Ciudades y arquitectos

Fuente: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/07/16/catalunya/1437062498_169680.html

¿Podrán sobrevivir las ciudades… a los arquitectos? Este encabezamiento se debe a un gran y olvidado libro de Josep Lluis Sert, escrito durante la II Guerra Mundial. Sert sintetizó las ideas del Movimiento Moderno a partir de las CIAM (Conferencias internacionales de Arquitectura Moderna) y sus ideas propias y de otros jóvenes profesionales, como Josep Torres Clavé, muerto en el frente republicano durante la guerra civil. Los arquitectos pueden ser también urbanistas, pero no todos los arquitectos, ni mucho menos, lo son. Y hay grandes urbanistas que no han sido arquitectos. Como Ildefonso Cerdà, ingeniero civil y uno de los fundadores del urbanismo moderno. El urbanismo es una práctica que con la acumulación de experiencias y análisis crítico ha constituido un corpus doctrinal respetable. Incluye las disciplinas técnicas y las humanísticas que en este caso se pueden beneficiar de la verificación en la vida social.

¿Pero son los profesionales quienes han de tomar las decisiones sobre la ciudad? Hace unos días el colega, y sin embargo amigo, Josep Maria Montaner, en una entrevista publicada en EL PAÍS, afirmaba rotundamente: “Somos los arquitectos los que volveremos a decidir el urbanismo”. Reconozco su habilidad periodística pues proporcionó al periodista un titular que llama la atención. La frase se presta a la confusión. Los profesionales, arquitectos u otros, no pueden “decidir” cuales son las prioridades, los destinatarios y los contenidos concretos de los planes o las intervenciones en el territorio.

El urbanismo condiciona la vida del conjunto de los ciudadanos, de los actuales y de los que vivirán más tarde. El urbanismo puede servir para la acumulación de capital o para la reproducción social, puede contribuir a la convivencia entre los ciudadanos de todas las clases o generar la segregación social, favorecer o acentuar las desigualdades, establecer prioridades a favor de unos grupos sociales o económicos u otros, promover el espacio público o la privatización del habitat, ponerse al servicio del coche privado o priorizar el transporte público, integrar la dimensión ambiental o adaptarse a los usos consumistas.

El urbanismo es una dimensión de la política, de lo colectivo, y se posiciona en un espacio conflictual de intereses, valores y necesidades. Se manifiestan los privilegios y la exclusiones, el conflicto entre clases y grupos, entre los beneficios privados y los derechos de ciudadanía. Son las fuerzas sociales y sus expresiones políticas las que orientan el urbanismo y manifiestan valores, demandas y aspiraciones. Las instituciones políticas lo traducen en programas políticos según los intereses a los que responden.

El urbanismo es un conjunto de actuaciones públicas de carácter político. Se deben traducir en sus dimensiones físicas, sociales, jurídicas, financieras, etcétera y en un marco democrático que merita debate ciudadano. El urbanismo no lo deciden los profesionales a partir de su saber técnico. La técnica es imprescindible pero puede servir para lo mejor o para lo peor.

Los gobernantes y los poderes económicos y mediáticos han valorizado principalmente a los arquitectos poco urbanistas, más bien fabricantes de objetos singulares y que tienden a prescindir del entorno urbano y de un proyecto de ciudad. La sustitución del urbanismo por la arquitectura es una regresión en todos los sentidos: cultural, social, política. La arquitectura ostentosa, tape-à-l’oeil, con pretensiones de marcar simbólicamente el territorio, afirma el poder del dinero y de las autoridades y sobre todo hace el juego a la economía especulativa y al urbanismo excluyente.

La multiplicación de objetos presuntuosos les hace perder su sentido. “Lo excesivo deviene insignificante”, como dijo Telleyrand. Exaltar a los arquitectos productores de objetos urbanos, que menosprecian o ignoran a la cultura urbanística acumulada, instalados en “un sublime atardecer” como los describió Graciela Silvestri en un excelente artículo en Punto de Vista, contribuyen a disolver la ciudad. En nombre del arte generan la alienación urbana, ciudades-objeto del deseo de minorías y urbanizaciones sin ciudad, sin sentido y sin ciudadanía. Y que me excuse el amigo Montaner. Sé que compartimos el “urbanismo ciudadano”. Me permito apoyarme en una frase que me pareció poco afortunada para hacer una crítica a la arquitectura sin cultura ciudadana.

Jordi Borja es urbanista.

Indignados

Fuente: http://proyectopublico.org/2013/04/08/indignados/

Por: 

¿Dónde están los indignados por la arquitectura de México? En un país sin una regulación clara en los métodos de encargo de proyectos arquitectónicos de obra publica ni en la realización de concursos, la falta de transparencia afecta tanto a clientes y arquitectos como a los proyectos en sí. También afecta a los ciudadanos en general, quienes viven en lugares donde no sólo la arquitectura “oficial” se realiza con irregularidades, sino más del 60% de lo que se construye se hace de manera informal. ¿Porqué se requiere modernizar la legislación vigente?¿Porqué la democratización en los procesos de asignación de proyectos de arquitectura pública es un tema que atañe a todos? Importa no sólo porque cada proyecto pagado con dinero público podría tener a más personas ofreciendo mejores soluciones, sino porque el propio ejercicio de democracia abriría la posibilidad de generar plataformas más sólidas; tomar mejores decisiones. Ayudaría a encausar las voluntades políticas y el dinero de todos a proyectos más eficientes, de alcances realistas. Obligaría a los arquitectos a satisfacer deseos colectivos.

Los términos en los que se producen los proyectos públicos –desde un monumento a un edificio gubernamental o la reparación de una banqueta- son no sólo opacos sino injustos. La inoperatividad de las instituciones ha dejado a los arquitectos desprotegidos, a los políticos sin brújula, a los inversionistas sin certezas y a la sociedad en un entorno caracterizado por visiones a corto plazo. Los arquitectos, como gremio desarticulado, no estamos siendo capaces de ser útiles a la sociedad. ¿Quién está planeando la manera en la que se desarrollan nuestras ciudades? ¿Cuál es la relación entre los proyectos de obra pública y las infraestructuras de transporte, los programas de vivienda o las políticas sociales? Por lo general, se recurre a la excusa del sentido de urgencia para generar proyectos absurdos y desligados del resto. A esta condición se ha sumado el deseo de replicar el efecto del efecto Guggenheim de Bilbao. Pero se sabe de sobra que el proyecto de renovación de Bilbao, como el de Barcelona, se apoyó no sólo en la realización de edificios emblemas de arquitectos del starsystem, sino sobre todo en una serie de estrategias que comprendían desde el diseño de una pequeña plaza de barrio y una guardería, hasta la redefinición de la periferia y los servicios de la ciudad. El vínculo entre inversión privada y obra pública se sustentó en base a la trasparencia. Ésta tuvo que ir de la mano con una democratización de la arquitectura, donde los concursos confiables fueron clave.

Hoy tenemos ejemplos muy próximos –como los de Medellín y Bogotá- donde a pesar de  situaciones de carencia extrema, han sido capaces de reescribir en pocos años la historia de sus ciudades. A partir de una serie de proyectos de obra pública pensada para conectar las zonas marginales con programas sociales y de infraestructura de transporte público, ha sido posible modificar desde sus índices de violencia hasta sus ingresos por turismo. Se ha tratado de pequeños espacios deportivos, centros cívicos, bibliotecas de barrio o banquetas que conectan con la cultura, el vecino y el transporte público. Los efectos de la burbuja inmobiliaria de otros países, quienes padecen los cascarones vacíos de autores de renombre, han forzado a replantear el papel de los arquitectos en la sociedad. También obligan a cuestionar las acciones políticas de cara a la ciudad.

En México, ¿quién decide en qué y en dónde se emplea el presupuesto de obra pública? ¿Quién elige al arquitecto? ¿Cómo garantizar que el proyecto seleccionado se construya y se construya bien? Lo que queda, frecuentemente, no son sólo proyectos caros sino inútiles. En cualquier país civilizado, no puede gastarse dinero público en un proyecto sin un proceso de encargo democrático, respaldado por instituciones como el Colegio o la Sociedad de Arquitectos. Tampoco puede demolerse una obra arquitectónica relevante. En México no existe una regulación útil que proteja el patrimonio arquitectónico del siglo XX. Salvo contadas excepciones, como Ciudad Universitaria y Casa Barragán -protegidas por ser Patrimonio de la Humanidad- así como algunas obras de principios de siglo, el resto carece de resguardo. La demolición de obras como el Súper Servicio Lomas de Vladimir Kaspé (1952) y el Conjunto Manacar de Enrique Carral (1963), sustituidas por nuevos edificios de Teodoro González de León, evidencian no sólo una torpeza gremial sino la falla de instituciones y leyes.

Recientemente, se anunció, con pocos días de diferencia, por un lado, la creación de cinco proyectos urbanos inciertos en el Distrito Federal asignados a los famosos arquitectos suizos Herzog y de Meuron, y por otro, la renovación (demolición) del Mercado de la Merced de Enrique del Moral (1957) que representa una de las obras icónicas de la modernidad. ¿Dónde pueden conocerse dichos proyectos y sus métodos de encargo? ¿Quién los avala? ¿Qué papel juegan instituciones como el Colegio de Arquitectos, el INBA, el INAH y las universidades de arquitectura? ¿Dónde están al menos los indignados?

EDITORIAL GUSTAVO GILI: Una Historia 1902-2012 [ArchDaily]

Se cumplen 110 años de los primeros pasos de Gustavo Gili el gigante editorial especializado en arquitectura, diseño, arte, moda y fotografía. Desde su fundación en 1902 por Gustavo Gili Roig ha mantenido su carácter independiente y vocacional, hasta convertirse hoy en uno de los catálogos de libros más completos y coherentes del panorama español y latinoamericano.

Para celebrar esta bella trayectoria, la editorial, dirigida a día de hoy por una cuarta generación familiar, ha confeccionado EDITORIAL GUSTAVO GILI. UNA HISTORIA 1902-2012. Este volumen conmemorativo recoge publicaciones, acontecimientos, fragmentos inéditos, colecciones destacadas, todo ello contando con una serie de colaboradores como Philippe Castellano, David González Ramírez, Jaume Avellaneda y Claustre Rafart entre otros.

“Desde hace tiempo nos venía rondando la idea de plasmar la historia de nuestra editorial en una publicación, y, hasta hoy, nunca había llegado a materializarse. […] Este libro nace como celebración, y también como homenaje a las tres generaciones que nos han precedido en la labor de configuración de un catálogo, y en la gestión de este patrimonio”. “Lejos de ser una historia exhaustiva y lineal, compone una suma de fragmentos, un importante mosaico documental”.
Este mosaico conformado por retazos de historia de las artes y la arquitectura, se organiza en 336 páginas y 15 capítulos, barriendo temáticas desde la especialización en libros religiosos como filón de las editoriales españolas de finales del s XIX y principios del XX, pasando por Historia de la Literatura, o por la obra de Picasso. Dos capítulos completos se dedican a América Latina, continente que siempre fue clave para la evolución de la editorial española, y muestra de su adaptación y flexibilidad según las circunstancias cambiantes a lo largo de los años.
Hoy en día GG es un referente de prestigio sobre todo en las disciplinas artísticas. Los últimos capítulos de la publicación hace así gala de ello, centrándose y profundizando en las áreas en las que son hoy en día especialistas: Arquitectura, Diseño, Fotografía.

A continuación, el total de los capítulos que conforman la publicación la cual además puede consultarse al completo en la web de Gustavo Gili.

Índice:

01.Orígenes y primeros pasos de la Editorial Gustavo Gili, por Philippe Castellano

02.Gustau Gili Roig y Jacques Schiffrin, una amistad de veinte años, por Philippe Castellano

03.La vocación americanista de Gustau Gili Roig, por Philippe Castellano

04.El Casares. Historia de un diccionario (1915-1942), por Philippe Castellano

05.Un “viejo plan” de Gustau Gili Roig: la Historia de la literatura española,de Ángel Valbuena Prat, por David González Ramírez

06.La editorial Gustavo Gili: una escuela de constructores de arquitectura, por Jaume Avellaneda

07.El arte de hacer libros, por Daniel Giralt-Miracle

08.Picasso y los Gili. Breve historia del editor de Picasso en España, por Claustre Rafart

09.Una editorial familiar catalana en América Latina, por María Fernández Moya

10.Exterior e interior: la sede de la Editorial Gustavo Gili (1954-1960) de Joaquim Gili y Francesc Bassó, por Ignasi de Sola-Morales

11.Colecciones, por Juan José Lahuerta

12.De “Punto y línea” y “Comunicación visual” a “GG Diseño”, por Anna Calvera

13.“FotoGGrafía”, por Juan Naranjo

14.Una aportación desde dentro, por Xavier Güell

15.Una cartografía provisional, por Carles Muro
Fuente: http://www.archdaily.mx/209753/editorial-gustavo-gili-una-historia-1902-2012/?lang=MX

Beatriz Colomina: “Los que peor escriben son los que más complican las cosas”

La arquitecta y catedrática de Princeton Baatriz Colomina / Ana Nance

Por:  . El País http://elpais.com/elpais/2013/01/23/eps/1358963588_565614.html

Los libros de Beatriz Colomina (Madrid, 1952) investigan las preconcepciones, analizan la relación entre la arquitectura y la publicidad, la sexualidad, la enfermedad o los rayos X. Títulos como La domesticidad en guerra o Privacidad y publicidad: la arquitectura moderna como medio de comunicación de masas se han traducido a más de 20 idiomas antes de poder, finalmente, leerse en castellano. Con 60 años tiene un físico y una alegría juveniles. También la mente abierta como un adolescente despierto. O como un extranjero recién llegado; lleva ya más tiempo viviendo en Nueva York que en España. Colomina es una persona alerta: no ha desconectado el radar que detecta lo extraño, lo que más le interesa.

Es pionera en buscar trabajo fuera. ¿Qué ha ganado y perdido haciéndolo? Siempre se gana saliendo. Ha habido dos momentos cruciales en mi vida: cuando decidí estudiar en Barcelona en lugar de en Valencia, donde vivía, y cuando me fui a Nueva York. Esos cambios me hicieron ver la vida de otra manera. No me puedo entender a mí misma sin pensar en esas dos transformaciones.

¿Se fue buscando trabajo? No. Yo sentía claustrofobia.

¿Se le mezcló el aprendizaje profesional con el personal? En Barcelona se me abrieron los horizontes.Entendí la vida. También lo que pasaba políticamente en el país. Eran los últimos años de Franco. Yo había tenido una vida filtrada por un ambiente conservador.

Su padre era arquitecto. Sí. Fue director de la Escuela de Arquitectura de Valencia. Todo el mundo allí sabía quién era. Y también quién era yo. El anonimato de Barcelona fue liberador.

¿Allí pudo encontrar una identidad propia? Allí empecé a buscar.

n Nueva York aterrizó en el Institute for the Humanities, que dirigía Richard Sennett. Era un lugar extraordinario con gente como el historiador Carl Schorske o Susan Sontag. Escucharlos me abrió los ojos. La enfermedad como metáfora, de Sontag, me enseñó cómo se podía hacer investigación y de qué manera la escritura misma es parte del análisis. Eso no existía en las escuelas de arquitectura, donde la escritura suena bonita, pero no se acaba de entender lo que dice. Los anglosajones son lo contrario: hablan claro.

Hace 32 años que vive en Nueva York. En España se sale poco de la zona de confort para crecer, pero en Estados Unidos es lo habitual. Cuando yo llegué, lo hicieron también otros arquitectos como Enric Miralles, Carme Pinós e Ignasi de Solà-Morales. Los tres regresaron al año. Casi todos lo hacen.

¿Por qué decidió quedarse? Lo entendí enseguida: Nueva York era yo [risas]. En serio. En 32 años todo ha sido estímulo, con lo cual, y aun sabiendo que mucha gente es reacia a salir, pienso que es muy bueno hacerlo. Lo que siempre han hecho los estadounidenses: moverse de Estado en Estado, y los nórdicos y los latinoamericanos; ahora los españoles también lo deben hacer. Se beneficiarán ellos y también España.

Relacionó la publicidad con la arquitectura hace dos décadas. ¿La arquitectura actual es fruto de esa relación? Cuando empecé a escribir era anatema decir que un arquitecto como Le Corbusier tenía algo que ver con la publicidad. Hoy es un hecho aceptado. Siempre me he sentido atraída hacia la posibilidad de quitar velos, de desvelar secretos. Me interesa derrumbar las preconcepciones.

¿Algún arquitecto es más ruido que nueces? Muchísimos. Siempre los ha habido. Pero tiene poco interés hablar de quienes tienen pocas ideas. Con el tiempo, lo que vale es lo que queda. El mítico historiador Sigfried Gideon llegó a París buscando a Rob Mallet-Stevens porque quería escribir su historia de la arquitectura moderna. Solo por casualidad le hablaron de Le Corbusier porque Mallet-Stevens salía más en la prensa, pero ¿quién se acuerda hoy de Stevens? Le Corbusier tomó ese espacio en los medios de comunicación convirtiéndolo en un lugar de producción de la nueva arquitectura. Los dos arquitectos más famosos del siglo XX, Le Corbusier y Mies van der Rohe, tardaron mucho en conseguir hacer algo que estuviera al nivel de lo que habían publicado como proyectos. Le Corbusier fue el primer arquitecto que realmente entendió los medios de comunicación y, al hacerlo, llevó la arquitectura al siglo XX.

¿Cuáles son los secretos de la arquitectura moderna? Entre los más interesantes está el papel que han desempeñado las mujeres: Charlotte Perriand para Le Corbusier, Lilly Reich para Mies van der Rohe o Margaret McDonald con Charles R. Mackintosh, que durante toda su vidano se cansó de decir que él era normal y la que era un genio era ella. Pero por mucho que ellos lo dijeran, no había manera. El mundo no estaba dispuesto a creerlo. Hay quien cree que Ray Eames fue el hermano de Charles Eames, en lugar de su socia y mujer. Denise Scott-Brown todavía sufre ese tipo de discriminación, a pesar de su obvia brillantez.La primera mujer a la que se reconoció al mismo nivel que a su marido fue Alison Smithson. Y no es casualidad que el nombre de ella fuera delante en la firma. Hoy muchas parejas lo hacen.

¿Por qué el último Premio Pritzker le correspondió solo a Wang Shu y no lo compartió su socia cofundadora del estudio Lu Wenyu? Él dice que ella es importante, pero que él es el creador y que ella se encarga de llevar la oficina.

Pero ella da clase en la Escuela de Arquitectura y fundaron juntos el estudio. Kazuyo Sejima fue más generosa. Insistió en compartir el galardón con su socio Ryue Nishizawa, pero eso también sucedió con Jacques Herzog: tuvo que pedir que se lo dieran también a su socio Pierre de Meuron. La arquitectura es una práctica colaborativa. No tiene sentido fomentar el reconocimiento a individuos. Por eso yo, más allá de reivindicar el papel de las mujeres, trato de reivindicar la autoría colectiva.

¿El mundo duro de la construcción aparta a las mujeres? La gran ingeniera brasileña Carmen Portinho seguía bebiendo cachaza con 90 años. Me contó que aprendió a hacerlo con poco más de 20 años en las visitas de obra para que los obreros le hicieran caso. Y lo hicieron. Pero el verdadero problema está más arriba.

¿Para una mujer puede resultar más fácil investigar la arquitectura que hacerla? Es igual de difícil. Tampoco hay muchas en el mundo de la teoría y la historia de la arquitectura. Puede que sea más difícil hacerse camino en la universidad que en la profesión.

¿Y usted por qué lo eligió? Yo no lo elegí. Me eligió a mí [risas]. Me encontré con eso. Casi toda mi vida ha sido así. Me he ido encontrando con las cosas y me he ido encontrando también a mí misma. He ido llegando a los sitios y disfrutando de cada ocupación. El placer es fundamental en la vida. Tienes que asegurarte de que amas lo que haces porque eso te crece y te hace crecer. Lo contrario es un tormento, imagino. Siempre he estado feliz con todo lo que hacía: feliz enseñando, feliz investigando y, sobre todo, feliz escribiendo.

¿Cuándo descubrió que quería dedicarse a escribir? Eso es lo que Nueva York me aportó: el placer de escribir. En Barcelona yo era muy competente: enseñaba, escribía, hice incluso un pequeño libro. Pero actuaba sin el placer de perderte en las palabras. Eso lo aprendí en Nueva York.

¿Cómo se quitó de encima la culpa de disfrutar trabajando? [Risas]. Creo que los católicos disfrutan mucho. Mi madre es una gran vividora. Con casi 90 años no está nunca en casa. Mi padre era más ascético. También más excéntrico, un excéntrico mental introvertido. Eso también tiene mucho que ver con lo que yo soy.Mi familia era conservadora. Pero mi padre tenía la idea de que las mujeres debían ir a la universidad. Pensaba que en el futuro habría muchas arquitectas. Si supiera lo difícil que lo tenemos todavía…

¿Su madre trabajaba? No. Somos cuatro chicas y un chico, el cuarto; tal vez por eso mi padre insistía en el estudio. Pero estaba solo. Todo lo demás nos lo contradecía. En Navidad íbamos a casa de mis tías y nos decían: “Qué cosas más raras se le ocurren a vuestro padre; no hagáis caso o no os casaréis nunca”.

¿Alguna vez su padre le reprochó que se hubiera dedicado a la teoría en lugar de a construir? Siempre pensó que era una cosa pasajera. Yo también.

¿Sus hermanos también se han encontrado a sí mismos en otros lugares? La pequeña es médico y estudió y trabajó en Londres, pero tras unos años regresó. El resto no se movió. La mayor es filóloga y dirige una biblioteca en Valencia. La tercera también es filóloga. Tuvo siete hijos, luego se separó y ahora, finalmente, tiene un negocio. Mi hija dice que antes, cuando llegábamos a Valencia, éramos los más raros –porque ella es hija de un arquitecto italiano–, pero está convencida de que ahora los raros son ellos. Yo no me he querido casar nunca, pero llevo 25 años con la misma persona. Ahora toda la familia se ha complicado de forma más interesante. La fantasía de la familia del catolicismo extremo ha explotado.

¿Su hija vive con usted? No, tiene ya 27 años. Hace tiempo que es independiente. En EE UU, en cuanto se van a la universidad se independizan. Es urbanista y está haciendo el doctorado. Estoy muy orgullosa de ella.

Las dos bienales de arquitectura más significativas, la de Venecia y la iberoamericana, premian arquitecturas casi opuestas: experimentos artísticos y trabajos con pocos medios. ¿Ese mensaje contradictorio despista? Me interesa muchísimo Latinoamérica. Es increíble cómo la hemos dejado de lado. La de Venecia tiene que volver a pensar qué pretende hacer.

¿La historia de la arquitectura es justa? ¿Podría haber algún genio oculto? Seguro que los hay. Pero lo que más me interesa de la historia de la arquitectura son otras maneras de escribir esa misma historia. Será más justa cuando sea más inclusiva, y será más inclusiva cuando reconozca que la arquitectura es una labor colaborativa en la que participan muchas personas. La historia no es solo injusta con personas y con proyectos específicos, lo es con continentes enteros. Se trata de repensar cómo se organiza la historia. En la de la arquitectura debería quedar claro quién merece estar. Hasta hace poco, ni se hablaba de los ingenieros, y muchos han sido protagonistas de la última arquitectura. Una historia de la arquitectura más inclusiva traería muchos más tipos de protagonistas.

¿Por qué se complicó tanto el mensaje escrito de la arquitectura? Por inseguridad. Los que peor escriben son los que más complican las cosas. Pero la escritura también se complica cuando se complica la reflexión. No hay que temer la complejidad. La arquitectura es compleja. Pero la escritura no debe ser más difícil que lo que trata de describir.

¿Ha afectado su capacidad analítica a su manera de relacionarse con los demás? Me parece que no. Dijo Susan Sontag que su trabajo era mejor que ella misma. Había muchas razones: ella trabajaba mucho sobre sus borradores, y como persona era el primer borrador. Yo soy también el primer borrador.

¿Qué le lleva a investigar un tema? Si miras a las cosas mucho tiempo, ves lo extraño en lo que crees conocer. Hay que dejar tiempo para que surja la extrañeza. Escribir es hacer una especie de psicoanálisis. Vas dejando algo tuyo en la mirada con la que trabajas y en lo que vas hallando. La mirada interdisciplinar es la que me interesa porque es más amplia. Empecé a hacer una historia de la arquitectura moderna desde el punto de vista de la enfermedad, inspirada en el trabajo de Sontag.

¿Qué tiene que ver la enfermedad con la arquitectura? La arquitectura moderna no se puede entender sin la tuberculosis. La hemos estudiado desde todos los puntos de vista: el industrial, el estético… Y nos hemos olvidado de lo más obvio: la vida real. Lo que los arquitectos modernos ofrecían era casi como una receta de salud igual a la que proponían los manuales médicos para tratar la tuberculosis: el aire libre, las terrazas, el sol, la blancura, la higiene… La tuberculosis dominó la primera mitad del siglo XX. Es normal que no solo estuviera en la literatura, sino también en la arquitectura. No hablo de la arquitectura sanitaria. Es la arquitectura moderna la que internaliza este trauma inmenso que era la tuberculosis y trata de ayudar. Se vuelve curativa.

¿Por qué cree que a los políticos les importa tan poco la arquitectura? Depende de los políticos. Piense en el caso de Medellín.

 A Esperanza Aguirre se le escapó que a los arquitectos habría que matarlos… Antes la figura del arquitecto se respetaba aquí más que en otros países. Pero hoy, para medir la importancia de los políticos en la arquitectura, y su valoración, hay que mirar a Latinoamérica.

¿Detecta cambios allí? En Latinoamérica hay fuerza e intensidad. Yo me siento con la obligación de estudiarlo atentamente, de analizar la historia de la arquitectura moderna allí. En los años cuarenta, el MOMA organizó exposiciones como Brasil builds y Latinoamerican architecture. Pero lo hizo como parte de la política del país. Toda esa atención obedecía a la intención del Gobierno norteamericano de asegurarse de que Latinoamérica era una aliada. Fue una política de buenos vecinos que luego, cuando los intereses políticos se fueron para otro lado, se terminó y empezaron a preocuparse más de lo que sucedía en la Unión Soviética. Fue así como Latinoamérica dejó de existir culturalmente para el MOMA. Desapareció. Y no solo del MOMA, también de las revistas de arquitectura. Todas, de Domus a Casabella, tenían números especiales sobre Brasil, Venezuela, México… Y de repente ese interés se cortó. Y a mí hay una cosa que dice el arquitecto colombiano Giancarlo Mazzanti que me interesa mucho: que a los pobres hay que darles lo mejor. Está bien que en Medellín el edificio más celebrado quede en el barrio más miserable.

Aun así, sería mejor si fuera un buen edificio. Es cierto que la Biblioteca España está mejor resuelta por fuera que por dentro, pero es muy llamativa. A mí me gusta. Me gusta la reacción de orgullo que ha generado en el barrio. Hay niñas que llegan a las nueve de la mañana, cuando abren, y se quedan hasta que llega la noche, cuando cierran. Poder estar en una biblioteca con ordenadores y libros en lugar de tener que estar en la calle cambia la vida de una generación.

¿El reto de la arquitectura actual es económico? De eso podemos aprender de Latinoamérica, de trabajar con la escasez. Y aprenderemos. Se deben buscar nuevas formas de funcionamiento. Parte del legado moderno es eso: viviendas adecuadas para todos. Esto no debería ser un eslogan vacío. Es una obligación moral.

Pero ese legado se quedó en viviendas burguesas para unos pocos. La intención era más amplia. Hay que volver a esa idea e investigar más sobre ello. Las escuelas deberían dedicar atención a estudiar una arquitectura que se pudiera hacer con medios escasos. Los arquitectos podrían ayudar mucho a la sociedad.

¿Vota en EE UU? No. Me resisto a abandonar el pasaporte español. Pero si votara, ya puede imaginar mi elección.

¿Por qué genera confianza Obama? Tiene aura.

¿Solo eso? No ha hecho mucha política, que, se supone, es lo que debe dar credibilidad a un político… Ha sido decepcionante que gobernara más al centro de lo que se esperaba, pero Obama ganó porque no hay opción. Ha sido una persona sumamente cuidadosa. Es demasiado educado. Ha tratado de negociar con los republicanos, pero con esa gente no se puede negociar. Si aquí quieren matar a los arquitectos, allí quieren matarlos a todos: a inmigrantes, pobres, mujeres… Eso es lo que da miedo de verdad.

“Los arquitectos jóvenes tienen que salir a África, China e India”

Eduardo Souto de Moura, en Vigo, sentado en un banco diseñado por él. / LALO R. VILLAR

El primer sorprendido fue él. Un auditorio atiborrado con cerca de 300 personas y casi tres cuartos de hora firmando dedicatorias en el libro que acababa de presentar. “Es extraño, yo no tengo la sensación de ser útil y esto me hace cambiar de opinión”, decía el arquitecto Eduardo Souto de Moura (Oporto, 1952), al término del coloquio organizado en el Espacio Sirvent de Vigo, el pasado viernes, con motivo de la presentación pública de una monografía, con textos críticos y material gráfico, sobre su obra, Eduardo Souto de Moura: Atlas de Parede, Imagens de Método (Dafne Editora, 2012). Antes del acto, que clausuró, hasta el próximo mes de septiembre, el calendario de actividades culturales del centro, ya había posado para la prensa en el banco que diseñó para un crematorio en la ciudad belga de Kortrijk.

¿Acaso no percibe el arquitecto, premio Pritzker en 2011, que su trabajo proporcione alguna utilidad? “La única cosa que me hace tener ganas de continuar es que los sitios queden mejor. Si yo no los mejoro, entonces lo que hago no tiene sentido. Cuando me proponen un encargo, primero intento comprender el lugar y estudiar qué le hace falta. Entonces, si puedo, lo completo”. Souto pone como ejemplo su afamado proyecto para el Estadio Municipal de Braga (2004), tallado en la ladera de una roca. “¿Qué es más bonito: el estadio o la cantera? Yo estoy convencido de que el enclave se ha enriquecido”. El jurado del galardón, considerado equivalente al Nobel de arquitectura, resumió de este modo su decisión de premiar una trayectoria de tres décadas “durante las que ha producido un trabajo contemporáneo, pero que al mismo tiempo hace eco de las tradiciones arquitectónicas. Sus edificios poseen la habilidad única de transmitir caracteres aparentemente incompatibles —poder y modestia, coraje y sutileza, fuerte carácter público e intimidad— al mismo tiempo”.

“Este libro es un instrumento para la exploración de la obra de Souto que indaga en instrumentos como la analogía, la memoria y el cuestionamiento de las imágenes”, expuso el editor, André Tavares, en una mesa redonda que completó el director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña, Fernando Agrasar. Tras las intervenciones, el aludido tomó la palabra con gran sentido del humor para decir que no tenía discurso: “Yo soy como un peral, solo hago peras”. En respuesta al público, reconoció que no solo no le había cambiado nada la vida después del premio sino que en su país apenas tenía trabajo: “Vivo en una doble marginalidad, porque Portugal en estos momentos está fuera de Europa y, desde Oporto, tengo que estar desplazándome continuamente a Lisboa y Madrid. A los arquitectos jóvenes les digo que tienen que salir, emprender una nueva manera de vivir y buscar esos nuevos mercados de África, China e India”.

Licenciado por la Escola de Belas Artes do Porto y discípulo de Álvaro Siza, en cuyo estudio trabajó en los años setenta, Souto admite que fue su maestro quien le conminó a emprender su camino en solitario, en 1980, “porque aquí ya no vas a aprender más”. “Siza me echó fuera”, suelta, entre carcajadas. Si bien mantiene que su primer criterio es su propia exigencia (“si yo no me siento bien no puedo proporcionar bienestar a los demás”), reconoce que la crisis ha cambiado su arquitectura hasta convertirla en “el mínimo físicamente indispensable”, como, explica, acaba de hacer en el proyecto de unas piscinas comunitarias en una localidad próxima a Oporto. “Busco la simplicidad sin ser minimalista. El dinero es una condición necesaria para crear arquitectura, pero no es suficiente. Las dificultades nunca convierten una obra en mediocre, al contrario, la imaginación para buscar recursos la enriquecen. La arquitectura no es una suma de materiales, tiene vocación poética y debe provocar emociones”. La construcción frustrada de dos iglesias en su país, que se cancelaron por falta de fondos, sigue siendo la piedra en su zapato.

Fuente: El País

Fallece el arquitecto y urbanista Manuel de Solà-Morales

Manuel de Solà-Morales, reputado arquitecto y urbanista, ha fallecido a los 72 años de edad. Nacido en Vitoria en 1939, se había especializado en temas de diseño urbano y era catedrático de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Era hijo, nieto y hermano de arquitectos, como Ignasi Solà-Morales, que falleció en 2001, víctima de un ataque al corazón.

Su obra y su pensamiento influyeron en el urbanismo de Barcelona, en trabajos relacionados con los Juegos Olímpicos de 1992, especialmente en la transformación del frente marítimo y la realización del Moll de la Fusta, una de las zonas en las que la ciudad recuperó la fachada marítima. También es el autor del centro comercial de Illa Diagonal, junto con Rafael Moneo, que cada día visitan miles de barceloneses.

Estaba considerado uno de los mayores teóricos del urbanismo español y no se cortaba a la hora de cuestionar la arquitectura de las grandes estrellas, tal como hizo en una entrevista en este diario en octubre de 2008.

Trabajó en un gran número de ciudades europeas como Berlín, Salzburgo, Nápoles, Rotterdam, Amberes, Salónica, Génova y Trieste. Entre sus últimos trabajos se cuenta la transformación del área portuaria de Saint-Nazair, en Francia; la plaza y la estación de Lovaina, en Bélgica; el espacio público Winschoterkade de Gröningen, en Holanda, y el paseo Atlántico de Oporto, en Portugal.

En el campo de la la investigación es autor de estudios, libros, artículos y exposiciones y fundador de las revistas Ciencia urbanística, Arquitecturas Bis y UR: Urbanismo-Revista.

Fuente: El País