Tercera llamada, tercera

Estudiantes, ciclistas, niños y profesores de la universidad comenzaron a pintar la tercera ciclovía ciudadana por Camino al ITESO, entre López Mateos y Periférico Sur. El sábado pasado trazaron el inicio del carril y colocaron señalética. Esta es la tercera ciclovía realizada por ciudadanos para reclamar presupuesto para infraestructura peatonal y ciclista.

Por Patricia Martínez

Los materiales que había para pintar la ciclovía eran los indispensables. Pero no serían suficientes para completar un tramo de 1.2 kilómetros. Ni la pintura rebajada con thinner, ni las brochas que se desgastaban en el asfalto áspero, ni las tablas para pintar señalética. Ni la veintena de estudiantes, empleados y ciudadanos que pintaban en cuclillas centímetro a centímetro. Nada fue suficiente para concluir la ciclovía de Camino al ITESO.

Pero la iniciativa de Eduardo Jenny, un estudiante de la carrera de Psicología, del ITESO, fue una bocanada de oxígeno para un proyecto que aguarda en una lista de pendientes “no urgentes”.

“Primero hay que trazar la encarriladora”, fue la indicación de Luis Sube, un egresado de la carrera de Ingeniería Ambiental, acto seguido los participantes pintaron una escuadra en el suelo para indicar el inicio de la ciclovía. Luego tensaron un cordón de rafia para guiar la línea que delimitó el carril ciclista. Después pintaron los esténciles con siluetas de bicicletas y señalizaron las entradas y salidas de industrias.

Esta es la tercera ciclovía ciudadana que se construye en el área metropolitana, las anteriores también fueron un impulso para persuadir a los gobernantes a destinar presupuesto público para la construcción de infraestructura ciclista. “Ponemos de nuestra parte para no atenernos. Si nadie lo hace no podemos esperar, si se puede y está permitido lo hacemos”, expresó Antuan Sahagún, estudiante de la licenciatura en Relaciones Internacionales.

Nada interrumpió el ritmo de trabajo. “¿Cómo colgamos las señales?”, dijo Pablo Montaño, estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública, y mientras intentaba subirse al cuadro de una bicicleta llegó Pedro Kumamoto, estudiante de Gestión Cultural, con una escalera que tomó prestada de una tienda de herramientas de construcción. Para sujetar una señal reciclaron el alambre de los pendones que publicitaban terrenos de ensueño.

“Parecemos ciudadanos profesionales”, gritó Luis Sube, después de que instalaron la primera señal en un poste. Al frente unos pincelaban un letrero: “Solo bici”; otros delimitaban el ancho del carril, los niños dibujaban las bicicletas de la señalética, otro “tuiteaba” la crónica, uno barría la basura de la calle, una retocaba los contornos, otro colocaba bicicletas con banderas fluorescentes para desviar el tránsito, alguien revisaba los planos del proyecto para confirmar el siguiente paso. Eran las doce del día y los primeros metros estaban concluidos.

Este tipo de iniciativas fue quizá uno de los alicientes para catalogar este año a Guadalajara como una de las ciudades del mundo más “amables” para el uso de la bicicleta. Tuvo el lugar número 12, de una lista de 80. Si bien algunos especialistas han argumentado con una dosis de realismo los resultados, habrá que enfatizar que entre los criterios que evalúa el Índice de Ciclismo Urbano, realizado por la organización Copenhagenize, en Dinamarca, está el de la “organización social para la defensa y promoción del uso de la bicicleta”.

El corredor Camino al ITESO forma parte de la red de vías ciclistas del Plan Maestro de Movilidad Urbana No Motorizada de Guadalajara y el Área Metropolitana. En abril pasado el ayuntamiento de Tlaquepaque anunció que construiría un corredor de movilidad integral, en el que además de ciclovía hubiese las condiciones seguras para el tránsito de peatones y personas con discapacidad. A partir de entonces un equipo de especialistas del ITESO trabajó en el proceso de consulta ciudadana y el proyecto ejecutivo. La propuesta se concluyó en octubre pasado. El siguiente paso está en manos del gobierno: destinarle presupuesto.

Dos días después, la ciclovía sigue marcada, un tramo está invadido por autos estacionados y en los postes de la calle penden placas azules con bicicletas blancas que advierten: territorio ciclista. En los próximos días los estudiantes e integrantes de organismos civiles decidirán si gestionan más recursos para concluir lo que faltó. La voluntad sigue en pie.

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