Programa de aprendizaje para el buen vivir

En la sierra Tarahumara ubicada al norte de México hay un grupo de aproximadamente 75 personas que formulan y desarrollan proyectos para aportarle algo más a sus comunidades: difundir medicinas tradicionales,

recuperar o fortalecer el idioma rarámuri, curar animales,cuidar los aguajes, defender el territorio, ayudar en el aprendizaje de la lectoescritura a grupos de niños, aprender a defendernos con la palabra, entre otras.

En estos proyectos se procura que sean definidos en colectivo y sea la comunidad la que los acompañe y finalmente los valide, es por ello que deben responder a los intereses, gustos, pasiones y sentidos profundos de la comunidad.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con la educación? Sin duda mucho si pensamos la educación como aprendizaje y convivencia en la diversidad. Es un proyecto que implica procesos complejos que al irse operando, recuperando y compartiendo, nos permite aprender de y desde los sujetos de la comunidad y los procesos mismos. Lo que aprendemos se reconoce (y certifica según el caso) como diplomado, bachillerato, licenciatura o maestría. Sin embargo, cualquier persona puede integrarse a este aunque no le interese algún grado o certificado en particular. Solo debe querer aprender en comunidad y para la comunidad desde sus intereses personales.

Hilando junto con el desarrollo de los distintos proyectos, su recuperación y sistematización personal y colectiva, el aprendizaje se intensifica, se multiplica en distintas comunidades (de aprendizaje) que se van construyendo mediante el compartir del propio caminar y el aprender desde el de los demás. Hay reuniones de forma sistemática por regiones, por grado, con los equipos de trabajo y con miembros de la comunidad; en estos espacios todos comparten y aprendemos. Son espacios de encuentro que pueden generar conexiones y relaciones entre los miembros de maneras y con intereses diversos. Implica un diálogo entre los saberes tradicionales, los cotidianos con los eruditos y científicos occidentales. Qué saben unos y otros que pueda aportar a un proceso o problema relevante para la comunidad.

Vemos una educación desvinculada a la comunidad, lejana y que la debilita pues desconoce, margina y agrede los saberes y prácticas cotidianas y tradicionales de las comunidades. Ha sido un factor de vulnerabilidad, de colonización. Por otro lado identificamos en la región problemas y retos impostergables a los que hoy no podemos (no sabemos) dar respuesta desde nuestros lugares y posibilidades. Debemos movernos, aprender, complementar, recuperar. Todo este trabajo es para reivindicar el que los procesos de recuperación, producción y compartición de conocimientos relevantes es tarea de las comunidades, no es monopolio de personas o instituciones determinadas. Es poner el saber al servicio y en función de los proyectos fundamentales de los pueblos de la región.

Para ello, la producción de conocimiento debe ligarse a la vida de las comunidades, fruto de una práctica y reflexión contextualizada y localizada. Reconocer el saber y el ejercicio de aprender como comunal o poder comunalizar el saber y el aprender.

Así la producción de saber de manera colectiva es un ejercicio de autonomía comunitaria y medio para generar experiencias de buenos vivires. Pero al desmontar formas hegemónicas de producción, uso y control de saberes creemos que estas dinámicas son profundamente rebeldes, insurrectas, alternativas y que alteran radicalmente las tradiciones en el ejercicio del poder sobre el saber.

Victor Ojeda / Director de Construyendo Mundos Alternativos Ronco Robles (COMUNARR), ITESO e Ibero Ciudad de México.

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