Si tienes talento, no lo uses para llegar más lejos”

Por: El País

Cuando Alejandro Aravena (Santiago de Chile, 1967) estudiaba arquitectura, su país era una dictadura a la que llegaba poca información. Entre ese poco, conoció la obra del arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura, a quien, varias décadas después, un jurado del que Aravena formaba parte le concedió el último Premio Pritzker. Tras firmar numerosas facultades en la Universidad Católica de Chile y dos edificios en la de Austin (EE UU), Aravena se empeñó en relanzar las viviendas “incrementales”, las que crecen con las necesidades y posibilidades de sus dueños, y con su estudio, Elemental, colaboró en la reconstrucción de Constitución, la ciudad asolada por el terremoto de 2010. Su capacidad para trabajar desde la escasez le ha convertido en uno de los arquitectos del momento.

Usted ha formado parte del jurado del Premio Pritzker con solo 42 años. ¿Cómo llega un arquitecto joven a juzgar quiénes son los mejores del mundo?

En 2006, el jurado del Pritzker pasó por Chile y visitó mis Torres Siamesas en la Universidad Católica. Supongo que habría empatía intelectual o química. Luego, el nivel de la discusión para cribar calidad probablemente sea el más alto que yo he debatido en mi vida. Se discuten las milésimas y te metes en unas honduras que exigen poner el cerebro y la intuición al máximo de capacidad.

¿Cuándo se dio cuenta de que era uno de ellos, un arquitecto planetario?

En 1985, el profesor Hernán Riesgo nos decía que no nos estaba educando para operar en Chile, sino para ser arquitectos del mundo. Entonces sonaba estrambótico, pero el primer consejo que nos dio fue que midiéramos los edificios. Como en Chile no había un solo edificio que mereciera la pena medir, lo primero que hice al terminar fue irme a Europa. El profesor me aconsejó que midiera los edificios porque llegaba “de una huelga de hambre”: “Si se enfrenta a la arquitectura tal cual, se le va a indigestar”.

Y así, en Venecia, en Grecia, en Florencia, en Sicilia y en Turquía se dedicó a medir edificios.

Tenía que tragarme el cuerpo de conocimiento de la disciplina. Uno se traga el Partenón como si tuviera que decidir el paso siguiente. Aunque no lo dé nunca. La otra parte de la respuesta es que cuando llegué a dar clase a Harvard, proveniente de nuevo de la nada, allí se hizo más o menos evidente que tu campo de operación es el mundo completo. Con cuidado, uno tiene que creerse eso y al mismo tiempo no creérselo nada. Y en Harvard supe que, analizando bien un caso particular como Chile y la vivienda social, podíamos llegar a soluciones globales. Con todo, no me considero global. Trabajo desde Chile, aunque tengamos un proyecto en Shanghái.

¿Le compensa trabajar en Shanghái?

Aceptamos los trabajos que implican un desafío profesional.

¿Eso lo ha podido hacer siempre?

Es difícil decir no a proyectos que puedan significar altos honorarios.

¿Ha dicho que no a muchos proyectos?

Dije tanto que no en un momento de mi vida que entre 1995 y 1997 renuncié a la arquitectura y me dediqué a otra cosa.

¿Dio clase?

Un bar. Era tan violento para mí haberme ido a tragar el cuerpo del conocimiento de la arquitectura y dibujar semana tras semana los edificios, que no me iba a dedicar después a hacer bromas. Para hacer estupideces, decidí mejor no hacer nada. Es mejor hacer algo bien, cualquier cosa, que mediocremente lo que se supone que es bueno.

Esa condición heroica de la arquitectura, ¿fue un pecado de juventud o ha determinado lo que ha hecho después?

Soy idealista, pero también muy pragmático. ¿Cómo se puede vivir así? Bajas tus necesidades al máximo. No se necesita demasiado para vivir. Lo que necesitas para estar contento es más bien poco, pero tienes que estar satisfecho con lo que haces. Eso te da libertad para aceptar los trabajos que son realmente pasos en una carrera profesional hacia cosas que tengan sentido. El asunto es mirar atrás con 60 años y no tener que decir: “Si lo hubiera hecho de otra manera…”.

Tan altos objetivos sorprenden en alguien que ha experimentado la escasez. La clase media chilena no tiene fácil acceso a la educación superior. Una vez conseguida, ¿cómo no intentar transformarla en mejora económica, no tenía presiones familiares?

No. Para ganarse la vida como clase media teniendo una formación universitaria, uno llega a fin de mes con casi cualquier cosa.

Pero usted aspiraba a más.

No a mucho más desde el punto de vista económico, pero sí desde el punto de vista profesional. Y con un conjunto de clientes muy malos, uno tras otro, la verdad es que tiene más sentido dedicarse a hacer otra cosa. Fue más bien una renuncia a la falta de calidad que una renuncia económica. La económica nunca va a ser demasiado grave. Estoy preparado para eso.

Viene de una familia de profesores, ¿por qué quiso ser arquitecto?

En Chile postulas a la universidad indicando prioridades. Yo elegí como primera opción arquitectura, y como segunda, danza y flauta. Sabía que si no era arquitectura no era nada. Pero al mismo tiempo no sabía lo que era la arquitectura. Para entrar había que hacer una prueba especial y yo quedé en primer lugar. Eso significaba que podía estudiar pagando la mitad. Cuando te dan esa oportunidad, muerdes el hueso y no lo sueltas. Recuerdo la universidad como algo serio. Por eso cuando nos decían: “ustedes se van a tener que medir con el Partenón”, nos lo creíamos.

¿Todavía lo cree?

Cada vez con más dificultad y sentido de la realidad. Pero eso no quita que esa sea tu hambre. Hace poco fui a India y a Bangladesh a ver el edificio de Louis Kahn. Pasa todo el tiempo, te encuentras arquitectos que te botan al suelo. Me sucedió con Rafael Iglesias, en Argentina, por ejemplo. Cuando ves esos trabajos, te das cuenta de la ridiculez de tus propuestas.

¿Esa exigencia habla de la medida de su ambición?

La calidad envía mensajes con el ejemplo. Pero encuentro esa especie de maestro en otros ámbitos del conocimiento. Podría suceder que un arquitecto llegara al máximo de su profesión sin haber hecho ni un rasguño a la sociedad. Ese es el drama de la arquitectura hoy.

Usted dejó claro que quería hacer arquitectura social, pero con ánimo de lucro. ¿Eso es romper tabúes y normalizar la arquitectura?

Tienes que poder vivir para hacer las cosas. En tercer año teníamos un taller clave: hacer una casa unifamiliar. Escogías el cliente, el lugar… Todos elegían un cliente excéntrico, un artista por ejemplo. Se tendía a pensar que la calidad del cliente aseguraba la calidad del proyecto. Yo hice la casa para un taxista. El taxista existía. Era Morales, un tipo que le ayudaba a mi padre a preparar curanto [una comida del sur de Chile que cuece mariscos y carne bajo tierra] en las fiestas de cumpleaños. Me interesaba ver qué de lo que yo estaba estudiando en la universidad, Palladio o Vitrubio, le importaba a un tipo que tenía que dejar el taxi en la casa porque era su fuente de ingresos o colocaba el refrigerador en el living porque era un símbolo de estatus. Yo me preguntaba: para una persona que todos los días debe coger el transporte público, ¿qué es la calidad de vida? Te preguntas qué puede aportarle la arquitectura a alguien como él. Y qué relación tiene el discurso de la universidad con esa vida.

¿Esa preocupación por las personas antes que por las obras le venía de familia?

Al revés, mis padres son bastante de derechas. Pero un tipo joven tiene que preocuparse por esas cosas cuando las ve. Desde ese proyecto, mi preocupación como arquitecto ha sido siempre la misma: la vida diaria de las personas que lo tienen difícil. No superdifícil, no es el niño con la monja en África; se trata de poder solucionar asuntos cercanos.

¿Cómo consiguió volver a ser arquitecto?

Hay momentos en que se quiebran los círculos. Y eso sucedió cuando me encargaron la Facultad de Matemáticas de la Universidad Católica de Santiago. Un antiguo profesor, en ese momento decano de la Facultad de Arquitectura, sugirió mi nombre. A partir de ahí tienes un patrimonio. Haces bien el edificio y construyes sobre eso.

Una oportunidad lleva a la otra, pero también cambia su relación con el poder, con ‘el Club Chile’ que usted critica.

Siguen siendo proyectos en los que concursas por méritos. No son encargos. Hay una institución que tiene que escoger, y ahí es donde en Chile, dentro de todo, me parece que opera la meritocracia. Sin ella, yo no existiría.

¿Defiende que con autoexigencia un arquitecto puede llegar a trabajar en círculos ajenos a su clase social?

Un proyecto es una inversión. Tú mismo te construyes el próximo cliente.

Muchos proyectistas tienen la sensación de trabajar contra el cliente. ¿Usted no tiene ese problema?

Quizá porque no soy muy artista. No tengo una agenda con exploraciones conceptuales que quiera desarrollar y para la que necesito un cliente.

¿Qué quiere hacer?

Me interesaría solucionar los problemas que pudieran interesarle a cualquier ciudadano, sea su casa, un barrio o problemas de segregación y violencia. Yo estudié una disciplina que me entrega fórmulas para traducir a formas esas cuestiones intangibles que preocupan a cualquiera.

¿Eso es lo que hacen en su estudio, Elemental? ¿Cómo comparten seis socios y cuarenta personas una manera de pensar?

Escuchando lo que le sucede al de al lado. Cada vez me cuesta más tener ideas a priori o certezas. La vía del ejemplo me parece que es la mejor manera, la cultura de lo que se traspasa cara a cara.

¿Es difícil mantener la unanimidad a medida que aumentan los encargos?

Para atender ciertos encargos, no se puede no crecer. Éramos 25, y Codelco, la compañía chilena del cobre, nos encargó rehacer Calama, la ciudad del cobre. El lugar de donde sale la riqueza de Chile tiene una calidad de vida absolutamente desfasada con la riqueza que produce. La gente ha salido ya dos veces a la calle y 30.000 personas han bloqueado la ciudad reclamando mejoras. Así como Constitución supuso la reconstrucción del terremoto y la previsión del futuro, allí el terremoto es social y ambiental por la manera de producir de la mina. Para realizar ese encargo hay que pasar de 25 a 40 personas, y ese es un encargo al que no se puede decir que no. No tenemos resuelto el tamaño del estudio.

¿Cómo se aprende a trabajar desde la escasez?

Cómo ha sido criado uno, aflora en lo que haces. “No se bota la comida” es algo que termina instalándose en tu forma de ser como una costumbre. Mi infancia no fue de supervivencia, no era dramático, pero me marcó. Por ejemplo, me produce placer viajar llevando muy poco.

Pero eso es de ricos…

Es una satisfacción personal necesitar muy poco. Y eso se puede aplicar a todo.

¿Asimila esa austeridad a toda la clase media chilena, o es algo de su familia?

Claramente es familiar, pero no podría existir si no hubiera una sociedad a la que eso le parece bien. Si crees que hay que respetar la fila, pero vives en una sociedad en la que todo el mundo se la salta, si la respetas pasas por tonto. Tiene que haber un contexto en el que estar en la fila sea valorado. A mi mujer le llama la atención que en Chile tú compras algo y te tienen que dar un recibo. Ella es brasileña, y en Brasil jamás te lo dan. Tú puedes tener la convicción de que es justo pagar impuestos, pero tienes que vivir en una sociedad donde eso sea compartido para poder hacerlo.

¿Su mujer es arquitecta?

Sí.

¿Viven en su propia casa?

No

Seguro que se la pueden permitir. ¿Por qué no se ha hecho una casa?

Porque no la necesito. Me importa mucho más que la distancia de mi casa a la oficina sea de una canción, de minutos en bicicleta. O a pie. Para mí, eso es calidad de vida.

¿Esa certeza le llega a partir de ver lo que no le gusta?

No concibo pasar mucho tiempo sin mi familia, sin mis hijos. En ese sentido, para mí, Harvard fue importante. Allí me tocó ver lo que no hay que hacer en la vida: gente que a los 60 años no tiene vida. La carrera por el éxito profesional paga un coste personal que vi muy temprano. Tengo claro que desde Chile me pierdo una cantidad enorme de cosas, pero tengo también claro que el desafío es cómo tener una vida equilibrada. A mí me parecería terrible que un hijo mío tuviera que hacer una película para entender por qué su padre estaba poco en casa como le sucedió a Louis Kahn. En el libro en el que le entrevistaron sobre su vida, la última pregunta a Steve Jobs es esa: ¿Por qué ha contado tanto alguien tan esquivo? Y la respuesta de Jobs es: “Porque quería que mis hijos supieran por qué yo no estuve ahí”. Se lo cuenta al periodista en lugar de contárselo al hijo. De estos personajes tenemos muchísimo que aprender para corregir el curso de lo que no queremos que sean nuestras vidas. Si tienes algún talento, en vez de usarlo para llegar más lejos, úsalo para llegar más acompañado. Es un desafío extraordinario tener una vida equilibrada y corriente.

¿A la arquitectura le hace falta perder impostura?

La arquitectura está recuperándose a sí misma. Le faltaba aire. Y si abres la ventana, lo primero que entra es gente. Por eso cuando llegué a Harvard, el primer tema que elegí discutir fue la irrelevancia: había cantidades de arquitectos discutiendo temas que solo interesaban a otros arquitectos.

¿Se está rompiendo esa endogamia?

Creo que sí. El reto es tratar temas que están fuera de la arquitectura con las herramientas de la arquitectura. Una de las personas clave para mí fue un libanés, Hashim Sarkis, al que conocí en Harvard. Para él, el desafío era que en algún momento hubo una arquitectura que pidió fuero para ser artísticamente libre y terminó tratando solo problemas que les interesaban a otros arquitectos. Con mucho ismo: posmodernismo, deconstructivismo, cualquier ismo que le pongas, da igual. Era el camino hacia la irrelevancia. Frente a eso, estaban los que vieron, en los setenta, otros problemas, sobre todo en Latinoamérica, y se dedicaron a los temas duros. Pero para dedicarse a los temas duros abandonaron la arquitectura. Con Hashim decíamos: el desafío hoy es coger los temas que les interesan a todos y hacerse cargo de ellos con el conocimiento específico de la arquitectura, que es la forma. Ese cruce hazlo pasar por lo que sabes hacer como diseñador y después devuélveselo a la sociedad; eso decidirá si tengo éxito o no, y no si te publicaron más o te dieron más premios. Que la gente sea más o menos feliz, que los barrios se valoricen, que sean zonas más o menos conflictivas, mide el éxito de la arquitectura.

¿Por qué le interesó hacer vivienda social?

Cuando llegué a Harvard pensé: ¿qué puedo aportar?, ¿dónde puedo tener ventaja frente a los demás? Trabajar desde la escasez era una de las vías. De la escasez a la vivienda social hay un paso. La vivienda social tiene algo, y es que los que se dedican a hacerla, aun sin decírtelo, parece que tengan una especie de carné de superioridad moral. Jamás hemos querido levantar esa bandera que tacha al resto de banal para constituirse en relevante. Uno se va con la sensación de haber gastado energía en algo que merece la pena. Pero no me parece que eso te haga éticamente superior ni a ti ni a tu arquitectura.

Le acusan de apropiarse de soluciones tradicionales en Latinoamérica, como la vivienda incremental.

Nunca dijimos que fuera algo nuevo. ¿Qué novedad le pusimos? Que tuviese capacidad de aumentar de valor en el tiempo, porque es lo que yo espero de mi casa.

¿Cuál es el último indicador de calidad?

Una pregunta: ¿yo viviría aquí? Si la respuesta es no, el proyecto no pasa la prueba.

Pensar el presente [Revista PISO]

Por: Alejandro Guerrero. Revista PISO

Sobre arquitectura y sobre la ciudad todo el mundo parece tener una opinión. Si bien es cierto que existen tantas arquitecturas como arquitectos, alguna manera debe haber para saber sobre lo que es bueno – para la ciudad y sus habitantes – y lo que no lo es tanto. Con temas urbanos, la cosa se pone aún mejor. Toda la gente opina sobre movilidad, espacio público y temas afines. Más allá de gustos y opiniones lo cierto es que estamos viviendo un momento interesante por diverso para la arquitectura; la borrachera de las formas, celebrada desde los años 70´s y 80´s por todas las variantes de la posmodernidad, hace años que ha empezado a dar paso a su propia resaca y el panorama de la arquitectura mundial “bebe” ahora de muy diferentes cepas. Basta con dar una mirada a los highlights de la prensa especializada para darse cuenta de ésta diversidad latente.

El pasado 28 de marzo se anunció que Eduardo Souto de Moura recibía el Pritzker. Un arquitecto “moderado”, cuya obra refleja una intensidad constructiva que enlaza tradiciones propias de Portugal con temas modernos. Llama la atención como la noticia no ha sido muy atendida en el New York Times; su crítico estrella Nicolai Ouroussoff no ha escrito sobre el tema y las noticias que aparecen se antojan limitadas ó superficiales si comparamos la atención que se dispensa a noticias sobre arquitectos como Frank Gehry ó Zaha Hadid en el diario neoyorkino. La obra de Souto de Moura proviene de un país con grandes carencias; y en cierta manera periférico con respecto al contexto europeo. Tal vez ésta, sea en parte la razón por la cual la arquitectura portuguesa goza de un lenguaje que le es propio, cierta condición de rezago les ha otorgado – por lo menos en el ámbito de la arquitectura – una ventaja que ha sido traducida en calidad. En una entrevista publicada por el periódico ABC del 30 de marzo de 2011, Souto de Moura responde sobre la “no excepcionalidad de su obra”:

Prefiero pensar que soy un arquitecto normal, no excepcional. Los arquitectos excepcionales no van a tener mucho futuro, acabó el estrellato. Este Pritzker tiene algún significado: es un premio americano que dan al país más mediocre de Europa y al arquitecto más sencillo de los que estaban en su lista.”1

Esta sencillez es fácil de apreciar – y difícil de obtener – en varios de sus últimos proyectos. El edificio Burgo por ejemplo, un edificio de oficinas situado en Oporto, resuelve su programa construyendo un par de prismas sobre una base elevada con respecto a la calle. El conjunto desarrolla un espacio público en el intersticio resultante entre una torre y un edificio bajo y alargado, cuya geometría, lenguaje y rigor constructivo recuerdan al Chicago Federal Center de Mies van der Rohe y a otros conjuntos del mismo arquitecto alemán. No así el tratamiento de fachada, que en el edificio Burgo se ha elaborado en respuesta a los asoleamientos particulares de cada frente, que sin perder el ánimo de conjunto logra yuxtaponer caras prácticamente herméticas, con acristalamientos profundos que arrojan sombras potentes sobre las fachadas transparentes. Una arquitectura que sin esfuerzo aparente, se recrea en la sencillez de formas y materiales de bajo costo, logrando a su vez romper la escala del edificio a través de una estrategia de ensamblaje de paneles que modulan sus fachadas en altura, haciendo parecer que tiene más niveles de los que en realidad existen al interior.

Cuando se le pregunta a Souto de Moura sobre el rol social de la arquitectura, éste responde:

Hay una arquitectura de consumo, más vistosa y con base en la imagen, que cansa. Y hay otra arquitectura más sobria y más perenne que responde mejor a las situaciones. Eso no impide que de vez en cuando no se haga un monumento.”2

Tal es el caso de Frank Gehry, quien por su parte, ha llamado “filisteos toscos e individualistas”3 a un grupo de opositores al proyecto que empieza a levantar en París: La Fundación Louis Vuitton en el bosque de Boulogne. Al parecer, al grupo denominado Coordination pour la Sauvegarde du Bois de Boulogne, el diseño de museo para el magnate Bernard Arnault no les ha resultado muy pertinente debido a su localización en el mencionado bosque parisino. Lo que dicho grupo reclama es que Paris no necesita más museos y sí mas áreas verdes; una idea que en principio no parece necia ni exagerada. Y es que al parecer, últimamente Gehry no logra convencer sobre la pertinencia de sus edificios. Su propuesta para el Museo de la Tolerancia en Jerusalén, no profesa los valores que el patrocinador, el Centro Simon Wiesenthal, requiere; ya que Gehry rechazó reducir la magnitud de su proyecto y por ende los costos y decidió así abandonar a sus clientes. Queda poco de aquel arquitecto canadiense a quien Wigley y Johnson “desenterraron” junto con los llamados deconstructivistas con su exposición en el MOMA en el año 1988, cuya obra inicial despertó gran expectación pero que no ha sabido desarrollar de manera acorde con los últimos tiempos. En ese selecto grupo se encontraba también el americano Peter Eisenman que tampoco ha tenido suerte con la aceptación de sus proyectos. Basta con dar una mirada a la historia de la Ciudad de la Cultura de Galicia, para comprobar porque semejante mamotreto no puede llegar a buen término. Pero más allá de la problemática económica, social y política que el conjunto cultural ha creado con apenas 2 módulos abiertos al público; me gustaría proponer la idea de su fracaso arquitectónico en términos del tiempo. El proyecto caracterizado por un naturalismo-barroco y posmoderno, y cuya fecha de terminación se desconoce, será finiquitado muchos años después de lo planeado y en medio de una profunda crisis económica europea cuyo final aún no se vislumbra. Solo el tiempo será capaz de juzgar la pertinencia de la arquitectura de ésta acrópolis eisenmaniana; el mismo tiempo que está dando paso ya a una arquitectura más serena y responsable con las condicionantes del momento tanto económicas, como sociales y ecológicas. La Ciudad de la Cultura de Galicia será terminada a destiempo, muchos años después de la fiebre de la arquitectónica icónica; la misma fiebre que le dio vida y que legitimó su existencia.

Desde ésta “nueva” perspectiva de responsabilidad artística, se observa el trabajo de arquitectos como David Chipperfield, que recientemente ha sido objeto de una gran cantidad de premios y de reconocimientos por parte de la crítica especializada, gracias a su trabajo en el Neues Museum; un edificio del arquitecto alemán Friedrich August Stüler situado en la isla de los museos berlinesa, que después de la segunda guerra mundial sufriría severos daños por los intensos bombardeos. Chipperfield junto con su socio de proyecto Julian Harrap, ha logrado a través de dicha intervención, poner sobre la mesa de discusión uno de los temas más importantes para nuestra disciplina en la actualidad; la intervención en el patrimonio. Grandes trabajos relativos al patrimonio edificado, hace años que se han echado a andar; desde intervenciones en edificios antiguos de gran valor – como los casos berlineses de Chipperfield – hasta los ejemplos más polémicos como la intervención de Renzo Piano en la Capilla de Ronchamp de Le Corbusier ó su ampliación del Museo Kimbell de Kahn en Fort Worth Texas. Más que la expansión de las ciudades, el pensamiento en términos de desarrollo está siendo llevado al interior de las mismas y el pensamiento crítico empieza a centrarse en temas que relacionan patrimonio y nueva arquitectura. Véase por ejemplo el trabajo reciente sobre el tema, realizado por Rem Koolhaas y su equipo de OMA, con el desarrollo de la Exposición denominada Cronocaos.

Se dice que la arquitectura icónica se está acercando a un posible final ó por lo menos que sus métodos ya no son el paradigma actual. Eso podría acercar a arquitectos como Chipperfield ó Steven Holl a premios como el Pritzker; que en sus más recientes ediciones ha reconocido la trayectoria de arquitecturas silenciosas como las de Zumthor y SANAA, gracias a un jurado integrado por personajes como Carlos Jiménez, Juhani Pallasmaa y Alejandro Aravena. Si pensamos en los premios de arquitectura como un catalizador de la disciplina, con la posibilidad de generar conciencia y por lo tanto cambio en el estado actual de las cosas, ¿cómo debemos entender la decisión de incluir a Zaha Hadid en el jurado de tan prestigioso premio?

Existen tantas arquitecturas como arquitectos hay en el mundo; algunos buscan desesperadamente el futuro en las formas de sus edificios; otros encuentran consuelo en el pasado. Las posibilidades creativas de vivir en el presente superan a la especulación y a la nostalgia, en tanto que contribuyen con una continuidad cultural que avanza inevitablemente hacia el futuro.

[1]http://www.abc.es/20110330/cultura/abci-arquitectos-excepcionales-201103300338.html
[2]Ibídem.
[3]http://www.elpais.com/articulo/cultura/espinoso/bosque/Frank/Gehry/elpepicul/20110417elpepicul_2/Tes

Zaha jurado Pritzker

El jurado del premio Pritzker, se complementa este año con la entrada de nada menos que Zaha Hadid quien acompañará al Juez de la corte suprema de Justicia de Estados Unidos: Stephen Breyer como las nuevas incorporaciones, sustituyendo a Carlos Jimenez (quien estuvo 9 años) y a Renzo Piano.

Así pues la alineación del nuevo jurado queda como sigue:

Lord Peter Palumbo, 2005-a la fecha (Presidente),Alejandro Aravena, 2009-a la fecha, Stephen Breyer, 2012-a la fecha, Yung Ho Chang, 2012-a la fecha, Zaha Hadid, 2012-a la fecha, Glenn Murcutt, 2010-a la fecha, Juhani Pallasmaa, 2009-a la fecha, Karen Stein, 2004-a la fecha, Martha Thorne, 2005-a la fecha (Directora Ejecutiva)

The Pritzker Architecture Prize

Fuente: Edgargonzalez.com