“Hacia una Arquitectrua de Le Corbusier” parte I: No es lo mismo REPETIR que COPIAR.

“Hacia una Arquitectrua de Le Corbusier” parte I: No es lo mismo REPETIR que COPIAR.

Que interesante es re-abrir un libro que te imaginas ya conoces y más o menos sabes hacia dónde te va a llevar y cuando crees estar seguro de eso, ¡pum!… el libro unos diez años después (si no es que más), resulta tener muchas más salidas de las que creías y entonces me acordé de algo que no me acordaba… “Por eso Le Corbusier es tan genial… Por esto “Hacia una Arquitectura” es un libro que no se hace viejo… Por esto hubo grandes arquitectos de su época que odiaron a Le Corbusier…Tal vez una reacción tardía a este libro es la razón por la que quitaron las clases de historia en el Iteso… etc…”

Y por eso, esta invitación a leer “Hacia una Arquitectura” (1923) se va a dividir en tres entregas, para no alargarme demasiado y no aburrirlos.

Antes de que otra cosa suceda se me hace muy importante explicar porqué Le Corbusier escribe este libro.

“Hacia una Arquitectura”, más que un libro es un manifiesto.    Es más podría casi casi empezar diciendo: Le Corbusier al escribir “Hacia una arquitectura” hizo lo mismo que Vitrubio con sus Diez libros.

No cabe duda que cuando uno mira el panorama desde lejos (siglo XXI), uno puede ver algunas cosas más claramente, porque se puede ver la perspectiva completa.   Y haciendo un mega resumen de la historia de la arquitectura, podemos hacer la siguiente afirmación.     Cuando Vitruvio escribe “Los 10 libros de Arquitectura” deja establecido para la posteridad el trabajo que hicieron los Griegos al crear los “ordenes” bajo los cuales se construiría.

Los “ordenes griegos” lo que hacen, es establecer un sistema de repetición de la forma, y la repetición es precisamente el tema que quiero tratar hoy, que es precisamente el tema contra el que se manifiesta Le Corbusier en su libro.

Al hablar de los griegos es imposible no hablar de “la repetición” como uno de los conceptos principales de su cultura.

Para explicarlo rápidamente y poner un ejemplo muy gráfico, los griegos fueron los que inventaron la gimnasia, y esta se basa en una serie de movimientos que se repiten una y otra vez hasta lograr la perfección física del cuerpo humano.     Esto llevado a la arquitectura, es lo que en su tiempo se llamó “el canon”, el canon era una vara que el arquitecto utilizaba como medida (a falta del sistema métrico decimal), medida que se repetía y multiplicaba en cada una de las partes de la construcción.      Y para hacer este sistema fácilmente replicable establecieron grupos de medidas o de cánones, que son precisamente los famosos 3 órdenes griegos.    Pero la pregunta de oro aquí es: ¿Porque les interesaba tanto a los griegos esa precisión en la repetición?  La respuesta es: la perfección.

Los griegos trabajaban para encontrar la belleza, y ese orden en la repetición les permitía poder establecer de forma muy precisa las mejorías en la técnica, lo que los llevaría a un resultado más perfecto.  Les permitía superarse a sí mismos y lo lograron, si uno observa los templos dóricos arcaicos contra los del periodo clásico se ve claramente la precisión con la que fueron perfeccionando su sistema.

Entonces volviendo a la razón por la que Le Corbusier escribe su manifiesto, es porque este sistema de orden que establecen los griegos, se tradujo en un sistema que salvo un largo periodo en la Edad Media, y partiendo del Renacimiento hasta principios del siglo XX, es decir hasta Le Corbusier (y haciendo un resumen muy radical pero no por eso no verídico), el trabajo de diseño del arquitecto consistía en darle vueltas al derecho y al revés, a los ordenes griegos.

Para nosotros es difícil de imaginar tal vez ese espíritu de libertad e incluso rebeldía, que intentaba contagiar Le Corbusier en su libro, ya que podemos decir que gracias a él (y a muchos otros factores que ahorita no voy a mencionar) es que las clases de taller no incluyen regletas con capiteles dóricos, jónicos y corintios (bueno o bloques de autocad).

Para poder poner en evidencia el cansancio de la repetición que sufría en ese tiempo la disciplina de la arquitectura Le Corbusier recurre a elementos muy de su época y que parecía poco tenían que ver con la arquitectura en sí misma y que son los temas que quiero tratar en las siguientes entradas porque son temas que increíblemente ahora siguen planteando nuevos paradigmas en la forma de hacer arquitectura y ciudad:

–  El auto.

–  La estética de la arquitectura.

–  El papel de la historia en la actualidad.

Para finalizar y cerrar el tema de la repetición.

Me parece muy interesante como a pesar del manifiesto de Le Corbusier, no hemos aprendido bien la lección e insistimos en la repetición como un medio superficial, fácil y sobre todo que pone en evidencia la falta de creatividad y capacidad de análisis de la cantidad de información que recibimos día a día.    No sé que tanto siguen los blogs de arquitectura como: -Plataforma de Arquitectura- o – Archdaily-; donde es evidente la cantidad de proyectos semejantes, parece que estamos volviendo al sistema de establecimiento de órdenes, no solo en la forma sino también en la estética de la representación.

Antiguamente se podían reconocer los dibujos de un arquitecto u otro sin ver la firma, nada más viendo sus trazos (consultar los impresionantes dibujos que hacía Frank Lloyd Wright o los increíbles dibujos a lápiz de Jorge Oteiza).   Y sin ir muy lejos Herzog & de Meuron no sabían la influencia (mala influencia) que le hacían a nuestra ciudad cuando diseñaron su famoso “Nido de Pájaro”, en nuestra ciudad tenemos al menos tres (que conozca) intentos de repetición (por decirlo elegantemente), una esta en periférico muy cerca de la Yakult, el otro intento esta en una de las torres de Puerta de Hierro y que tristemente es muy difícil de no ver y el último la nueva fachada de la nueva biblioteca de la U de G.

Si Le Corbusier se diera un paseo ya sea por los blogs o por nuestra honorable ciudad no sólo se daría de topes porque estamos nosotros solitos volviendo a caer en la repetición.

Sino porque ni si quiera eso lo hacemos bien, hay que recordar que los griegos establecieron la repetición como mecanismo para llegar a la perfección.    Nosotros repetimos porque estamos vacíos, no solo no perfeccionamos sino que vamos para atrás.

Es importante tener presente que desde estos planteamientos no es lo mismo REPETIR  que simplemente COPIAR, y que para poder repetir hay que establecer un orden, no un desorden.

En la biblioteca tienen solo un ejemplar de este libro así que les recomiendo reservarlo con anticipación.

La clave es: 724. 6 LEC

Aunque también les recomiendo comprarlo, es de esos libros que vale la pena tener siempre a mano.

Imagen: Página 173 del Libro.

Por: Sandra Valdés

La ciudad y los días

  • Por Juan Palomar Verea en El Informador

Es indispensable repensar la ciudad; ocupamos volver a entenderla

Espacio. Entenderle a la ciudad. Paciencia. Entre otras cosas. Una ciudad que es comprendida por sus habitantes, a su vez, los comprende; es decir, los abriga, les hace campo, los sustenta. La ciudad es construida a diario por sus moradores, quienes refrendan tácita o expresamente su pacto de vivir y creer en ella. Si, como ha pasado en el último lustro, una vigésima parte de sus habitantes se van a vivir a la periferia, es que algo anda muy mal en el organismo en su conjunto.

Veamos algunas de las creencias (o mitos) sobre los que se basa este desarreglo:

No hay opciones de vivienda en la ciudad central para las clases populares. Depende. No en los términos en que se maneja la vivienda nueva conocida como de interés social. Porque toda la lógica que sostiene a este tipo de vivienda es el bajo costo del suelo. De allí la criminal dispersión urbana ante la que nadie parece hacer nada. Pero hay ejemplos ilustrativos. Un trabajador (entre muchos) en la burocracia municipal obtuvo su casa del Infonavit por el rumbo de Tlajomulco. Al principio, muy contento; y poco le duró el gusto. Hasta que se dio cuenta del altísimo costo de sus desplazamientos cotidianos. En calidad de vida, en horas, en gasolina y en desgaste de su coche. Su mujer trabaja en el Centro, sus hijos no tenían escuela, en su nuevo “barrio” no había prácticamente ningún satisfactor: comercio, recreación, salud, servicios… A los pocos meses se decidió, cerró la nueva casa (anda viendo quien se la renta) y rentó un departamento por la calle 56. Se reporta mucho más contento, menos gastado y con una familia más integrada.

Las clases medias-altas no tienen otra alternativa que irse a cotos del Poniente. Falso. Una nueva generación, la de los jóvenes que van de los 20 a 30 años, parece ir entendiendo que vivir en la ciudad debe significar más que un fraccionamiento bardeado, un gendarme en la puerta y un aburrimiento generalizado. Que la ciudad (puesto que algunos han viajado) es posibilidad, conectividad, intercambio, variedad, vida estimulante. Estas generaciones se dan cuenta que hasta los gringos están buscando hacer barrios más o menos parecidos a Santa Teresita o San Felipe de Jesús (o Saint-Germain). Que la suburbia funciona para las Desperate housewives y poco más. De allí el resurgimiento de la colonia Americana (y otras) como lugar para vivir. Todavía no hay la suficiente oferta de vivienda allí: ya se irá abriendo paso. Al igual que unas mejores condiciones de habitabilidad.

El centro metropolitano debe servir únicamente de gran centro comercial y administrativo. Falso. Basta darse la vuelta por las ciudades que sí funcionan. Allí, está altamente valorado vivir en el centro de lo que sucede. Y han hecho lo necesario para que la calidad de vida -la habitabilidad- haga los centros atractivos y deseables. Es indispensable repoblar el Centro de Guadalajara: re-vivir el Centro, como lo dijo hace ya años el arquitecto Gabriel Casillas Moreno cuando impulsó la inclusión de edificios de vivienda en la Plaza Tapatía. Como todo lo que impulsa el Proyecto Alameda -un activo propiedad de la ciudad de Guadalajara- y aún vigente y posible.

Es indispensable repensar la ciudad; ocupamos volver a entenderla.