La conservación del patrimonio en el área rural. Un problema actual.

 

 

 

 

 

 

 

 

La conservación, promoción y difusión de los bienes culturales fuera de las ciudades y centros urbanos, es una tarea que por muchos años se ha visto alejada de las prioridades de las autoridades. En toda el área rural de nuestro país, contamos con una gran cantidad de expresiones culturales de gran valor manifestadas entre otras formas, en la arquitectura y el urbanismo, que han sufrido alteraciones y deterioros graves al paso del tiempo.

Así como en las ciudades se realizan diversas acciones y se establecen políticas de conservación de los conjuntos históricos, es una inminente necesidad que al área rural se le tenga igual atención, ya que ahí se encuentra también una importante cantidad de ejemplos del patrimonio cultural que deben de ser conservados. Algunos de estos son vestigios, de las actividades que se realizaban en estas zonas como por ejemplo: conventos, haciendas, minas, entre otros, que tuvieron algún papel dentro de la dinámica económica del área rural. Con el paso del tiempo, estas áreas se han ido deteriorando, debido a causas inherentes a su ubicación, en donde en muchas ocasiones paulatinamente se han ido abandonando y deteriorando principalmente por su desvalorización y al “aislamiento” en el que se encuentran.

En el caso de las haciendas, el papel que estas jugaron para la subsistencia y abastecimiento de alimentos y materias primas de las ciudades no debe ser olvidado y debe de ser integrado dentro de las acciones de conservación, y promoción de las ciudades, como parte de un conjunto. Las haciendas constituyeron un sistema económico y de organización territorial, gracias a las cuales se originaron asentamientos y movimientos de población. En ellas se plasmaron edificios con características propias, algunos de ellos de grandes dimensiones y ricamente ornamentados, comparables en muchos de los casos a grandes edificios y conjuntos que por sus características, en las ciudades tendrían una conservación mayor.

Por esto, la investigación y difusión de la importancia de estos elementos como parte del patrimonio cultural e identitario de un pueblo o una región, y como parte del patrimonio arquitectónico rural; es una de las acciones que puede propiciar su adecuada valorización. A través de la promoción de los valores del patrimonio rural, podremos contribuir al fomento de estos bienes como elementos importantes de los paisajes culturales, para su conservación y salvaguarda como testimonio de una cultura y de una identidad.

Debemos fomentar la conservación de los bienes culturales del área rural como un medio a través del cual podemos propiciar la valorización y puesta en valor del territorio, otorgándole una nueva dinámica que propicie su integración dentro de las actividades y acciones de la ciudad y fortaleciendo su identidad y carácter, pero sin olvidar esa memoria que pretendemos conservar que es lo que propició en gran medida la estructuración y conformación del espacio como se conoce en la actualidad.

Como ha sucedido a lo largo de los años en que la dinámica económica y social de la población rural se basaba únicamente en las actividades agrícolas, hoy en día es necesario integrar a estas áreas una dinámica diferente, que le permita garantizarse una mejor calidad de vida así como una nueva forma de valorar el espacio por parte de sus pobladores.

La producción agropecuaria, aunque sigue siendo la principal actividad económica en el medio rural, no puede seguir considerándose ya la única forma sobre el cual sustentar su desarrollo. Por esto, la diversificación de actividades económicas en el área rural, podrá generar nuevos empleos (industrialización agropecuaria, artesanías, turismo rural, turismo cultural, entre otras.), al igual que la mejora de los equipamientos e infraestructuras básicas y la protección del medio ambiente, con lo que se pretende dinamizar la vida económica y social del medio rural, haciendo de él un espacio con calidad de vida para sus habitantes y atractivo para sus visitantes.

De esta forma, creemos que por medio del patrimonio cultural contenido en la zona rural y aprovechando el atractivo paisajístico y natural que caracteriza a estos lugares, se pueden generar nuevas nuevas dinámicas así como reconsiderar estas áreas como elementos generadores de nuevas incitativas de desarrollo económico y social en la región.

Con la puesta en valor del área rural, podemos propiciar que la diferencia entre el entorno rural y urbano no sea tan delimitada, es decir, tratar de encontrar un equilibrio en estas regiones para de este modo, contribuir en gran medida a la solución de sus problemas. Si propiciamos un ambiente grato, en donde existan fuentes de ingreso para la población, y donde se garantice una mejor calidad de vida, podremos evitar que la gente que vive en estas zonas, salga de ellas hacia las ciudades y otros lugares en busca de mejores oportunidades.Asimismo, contribuiremos a fortalecer y proteger la identidad e individualidad de estas áreas, promoviendo y fomentando el respeto a sus tradiciones y características intrínsecas. Así, el patrimonio cultural del área rural consistente en las tradiciones, costumbres, modos de vida, valores y formas de relación social, así como las construcciones y características físicas de estos asentamientos son factores importantes que conforman la identidad del área rural.

No se trata de transformar ni modificar las formas de vida y tradiciones, sino aprovechar esta riqueza que se ve manifestada en tantos aspectos, que es lo que atrae hoy en día a gran cantidad de gente a las zonas rurales, en busca de aquello que no se encuentra en las ciudades.

Para ello, es necesario fomentar y educar a la población en la importancia que tiene la conservación del patrimonio cultural y aprovechar esto, como el mecanismo a través del cual, promover y fomentar la identidad del área rural.

Es necesario que las intervenciones sobre el patrimonio cultural de las comunidades impliquen el fortalecimiento de sus vínculos con su patrimonio, al tiempo que generen espacios de reflexión colectiva, que les permitan recuperar la significación de su patrimonio y una forma de manifestar su identidad.

Este escrito fue hecho en 2002. Hoy, 10 años después las cosas no han cambiado.

Dra. Arq. Mónica Solórzano Gil

Fragmento recuperado de : La hacienda de Coapa como sistema en transformación. Metodología de análisis del espacio y propuesta de conservación. Tesis de Maestría en Arquitectura, Investigación y restauración de sitios y monumentos. UMSNH. 2002

Lo público del espacio

por Juan José Kochen / @kochenjj

La ciudad punto de convergencia, lugar donde todos los procesos se comprimen, se esquematizan y aceleran. Este es el contraste entre lo individual y lo colectivo. El estudio del espacio público puede tener diversos enfoques desde la sociología, antropología y psicología, con respecto a la condición pública y las relaciones humanas en el espacio. El espacio público en arquitectura fue un tema soslayado por mucho tiempo, considerado como un complemento o parte del programa arquitectónico que surge de manera casual o como producto de algún espacio sin carácter formal específico. Recientemente se ha planteado la revalorización de los espacios públicos como elementos esenciales de la experiencia compartida al conjugar acción y comunicación social.

Desde la visión del arquitecto es un tema que se debiera pertenecer al quehacer cotidiano de la profesión, como base y cimentación de una sociedad activa, punto de enlace y relación entre la intervención política y el debate sobre el futuro de la ciudad. La evolución experimentada por los espacios públicos durante los últimos decenios del siglo 20 constituye uno de los grandes ejes del debate actual en torno a la ciudad contemporánea.

Con base en esta referencia, Storefront for Art and Architecture presentó durante una semana los proyectos que impulsaran este sentido público del espacio con la exposición-convocatoria de ideas “Strategies for Public Occupation”, en la que arquitectos, artistas y ciudadanos refirieron las relaciones ambivalentes, y a veces equívocas, de la sociedad civil con las estructuras económicas y el poder político. Las más de 100 propuestas debían acotarse a una lámina con un texto no mayor a 200 palabras y un formato de presentación adecuado para ‘colgarse’ del edificio creado por Vito Acconci y Steven Holl. Se aprovechó la flexibilidad y condición vinculante con el exterior del edificio para ocupar parte de la calle y así exhibir las imágenes hasta el 22 de diciembre. En paralelo, se llevaron a cabo talleres, conferencias y eventos que incluyeron la participación de arquitectos y curadores de arte para discutir en específico, en caso neoyorquino.

La subjetividad del concepto de espacio público, como símbolo de los lugares y construcción de los imaginarios urbanos es una de las dificultades al abordar una temática que puede ser analizada desde muchas disciplinas. Como se puede observar en varias propuestas, el espacio público puede ser entendido como el puente o medio que une las relaciones de la gente, la arquitectura, la ciudad y los procesos desarrollados como consecuencia de estas confluencias, es un punto sí convergente, pero también divergente entre las intersecciones urbanas.

Estos focos de identidad en la ciudad como escena de lo público se vuelven el punto de inferencia con el individuo, convertido en ciudadano para negociar el bien común y reclamar el derecho de arraigo a la colectividad. La construcción de un espacio público, representa la eficiencia y restablecimiento de equilibrios para la adecuada funcionalidad de la ciudad. Así, estas estrategias impulsan los usos públicos del espacio propiciando la identificación colectiva, el reconocimiento del lugar y la temporalidad común que todo individuo experimenta cuando se apropia de lo urbano; intervenciones urbanas como instrumento para regenerar la ciudad pero sobretodo, una oportunidad para acercar la arquitectura a la comunidad, al encuentro con el otro.

Fuente: Arquine ver más aquí