Lecciones gigantes

Por: Alfredo Hidalgo en el periódico El Informador

Hacer escuelas, parques, bibliotecas y una serie de buenas y reconocidas obras, no solo implicó dar sentido al, sino implicó también llevar obras de calidad a las zonas más marginadas

En menos de una semana presenciamos dos maneras de transformar una ciudad, una temporal y otra permanente; una como espectáculo, otra como cambio profundo. La primera fueron las marionetas gigantes en Guadalajara, presentación que a través de un trabajo y manufactura impecable, lograron compartir con millones de personas esta idea originaria de Nantes. La estrategia de difusión se basó más en el involucramiento de la gente que en grandes espectaculares o anuncios en periódico, radio o televisión. El rumor corría y tanto el cuento como las experiencias anteriores, iban construyendo una expectativa que logro sacar de casa y compartir la calle, a millones de tapatíos que experimentaron, muchos por primera vez, un espectáculo callejero. El pretexto del “mal celebrado” bicentenario en nuestra ciudad, fue lo de menos, significativo resultó el ejercicio de tomar la ciudad.

El otro gigante que visitó la ciudad en el marco de la FIL (un gran evento también), fue Sergio Fajardo, el ex alcalde de Medellín, quién gobernó esta segunda ciudad colombiana del 2004 al 2007. También Fajardo sacó a las calles a los más de dos millones de “paisas” (gentilicio de Medellín) quienes se habían arrinconado en sus casas, entre otras cosas, por vivir en la ciudad más peligrosa del mundo. Fue el candidato ciudadano de muchos interesados y comprometidos en cambiar el rostro y el corazón de Medellín, juntos se dieron a la tarea de hacer una gran transformación basados en la educación y la cultura. “Del miedo a la esperanza” fue el título bajo el cual Fajardo narró una experiencia que nos dejó tan boquiabiertos como los pequeños que en FIL Niños oían a los cuentacuentos y sus fantásticas historias. A medida que Fajardo compartía su experiencia con la sencillez admirable de quien también fue este año candidato a vicepresidente de Colombia, se entendía mejor porqué sucedió. Con la lógica de un matemático educador, nos fue narrando como entendieron los problemas y sus posibles soluciones. Bajo la consigna de abrir las puertas de las oportunidades para todos, hizo especial énfasis a la atención de los grupos vulnerables. “La calidad es el primer paso para la dignidad”, lo dijo y lo asumió; demostró ser un alcalde que entendió perfectamente la importancia de la calidad espacial de los espacios públicos y de la infraestructura de la ciudad.

Hacer escuelas, parques, bibliotecas y una serie de buenas y reconocidas obras, no solo implicó dar sentido al discurso -invitando para lograrlo a los mejores arquitectos locales-, sino implicó también llevar obras de calidad a las zonas más marginadas.

Vivir una ciudad colapsada y entusiasmada por el espectáculo cultural callejero de las marionetas y presenciar la conferencia magistral de Fajardo, evidencian ausencias. Por un lado, encontrarse en la calle convertida en lugar común, habla de la necesidad natural de acceder a una oferta de espacio público de calidad, los tapatíos sí queremos salir y usar la calle, se demuestra cada domingo. Por otro lado, antes de la conferencia, transformar una ciudad como la nuestra parece imposible, después de la conferencia -mirando alrededor buscando alcaldes que hayan tomado nota- pensamos: “no lo hemos hecho aún”, pero lo haremos.

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