El MoMa abrirá muestra de la arquitectura de América Latina.

El museo presenta en México DF una exposición de arquitectura en América Latina de 1955 a 1980 que abrirá en Nueva York en marzo

En la cafetería de uno de los edificios que incluirá la muestra, el Museo Tamayo de México DF (obra de Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky, 1981), el curador Patricio del Real precisa el objetivo de la exposición Latinoamérica en Construcción: Arquitectura de 1955 a 1980, presentada este martes en el DF y que se exhibirá del 29 de marzo al 19 de julio en el MoMA de Nueva York: “El MoMA hizo el primer catastro de arquitectura del área en 1955 con la exposición Arquitectura en Latinoamérica desde 1945, que abarcó esos diez años y marcaba un periodo que culminó con la construcción de la ciudad de Brasilia, el gran proyecto del movimiento moderno latinoamericano; y se pensaba, o a veces aún se piensa en Estados Unidos, que después de eso no hubo nada. Ahora queremos dejar claro que a aquello le siguió un importante ímpetu de exploración y construcción dentro de las necesidades de grandes dimensiones y densificación de la ciudad que impuso el desarrollismo, el sueño de modernización e industrialización de América Latina. Y muchas de las soluciones que revisamos ahora siguen siendo relevantes para los desafíos de nuestro propio periodo, para los problemas actuales de modernización y desarrollo en Latinoamérica”.

La muestra del MoMA tiene como eje temático la capacidad de ciertos proyectos en esos 25 años de lograr un balance entre las exigencias macro o cuantitativas del desarrollismo y las necesidades cualitativas de habitabilidad y uso de los espacios por parte de la gente. Reúne más de 500 dibujos y materiales originales que nunca antes se habían expuesto en conjunto, y pone en cuestión puntos comunes de los retos arquitectónicos de aquel tiempo a través del análisis de obras en los siguientes países: Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, México, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico.

‘Cuba Pavillion’, Montreal, Canadá, Vittorio Garatti, 1968 / © Archivo Vittorio Garatti

El puertorriqueño Del Real, que presentó la exposición con el director del MoMA, Glenn Lowry, afirma que desde mediados de los cincuenta se concretó un cambio estructural en las necesidades arquitectónicas de América Latina que llegó hasta entrados los ochenta, y de ahí surgieron otros planteamientos en áreas como vivienda social, plazas, infraestructuras y museos.

Las ideas en vivienda social le parecen en buena medida un ejemplo a seguir para la época actual, en la que según dice se ha dejado la iniciativa al mercado. Cita el proyecto experimental Previ en Lima (1967), en el que se invitó a arquitectos internacionales a proyectar una vivienda mínima que fuese susceptible de crecimiento y de transformación por parte de los habitantes.

“Aunque el desarrollismo operó fundamentalmente desde el poder hacia las masas, en vertical, hubo experimentos importantes de autoconstrucción y de vivienda asistida, adelantándose a las ideas actuales de reconvertir las casas de las favelas en viviendas dignas”, explica el curador. Otros ejemplos de arquitectura social que ofrece y que se analizan en la muestra son el Conjunto Rioja (Buenos Aires, 1971), el SESC Pompeia de Lina Bo Bardi (Sao Paulo, 1986) o el modelo de aulas rurales con sistema de prefabricación ligero del mexicano Pedro Ramírez Vázquez.

De la combinación de arquitectura con la necesidad de dimensiones exacerbadas son paradigmáticos otros dos proyectos incluidos en la exposición, el conjunto Nonoalco-Tlatelolco (Mario Pani, México DF, 1966) y el Copan de Óscar Niemeyer (1966, Sao Paulo), una obra de tal tamaño, recuerda Del Real, que se tuvo que crear un código postal solo para este edifico.

El nuevo Pabellón del PS1 MoMA abre sus puertas

Fuente: arquine http://www.arquine.com/blog/hy-fi/

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por Francisco Brown | Corresponsal en Nueva York

Cada año el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y el MOMA PS1 en Queens, invitan a estudios de arquitectura emergentes de la ciudad al Young Architects Program , un concurso en el cual oficinas de arquitectura y diseño compiten para proyectar y construir un pabellón temporal en el jardín del MOMA PS1 en Queens. El proyecto se mantiene en pie durante el verano, donde se presentan conciertos y exposiciones de arte, incluyendo el evento insignia: the Warm up, que es una serie de conciertos los sábados por la tarde para presentar talentos emergentes en música y performance de la ciudad.

El ganador de este año es Hy-Fi diseñado por  The Living, un estudio de arquitectura encabezado por David Benjamin, enfocado en la investigación y análisis las nuevas tecnologías de diseño y construcción, y estudiando exhaustivamente la relación del ecosistema construido para la reducción del impacto de este en las ciudades.

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Hy-Fi, que fue inaugurado la semana pasada, sobresale por su configuración y escala, donde tres cilindros de 13 metros de altura se entrelazan y forman una especie organismo “creciendo” en el jardín del museo. Sin embargo, lo que más destaca no es su morfología sino su ecología. El proyecto se conceptualizó como un pabellón efímero, en el mas riguroso sentido de la palabra. Construido con ladrillos biodegradables, a base de  tallos de maíz y micelio, las raíces del hongo. Los ladrillos son unidos con un mortero orgánico y soportado por una estructura ligera de madera. Una vez haya que desmontar el pabellón, los ladrillos serán pulverizados y vertidos en un área de relleno, reduciendo así el “carbon footprints” del proyecto.  Como mencionó Pedro Gadnho, curador de arquitectura del MOMA y jurado del concurso, “recurriendo a los últimos desarrollos en biotecnología, se reinventa el componente mas básico de la arquitectura, el ladrillo, como un material del futuro, y un generador de para infinitas posibilidades de diseño”

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Fotografía | Nabil Shahidi

Kahn, el maestro secreto [EL PAÍS]

Por

Fuente: http://elpais.com/elpais/2013/04/29/eps/1367241419_613082.html

A Louis Kahn (Pernu, Estonia, 1901-Nueva York, 1974) lo encontraron muerto en los aseos de Penn Station. En tres días, nadie reclamó su cadáver. Llegó a tener tres familias, pero regresaba solo de Dhaka, donde había comenzado el edificio para la Asamblea Nacional de Bangladesh cuando el país pertenecía a Pakistán. Mientras lo ideaba estalló la guerra civil, pero eso no lo detuvo. Tampoco lo había detenido el páramo que vio cuando llegó al solar polvoriento y pensó que aquello no era un lugar para personas. “Aquí no hay donde agarrarse”, le escribió a Harriet Pattison, la paisajista que por entonces era su amante. Kahn no vio ese edificio terminado, pero hoy la gente se retrata allí el día de su boda. En un contexto tan hostil supo levantar un edificio que es a la vez una infraestructura política, un símbolo cultural y religioso y una obra de arte. Todo un ejemplo de arquitectura monumental sin espectáculo que, al borde del 40º aniversario de la desaparición del arquitecto, quiere reivindicar una muestra organizada por el Vitra Design Museum, la Universidad de Pensilvania y el Nederlands Architectuurinstituut de Rotterdam.

No será difícil. Si hoy preguntas a 15 arquitectos, de Frank Gehry a Renzo Piano, cada uno tendrá sus gustos, pero ninguno le pondrá un pero a su obra. El consenso existe: Louis Kahn fue uno de los mejores arquitectos de la segunda mitad del siglo XX. Lo fue porque supo relacionar arquitectura y vida levantando edificios para la gente y al margen de la convulsión de las modas. Se sabe que Kahn se hizo el arquitecto que fue tras cumplir 50 años, cuando se tomó un tiempo para vivir en Roma y cambió modernidad por eternidad. Un vistazo a su biografía desvela que siempre vivió en precario, nunca tuvo casa propia y atravesó la Primera Guerra Mundial de niño, el crash del 29 convertido en arquitecto, la Segunda Guerra Mundial de adulto y finalmente la guerra civil de Pakistán cuando diseñaba allí el que sería su mayor proyecto. Tal vez por eso buscó en la arquitectura la capacidad para redimir a las personas por el inevitable dolor que conlleva vivir.

Si la arquitectura fue lo más cercano que estuvo de tener una casa, tuvo en cambio tres familias, aunque en su obituario solo figurara su mujer, Esther, y su primera hija, la hoy consagrada flautista Sue Ann Kahn. Siempre viajaba solo. Con 26 años, ahorró para embarcarse en el Île de France. Pasó un año en Europa visitando edificios, dibujando y vendiendo sus dibujos para alargar el viaje. Como reveló su hijo Nathaniel Kahn (hijo de Harriet Pattison) en el documental nominado al Oscar My architect. A son journey, su padre fue un hombre con varias familias, pero con una sola obsesión. Careció de aficiones o caprichos más allá de la arquitectura, a la que se dedicó en cuerpo y alma: durmiendo apenas unas horas sobre su mesa de trabajo o sobre su gabardina doblada, viajando con poco más que una bolsa, teniendo un vestuario exiguo y de un único color; reduciendo, en suma, la intendencia de la existencia para no distraerse de lo único que consideraba relevante. Seis semanas después de encontrar su cuerpo en los baños de Penn Station, su despacho cerró. Atravesaba su mejor momento como arquitecto, pero tenía una deuda con sus empleados de casi medio millón de dólares. Murió endeudado y sin ser dueño de nada. La excelencia arquitectónica es una afición que solo renta en los libros de historia. Los proyectos de Kahn también explican eso.

Igual que cuentan que el éxito profesional puede estar rodeado de caos personal. O que el amor y la familia son, al contrario que la arquitectura, asuntos con fecha de caducidad. Así, más allá de un trabajo que no ha perdido vigencia, la vida de Kahn ilustra cómo la época heroica de la arquitectura comienza a desdibujarse. Frente a una mayoría monolítica de estudiantes burgueses, él fue un chico pobre que llegó a construir sin haber conocido lo que era tener casa propia. Es imposible que esa entrada no defina una mirada distinta.

Cuando un Louis Kahn de cinco años, entonces llamado Leiser-itze Schmuilowsky, desembarcó en Filadelfia, su padre ya se había cambiado el nombre por el de Leopold Kahn, y el niño ya había sufrido unas quemaduras en la cara cuyas cicatrices harían de él un hombre tímido. Se instaló con sus padres y hermanos en un piso pequeño al norte de Filadelfia. Tras 12 mudanzas, los padres conseguirían comprarse una casa de ladrillo donde Kahn vivió hasta que con 30 años se casó con Esther Virginia Israeli y se fue a vivir con sus suegros (37 años más) en la zona rica de la ciudad. Sus padres no pudieron pagar la hipoteca y emigraron de nuevo a Los Ángeles. Ese trasiego tuvo que dejar huella en el arquitecto: comenzó trabajando desde la casa de sus suegros y se obsesionó con la urgencia de levantar viviendas dignas para los más necesitados. En eso consistieron sus primeros trabajos.

En 1941 ideó con Oskar Stonorow cinco comunidades para trabajadores: 2.000 nuevas casas y dos años después vendió 110.000 copias del libro Why city planning is your responsability (Por qué el urbanismo es su responsabilidad). Esos inicios definen su trayectoria tanto como su trabajo de pianista en un cine cuando tenía 10 años.

“Fue un artista sincero con su talento”, explica Frank Gehry, a quien la obra de Kahn le enseñó “que cada uno debe buscar su camino”. Otro insigne, Renzo Piano, elige describirlo con la palabra obstinación: “La persistencia es la única manera de llegar al centro de las cosas”. Pero fue un tercer proyectista, Balkrishna Doshi, quien llevó a Kahn a India para proyectar el Indian Institute of Management, en Ahmedabad, tras asegurar a las autoridades que ya tenían muchos Le Corbusier: “Si lo contratan, cambiará la historia de India con una gran lección para los arquitectos y un monumento para todo el mundo”, argumentó Doshi. Hoy piensa que no se equivocó. “Le Corbusier era un acróbata, pero Kahn fue un yogui. Tenía una antena para detectar el pulso del lugar, su cultura y su vida”.

Corría el año 1945 cuando contrató a la arquitecta de 25 años Ann Griswold Tyng. Un lustro después, Kahn se fue a vivir a Roma. Desde allí le escribió: “Me he dado cuenta de que la arquitectura de Italia permanecerá como la fuente de inspiración de los trabajos del futuro”. Kahn había encontrado su voz: decidió excavar en el pasado para encontrar formas modernas. Y las halló. Solo cuatro años después, Tyng dio a luz, también en Roma, pero sola, a Alexandra Tyng, la única hija del arquitecto que no lleva su apellido. Él le dedicó la inauguración de la galería de la Universidad de Yale, en la que habían trabajado juntos: “El espacio puede con todo, es realmente fuerte”, le escribió. Lo hacía semanalmente. Pero la relación se enfrió. Kahn tenía ya una hija de 14 años, continuaba viviendo en casa de sus suegros y no parecía tener prisa por conocer a su nueva hija.

La gota que colmó el vaso de esa relación tiene como escenario el MOMA. Había sido Tyng quien abrió a Kahn el mundo de las estructuras tensadas, pero en la City Tower, un proyecto que las exponía en la muestra sobre arquitectura visionaria, él no reconoció esa coautoría. Tyng lucharía toda su vida para conseguir ese reconocimiento. En 1997, con 77 años, decidió publicar las cartas de Roma y al fin obtuvo el crédito que se le debía. “Lou tenía una personalidad muy poderosa. Se dedicó a la arquitectura renunciando a todo lo demás”, escribió.

En 1958, Kahn había conocido ya a su tercera pareja, la paisajista Harriet Pattison –27 años más joven que él y todavía viva–. Dos años después del incidente del MOMA nació su hijo Nathaniel, candidato al Oscar al mejor documental con su primera película. “No conocí muy bien a mi padre. Nunca se casó con mi madre y nunca vivió con nosotros”, comienza el filme, que en 2003 sirvió para que un hijo conociera a su padre y para que mucha gente conociera al arquitecto Louis Kahn.

En 1963, Kahn se aproxima a su última década y en ese tiempo se asegura un puesto en la historia. A los sesenta pertenecen encargos como la Asamblea de Dhaka y el Salk Institute (1959-1965), en California. Con fama de críptico, tenía claro que el cla­­sicismo –la permanencia– requiere humildad, “un abandono del exceso de personalidad”, le enseñó su primer maestro, Paul Philippe Cret. “Al contrario de tantos arquitectos modernos, entre los edificios del pasado Kahn vio siempre amigos, no enemigos”, según el historiador Vincent Scully.

En 1962, el presidente paquistaní Ayub Khan decidió levantar en Dhaka una asamblea para suavizar la voluntad separatista de los bengalíes que habitaban esa zona. Le Corbusier rechazó la oferta y Alvar Aalto estaba enfermo. Kahn aceptó el encargo. Una plataforma de ladrillo arraiga hoy la asamblea, levantada con piezas de hormigón; un volumen fortificado, que es más eterno que moderno, representa a una sociedad que quiere ser libre. Kahn nunca la vio construida.

El Indian Institute of Management, en Ahmedabad, tenía detrás a Vikram Sarabhai, un físico que llevaba 10 años viviendo en una casa diseñada por Le Corbusier y entendió que India necesitaba una clase propia de dirigentes. Kahn atendió al arquitecto indio Balkrishna Doshi y cuando éste le advirtió de la importancia de las brisas del suroeste, giró el proyecto 45 grados para que pudiera pasar el aire. También en India abrió la puerta a la reconsideración del pasado construyendo lo universal a partir de lo local. “Llegó justo a tiempo”, sostiene el historiador William Curtis: “Cuando las sociedades salían del colonialismo y necesitaban encontrar su propia identidad cultural para aspirar desde ella a un futuro mejor, apareció Kahn”.

Louis Kahn declaró que la mejor arquitectura está en los espacios sin nombre y que cada uno hace suyos. Algo de eso, de falta de nombre y de interpretación personal, hubo en su manera de vivir. Es difícil saber si logró comprenderse a sí mismo, pero cuando uno visita el Salk Institute en California o el Parlamento Sher-e-Bangla Nagar, en Dhaka, se siente abrumado y a la vez liberado. No tarda en ver allí algo más que arquitectura. Y tiene la sensación de que ese maestro secreto sí logró comprender el mundo.

Pabellón en MoMA PS1

Cada año MoMA PS1 anuncia el ganador del Programa para Arquitectos Jóvenes [YAP Young Architects Program]. Este año el pabellón ganador ha sido para la el despacho local HWKN con la obra llamada Wendy.

La instalación temporales del MoMA PS1 al aire libre, se espera que proporcionen sombra, asientos, agua. Los diseños son juzgados en base a su atención creativa a la sostenibilidad, el reciclaje, y en el espacio y manejo de materiales. Los miembros del jurado YAP han elegido el proyecto presentado por HWKN (Matías Hollwich y Marc Kushner de Nueva York) entre las cinco finalistas con talento, y es fácil ver por qué.

Pedro Gadanho curador del MoMA

Fuente: edgargonzalez.com

Pedro Gadanho ha sido elegido para ser el próximo curator de Arquitectura Contemporánea del MoMA.

Decidido en un concurso internacional, el director de la revista Beyond y profesor de la universidad de Oporto, compagina su actividad con la de curator independiente, crítico e investigador.

Pedro será responsable del amplio portafolio de actividades del museo relacionadas con la arquitectura como el YAP (young architects programme), el MoMA PS1, así como las exposiciones del propio museo.

194X-9/11: American Architects and the City [MoMA]

por Juan José Kochen / @kochenjj Fuente Arquine

Los proyectos de ciudad y sus respectivas utopías parecen tener su justificación formal en la interpretación que hace su realizador respecto a sus propias vivencias. Muchas veces, sus ideas están ligadas a imposibilidades urbanísticas que, con el paso del tiempo, llegan a percibirse como algo asequible. El MoMA voltea hacia su lado arquitectónico con una exposición sobre las intervenciones de los arquitectos en las ciudades estadounidenses titulada: “194X-9/11: American Architects and the City”.

La muestra, abierta hasta el 2 de enero del próximo año, reúne dibujos, maquetas y libros que rescatan diversas concepciones sobre la planificación y el carácter utópico de la ciudad, entendidas como proyección visionaria para transmutar un futuro inmediato. La temática y las directrices de la curaduría, a cargo de Barry Bergdoll, se sitúan a finales de los años treinta y principios de los cuarenta, poco después de que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial.

En 1942, la revista Architectural Forum comisiona a un grupo de arquitectos el diseño de proyectos visionarios sobre las ciudades estadounidenses de posguerra, con la finalidad de repensar la dialéctica entre los principios de diseño urbano y la arquitectura moderna. Entre los autores invitados a colaborar en la revista, publicada en mayo de 1943, estaba Mies van der Rohe, quien entonces proyectaba el plan maestro y un museo para una ciudad pequeña, y una sala de conciertos en Chicago.

En la exposición se muestran 17 bocetos y perspectivas del arquitecto alemán, entre ellas el Edificio Seagram de Nueva York, construido en 1957 con la colaboración de Philip Johnson. Además, se presentan bocetos de Louis I. Kahn y sus estudios sobre el tráfico en Filadelfia y Pensilvania, de los años cuarenta y cincuenta, así como las perspectivas para las oficinas de la ONU, firmadas por Le Corbusier, Oscar Niemeyer y Wallace K. Harrison en 1947. La exposición procede de forma cronológica, en una línea de tiempo que incluye imaginerías urbanas de James Fitzgibbon, Raimund Abraham, Leon Krier, Paul Rudolph, Rem Koolhaas y Steven Holl.

A partir de la integración de estos proyectos utópicos, la muestra retoma las ideas visionarias sobre ciudades estadounidenses de mitad del siglo xx para marcar un nuevo parangón, a 10 años de los ataques ocurridos en septiembre de 2001 en Nueva York. La panorámica cierra con los modelos, la maqueta y los planos del ganador, Daniel Libeskind, quien propuso una serie de rascacielos cuya pieza central será una esbelta torre de 541 metros.

Esta exhibición retoma coyuntura luego del polémico anuncio del proyecto The Cloud en Corea, un edificio que consta de dos torres gemelas, de 300 y 260 metros, que en el último tercio de su altura están unidas por 10 pisos de una explosión o implosión que inmediatamente refiera a las imágenes del 11 de septiembre del 2001. Diseñado por el despacho holandés MVRDV, el espectacular proyecto, por lo menos en cuanto a presentación render-realista, es una muestra del simbolismo adquirido de las imágenes que capturamos, una reinterpretación de las aldeas verticales contra un atentado terrorista y un capítulo más de la vida y muerte de las grandes ciudades, siguiendo las ideas de ciudad de Jane Jacobs.