Las ciudades van a ser más importantes que los estados

No es extraño que la socióloga y experta en urbanismo Saskia Sassen (La Haya, Países Bajos, 1949) crea que “las ciudades van a ser más importantes que los Estados” y que “los ejes Washington-Nueva York-Chicago o Hong Kong-Shanghái-Pekín van a ser más importantes que Estados Unidos o China”. Su acento hablando un cálido español es un palimpsesto, capas de voces en los que se rastrea desde su origen holandés a los años de infancia y formación en Buenos Aires, pasando por ciudades de Francia, Italia y Estados Unidos.

Titular de la cátedra Lynd de Sociología y miembro del Comité Sociológico para el Pensamiento Global en la Universidad de Columbia, su interés primordial es el urbanismo y las ciudades, pero sus pasiones (que comparte con su marido, el también sociólogo Richard Sennett, con quien prepara un gran proyecto: “Teatro Mundi. The Global Street”) son extensas como las raíces de un árbol. Se extienden bajo la piel de la ciudad. Lo denotan libros tan trabajados como “Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales”. Ayer participó en Madrid en el lanzamiento del libro “Valores y ética para el siglo XXI”, cuarto volumen de la colección anual editada por BBVA para difundir el conocimiento sobre los grandes desafíos de nuestro tiempo, junto a la aplicación para iPad de OpenMind, que ofrece funcionalidades avanzadas para la lectura y visualización de contenidos. Pese al rigor de su condición académica, Sassen es capaz de cifrar en titulares seductores buena parte de su pensamiento, como cuando dice que cree en la economía de mercado, pero que no es lo que tenemos ahora mismo: “Nos hemos vuelto consumidores de todo, de nuestra democracia, de nuestra ciudadanía”.

-¿Qué es el urbanismo de “open source”, de código abierto?

-Para mí esa noción comienza como un paso crítico ante una noción de la ciudad inteligente que implica que uno tiene básicamente sistemas ya hechos de fábrica y los introduce así, ya hechos, en grandes edificios o infraestructuras en la ciudad, y yo digo que esa es una forma de matar la ciudad. Porque tiene que haber una especie de diálogo entre la ciudad, el habitante, el edificio, el usuario, etcétera. Yo creo que la ciudad nos habla. Por ejemplo, un auto hecho de manera fantástica para la velocidad y grandes carreteras, al llegar al terreno de la ciudad ésta le dice: ‘aquí, no. Aquí es otro mundo, otra cosa’. Entonces, la noción de código abierto es permitir que la ciudad nos hable, escuchar. Es como si hubiéramos perdido la capacidad de oír ese idioma, por así decirlo. Pero también significa que los habitantes pueden decir ellos mismos si esto funciona o no. Ese acto de comunicación me interesa menos que el hecho de tener la opción. Esos websites de los gobiernos donde puedes hacer comentarios no me parecen muy útiles. Tiene que haber otras modalidades más espontáneas en el idioma de la ciudad, y para mí una manifestación del idioma de la ciudad son con los códigos encastrados, por ejemplo en el centro de la ciudad. En plena hora punta, nos rozamos, te rompen un botón, te empujan, pero nadie se lo toma de modo personal. Eso es un código. Es la ciudad hablando y diciendo: ‘no te lo tomes como algo personal’. Yo digo que por ahí viene una cosa de la tecnología, que se hace en las fábricas y los laboratorios, y son modelos cerrados. Son supuestamente interactivas, porque te dan cinco opciones, o tres. Eso no es interactivo. No es que tenga todas las respuestas, pero sigo indagando en ese asunto.

-Hablaba antes de ciudades inteligentes y edificios inteligentes. Sin embargo, ¿esa tecnología es para la vida o para el control de la vida? Todos esos sistemas de cámaras que están permanentemente fotografiando y grabando nuestras actividades urbanas, y se dice que es por nuestra propia seguridad, pero parece como si estuvieran protegiendo a los que tienen de los que no tienen.

-Yo creo que ese es un gran problema. Esos sistemas están hechos con un criterio de las empresas y es un mercado enorme, de muchos billones. En segundo lugar hay una demanda enorme para construir nuevas ciudades. En China están construyendo 400 nuevas ciudades, India quiere construir…

-¿Modelo Brasilia?

No, es otro modelo. Modelo ciudad inteligente. Songdo es un ideal, en Corea, que busca maximizar el uso de estas tecnologías así llamadas inteligentes. Está bien eso, pero hay que urbanizar la tecnología. Si uno va a introducir sistemas tan complejos en el contexto urbano, hay que urbanizar esas tecnologías, como en el ejemplo del auto que cité. La ciudad está urbanizando al auto, y de ahí surge un nuevo mercado…

-¿Urbanizando en el mejor sentido?

-En el mejor sentido. Urbanizando al auto, como en el caso de los “smart-cars”, con los que ya no dependes de una gasolinera, sino de un enchufe en tu casa. Esa es una manera muy elemental –hay que buscar otras maneras más brillantes- de urbanizar al automóvil. Urbanizar a la tecnología para todo lo que es entorno construido. ¿Qué significa urbanizar? ¿Qué es lo que marca a lo urbano? Hay pautas a tener en cuenta. Por ejemplo, hay mucho terreno construido que no está urbanizado. Lo urbano para mí tiene que ver con complejidad, pero a nivel de sistema, y algo que es incompleto. La ciudad es un sistema complejo pero incompleto, no terminado. En esa apertura, en ese no estar completo, cerrado, reside la posibilidad de las ciudades de sobrevivir siglos y milenios y tener vidas más largas que grandes reinos, grandes poderes económicos. Eso me parece extraordinario. Estos sistemas inteligentes cerrados violan esa capacidad.

-¿Son como las nuevas murallas?

Exactamente. Desurbanizan a la ciudad. Hay mucho terreno construido que no son urbanos. Los suburbios para mí no son urbanos. Ahora hay más y más suburbios que en muchos casos no son tales, sino parte de la ciudad. Pero una ciudad como Londres, que es bastante chata, tiene 32 núcleos. Eso es una urbanidad que me parece muy razonable.

-El modelo mancha de aceite que exportó Estados Unidos, ¿está en crisis en este momento o sigue exportándose a todas partes?

Esa es una modalidad por ejemplo en América Latina, dejarse expandir. No hay casi disciplina. De todos modos, hay una modalidad, un estilo de vida, que es quedarse en la casa mirado la televisión. Recuerdo una noche que estaba caminando con el responsable de la planificación urbana de Berlín y me decía que el gran desafío como planificador de una ciudad es conseguir que la gente esté por la noche en la calle.

-¿El modelo Madrid?

Exactamente. Yo llegué ayer a la medianoche [del domingo] y eso estaba fantástico, y no un exceso de tráfico. El tráfico no domina, hay otra cosa que domina: una urbanidad muy sentida. El problema en Estados Unidos es que hay mucho espacio que parece urbano, pero en realidad no lo es: la gente se queda en su casa mirando la televisión. Ese problema lo tienen ciudades como Tokio, con centros completamente muertos. En ese sentido, Wall Street ha cambiado. Porque la vieja Wall Street ya no le sirve a las grandes firmas financieras y en los viejos edificios hay mucho artista que vive ahí, hay nuevos entornos. Pero en Manhattan es una isla y si quieres vivir maximizas, ahí vale la pena construir o reformar. Chicago también lo hizo, con los viejos edificios de los años 30, transformados en vivienda. Ahora hay dos migraciones que se están yendo al centro de Chicago: uno, el de los retirados que regresan de los suburbios, y otro el de los jóvenes profesionales.

«La pobreza más grande está ahora en los suburbios. Los centros se aburguesan»

Cerca de 90.000 personas se han mudado al centro de Chicago en los últimos años, aunque muchos más se han ido a los suburbios. O el centro es muy vivo o está muerto. No han desaparecido los suburbios, pero cada vez y más gente –y no estoy hablando de una mayoría- le interesa vivir en la ciudad. Porque la pobreza más grande está ahora en los suburbios. Los centros se están “gentrificando” (aburguesando), y ciudades como Filadelfia han recuperaron su centro centro. Hay un segundo centro donde hay guetos, y después los viejos suburbios, que son o bien muy ricos o bien muy pobres. Pero no es una tendencia general.

-¿Qué le parece el fenómeno de las ciudades fronterizas, gemelas, a lo largo de la frontera entre Estados Unidos, que dependen unas de otras, como San Diego/Tijuana, El Paso/Ciudad Juárez, Brownsville/Matamoros?

No lo he estudiado a fondo, pero durante un tiempo pensamos que iba a ser un formato del futuro, una especie de híbrido, experimental, como un tercer espacio. Y ese es en parte el caso. Ese proyecto no se ha logrado por el narcotráfico, y porque se ha llenado de armas, más que militarizado. Una versión elemental de la militarización, una pobreza, de degradación. La frontera es un arma, es más crudo, más descarnado.

-En España hay problemas territoriales específicos, por la cuestión de las nacionalidades, que ha hecho más costoso y problemático el funcionamiento del Estado. Usted plantea que las ciudades tomen el relevo a los países como forma de relación, intercambio, comercio. ¿Sería ese un modelo idóneo para la Unión Europea, que ahora sufre una gran crisis de identidad: hacerse una entidad más integrada, como Estados Unidos, o la desintegración? ¿Podría plantearse una Unión Europea de los ciudadanos y las ciudades, no de los Estados?

-Creo que vamos en esa dirección, no necesariamente en términos de los aparatos formales, porque las ciudades no tienen mucho poder. Y tampoco en el sentido de un nuevo liderazgo. Pero a nivel de ciudadanía creo que vamos en esa dirección, y mucho de que denominamos como europeización –especialmente de las juventudes- es un fenómeno poco urbano. Lo vi en la London School of Economics. Era un espacio desnacionalizado, no era una universidad inglesa. No sabías a qué país pertenecía esa universidad. A nivel de ciudadanía hay un espacio multisitio europeo donde hay una especie de europeización. Lo que pasa es que ese espacio, que estructuralmente es real, tiene consecuencias, va a ser futuro, pero no hace el presente porque los aparatos formalizados se han deseuropeizando. Están renacionalizándose por cuestiones políticas, electorales, económicas, y porque vive a corto plazo, y porque es posiblemente el último suspiro, no sé si muriendo. Las ciudades tienen de hecho una especie de internacionalismo que no está en el discurso político, porque tienen que manejar tantas cosas… Yo creo que hay una especie de geopolítica urbanizada, pero son como vectores, como ejes. Más importante que Estados Unidos en términos de le geopolítica global va a ser una especie de combinación de Washington, Nueva York y Chicago. Para China, va a ser Hong Kong, Shanghái y Pekín. Y para Turquía Ankara y Estambul. Se vuelven más importantes que el país en sí. Yo creo que eso a nivel de Unión Europea también va a pasar, aunque sea difícil de ver. Y también pequeñas ciudades, como Lyon o Marsella (donde hay mayoría musulmana y es un emporio digital y una ciudad de la gente), que también entran en este mapa.

-Esa visión tan positiva de la ciudad, ¿cómo encaja en versiones más críticas, más duras, con grandes aglomeraciones como México D. F., Río de Janeiro, Lagos, Johanesburgo, Calcuta, Mumbai…? Porque generan también problemas descomunales de gestión de los recursos, del agua, de la desigualdad…

Lo que estamos viendo es una espacialización de sectores económicos de un poder, una agresividad y una falta de todo sentido cívico que están destruyendo estas ciudades. En Nueva York hemos expulsado a cientos de miles de personas, pero está toda aburguesada.

-Hay gente que dice que es un parque temático.

Pero mismo en Manhattan hay grandes desigualdades. En el censo de 2009, el 1 por ciento de los salarios más altos reciben el 44 por ciento de todos los salarios de la ciudad, comparado con el 12 por ciento en 1979. Esa desigualdad no la vamos a evitar. Claro que hay desigualdad. Pero respecto a esas grandes ciudades, tratando de entender trayectorias, historia, hago preguntas para encontrar muestras reveladoras. En Nigeria, por ejemplo, se construyó una nueva capital, Abuja, donde los precios son tan altos que los pobres no van ahí. Y lejos además. Lagos es todavía el principal centro económico, aunque también va a cambiar. Pero ¿qué tipo de espacio es Lagos? Es un espacio dominado por toda una serie de actores económicos modestos, pero que saben cómo construirse las casas, que son emprendedores, que saben cómo hacerse una economía.

Expertos en sobrevivir.

Pero más que eso lo que me interesa resaltar es que han hecho economías, han hecho sus casas, han hecho su manera de conseguir fuentes de energía. De alguna manera, van a estar mucho más preparados que la pequeña clase media de empleados, que están sufriendo, que es el fenómeno de Grecia, el fenómeno de la

«Los pobres de África estarán preparados para vivir mejor que las clases medias»

plaza Tahrir en Egipto. Es una clase media que ese esperaba algo, el contrato del Estado con la clase media, que ahora se quebró. Tengo un escenario distópico, que vamos a tener unas zonas no marcadas: ciudades protegidas nuevas, con sistemas inteligentes, supercontroladas, carísimas, para una minoría, pero van a existir por todas partes en el mundo, y va a haber millones; y después estos grandes espacios urbanizados, que sí habrá alguna manera de controlar algo, pero que no va a ser “Blade Runner”, no va a ser tan extremo. No quiero verlo como una cosa tan negativa. Y además, pueblitos, pequeñas supervivencias, minas, plantaciones… De eso hablo en mi nuevo libro, “Expulsiones”, de todas estas nuevas tendencias. El problema es que muchos políticos no saben de qué hablan cuando hablan de la ciudad. Es una invitación a no pensar. Cuando yo digo ciudad, qué no estoy viendo. Una categoría con tanto poder, qué es lo que oculta. En la penumbra, qué hay: 220 millones de hectáreas que se han comprado desde el año 2006 en África, en América Latina, en Asia, en Ucrania, en Rusia… Para cultivar, tener agua…Pero en los últimos dos años los principales compradores son grandes fondos de inversión. Sabíamos ya que en 2008 GP Morgan, Goldman n Sachas compraron fondos en Ucrania, y en África. Los Estados son los que venden.

-¿Están hipotecando el futuro de sus países?

Es terrible lo que está pasando. Cuando China compra tres millones de hectáreas y aparece una plantación en Zambia para cultivar combustible está provocando una evicción de fauna, flora, docenas de pueblitos, cientos de pequeños agricultores y también de manufactura rural. ¿A dónde se va esa gente? Se van a las ciudades, a los barrios marginales.

-Hay una tendencia internacional de jóvenes arquitectos, vinculada en España al movimiento de los indignados, al 15M, que defiende no construir, no construir nada, que la opción más radical es dejar de construir y rehabilitar lo que ya tenemos porque está demasiado construido.

-Yo estuve con su ministro de Vivienda en Estambul y ante Erdogan, el primer ministro turco, dijo que eran el país que más estaba construyendo, y lo dijo con orgullo.

-La olimpiada del cemento.

Yo creo que eso es importantísimo. Tenemos que empezar a trabajar más intensamente con los descubrimientos que se están haciendo en los laboratorios científicos, porque nos dan pautas de cómo reutilizar mucho de lo que ya tenemos. Y los arquitectos juegan un papel muy importante en esto, con sus conocimientos sobre como introducir energía solar, y muchas más cosas. Ese me parece un proyecto importantísimo. En el norte industrial de Alemania están rehabilitando grandes ciudades medio desiertas, donde grandes cuencas industriales y manufactureras. ¿Por qué no invitan a inmigrantes a desarrollar estas ciudades abandonadas, donde podrían crear economías rurales de producción de alimentos? ¿Por qué no? Tenemos que recuperar esa capacidad.

-El discurso de la sostenibilidad es uno que tiene mucho predicamento en el mundo académico y político. Pero algunos dicen que es un intento de salvar el propio sistema capitalista.

-Yo estoy completamente en contra del mercado de cambio de derechos de emisiones de residuos a la atmósfera. Eso no nos va a llevar a ninguna solución. Tenemos que ver qué podemos hacer, qué están haciendo por ejemplo los biólogos o los químicos en los laboratorios. Como bacterias que son capaces de generar moléculas de plástico a partir de aguas sucias orgánicas, plástico resistente, durable, pero biodegradable. Eso puede ser un beneficio inmenso y reemplazar algo que es muy tóxico, como los plásticos que no se degradan. En vez de discutir políticas que no nos llevan a ninguna parte, mejor probar estas nuevas vías. Hay que pensar fuera del círculo político, del círculo de los expertos. No es posible comerciar con las emisiones. Eso es un chiste, y más ahora que según los últimos datos estamos llegando a un punto de no retorno en la Tierra.

-Cuando el ex presidente francés Nicolas Sarkozy vio amenazado su futuro electoral y ante la nueva crisis planteó repensar el capitalismo. Lo mismo Barack Obama cuando llegó a la Casa Blanca, que habló de reconsiderar el sistema económico mundial, basado en finanzas tóxicas, bancos, refinanciando sistemas, la especulación, el sistema de las ciudades…

-Hay capitalismos y capitalismos. Yo creo en una economía de mercado. Nosotros no tenemos una economía de mercado. Es un falso mercado. Ya queda menos mercado. Mientras que en esos

«El 70% del mercado está dominado por firmas con información privilegiada»

grandes barrios degradados ahí tienen el mercado de Adam Smith básicamente, donde los productores y vendedores bajan y suben los precios en función de la competencia. Lo que tenemos ahora es discursos de mercado para concentrar y concentrar poder económico. Si tuviéramos una economía de mercado los beneficios y los bienes estarían mejor distribuidos. El problema es que no tenemos mercados genuinos. El 70% de lo que llamamos mercado global no lo es, está dominado por firmas que tienen información privilegiada. Eso no es libre mercado. Existe el comercio justo que está ayudando a los pequeños productores… Pero no basta.

(El caso de ExxonMobil es sintomático, como relata el libro de Steve Coll, recién aparecido: Private Empire. ExxonMobil and American Power, en el que se ve la capacidad de la mayor empresa del mundo para propiciar legislaciones que favorezcan sus negocios, por ejemplo con la dictadura de Guinea Ecuatorial).

No es simplemente decir el capitalismo es malo, porque entonces mucha gente dirá: ya, pero yo no quiero el comunismo.

Que fue un fracaso total.

-Yo lo que digo es que hay que tener sistemas distribuidos, y una de las cosas de las ciudades hoy día es que si hay un espacio donde todavía tienes una experiencia y una sistematicidad de mercado y de condiciones repartidas es en la ciudad, pero ahí están surgiendo también grandes desigualdades. Nos hemos vuelto consumidores de todo, de nuestra democracia, de nuestra ciudadanía. Y eso de mirar televisión es como no vivir nuestra propia vida. Tenemos tanta gente que podría hacer las mesas y las estanterías que estamos ahora mismo importando de China. Relocalizar aquellos elementos de la economía que podemos rescatar.

-Habla para terminar de “Teatro Mundi. The Global Street”, que prepara con su marido, el sociólogo Richard Sennett, su primer proyecto juntos.

Trata de la plaza pública y las culturas que surgen en la calle y forman parte del urbanismo del centro, con corrientes musicales, como el rap, y se acaba convirtiendo en tendencias generales, que solo vemos en viejas tradiciones culturales, como por ejemplo la música folklórica influyó en Bach. La fuerza de esos barrios inmigrantes, donde están vivos y tienen su conciencia y hacen cultura y eso al final es una aportación muy grande.

-¿Quién es Saskia Sassen?

¿Quién es? Mi marido dice que yo tal vez tenga una vida espiritual, pero psicológica… (y, como a menudo en la entrevista, se ríe). Como que no existe. Yo no sé quién soy. No es que me problematice. Es que yo no sé qué contestar. No es que yo me torture, para nada. Cuando me veo en Youtube no me reconozco.

Fuente: ABC

Peter Eisenman, siete puntos [TECNNE]

Fuente: Tecnne

En este articulo escrito con motivo de su participación en el congreso EURAU 8 que fuera publicado en la Revista Minerva del Círculo de Bellas Artes de Madrid,  el arquitecto Estadounidense Peter Eisenman relata en siete puntos su parecer sobre el rumbo de la arquitectura actual. 

UNO

¿Cuáles son las cuestiones a las que se enfrenta la arquitectura en la actualidad? En primer lugar, es un hecho que vivimos en la era de los medios de comunicación, sobre los cuales apenas tenemos control. Los medios de comunicación han invadido todos los aspectos de nuestra vida. En Nueva York es muy difícil caminar por las calles o entrar en un ascensor abarrotado sin toparse con gente hablando por el móvil a voz en grito, como si no hubiese nadie alrededor. La gente va escuchando sus iPods con auriculares en los oídos: parece que habitan en otro mundo. Salen de casa o del trabajo y a los pocos minutos ya están consultando su Blackberry. Sus iPhones incorporan servicios de mensajería instantánea y de noticias, correo electrónico, teléfono, música, casi cualquier cosa. Es como si vivieran pegados a un ordenador virtual. Cada vez son menos las personas que son capaces de participar de su entorno, del mundo físico en el que se encuentran. ¿Ven, sienten o escuchan algo cuando caminan por la calle? No se dan cuenta de lo molesto que resulta su comportamiento en público. Apenas les preocupan sus congéneres en el ámbito público porque habitan en su propio mundo mediatizado. A efectos de la presente argumentación, este mundo mediatizado provoca una forma de sedación que conduce a un aumento de la pasividad en las personas. Cuanto más pasivos somos, más mensajes recibimos de los medios de comunicación incitándonos a hacer supuestas elecciones con las que nos creeremos activos. «¡Vota esto! ¡Vota lo otro! ¡Vota el tipo de noticias que quieres leer, la canción que quieres escuchar o el anuncio que quieres ver a continuación!». Esta votación nos produce sensación de actividad, pero no es más que una burda farsa, otra forma de sedación más, ya que votar es irrelevante: es el resultado de una cultura hipermediatizada.

En este estado de pasividad la gente pide más imágenes, cosas fácilmente «consumibles», ya que han perdido la capacidad de concentrarse o de leer con atención. La arquitectura también es víctima de esta pasividad puesto que, cuanto más pasiva es la gente, mayor energía debe emanar de sus imágenes. Los edificios se han convertido en lo más fácil de retratar; se perciben con una mera mirada. Basta con contemplar los nuevos edificios que se están construyendo en China, en Dubai o en Abu Dhabi para comprender que lo que digo es cierto. Hoy en día es difícil ganar un concurso con el proyecto de un edificio recto: parece que los edificios deben hacer gimnasia, retorcerse, girar… Esta es la arquitectura de la era de los medios de comunicación.

DOS

Cualquier grupo de jóvenes arquitectos quiere ser vanguardista. Ninguno de mis estudiantes desea saber nada sobre Palladio ni sobre Le Corbusier. Lo que quieren es el último afrodisíaco arquitectónico. Quieren saber cómo ser Zaha Hadid. Pero yo no sé enseñar a ser Zaha Hadid y desconozco qué valor podría tener hacerlo. Lo que está claro es que a una cultura pasiva le atrae lo fácil, lo que puede verse o consumirse en unos instantes. La gente joven siempre quiere lo último. Para los arquitectos jóvenes, en esto consiste ser un arquitecto vanguardista.

TRES

Hoy en día no es posible ser vanguardista. Para que surja una vanguardia es necesario que se dé lo que puede llamarse un nuevo paradigma. Pero los cambios de paradigma no ocurren con frecuencia. A principios del siglo XX sí hubo un cambio de paradigma en las artes, cuando se pasó del academicismo a una idea de modernidad o modernismo. ¿Por qué tuvo lugar este cambio? Porque la sociedad estaba inventando aviones, automóviles y nuevos procesos industriales mecanizados; Einstein había propuesto una nueva manera de entender la física que tenía que ver con el tiempo y el espacio; Freud había propuesto nuevos modelos de comprender el subconsciente y las psicologías del comportamiento. La arquitectura, al responder a estos estímulos, dejó atrás su condición más académica y se adentró en lo que conocemos por modernidad. La arquitectura proporcionó una realidad concreta a las experiencias del subconsciente, a las nuevas ideas sobre el espacio y el tiempo, a la nueva velocidad del movimiento, a la nueva industrialización y a la nueva idea de la clase trabajadora. Esta energía se extinguió en 1939, no sólo en España, sino también en el resto de Europa. El modernismo no cumplió su promesa de crear una sociedad nueva.

Una nueva revolución social, iniciada en 1968, representó otro momento de cambio de paradigma. Los estudiantes, que habían sido testigos de la guerra, se dieron cuenta de que nada había cambiado para mejor. Tras dos guerras mundiales y una guerra civil en España, la situación seguía siendo igual de problemática. Los estudiantes tomaron las calles y ocuparon las instituciones educativas, pero en lugar de provocar una guerra civil o una conflagración, la revuelta resultó en un evento implosivo. En otras palabras, los estudiantes atacaron y quemaron sus propias instituciones y sus propios barrios. Se trataba de un tipo de revolución diferente. Resulta significativo que varios textos sobre arquitectura y filosofía se escribieran durante ese mismo período. Son textos que fueron importantes a finales de la década de los sesenta y lo siguen siendo en la actualidad: La arquitectura de la ciudad, de Aldo Rossi; El territorio de la arquitectura, de Vittorio Gregotti; Teorías e historia de la arquitectura, de Manfredo Tafuri, y Complejidad y contradicción en arquitectura, de Robert Venturi. Escritos por arquitectos durante el intenso período que medió entre 1966 y 1968, constituyen una buena muestra de que la arquitectura había experimentado un cambio de paradigma. Al mismo tiempo, Jacques Derrida reescribía la teoría cultural en su libro Sobre la gramatología, Gilles Deleuze en su Diferencia y repetición y Guy Debord en La sociedad del espectáculo, obra que ya en 1968 predijo la actual cultura espectacular, dominada por imágenes. Todos estos trabajos conformaron la base del nuevo paradigma.

En aquel momento, la arquitectura se volvió hacia el fenómeno más kitsch del posmodernismo, el regreso a una imagen historicista de fácil consumo. En 1988, varios arquitectos, entre otros Rem Koolhaas, Frank Gehry, Daniel Libeskind, Zaha Hadid y yo mismo, participamos en una exposición titulada Arquitectura deconstructivista, organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Aquella muestra puso punto final a la nostalgia kitsch del posmodernismo, pese a carecer de marco ideológico: parecía representar, en términos literales, una arquitectura deconstruida, pero no llegó a comprender el alcance trascendental de la crítica de Derrida. La arquitectura deconstructivista murió a finales de la década de los noventa. Hoy día ya no existe un modernismo activo, pero tampoco un posmodernismo, o un deconstructivismo: no hay una vanguardia arquitectónica viva.

CUATRO

Tras la Segunda Guerra Mundial, Theodor Adorno escribió sobre la idea de estilo tardío o Spätstil. Lo describió como un momento en la cultura previo al cambio de paradigma, un momento que contiene la posibilidad de algo nuevo, pero que no se puede comprender o identificar en ese preciso instante. Adorno sugiere que la Misa Solemnis de Beethoven, escrita hacia el final de su carrera, ejemplifica la idea de estilo tardío. En lugar de intentar innovar con el estilo característico de su obra temprana, Beethoven escribió una obra difícil, casi anárquica, una pieza que nadie podía entender porque parecía encontrarse completamente al margen del estilo característico del compositor. Tomando como referencia la obra tardía de Beethoven, Adorno argumenta que en cualquier estilo tardío existe una disonancia y una excentricidad que ya no buscan comunicar ideas, sino comunicar cierta ambivalencia frente a la propia comunicación. Quizás en esta difícil comunicación se encuentren las semillas de un nuevo paradigma.

CINCO

Dado que no parece que exista un nuevo paradigma, hoy es casi imposible ser vanguardista. Todavía es posible ser joven, retar al presente y negarse a aceptar pasivamente el hecho de que es muy poco probable que surja algo nuevo. Si a partir de la idea de estilo tardío se puede inferir la eventualidad de un nuevo paradigma, yo, desde luego, desconozco cuál puede ser, cuáles pueden ser sus rasgos. Mis estudiantes me preguntan hacia dónde vamos, qué viene a continuación, cómo será el futuro. Mi respuesta es que cuanto más nos preocupamos por el futuro, más condenados estamos a vivir en el pasado. En estos momentos pienso que no existen respuestas para el futuro. Pensar en el futuro cuando es imposible saber realmente es condenarse a uno mismo a repetir el pasado en el presente. No obstante, existen maneras de pensar sobre el presente que podrían resultar útiles.

Los nuevos paradigmas acontecen cada cuarenta o cincuenta años. Desde la Revolución Francesa han surgido diversos nuevos paradigmas: el romanticismo, el academicismo, el modernismo, el posmodernismo y el deconstructivismo. Si hoy es posible que nos encontremos al filo de un nuevo paradigma, ¿dónde está la energía necesaria para efectuar el cambio? ¿Quizá se encuentre en los atentados del 11-M en Madrid y del 11-S en Nueva York? Estos actos terroristas fueron ataques no tanto contra las instituciones cívicas, sino contra Occidente, contra su consumismo y su pasividad, contra su colonialismo político y económico. Estos ataques contienen un mensaje para la arquitectura, en la medida en que se perpetraron contra lugares simbólicos. El World Trade Center simbolizaba mucho más que el comercio mundial: constituía un emblema arquitectónico, uno de los edificios más altos de Nueva York. Asimismo, la Estación de Atocha es un símbolo de Madrid y su infraestructura. Estos ataques iban dirigidos a una idea y a una imagen de Occidente, de la que forma parte su arquitectura.

SEIS

En la actualidad, la arquitectura está perdida en la cultura de lo espectacular, en la idea de imagen, de marca, en lo que sólo puede llamarse promoción. Ha perdido su oficio, que consistía en tratar con el espacio y el tiempo: la arquitectura se ha convertido en superficie, y los efectos de la superficie nos intoxican. Estamos intoxicados con los efectos de la superficie. Mientras que la pintura tenía que ver con la reducción del espacio y el tiempo a una superficie plana, la arquitectura ha tomado la superficie y la ha extendido por el espacio y el tiempo. Hemos convertido la arquitectura, nuestro patrimonio, en pintura, en superficies decorativas. Una superficie que adquiere importancia creciente en la medida en que la arquitectura se representa cada vez más a través de imágenes fáciles de consumir por parte de un público pasivo.

Esta pasividad, alimentada por la propia pasividad de nuestros maestros, de los arquitectos y de los estudiantes, apunta a que estamos perdiendo la fe en lo que, a lo largo de quinientos años de historia arquitectónica, se ha podido llamar el proyecto sintético y dialéctico de la arquitectura. Este proyecto se apoyaba en la planta, la sección y el alzado y convertía el espacio en un medio decisivo. Estos elementos conformaban la gramática de la arquitectura. Hoy mis estudiantes no pueden dibujar plantas; dicen que ya no necesitan secciones, sino modelizaciones en tres dimensiones. Tal vez la pérdida de fe en el proyecto sintético sea algo realmente relevante. La pregunta sigue siendo la misma: ¿es el proyecto sintético un proyecto antiguo, condenado, por tanto, a no formar parte del espíritu de nuestra época?

La famosa sentencia de Leon Battista Alberti según la cual una casa es una ciudad pequeña y una ciudad, una casa grande, constituye la primera afirmación de la relación de la parte con el todo, el primer proyecto dialéctico de la arquitectura. Tras haber servido de sostén a la arquitectura durante quinientos años, esa relación se encuentra ahora en tela de juicio. Mis estudiantes y mis amigos arquitectos jóvenes ya no creen en la relación de la parte con el todo, que formaba parte del proyecto sintético. Creen que lo importante tiene que ver con los componentes y con la infinita reproducción de la variabilidad. El joven arquitecto estadounidense Greg Lynn afirma que ése es precisamente el aspecto crucial hoy en día. Para él, el todo ya no importa porque el componente lo es todo. La informática plantea estas dos cuestiones: la idea del componente y la idea de la superficie. La computación y los procesos algorítmicos nos permiten generar una selección aparentemente infinita de relaciones entre componentes que pueden convertirse en todos de muy diverso tipo pero carentes de valor. Cada uno de ellos presenta un aspecto fantástico, distintos entre sí, y ningún componente tiene necesariamente más valor que otro. Para un estudiante es imposible dibujar un plano manejando un programa informático –3D Studio Max, Maya, Rhino, todos esos programas magníficos de modelaje por ordenador diseñados para fabricantes de coches que usan los arquitectos–, simplemente porque no se puede hacer un plano conectando puntos. Para visualizar el componente no es necesario comprender ni conceptualizar el todo.

SIETE

¿Alberga el estilo tardío algún mensaje sobre el futuro?

El cine y la literatura pueden entender mejor la situación que nosotros en tanto que arquitectos. Los arquitectos no sabemos cómo abordar la idea de lo tardío. No construyo en EE UU. Quizás sea porque es la capital de la pasividad, o quizá porque necesitamos crear constantemente nuevos mercados en China, en el Sudeste Asiático y en Latinoamérica. Creo que Europa constituye una esperanza a la hora de enfrentarse a esta pasividad en aumento, porque su cultura posee la fortaleza suficiente para reflexionar sobre estos temas. Les ofrezco estas ideas como una suerte de advertencia, para alertarles de la presencia de este miasma que se extiende.

Curso en diseño avanzado. Sueños espumosos. [CCAU]

Esta es tu oprtunidad para mejorar tus abilidades en diseño. El curso se mantendrá enfocado en la creación física de cada diseño para poder crear un ambiente material en forma de una exposición que muestre el proceso de cada proyecto desde lo digital hasta lo material.  Se tomará la galería del CCAU como espacio/sitio a intervenir y se trabajará con un presupuesto para la fabricación de cada proyecto.

Objetivos
Recientemente el discurso del diseño contemporáneo ha renovado el interés en la construcción y fabricación con materiales dinámicos, suaves, y plásticos.  Históricamente estos materiales ya se han aplicado en procesos de diseño y en la arquitectura pero sólo como componentes y nunca como sistemas completos.  Ahora existe una nueva oportunidad para plantear estos sistemas completos con espesor, volumetría, y materia.

Los participantes tendrán la oportunidad de desarrollar sus habilidades  en técnicas de ensamblaje para crear volúmenes de múltiples superficies que resulten en formas complejas con materiales dinámicos, con el fin de crear prototipos arquitectónicos, tectónicos, y dinámicos.  Cada proyecto será conceptualizado, procesado, y materializado con materiales como textiles, plásticos, hules, espumas, y látex.

Durante el proceso de diseño, se explorarán diversas técnicas, como curvatura, volumetría, morfología, texturas y coloración; así como la representación en 2D y 3D de dichas técnicas para llegar a la producción de imágenes y dibujos exquisitos y cálidos.  Este enfoque mostrará nuevas formas de pensar y cuestionar diferentes geometrías y a su vez desarrollar técnicas que puedan actuar en futuros proyectos dentro de sus respectivas profesiones.

Dirigido a
Arquitectos, artistas plásticos, diseñadores industriales, diseñadores de moda, diseñadores de interiores. Se requiere contar con conocimientos básicos de cualquier sistema CAD, entendimiento básico de Adobe Illustrator, Photoshop, InDesign), así como traer equipo de cómputo propio (un equipo por persona).

Duración y horario:
4 sesiones de 2 horas. (Martes)
4 sesiones de 4 horas. (Sábados)

Del 19 de junio al 12 julio de 2012.
Días de la semana y horas:
• martes de las 19:30 h a las 21:30 h
• sábado de las 10:00 h a las 14:00 h

Costo
$3,200.00 pesos
Incluye materiales de trabajo.  Reserva tu lugar con $500.00 pesos.  Hay faciliadesde pago pregunta por ellas.

Impartido por:

MArch. Antonio Torres

Es co-fundador de The Bittertang Farm un pequeño taller de arquitectura con sedes en Guadalajara y Nueva York. En el 2010 Bittertang recibió el premio para arquitectos jóvenes que otorga la Liga de Arquitectos de Nueva York y ganador del concurso internacional Sukkah City 2010. Recientemente Bittertang construyo el proyecto Burble Bup, ganador de concurso City of Dreams Pavilion 2011 en Nueva York. Los proyectos de Bittertang han sido publicados en varias revistas locales y internacionales.

Antonio es arquitecto egresado de la Universidad de Illinois en Chicago, obtuvo su grado de maestría en la Universidad de California en Los Angeles.  Además cuenta con dos semestres cursados en la Universidad de Arquitectura de Versalles, Francia y un semestre de investigación en el taller de la arquitecta Zaha Hadid en la Universidad de Artes Aplicadas en Vienna, Austria.  Su experiencia profesional consiste de varios proyectos en despachos en Chicago, Los Angeles, y Nueva York.   En el 2008 se integro al despacho de Niel M. Denari Architects en Nueva York, donde participa en la construcción de una Torre Residencial ganadora de varios premios de diseño. Su experiencia académica consiste de talleres impartidos en la Universidad de California en Los Ángeles, ITESO, y el ITESM.

Más informes con Miriam Villaseñor / miriamvm@ccau.org / ccau.info@gmail.com / 33 1329.0132

Sevilla le dice adios a Zaha

Sevilla se queda sin su Zaha, un juez del tribunal superior de justicia, ha ordenado derribar “completamente” lo que hasta ahora se había construido de lo iba a ser la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, cimentación, plantas de parking para 80 coches y unas 3 alturas de los nudos de circulación y ascensores.

La obra estaba parada ya desde hace algunos meses, rodeada de una gran polémica la biblioteca que ganó Zaha Hadid en un concurso, la situaron n unos terrenos de los Jardines del Prado de San Sebastian. La orden obliga a dejar el jardín tal cual estaba en el año 2008.

Fuente: edgargonzalez.com

Feliz cumpleaños 145 a Frank Lloyd Wright

En 1991 el American Institute of Architects lo llamó simplemente ” El más grande de los arquitectos de todos los tiempos”

Mejor conocido por la Casa de la cascada en el museo icónico en Nueva York Guggenheim, Wright fue un arquitecto prolífico, diseñador de interiores y escritor que paso su vida abogando por una arquitectura “organica”, una arquitectura en armonía con su alrrededor.