Conferencia, Le Corbusier: reflexiones a 50 años de su muerte imparte José Pliego [CCAU]

142Como todas las mañanas, Le Corbusier bajaba de su cabaña a nadar en el Mediterráneo.

Pasado mañana se cumplen 50 años de la ultima vez que lo hizo.
Recordando esto y analizando los temas más polémicos que su actividad despertó, José Pliego reflexionará y comentará varios aspectos de su fida, obre e impacto en la arquitectura del Siglo XX.

Se reflexionara sobre: ¿si es el causante del desastre de las ciudades modernas? y sobre su relación con la historia y el patrimonio y más.

La cita es este jueves 27 de agosto a las 8:30 pm en el Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana CCAU, Privada Andrés Terán 33 entre Juan Manuel y Justo Sierra, La Fabrica de Chocolate

Entrada libre.

Billetes arquitectónicos: Snøhetta diseña billetes noruegos

Fuente varis: edgargonzalez.com / http://architizer.com

Los nuevos billetes de 100 coronas noruegas, son el resultado de un concurso en el que el estudio de arquitectura Snøhetta ha resultado el adjudicatario para el reverso de dichos billetes.

Un patron abstracto de colores será el complemento de un empate de la cara frontal.

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Motifs for the new banknote series

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Luis Barragán, el epicentro | Hallazgos visibles (II) [arquine]

por Oscar Ramírez | @Oo_inc

¿Se puede ubicar el epicentro del universo barraganiano? Si fuera posible estoy convencido de que no sería relevante, pero las consecuencias que derivarían de ese evento sí lo son y se pueden visitar cualquier día. Sin embargo, asomarnos a ese principio puede alumbrar pistas de un posible proceso de diseño en la obra de Luis Barragán.

CasaBarragan escaleras

El lugar más emblemático, fotografiado y acaso más original de toda su obra es el corazón de su casa en Tacubaya: la biblioteca y sala o estancia o hall, como gusten llamarle. Ahí se encuentran la conocidísima escalera y el ventanal. Este espacio corresponde, en la actualidad, a una sola habitación dividida por algunos muros y biombos. En las primeras fotografías de ese espacio, se puede ver que no contenía muros ni mobiliario que lo dividiera. La fotografía 28 del folder 35, en la caja 33 del archivo de Esther McCoy, del Archives of American Art,

http://www.aaa.si.edu/collections/container/viewer/Barragan-House-1947-1948–492932

se puede ver una fotografía del mencionado espacio en su aspecto primitivo, con apenas algunas butacas que lo amueblaban. Es de notar no sólo la ausencia de mobiliario sino también la de cuadros en los muros y de alfombras.

13 escalones

Por fortuna ya ha sido investigado y documentado —de forma abultada— el origen (si se le puede llamar así) de la famosa escalera en cantilever de la Casa Barragán. Se sabe que Barragán conoció el proyecto de Le Corbusier para el ático de Carlos de Beistegui, donde se puede mirar una escalera muy similar a la construida en la actual Casa Ortega, poco tiempo después, hacia 1943. Sobre ese evento, existe una pista concreta que menciona Antonio Ruiz Barbarin en el libro Luis Barragán frente al espejo, la otra mirada (editado en el 2008 por la Fundación Caja de Arquitectos). En la página 97 aporta lo siguiente: “El encuentro se produce gracias a la intervención de una gran mecenas. Barragán conversa con Marie de Noailles, vizcondesa de Bizarre y dueña de una de las mejores colecciones de arte de Francia, acerca de Le Corbusier, y es ella quien le recomienda que visite una obra que acaba de terminar en los Campos Elíseos de París para un paisano suyo, Carlos de Beistegui. Y Barragán va a verla. Esto sucede con posterioridad al 3 de septiembre, posiblemente en algunas de las fantásticas fiestas que este millonario acostumbraba dar en su ático”.

Lo particular de esa escalera tiene que ver con las dimensiones utilizadas en la proyectada por Le Corbusier y por la jerarquía estética otorgada a un objeto en principio utilitario. En la página 107, de dicha publicación, se encuentra la siguiente observación: “La escalera exterior de esta vivienda es otro antecedente muy claro de la que luego aparecerá, hecha de madera, en el interior de su casa-estudio: es, a su vez, una clara reminiscencia de la del ático Beistegui. Sus escalones pertenecen al muro desde el que vuela. Es una escalera de concepción muy primitiva, con antecedentes claros en muchas culturas antiguas que, quizá, Barragán reinterpreta de una manera contemporánea o le traiciona el subconsciente de una que vio en París… En esta primera ocasión la realizará de ‘concreto’ (mortero de cemento y armadura metálica), pero, además, contiene el mismo número de peldaños y el ancho: ¡es idéntica a la de la escalera que construirá siete años más tarde en el interior de su casa definitiva! El empotramiento y funcionamiento estructural en voladizo es el mismo también, situándose igualmente en el costado derecho. La solución interior futura la realizará, sin embargo, de una forma más sutil y ‘elegante’ en madera de sabino”.

Se podría entender o suponer que, si Barragán repitió la fórmula ya aplicada en la escalera de la Casa Ortega para su siguiente obra, su propia casa en el número 14 de la calle Francisco Ramírez, ése fue el parámetro de altura y del nivel de entrepiso del tapanco y del descanso de la escalera principal. Asimismo, es la condicionante de altura total en la biblioteca y estancia y, por supuesto, del resto de las habitaciones de la planta alta: principal, cuarto blanco, de huéspedes y tapanco). Es así que la altura del ventanal hacia el jardín se puede comprender: su altura de 4.50 metros va desde el nivel de piso terminado del jardín al lecho bajo de la trabe de ese muro. Esa cota genera la anchura de ese ventanal cuadrado. Dicho elemento está enmarcado por la herrería del ventanal que forma una cruz, misma que se “oculta” en su perímetro para destacar la cruz griega. De esta manera, dado el referente de diseño de una escalera de 13 escalones empotrada a un muro por su costado derecho, se puede entender la totalidad de las alturas de la casa. Al nivel de piso terminado del llamado “tapanco” se le suma la altura de las habitaciones de entrepiso. Sólo como un dato para tener en cuenta, la altura del tapanco, es decir del entrepiso de la doble altura de la biblioteca y estancia, es la misma que la altura de los muros perimetrales hacia la calle y la colindancia de la terraza o azotea.

Sobre el ventanal que forma una pronunciada cruz griega hacia el jardín de 4.5 x 4.5 metros sabemos que en su origen estaba formado por una retícula de herrería de 25 x 25 centímetros que cubría con perfección ese vano. Un ejemplo idéntico a lo que menciono puede ser visto en la actualidad en la ventana de la biblioteca de Casa Barragán que da hacia la calle y en los ventanales de la previa Casa Ortega que igualmente dan hacia el jardín en el extremo poniente de la casa. Una fotografía de autor desconocido retrata a Chucho Reyes sentado en una diminuta silla mientras observa un muñeco de cartón de grandes dimensiones. Al costado izquierdo se asoma un piano (mismo que se puede ver en fotografías interiores de la Casa Ortega cuando era habitada por Barragán en 1945).

Jesus Reyes Ferreira 3BN

Por las texturas en el aplanado de los muros, se puede saber que ese espacio corresponde al ventanal de la estancia que da al jardín. Se trata de la única imagen de esa habitación con el ventanal resuelto en retícula, distinto a su estado actual. Pero guarda algunas similitudes, ya que se oculta la herrería de su perímetro por el acabado de los muros, factor que hace resaltar la forma geométrica del elemento. Dicha solución fue cambiada al poco tiempo (1948 aproximadamente) para dar paso al emblemático ventanal con una cruz apuntada que se puede observar hoy en día. Dicho sea de paso, en la foto se puede apreciar que aún no se había colocado el piso de madera que hoy se asoma.

Sobre el espacio que divide la biblioteca de la estancia —que es uno sólo—, se tiene el registro de que fue consecutivamente fraccionado hasta tomar la forma actual. La fotografía 11 del folder 35, en la caja 33 del archivo de Esther McCoy, del Archives of American Art, agrega muchos elementos a considerar.

http://www.aaa.si.edu/collections/container/viewer/Barragan-House-1947-1948–492932

El muro bajo que divide la estancia de la biblioteca, fue construido a partir de los libreros, como su extensión. Dichos muebles en un principio se extendían hasta la chimenea y posteriormente fueron modificados para delimitar el espacio de la estancia. La diferencia de años para tales modificaciones es de tres, periodo muy corto si consideramos todas las modificaciones de la casa. Otro elemento modificado es la sección baja de la escalera en cantilever de la biblioteca, en un principio no contenía alfombra y se podían mirar las duelas del piso. En un periodo posterior fue pintado de rosa al igual que el muro sur, hacia el tapanco. Dicho muro que sostiene la escalera, previamente estaba rematado con un librero que después fue retirado para dar paso a un muro de la misma altura que Luis Barragán.

Barragan 18

Salvo en un momento en que el muro bajo de la escalera de la biblioteca era rosa, el resto de ese espacio, estancia y biblioteca, siempre fue de un solo color: blanco, tal como lo es ahora. Dentro del ideario colectivo de la estridencia cromática de Barragán, ese apunte señala que a don Luis se le puede analizar desde otra perspectiva que no sea la del color. Por otro lado, su casa puede ser interpretada y se le puede dar una lectura desde una visión muy simple y compleja al mismo tiempo: se llama geometría y eso, explica muchas cosas.

 

Fotografías: Andrew Greensmith, cortesía Fundación Arquitectura Tapatía.

¿Qué ven los arquitectos?

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

Fuente: http://www.arquine.com/blog/que-ven-los-arquitectos/

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Ojos que no ven es el título de tres textos de Le Corbusier, uno dedicado a los trasatlánticos, otro a los aviones y el último a los automóviles. Saber ver la arquitectura es el título de un libro de Bruno Zevi. Los arquitectos, al menos eso dicen, ven otras cosas. No sé si más, pero otras cosas. Pero Walter Benjamin —que no era arquitecto pero se fijaba mucho en los edificios y leyó a Sigfried Giedion, que tampoco era arquitecto pero construyó buena parte de la mitología del modernismo a principios del siglo pasado— decía que el cine se percibía como la arquitectura: de manera distraída y en masa. Nadie entra a un edificio, pensaba Benjamin, solo y sólo a ver, atentamente, el edificio. O sí: los turistas. Pero ellos son un caso aparte, aunque numeroso.

¿Y qué ven los arquitectos? Hace unas semanas me encontré una foto, supongo del día en que se inauguró el museo de la Fundación Jumex en ese barrio sin diseño urbano que presumen como nuevo Polanco —no recuerdo dónde vi la foto así que si le pido al autor, primero, disculpe el uso y, después, me envíe su nombre para darle crédito. En la foto están, en primer plano, David Chipperfield, arquitecto del museo, Mauricio Rocha y Michel Rojkind. Los tres miran hacia arriba, cosa que la gente sólo hace, creo, al aire libre, para ver el cielo, las nubes o algún avión o, si bajo techo, para comprobar si tiembla mirando las lámparas. A menos, claro, que se entre en la Capilla Sixtina o algún edificio similar, no hay razón para ver al techo. Pero los tres arquitectos ven hacia arriba. Cada uno a un lado distinto, eso sí. Probablemente Chipperfield describe un detalle general o explica las razones de cierta decisión —que la luz sea uniforme, por ejemplo— y no algo específico —“miren esa mosca allá arriba”. Esa atención concentrada en un punto o en un objeto, en un edificio y sus detalles, no es, si le creemos a Benjamin, la manera habitual de ver los edificios. Ni tampoco de describirlos.

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Eso lo sabe el vendedor: ése es su oficio. También hace poco, paseando al perro periódico en mano, leí un anuncio inmobiliario. La imagen que lo ilustraba me recordó otras. No era la mejor foto de un edificio que poco antes había mostrado Lucio Muniain en su página de Facebook. Lucio describe su proyecto a partir de ciertas decisiones que tuvieron, de nuevo, consecuencias formales: no diseñar dejándose guiar por la forma más simple de librar restricciones, abrirse a las vistas o responder a la topografía. Le comentan en Facebook que la planta tiene obvias referencias a las de Alvar Aalto; claro, responde Lucio. El proyecto sigue, pues, razones que responden al reglamento, al sitio y las vistas, a la historia de la arquitectura. ¿Cómo lo describe el vendedor? “Superficie de 173 metros cuadrados, dos y tres recámaras, 2 estacionamientos, salón de eventos, gimnasio equipado, jardín.”

Insisto: supongo que el vendedor sabe lo que hace. Explica el proyecto según lo que conoce interesa al posible comprador y tal vez al posible habitante quien casi seguramente no sabe lo que el reglamento exige y prefiere ver una pantalla de 60 pulgadas que lo que su ventana descubra. Muy probablemente ni el vendedor ni el comprador hayan jamás oído hablar de Alvar Aalto —y tal vez no tendrían por qué. Lo curioso, por decirlo así, es que alguno de esos compradores podría ser un lector asiduo —de libros buenos o mediocres, no importa— y reconocer lo que le gusta por sus características: por el tema y estilo del autor, por las influencias que en sus textos reconoce. O podría ser un melómano consumado, amante de Bach o fanático de Radiohead, y tener todos los álbumes, incluso los más difíciles de conseguir. Pero con la arquitectura resulta excepcional ese interés de parte de quien no sea arquitecto —a decir verdad, a veces incluso hay arquitectos que ignoran mucho de eso y piensan en sus proyectos en los mismos términos que el vendedor: metros cuadrados, número de recámaras y lugares para estacionarse, amenities.

¿Es capaz la arquitectura de despertar la pasión del gran público —es decir, de manera masiva y no excepcional o está condenada, como sugería Benjamin, a ser vista sólo de reojo, a ser usada, ocupada, habitada —sí, a veces amorosamente pero nunca con la atención que se observa un cuadro? A veces pienso que ni siquiera esos edificios que muchos legos aplauden mientras los arquitectos detestan son capaces de lograrlo. Ni tampoco los íconos, antiguos o nuevos, que resultan indispensables en el itinerario del turista profesional. Y acaso no sea una falta sino sólo una condición: así es y ya. Pero entonces, cuando prestan atención a una obra ajena o cuando describen una propia, ¿qué ven los arquitectos?

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Recuperan clásicos del cómic mexicano

Un centro de estudios de Sant Cugat ha reeditado un par de cómics biográficos de Frank Lloyd Wright y Le Corbusier, originalmente publicados por la Editorial Novaro en México en 1966.

La Associacio de Idees. Centre d´Investigacions Estetiques Massilia, dedicada a la difusión de estudios en el ámbito de la arquitectura, es la encargada de recuperar estos documentos históricos, hechos y producidos en México y que formaban parte de la serie Vidas Ilustres que contaba en viñetas la vida de personajes históricos.

Fundada en 1949 por Luis Novaro, fue el sello mexicano más importante de cómics en las décadas de los 50 y 60. En los mejores  tiempos de la editorial contaba con oficinas en Barcelona y editaba tanto en México como en España historietas infantiles, series de Superhéroes, y clásicos americanos como Archi, La Pequeña Lulú, Periquita, así como cómics de Walt Disney y clásicos del género mexicano como la popular Fantomas.

Los cómics de 32 páginas pueden conseguirse en la librería Laie a 7 euros.

Álvaro González

Los cómics cuentan los pasajes más importantes de la vida de los arquitectos