“Las autopistas urbanas son como ríos venenosos”: Peñalosa

Fuente Milenio: http://www.milenio.com/df/Enrique_Penalosa-autopistas_urbanas-segundos_pisos_0_364763545.html

Entrevista por Héctor Zamarrón

Enrique Peñalosa recomienda precaución en la forma en que se redensifica la ciudad; cuestiona cuál es la justificación para que no haya transporte público en carriles exclusivos en los segundos pisos.

Si el espacio vial pertenece a todos los ciudadanos por igual ¿por qué la mayoría de las ciudades le dan más espacio a los carros que a los seres humanos?, con esa pregunta resume Enrique Peñalosa la importancia de discutir el tipo de ciudad en que queremos vivir.

Consejero global del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, experto en urbanismo, ex candidato presidencial del Partido Verde en Colombia, ex alcalde de Bogotá, Peñalosa está en México para atender reuniones sobre planeación y desarrollo.

En entrevista para MILENIO, Peñalosa asegura que la ciudad de México “está cada vez más mejor, obviamente uno siempre sueña que puede ser mejor, pero veo ciclovías, mejoras en las banquetas, veo más sistemas de buses y carril exclusivo, de manera que creo que ése es el rumbo hacia una ciudad que le da prioridad a los seres humanos, a los peatones, a las bicicletas y al transporte público”.

Pero también cuestiona, con tacto, a los segundos pisos:

– En el mundo ya es claro que las autopistas urbanas destruyen la ciudad. Todas las autopistas urbanas, aun a nivel, son como un río venenoso, que deshumaniza, que destruye el valor de la finca, sobre todo si es vivienda, porque si son bodegas industriales tal vez no, y las autopistas elevadas tal vez peor.

Pero si tenemos autopistas,  yo hago una pregunta respetuosa, con el amor y cariño que le tengo a esta ciudad, ¿qué justificación ética o técnica existe para no tener buses con carriles exclusivos en ellas?

Desde la perspectiva técnica, un bus, un carril exclusivo para buses, aun sin sobrepaso, moviliza mínimo, unas veinticinco veces más personas que un carril para carro. Entonces no se necesita un Ph de Harvard, un comité de niños de 12 años se da cuenta en 20 minutos que la manera más eficiente para utilizar un espacio vial escaso son los carriles exclusivos de buses.

Y desde la perspectiva democrática, si es cierto que todos los ciudadanos son iguales, como dice el primer artículo de la Constitución mexicana, pues evidentemente un bus con 100 pasajeros tiene derecho a 100 veces más espacio en la vía que un carro con uno, pero lo curioso es que hoy esas autopistas no se están usando ni técnica ni democráticamente de una manera eficiente.

-¿Cómo ve a la ciudad de México?

Esta ciudad siempre ha tenido una creatividad especial, ha tenido arte, ha tenido culinaria, ha tenido música. Yo diría que es una de las ciudades atractivas del mundo. Comentaba con mi esposa que ésta es una de las dos o tres ciudades que consideraríamos para irnos a vivir.

El DF es fascinante. Barrios como éste, la Condesa, que tiene parques, que tiene banquetas, pero también hay riesgos de destrucción. Uno claramente, los carros en las banquetas son el comienzo del fin de una ciudad.

Pero, por ejemplo, el encanto que tiene la Condesa en buena medida tiene que ver con sus ventanas en el primer piso, o comercios y cafés. Los edificios nuevos que están haciendo son muy destructivos, no porque sean altos, que puede ser hasta bueno, sino porque en el primer piso ponen carros estacionados, entonces ponen paredes ciegas.

Una ciudad en donde uno camina frente a paredes ciegas es una ciudad terrible, y eso es malo para la seguridad, entonces, cuando en México ahora están hablando de densificar las ciudades, de hacer ciudades más compactas, hay que tener mucho cuidado con cómo se densifica.

La medida de evaluar un edificio, una vía o cualquier cosa que se haga en la ciudad, es si esto hace más agradable el entorno, si se puede caminar ahí, jugar ahí, darse besos ahí.

-¿Es quizá esa la clave del urbanismo por el que ha peleado durante muchos años?

L o que estamos tratando de hacer es una sociedad democrática, más igualitaria, no es igualdad de ingreso porque ya con economía de mercado eso no es posible, pero sí lograr que se cumpla la Constitución.

La democracia no es sólo que vote, democracia es que se cumpla un principio fundamental, es que los ciudadanos sean iguales frente a la ley y si es que eso es cierto el interés general prevalece. Eso no es solo poesía.

Hace diez o doce años estuve en Huatulco en uno de los hoteles más lujosos, ahí me llamó mucho la atención que exactamente adyacente al hotel había un gran letrero que decía: “Entrada a la playa pública”, y incluso al salir del hotel a la playa, había un aviso que decía usted está entrando a una zona federal. Y yo me dije, qué maravilla México, la revolución mexicana, la democracia, pero ahora que es estuve en Cancún veo que ahí hicieron exactamente lo contrario, sellaron la playa y los ciudadanos de menores ingresos de Cancún no pueden tener ingreso a la playa, a su propia playa, a la playa de su propio país.

Entonces, estas son discusiones que uno cree que ya están superadas y no. Esos desarrollos de Cancún que son más recientes, son menos democráticos que los de Huatulco. Claramente, las autopistas urbanas, son como ríos venenosos, porque los seres humanos no pueden caminar junto a ellas, casi no pueden atravesarlas.

-En la ciudad de México se han construido autopistas urbanas con el discurso de que al ser de cobro y pagarlas los automovilistas  vale la pena hacerlas, ¿qué opina al respecto?

Esas autopistas destruyen el entorno, los ciudadanos de ingresos altos siempre quieren más de esas autopistas porque obviamente no pasan por sus barrios, por las colonias más ricas, sino por las de los de menores ingresos.

-¿Qué está pasando en el mundo con esta discusión?

Ya es claro que las autopistas urbanas destruyen ciudad, incluso las autopistas elevadas se han venido tumbando en todas partes. En San Francisco, Nueva York, Boston y la más reciente que tumbaron fue el año pasado en Río de Janeiro, 5 km.

-¿Cómo distribuir el espacio entre peatones, automovilistas, ciclistas, motociclistas?

El recurso más valioso de una ciudad es su espacio vial, uno podría encontrar petróleo o diamantes bajo el suelo de ciudad de México y no sería tan valioso como el espacio vial.

Lo que sí podemos recordar es que ese espacio vial le pertenece a todos los ciudadanos por igual, tiene el mismo derecho un ciudadano pobre que no tiene carro o un niño que quien anda en un carro de lujo. Entonces, la mayoría de las ciudades por ejemplo, le dan más espacio no sólo a los carros que se mueven, sino a los carros estacionados, que a los seres humanos y uno se pregunta ¿cómo se decidió eso?, ¿alguien votó, votaron los niños?

-Ahora no sólo en carros, también se mueven hasta en helicóptero.

Sí, eso pasa en Río de Janeiro…

-Y aquí en la ciudad de México.

Lo curioso del helicóptero es un caso muy interesante. Uno entiende que100, 200 o hasta mil personas se pueden movilizar en helicóptero y salir de casa y llegar al supermercado o a la oficina en ese medio, pero claramente si todos los ciudadanos se movilizaran en helicóptero eso no sería posible porque se estrellan unos contra los otros. Pero los carros son tal vez hasta más dañinos que los helicópteros, porque utilizan el mismo espacio vial, compiten por el espacio con los seres humanos, y también ocurre lo mismo que con los helicópteros, si todos los ciudadanos se movilizaran en automóviles la ciudad colapsaría. El sistema funciona solamente en la medida en que una minoría se movilice en carro y cuando hablamos del estacionamiento es bueno recordar lo siguiente:

Las constituciones tienen páginas y páginas de derechos, pero ni aun así está incluido el derecho al estacionamiento, entonces es importante recordar que el estacionamiento no es un derecho constitucional, el alcalde o el presidente municipal puede ampliar la baqueta o hacer ciclovías y eliminar el estacionamiento y si le preguntan ¿y ahora dónde nos vamos a estacionar? El alcalde puede decir, es igual que si usted me pregunta dónde va a guardar su comida o su ropa. Ese no es un problema del gobierno, el gobierno no tiene ninguna obligación de dar estacionamiento. Mas aun, algo interesante es lo siguiente.

Ya es claro en el mundo que hacer mas vías no resuelve los embotellamientos porque lo que general tráfico es el número de viajes y lo largo de los viajes y no el numero de carros, en resumen, algo que es un poco menos claro y todavía importante es que el transporte masivo tampoco resuelve los embotellamientos, uno podría hacer una línea de metro debajo de cada calle y eso tampoco. Lo único que lo resuelve son las restricciones al embotellamiento o las restricciones al uso del carro en general. En Londres, por ejemplo, cobran por entrar al centro en automóvil. En otras partes se tienen restricciones por el número de la placa, pero la restricción más sencilla es la restricción al estacionamiento. En el centro de Londres, por ejemplo, desde hace 40 años los edificios de oficinas no pueden tener estacionamiento, todo lo contrario a lo que ocurre en el centro de Bogotá o en el centro de la ciudad de México, es un requisito.

– ¿Ha avanzado el tema de movilidad?

Más que el tema de movilidad, se tiene claro cómo es que debe ser la ciudad porque nosotros no podemos hablar de soluciones de movilidad si no tenemos claro qué tipo de ciudad queremos. Porque es muy distinto el tipo de soluciones si queremos una ciudad más parecida a Ámsterdam o a Houston.

A veces hay injusticias flagrantes que las tenemos delante de nuestras narices y no las vemos porque estamos acostumbrados a ellas, por ejemplo hace menos de 90 años las mujeres no podían vota, y a todo el mundo eso le parecía normal, no eran los nazis, era todo el mundo, yo digo que ahora ocurre lo mismo con los buses.  Tener un autobús en un embotellamiento es casi tan antidemocrático como no permitir que las mujeres voten y que claramente si todos los ciudadanos son iguales, pues un bus con 80 0 100 pasajeros tiene derecho de prioridad en la vía. Un bus jamás debería estar en un embotellamiento, debería tener siempre carril exclusivo.

Digamos que ciudad de México podría resolver muy sencillamente su problema de movilidad con carriles exclusivos para buses en todas partes, eliminando estacionamiento en la calle, restringiendo estacionamiento en los edificios de destino como centros comerciales u oficinas. Es que la movilidad es un problema muy especial, muy distinto de los demás. Es muy distinto porque a diferencia de la salud, la educación, que mejoran en la medida en que nos volvemos más ricos, la movilidad tiende a empeorar. Y segundo es un problema que no se resuelve con dinero o tecnología, es un problema que se resuelve con cambios en nuestro comportamiento. De nada sacamos haciendo muchos sistemas de transporte masivo si los ciudadanos que tienen carro no los usan.

– ¿Una concepción errónea de modernidad?

Nosotros tuvimos ciudades sin carros por cinco mil años, un niño salía a la calle sin ningún temor, jugaba en la calle. Hay unas cifras maravillosos de un libro que sacó un autor que se llama Peter Norton, en 1900 nadie murió atropellado por los carros en Estados Unidos, no había carros. Sólo veinte años más tarde, sólo veinte años, entre 1920 y 1930, más de 200 mil personas murieron atropellados por los carros, casi los mismos que murieron en la segunda guerra mundial.

Entonces, sí claro, cuando los carros aparecen son de los ciudadanos de mayores ingresos, eso les parece lujoso y valoriza los barrios donde había un carro y sin darnos cuenta, les entregamos la ciudad. Creo que ya es hora de recuperarla.

El nuevo Pabellón del PS1 MoMA abre sus puertas

Fuente: arquine http://www.arquine.com/blog/hy-fi/

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por Francisco Brown | Corresponsal en Nueva York

Cada año el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y el MOMA PS1 en Queens, invitan a estudios de arquitectura emergentes de la ciudad al Young Architects Program , un concurso en el cual oficinas de arquitectura y diseño compiten para proyectar y construir un pabellón temporal en el jardín del MOMA PS1 en Queens. El proyecto se mantiene en pie durante el verano, donde se presentan conciertos y exposiciones de arte, incluyendo el evento insignia: the Warm up, que es una serie de conciertos los sábados por la tarde para presentar talentos emergentes en música y performance de la ciudad.

El ganador de este año es Hy-Fi diseñado por  The Living, un estudio de arquitectura encabezado por David Benjamin, enfocado en la investigación y análisis las nuevas tecnologías de diseño y construcción, y estudiando exhaustivamente la relación del ecosistema construido para la reducción del impacto de este en las ciudades.

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Hy-Fi, que fue inaugurado la semana pasada, sobresale por su configuración y escala, donde tres cilindros de 13 metros de altura se entrelazan y forman una especie organismo “creciendo” en el jardín del museo. Sin embargo, lo que más destaca no es su morfología sino su ecología. El proyecto se conceptualizó como un pabellón efímero, en el mas riguroso sentido de la palabra. Construido con ladrillos biodegradables, a base de  tallos de maíz y micelio, las raíces del hongo. Los ladrillos son unidos con un mortero orgánico y soportado por una estructura ligera de madera. Una vez haya que desmontar el pabellón, los ladrillos serán pulverizados y vertidos en un área de relleno, reduciendo así el “carbon footprints” del proyecto.  Como mencionó Pedro Gadnho, curador de arquitectura del MOMA y jurado del concurso, “recurriendo a los últimos desarrollos en biotecnología, se reinventa el componente mas básico de la arquitectura, el ladrillo, como un material del futuro, y un generador de para infinitas posibilidades de diseño”

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Fotografía | Nabil Shahidi

Arquitectura en el cine: The cruise [CCAU]

Este jueves 20 de marzo a las 20:30h se presenta el documental The Cruise en el Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana [CCAU]  Privada Andrés Terán 33 Col. Americana.  Entrada libre.

The Cruise (El crucero) es un documental lanzado en el año 1998, dirigida por Bennett Miller. La película documenta la visión del mundo y la personalidad de la ciudad de Nueva York a través del guía de autobús turístico Timothy “Speed” Levitch. Se trata de un retrato afectuoso de Tim “Speed” Levitch, un guía turístico para la línea de autobuses Gray Line de dos pisos que hay en Manhattan. Habla rápido, está enamorado de la ciudad, y proporciona datos de los hechos históricos, análisis arquitectónicos y reflexiones filosóficas por igual.

Kahn, el maestro secreto [El país]

Fuente: http://elpais.com/elpais/2013/04/29/eps/1367241419_613082.html

Por

A Louis Kahn (Pernu, Estonia, 1901-Nueva York, 1974) lo encontraron muerto en los aseos de Penn Station. En tres días, nadie reclamó su cadáver. Llegó a tener tres familias, pero regresaba solo de Dhaka, donde había comenzado el edificio para la Asamblea Nacional de Bangladesh cuando el país pertenecía a Pakistán. Mientras lo ideaba estalló la guerra civil, pero eso no lo detuvo. Tampoco lo había detenido el páramo que vio cuando llegó al solar polvoriento y pensó que aquello no era un lugar para personas. “Aquí no hay donde agarrarse”, le escribió a Harriet Pattison, la paisajista que por entonces era su amante. Kahn no vio ese edificio terminado, pero hoy la gente se retrata allí el día de su boda. En un contexto tan hostil supo levantar un edificio que es a la vez una infraestructura política, un símbolo cultural y religioso y una obra de arte. Todo un ejemplo de arquitectura monumental sin espectáculo que, al borde del 40º aniversario de la desaparición del arquitecto, quiere reivindicar una muestra organizada por el Vitra Design Museum, la Universidad de Pensilvania y el Nederlands Architectuurinstituut de Rotterdam.

No será difícil. Si hoy preguntas a 15 arquitectos, de Frank Gehry a Renzo Piano, cada uno tendrá sus gustos, pero ninguno le pondrá un pero a su obra. El consenso existe: Louis Kahn fue uno de los mejores arquitectos de la segunda mitad del siglo XX. Lo fue porque supo relacionar arquitectura y vida levantando edificios para la gente y al margen de la convulsión de las modas. Se sabe que Kahn se hizo el arquitecto que fue tras cumplir 50 años, cuando se tomó un tiempo para vivir en Roma y cambió modernidad por eternidad. Un vistazo a su biografía desvela que siempre vivió en precario, nunca tuvo casa propia y atravesó la Primera Guerra Mundial de niño, el crash del 29 convertido en arquitecto, la Segunda Guerra Mundial de adulto y finalmente la guerra civil de Pakistán cuando diseñaba allí el que sería su mayor proyecto. Tal vez por eso buscó en la arquitectura la capacidad para redimir a las personas por el inevitable dolor que conlleva vivir.

Si la arquitectura fue lo más cercano que estuvo de tener una casa, tuvo en cambio tres familias, aunque en su obituario solo figurara su mujer, Esther, y su primera hija, la hoy consagrada flautista Sue Ann Kahn. Siempre viajaba solo. Con 26 años, ahorró para embarcarse en el Île de France. Pasó un año en Europa visitando edificios, dibujando y vendiendo sus dibujos para alargar el viaje. Como reveló su hijo Nathaniel Kahn (hijo de Harriet Pattison) en el documental nominado al Oscar My architect. A son journey, su padre fue un hombre con varias familias, pero con una sola obsesión. Careció de aficiones o caprichos más allá de la arquitectura, a la que se dedicó en cuerpo y alma: durmiendo apenas unas horas sobre su mesa de trabajo o sobre su gabardina doblada, viajando con poco más que una bolsa, teniendo un vestuario exiguo y de un único color; reduciendo, en suma, la intendencia de la existencia para no distraerse de lo único que consideraba relevante. Seis semanas después de encontrar su cuerpo en los baños de Penn Station, su despacho cerró. Atravesaba su mejor momento como arquitecto, pero tenía una deuda con sus empleados de casi medio millón de dólares. Murió endeudado y sin ser dueño de nada. La excelencia arquitectónica es una afición que solo renta en los libros de historia. Los proyectos de Kahn también explican eso.

Igual que cuentan que el éxito profesional puede estar rodeado de caos personal. O que el amor y la familia son, al contrario que la arquitectura, asuntos con fecha de caducidad. Así, más allá de un trabajo que no ha perdido vigencia, la vida de Kahn ilustra cómo la época heroica de la arquitectura comienza a desdibujarse. Frente a una mayoría monolítica de estudiantes burgueses, él fue un chico pobre que llegó a construir sin haber conocido lo que era tener casa propia. Es imposible que esa entrada no defina una mirada distinta.

Cuando un Louis Kahn de cinco años, entonces llamado Leiser-itze Schmuilowsky, desembarcó en Filadelfia, su padre ya se había cambiado el nombre por el de Leopold Kahn, y el niño ya había sufrido unas quemaduras en la cara cuyas cicatrices harían de él un hombre tímido. Se instaló con sus padres y hermanos en un piso pequeño al norte de Filadelfia. Tras 12 mudanzas, los padres conseguirían comprarse una casa de ladrillo donde Kahn vivió hasta que con 30 años se casó con Esther Virginia Israeli y se fue a vivir con sus suegros (37 años más) en la zona rica de la ciudad. Sus padres no pudieron pagar la hipoteca y emigraron de nuevo a Los Ángeles. Ese trasiego tuvo que dejar huella en el arquitecto: comenzó trabajando desde la casa de sus suegros y se obsesionó con la urgencia de levantar viviendas dignas para los más necesitados. En eso consistieron sus primeros trabajos.

En 1941 ideó con Oskar Stonorow cinco comunidades para trabajadores: 2.000 nuevas casas y dos años después vendió 110.000 copias del libro Why city planning is your responsability (Por qué el urbanismo es su responsabilidad). Esos inicios definen su trayectoria tanto como su trabajo de pianista en un cine cuando tenía 10 años.

“Fue un artista sincero con su talento”, explica Frank Gehry, a quien la obra de Kahn le enseñó “que cada uno debe buscar su camino”. Otro insigne, Renzo Piano, elige describirlo con la palabra obstinación: “La persistencia es la única manera de llegar al centro de las cosas”. Pero fue un tercer proyectista, Balkrishna Doshi, quien llevó a Kahn a India para proyectar el Indian Institute of Management, en Ahmedabad, tras asegurar a las autoridades que ya tenían muchos Le Corbusier: “Si lo contratan, cambiará la historia de India con una gran lección para los arquitectos y un monumento para todo el mundo”, argumentó Doshi. Hoy piensa que no se equivocó. “Le Corbusier era un acróbata, pero Kahn fue un yogui. Tenía una antena para detectar el pulso del lugar, su cultura y su vida”.

Corría el año 1945 cuando contrató a la arquitecta de 25 años Ann Griswold Tyng. Un lustro después, Kahn se fue a vivir a Roma. Desde allí le escribió: “Me he dado cuenta de que la arquitectura de Italia permanecerá como la fuente de inspiración de los trabajos del futuro”. Kahn había encontrado su voz: decidió excavar en el pasado para encontrar formas modernas. Y las halló. Solo cuatro años después, Tyng dio a luz, también en Roma, pero sola, a Alexandra Tyng, la única hija del arquitecto que no lleva su apellido. Él le dedicó la inauguración de la galería de la Universidad de Yale, en la que habían trabajado juntos: “El espacio puede con todo, es realmente fuerte”, le escribió. Lo hacía semanalmente. Pero la relación se enfrió. Kahn tenía ya una hija de 14 años, continuaba viviendo en casa de sus suegros y no parecía tener prisa por conocer a su nueva hija.

La gota que colmó el vaso de esa relación tiene como escenario el MOMA. Había sido Tyng quien abrió a Kahn el mundo de las estructuras tensadas, pero en la City Tower, un proyecto que las exponía en la muestra sobre arquitectura visionaria, él no reconoció esa coautoría. Tyng lucharía toda su vida para conseguir ese reconocimiento. En 1997, con 77 años, decidió publicar las cartas de Roma y al fin obtuvo el crédito que se le debía. “Lou tenía una personalidad muy poderosa. Se dedicó a la arquitectura renunciando a todo lo demás”, escribió.

En 1958, Kahn había conocido ya a su tercera pareja, la paisajista Harriet Pattison –27 años más joven que él y todavía viva–. Dos años después del incidente del MOMA nació su hijo Nathaniel, candidato al Oscar al mejor documental con su primera película. “No conocí muy bien a mi padre. Nunca se casó con mi madre y nunca vivió con nosotros”, comienza el filme, que en 2003 sirvió para que un hijo conociera a su padre y para que mucha gente conociera al arquitecto Louis Kahn.

En 1963, Kahn se aproxima a su última década y en ese tiempo se asegura un puesto en la historia. A los sesenta pertenecen encargos como la Asamblea de Dhaka y el Salk Institute (1959-1965), en California. Con fama de críptico, tenía claro que el cla­­sicismo –la permanencia– requiere humildad, “un abandono del exceso de personalidad”, le enseñó su primer maestro, Paul Philippe Cret. “Al contrario de tantos arquitectos modernos, entre los edificios del pasado Kahn vio siempre amigos, no enemigos”, según el historiador Vincent Scully.

En 1962, el presidente paquistaní Ayub Khan decidió levantar en Dhaka una asamblea para suavizar la voluntad separatista de los bengalíes que habitaban esa zona. Le Corbusier rechazó la oferta y Alvar Aalto estaba enfermo. Kahn aceptó el encargo. Una plataforma de ladrillo arraiga hoy la asamblea, levantada con piezas de hormigón; un volumen fortificado, que es más eterno que moderno, representa a una sociedad que quiere ser libre. Kahn nunca la vio construida.

El Indian Institute of Management, en Ahmedabad, tenía detrás a Vikram Sarabhai, un físico que llevaba 10 años viviendo en una casa diseñada por Le Corbusier y entendió que India necesitaba una clase propia de dirigentes. Kahn atendió al arquitecto indio Balkrishna Doshi y cuando éste le advirtió de la importancia de las brisas del suroeste, giró el proyecto 45 grados para que pudiera pasar el aire. También en India abrió la puerta a la reconsideración del pasado construyendo lo universal a partir de lo local. “Llegó justo a tiempo”, sostiene el historiador William Curtis: “Cuando las sociedades salían del colonialismo y necesitaban encontrar su propia identidad cultural para aspirar desde ella a un futuro mejor, apareció Kahn”.

Louis Kahn declaró que la mejor arquitectura está en los espacios sin nombre y que cada uno hace suyos. Algo de eso, de falta de nombre y de interpretación personal, hubo en su manera de vivir. Es difícil saber si logró comprenderse a sí mismo, pero cuando uno visita el Salk Institute en California o el Parlamento Sher-e-Bangla Nagar, en Dhaka, se siente abrumado y a la vez liberado. No tarda en ver allí algo más que arquitectura. Y tiene la sensación de que ese maestro secreto sí logró comprender el mundo.

Los Ingredientes del Arquitecto

Fuente: http://www.edgargonzalez.com/2013/05/08/los-ingredientes-del-arquitecto/

Ole Sondresen
Ole Sondresen, arquitecto de Nueva York nos habla sobre su visión de la arquitectura. Arquitecto que busca ser ecológico, usando materiales reciclados como restos de pantalones vaqueros en vez de un aislante térmico convencional, etc. Como Ole Sondresen dice: “La arquitectura son ingredientes, como la comida y todo depende de que ingredientes uses para una buena arquitectura.”
[vimeo clip_id=63739858 width=600 height=410] Como primera gran obra en Nueva York, Ole Sondresen esta diseñando las oficinas de la web Kickstarter, centrado sobre los restos de una antigua fábrica en el norte de Brooklyn, el diseño deja los aspectos de la ruina en su lugar.

“Una ruina para mí es una manifestación de nuestra batalla especies con nosotros mismos y nuestro entorno natural”

‘¿Celebramos el milagro de la vida y la muerte como los monjes capuchinos o nos traen las excavadoras y empezar de nuevo?

Beatriz Colomina: “Los que peor escriben son los que más complican las cosas”

La arquitecta y catedrática de Princeton Baatriz Colomina / Ana Nance

Por:  . El País http://elpais.com/elpais/2013/01/23/eps/1358963588_565614.html

Los libros de Beatriz Colomina (Madrid, 1952) investigan las preconcepciones, analizan la relación entre la arquitectura y la publicidad, la sexualidad, la enfermedad o los rayos X. Títulos como La domesticidad en guerra o Privacidad y publicidad: la arquitectura moderna como medio de comunicación de masas se han traducido a más de 20 idiomas antes de poder, finalmente, leerse en castellano. Con 60 años tiene un físico y una alegría juveniles. También la mente abierta como un adolescente despierto. O como un extranjero recién llegado; lleva ya más tiempo viviendo en Nueva York que en España. Colomina es una persona alerta: no ha desconectado el radar que detecta lo extraño, lo que más le interesa.

Es pionera en buscar trabajo fuera. ¿Qué ha ganado y perdido haciéndolo? Siempre se gana saliendo. Ha habido dos momentos cruciales en mi vida: cuando decidí estudiar en Barcelona en lugar de en Valencia, donde vivía, y cuando me fui a Nueva York. Esos cambios me hicieron ver la vida de otra manera. No me puedo entender a mí misma sin pensar en esas dos transformaciones.

¿Se fue buscando trabajo? No. Yo sentía claustrofobia.

¿Se le mezcló el aprendizaje profesional con el personal? En Barcelona se me abrieron los horizontes.Entendí la vida. También lo que pasaba políticamente en el país. Eran los últimos años de Franco. Yo había tenido una vida filtrada por un ambiente conservador.

Su padre era arquitecto. Sí. Fue director de la Escuela de Arquitectura de Valencia. Todo el mundo allí sabía quién era. Y también quién era yo. El anonimato de Barcelona fue liberador.

¿Allí pudo encontrar una identidad propia? Allí empecé a buscar.

n Nueva York aterrizó en el Institute for the Humanities, que dirigía Richard Sennett. Era un lugar extraordinario con gente como el historiador Carl Schorske o Susan Sontag. Escucharlos me abrió los ojos. La enfermedad como metáfora, de Sontag, me enseñó cómo se podía hacer investigación y de qué manera la escritura misma es parte del análisis. Eso no existía en las escuelas de arquitectura, donde la escritura suena bonita, pero no se acaba de entender lo que dice. Los anglosajones son lo contrario: hablan claro.

Hace 32 años que vive en Nueva York. En España se sale poco de la zona de confort para crecer, pero en Estados Unidos es lo habitual. Cuando yo llegué, lo hicieron también otros arquitectos como Enric Miralles, Carme Pinós e Ignasi de Solà-Morales. Los tres regresaron al año. Casi todos lo hacen.

¿Por qué decidió quedarse? Lo entendí enseguida: Nueva York era yo [risas]. En serio. En 32 años todo ha sido estímulo, con lo cual, y aun sabiendo que mucha gente es reacia a salir, pienso que es muy bueno hacerlo. Lo que siempre han hecho los estadounidenses: moverse de Estado en Estado, y los nórdicos y los latinoamericanos; ahora los españoles también lo deben hacer. Se beneficiarán ellos y también España.

Relacionó la publicidad con la arquitectura hace dos décadas. ¿La arquitectura actual es fruto de esa relación? Cuando empecé a escribir era anatema decir que un arquitecto como Le Corbusier tenía algo que ver con la publicidad. Hoy es un hecho aceptado. Siempre me he sentido atraída hacia la posibilidad de quitar velos, de desvelar secretos. Me interesa derrumbar las preconcepciones.

¿Algún arquitecto es más ruido que nueces? Muchísimos. Siempre los ha habido. Pero tiene poco interés hablar de quienes tienen pocas ideas. Con el tiempo, lo que vale es lo que queda. El mítico historiador Sigfried Gideon llegó a París buscando a Rob Mallet-Stevens porque quería escribir su historia de la arquitectura moderna. Solo por casualidad le hablaron de Le Corbusier porque Mallet-Stevens salía más en la prensa, pero ¿quién se acuerda hoy de Stevens? Le Corbusier tomó ese espacio en los medios de comunicación convirtiéndolo en un lugar de producción de la nueva arquitectura. Los dos arquitectos más famosos del siglo XX, Le Corbusier y Mies van der Rohe, tardaron mucho en conseguir hacer algo que estuviera al nivel de lo que habían publicado como proyectos. Le Corbusier fue el primer arquitecto que realmente entendió los medios de comunicación y, al hacerlo, llevó la arquitectura al siglo XX.

¿Cuáles son los secretos de la arquitectura moderna? Entre los más interesantes está el papel que han desempeñado las mujeres: Charlotte Perriand para Le Corbusier, Lilly Reich para Mies van der Rohe o Margaret McDonald con Charles R. Mackintosh, que durante toda su vidano se cansó de decir que él era normal y la que era un genio era ella. Pero por mucho que ellos lo dijeran, no había manera. El mundo no estaba dispuesto a creerlo. Hay quien cree que Ray Eames fue el hermano de Charles Eames, en lugar de su socia y mujer. Denise Scott-Brown todavía sufre ese tipo de discriminación, a pesar de su obvia brillantez.La primera mujer a la que se reconoció al mismo nivel que a su marido fue Alison Smithson. Y no es casualidad que el nombre de ella fuera delante en la firma. Hoy muchas parejas lo hacen.

¿Por qué el último Premio Pritzker le correspondió solo a Wang Shu y no lo compartió su socia cofundadora del estudio Lu Wenyu? Él dice que ella es importante, pero que él es el creador y que ella se encarga de llevar la oficina.

Pero ella da clase en la Escuela de Arquitectura y fundaron juntos el estudio. Kazuyo Sejima fue más generosa. Insistió en compartir el galardón con su socio Ryue Nishizawa, pero eso también sucedió con Jacques Herzog: tuvo que pedir que se lo dieran también a su socio Pierre de Meuron. La arquitectura es una práctica colaborativa. No tiene sentido fomentar el reconocimiento a individuos. Por eso yo, más allá de reivindicar el papel de las mujeres, trato de reivindicar la autoría colectiva.

¿El mundo duro de la construcción aparta a las mujeres? La gran ingeniera brasileña Carmen Portinho seguía bebiendo cachaza con 90 años. Me contó que aprendió a hacerlo con poco más de 20 años en las visitas de obra para que los obreros le hicieran caso. Y lo hicieron. Pero el verdadero problema está más arriba.

¿Para una mujer puede resultar más fácil investigar la arquitectura que hacerla? Es igual de difícil. Tampoco hay muchas en el mundo de la teoría y la historia de la arquitectura. Puede que sea más difícil hacerse camino en la universidad que en la profesión.

¿Y usted por qué lo eligió? Yo no lo elegí. Me eligió a mí [risas]. Me encontré con eso. Casi toda mi vida ha sido así. Me he ido encontrando con las cosas y me he ido encontrando también a mí misma. He ido llegando a los sitios y disfrutando de cada ocupación. El placer es fundamental en la vida. Tienes que asegurarte de que amas lo que haces porque eso te crece y te hace crecer. Lo contrario es un tormento, imagino. Siempre he estado feliz con todo lo que hacía: feliz enseñando, feliz investigando y, sobre todo, feliz escribiendo.

¿Cuándo descubrió que quería dedicarse a escribir? Eso es lo que Nueva York me aportó: el placer de escribir. En Barcelona yo era muy competente: enseñaba, escribía, hice incluso un pequeño libro. Pero actuaba sin el placer de perderte en las palabras. Eso lo aprendí en Nueva York.

¿Cómo se quitó de encima la culpa de disfrutar trabajando? [Risas]. Creo que los católicos disfrutan mucho. Mi madre es una gran vividora. Con casi 90 años no está nunca en casa. Mi padre era más ascético. También más excéntrico, un excéntrico mental introvertido. Eso también tiene mucho que ver con lo que yo soy.Mi familia era conservadora. Pero mi padre tenía la idea de que las mujeres debían ir a la universidad. Pensaba que en el futuro habría muchas arquitectas. Si supiera lo difícil que lo tenemos todavía…

¿Su madre trabajaba? No. Somos cuatro chicas y un chico, el cuarto; tal vez por eso mi padre insistía en el estudio. Pero estaba solo. Todo lo demás nos lo contradecía. En Navidad íbamos a casa de mis tías y nos decían: “Qué cosas más raras se le ocurren a vuestro padre; no hagáis caso o no os casaréis nunca”.

¿Alguna vez su padre le reprochó que se hubiera dedicado a la teoría en lugar de a construir? Siempre pensó que era una cosa pasajera. Yo también.

¿Sus hermanos también se han encontrado a sí mismos en otros lugares? La pequeña es médico y estudió y trabajó en Londres, pero tras unos años regresó. El resto no se movió. La mayor es filóloga y dirige una biblioteca en Valencia. La tercera también es filóloga. Tuvo siete hijos, luego se separó y ahora, finalmente, tiene un negocio. Mi hija dice que antes, cuando llegábamos a Valencia, éramos los más raros –porque ella es hija de un arquitecto italiano–, pero está convencida de que ahora los raros son ellos. Yo no me he querido casar nunca, pero llevo 25 años con la misma persona. Ahora toda la familia se ha complicado de forma más interesante. La fantasía de la familia del catolicismo extremo ha explotado.

¿Su hija vive con usted? No, tiene ya 27 años. Hace tiempo que es independiente. En EE UU, en cuanto se van a la universidad se independizan. Es urbanista y está haciendo el doctorado. Estoy muy orgullosa de ella.

Las dos bienales de arquitectura más significativas, la de Venecia y la iberoamericana, premian arquitecturas casi opuestas: experimentos artísticos y trabajos con pocos medios. ¿Ese mensaje contradictorio despista? Me interesa muchísimo Latinoamérica. Es increíble cómo la hemos dejado de lado. La de Venecia tiene que volver a pensar qué pretende hacer.

¿La historia de la arquitectura es justa? ¿Podría haber algún genio oculto? Seguro que los hay. Pero lo que más me interesa de la historia de la arquitectura son otras maneras de escribir esa misma historia. Será más justa cuando sea más inclusiva, y será más inclusiva cuando reconozca que la arquitectura es una labor colaborativa en la que participan muchas personas. La historia no es solo injusta con personas y con proyectos específicos, lo es con continentes enteros. Se trata de repensar cómo se organiza la historia. En la de la arquitectura debería quedar claro quién merece estar. Hasta hace poco, ni se hablaba de los ingenieros, y muchos han sido protagonistas de la última arquitectura. Una historia de la arquitectura más inclusiva traería muchos más tipos de protagonistas.

¿Por qué se complicó tanto el mensaje escrito de la arquitectura? Por inseguridad. Los que peor escriben son los que más complican las cosas. Pero la escritura también se complica cuando se complica la reflexión. No hay que temer la complejidad. La arquitectura es compleja. Pero la escritura no debe ser más difícil que lo que trata de describir.

¿Ha afectado su capacidad analítica a su manera de relacionarse con los demás? Me parece que no. Dijo Susan Sontag que su trabajo era mejor que ella misma. Había muchas razones: ella trabajaba mucho sobre sus borradores, y como persona era el primer borrador. Yo soy también el primer borrador.

¿Qué le lleva a investigar un tema? Si miras a las cosas mucho tiempo, ves lo extraño en lo que crees conocer. Hay que dejar tiempo para que surja la extrañeza. Escribir es hacer una especie de psicoanálisis. Vas dejando algo tuyo en la mirada con la que trabajas y en lo que vas hallando. La mirada interdisciplinar es la que me interesa porque es más amplia. Empecé a hacer una historia de la arquitectura moderna desde el punto de vista de la enfermedad, inspirada en el trabajo de Sontag.

¿Qué tiene que ver la enfermedad con la arquitectura? La arquitectura moderna no se puede entender sin la tuberculosis. La hemos estudiado desde todos los puntos de vista: el industrial, el estético… Y nos hemos olvidado de lo más obvio: la vida real. Lo que los arquitectos modernos ofrecían era casi como una receta de salud igual a la que proponían los manuales médicos para tratar la tuberculosis: el aire libre, las terrazas, el sol, la blancura, la higiene… La tuberculosis dominó la primera mitad del siglo XX. Es normal que no solo estuviera en la literatura, sino también en la arquitectura. No hablo de la arquitectura sanitaria. Es la arquitectura moderna la que internaliza este trauma inmenso que era la tuberculosis y trata de ayudar. Se vuelve curativa.

¿Por qué cree que a los políticos les importa tan poco la arquitectura? Depende de los políticos. Piense en el caso de Medellín.

 A Esperanza Aguirre se le escapó que a los arquitectos habría que matarlos… Antes la figura del arquitecto se respetaba aquí más que en otros países. Pero hoy, para medir la importancia de los políticos en la arquitectura, y su valoración, hay que mirar a Latinoamérica.

¿Detecta cambios allí? En Latinoamérica hay fuerza e intensidad. Yo me siento con la obligación de estudiarlo atentamente, de analizar la historia de la arquitectura moderna allí. En los años cuarenta, el MOMA organizó exposiciones como Brasil builds y Latinoamerican architecture. Pero lo hizo como parte de la política del país. Toda esa atención obedecía a la intención del Gobierno norteamericano de asegurarse de que Latinoamérica era una aliada. Fue una política de buenos vecinos que luego, cuando los intereses políticos se fueron para otro lado, se terminó y empezaron a preocuparse más de lo que sucedía en la Unión Soviética. Fue así como Latinoamérica dejó de existir culturalmente para el MOMA. Desapareció. Y no solo del MOMA, también de las revistas de arquitectura. Todas, de Domus a Casabella, tenían números especiales sobre Brasil, Venezuela, México… Y de repente ese interés se cortó. Y a mí hay una cosa que dice el arquitecto colombiano Giancarlo Mazzanti que me interesa mucho: que a los pobres hay que darles lo mejor. Está bien que en Medellín el edificio más celebrado quede en el barrio más miserable.

Aun así, sería mejor si fuera un buen edificio. Es cierto que la Biblioteca España está mejor resuelta por fuera que por dentro, pero es muy llamativa. A mí me gusta. Me gusta la reacción de orgullo que ha generado en el barrio. Hay niñas que llegan a las nueve de la mañana, cuando abren, y se quedan hasta que llega la noche, cuando cierran. Poder estar en una biblioteca con ordenadores y libros en lugar de tener que estar en la calle cambia la vida de una generación.

¿El reto de la arquitectura actual es económico? De eso podemos aprender de Latinoamérica, de trabajar con la escasez. Y aprenderemos. Se deben buscar nuevas formas de funcionamiento. Parte del legado moderno es eso: viviendas adecuadas para todos. Esto no debería ser un eslogan vacío. Es una obligación moral.

Pero ese legado se quedó en viviendas burguesas para unos pocos. La intención era más amplia. Hay que volver a esa idea e investigar más sobre ello. Las escuelas deberían dedicar atención a estudiar una arquitectura que se pudiera hacer con medios escasos. Los arquitectos podrían ayudar mucho a la sociedad.

¿Vota en EE UU? No. Me resisto a abandonar el pasaporte español. Pero si votara, ya puede imaginar mi elección.

¿Por qué genera confianza Obama? Tiene aura.

¿Solo eso? No ha hecho mucha política, que, se supone, es lo que debe dar credibilidad a un político… Ha sido decepcionante que gobernara más al centro de lo que se esperaba, pero Obama ganó porque no hay opción. Ha sido una persona sumamente cuidadosa. Es demasiado educado. Ha tratado de negociar con los republicanos, pero con esa gente no se puede negociar. Si aquí quieren matar a los arquitectos, allí quieren matarlos a todos: a inmigrantes, pobres, mujeres… Eso es lo que da miedo de verdad.