Pedro Castellanos, el urbanista

Por Juan Palomar Verea

La memoria histórica tapatía tiende a ser corta, para nuestra desgracia. Grandes figuras, que dejaron grandes enseñanzas, se pierden en las brumas del pasado, aunque éste sea tan reciente. Es el caso de Pedro Castellanos Lambley, (1901-1961) ingeniero y arquitecto, y después presbítero.

Nuestro personaje fue hijo de Guillermo Castellanos y Tapia, alguna vez gobernador de Jalisco, y nieto de la afamada poetisa Esther Tapia de Castellanos. Estudió en la Escuela Libre de Ingenieros (1901-1930) dirigida por el ingeniero y licenciado Ambrosio Ulloa. Allí fue compañero de generación de Luis Barragán y amigo cercano de otros destacados miembros de las promociones de esos tiempos.

Fue, sin duda, el arquitecto más exitoso de la Guadalajara de los años treinta del pasado siglo.   Su producción se inscribe dentro de lo que se conoce como Escuela Tapatía de Arquitectura, pero –siempre inquieto y juguetón- también produjo edificaciones afines a diversos eclecticismos. En la cima de su trayectoria, y rodeado de grandes simpatías y prestigio social, este dandy de la vida y de la construcción decide ingresar a la vida religiosa en 1938, y nada menos que a la orden de los franciscanos. A partir de entonces se consagró, exclusivamente, a la generación de proyectos para la Iglesia, campo muy poco explorado, en donde introdujo muy originales, e incluso refinadas, innovaciones.

Su producción, tanto civil como religiosa, fue prolija y brillante, y está aún a la espera de un estudio en mayor profundidad que, además de hacerle justicia, ayude a preservar su patrimonio y ponga al alcance de los interesados sus invaluables lecciones arquitectónicas y edilicias. (Y humanas: se tendría que hacer una verdadera biografía.)

Un aspecto de su quehacer, muy poco conocido y sin embargo sumamente interesante, es el del urbanismo (en su caso, como debería ser siempre, el de la arquitectura de la ciudad). Desde 1935, aproximadamente, y hasta 1940, trabajó en la ejecución de lo que él y sus amigos conocieron como “El Plano Loco”. Se trataba de un proyecto utópico y visionario de la Guadalajara del futuro, en el que colaboró permanentemente con el ingeniero Juan Palomar y Arias.

El proyecto incorporaba medidas radicales. Un gran anillo de circunvalación, de 120 metros de ancho, ordenaba la composición. Con grandes bulevares como este creaba una estructura urbana definida y aireada, dotando a la mancha urbana de corredores verdes que significaban verdaderos paseos y parques lineales para la población, que a la sazón sería de unos 200 mil habitantes.

Proponía una medida señaladamente polémica, audaz y obviamente discutible: la demolición de todas las manzanas en la hilera frontera a Catedral, de norte a sur. En su lugar, un paseo de cien metros de ancho, lleno de plazas, kioskos y jardines. Allí dejaba, a manera de islas, dos señalados monumentos: Aranzazú y el Sagrario de Guadalupe. Sacando las cuentas, y a pesar de las sustracciones, se hubiera quizás perdido menos patrimonio que con la ampliación acumulada de Alcalde-16 de Septiembre y de tantas otras calles con las que se obtuvieron mediocres secciones y deteriorados y anodinos entornos urbanos. Y en cambio proponía un extenso jardín lineal que, recuperando todo el posible espacio del Parque Agua Azul al exttremo sur, daba una potente presencia ecológica (avant la lettre) a la ciudad, junto con la creación de un “Parque de la Barranca” (otra idea pionera e importantísima).

Entre muchas otras cosas, con sus trazos vigorosos y radicales generaba cuadrantes definidos que buscaban consolidar a los barrios tradicionales y asegurar su identidad y vida propia. Con la estructura exterior del Anillo de Circunvalación proponía hacia afuera un crecimiento por barrios, ordenado y armonioso, en forma a la vez concéntrica y orgánica. En fin, un estudio más amplio de esta utopía tapatía dará para mucho más.

Baste decir que es indispensable recuperar plenamente la figura de Pedro Castellanos Lambley, creador entre tantas cosas, de un urbanismo valiente y visionario. “El plano loco” es un modelo –guardando todas las proporciones y consideraciones del caso- de lo que hoy debemos intentar para devolverle a Guadalajara su dignidad y su grandeza.

El espectacular fracaso de la arquitectura tapatía

Por Juan Palomar

Si algún hipotético visitante a Guadalajara, con cierto bagaje cultural y conocimiento previo –digamos de hace tres o cuatro décadas- de la ciudad viniera de nuevo hoy, podría fácilmente llegar a esta conclusión: “Lo más notable de la arquitectura de Guadalajara es su ausencia generalizada y su subordinación a lo que ustedes llaman anuncios ‘espectaculares’; estos armatostes son ahora la cara más visible de lo que en estas tierras les luce. Lo demás construido es esa masa más o menos informe que en las principales avenidas  se agazapa bajo la dictadura de las estramancias publicitarias”.

O sea, en términos llanos, se podría leer lo que ahora es un espectacular fracaso de la arquitectura tapatía frente al comercialismo, la chafez y el anonimato. Algunos ejemplares edilicios, agazapados aquí y allá, son la excepción que, como casi siempre, confirma la regla. Vamos, ni la Minerva se salva de encontrarse echada a perder por los anuncios; ni la Torre Minerva que está enfrente y en cuya colindancia un edificio cutre ostenta un enorme anuncio de los que están prohibidos. Y así se podría seguir hasta el cansancio.

¿Cuándo fue la última vez que un esfuerzo arquitectónico de cierta envergadura se llevó a cabo en esta ciudad? No, desde luego casitas más o menos cucas escondidas tras las murallas de los “cotos”. Ni soluciones viales dedicadas exclusivamente a los coches. Tampoco edificios grandotes y absolutamente descongraciados como el del hotel que está en la glorieta de las Jícamas, o el puñito de torres del rumbo de Zapopan. Lo que no hay es planteamientos capaces de “hacer ciudad”, de establecer contextos arquitectónicos que aporten algo significativo a la comunidad.

Mal que le pese a los bienpensantes arquitectónicos o urbanos, la Cruz de Plazas sigue siendo la definitiva aportación a la cara de la ciudad del siglo XX. Y de eso, hace más de seis décadas. Su eventual secuela, la Plaza Tapatía, también concepción original –y no ejecución- de Ignacio Díaz Morales, tuvo un nacimiento muy complicado y un desarrollo defectuoso. Pero todavía espera un juicio histórico sereno, equilibrado e informado (favor de ver la exposición que sobre Díaz Morales está ahora en el MUSA, Museo de la Universidad).

La otra serie de obras, más recientes, que contribuyó a renovar la cara de la ciudad es la que realizó Fernando González Gortázar desde 1970 hasta 1995. Desde la Gran Puerta (amarilla) de Jardines Alcalde, a la Hermana Agua, al ingreso del Parque González Gallo, a las fuentes de la Unidad Administrativa Estatal, al extinto ingreso del Panteón del Sur, a la fuente del Federalismo, al edificio de la policía al borde de la Barranca de Oblatos… Aportaciones de altísima significación que realmente establecieron en la urbe un sistema de señales de vida cultural, de arquitectura de valía. ¿No es extraño –o escandaloso aún- que el arquitecto tapatío más relevante, y uno de los más destacados del país, no encuentre campo, desde hace veinte años, para aportar algo más en esta ciudad?

En medio del naufragio hubiera sido muy posible la contribución positiva del Proyecto Alameda –victimado por la mezquindad politiquera- con el que se pretendía empezar en serio con la recuperación del centro (y en el que se incluía, precisamente, un edificio de González Gortázar). Fue decisiva, aunque discreta, la renovación del espacio público de cien manzanas del primer cuadro por el ayuntamiento antepasado. Y hoy es posible llevar adelante el proyecto “Voltea a la barranca”, si es que es factible vencer las reaccionarias trampas de la demagogia o la confusión.

Otras obras de gran calado, como el fallido centro JVC, el Centro Cultural Universitario (ayuno de ninguna centralidad ni de conexión metropolitana), el Museo de la Barranca, u otros esfuerzos se pierden en la marea de desorden, mediocridad, fealdad y consumismo que parece ahogar a Guadalajara. Ante el espectacular fracaso arquitectónico de una o dos generaciones: ¿Qué dice el gremio sobre esta situación, y más importante, qué dicen los habitantes de la otrora armoniosa y digna ciudad?

Conferencia Proyectos concursados y proyectos construidos / Julio Gaeta [CCAU]

boletín_Julio Gaeta_Este jueves 23 de octubre a las 8:30 pm en el Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana se presenta la conferencia de Julio Gaeta: Proyectos concursados y proyectos construidos.  Entrada libre

Julio Gaeta es arquitecto proyectista y profesor hace ya más de veinticinco años. A través de su oficina GAETA-SPRINGALL participa desde siempre en concursos nacionales e internacionales. En los últimos cuatro concursos nacionales convocados en México participan y obtienen primer lugar en dos de ellos y segundo en los otros dos. Como consecuencia de estos premios, Julio Gaeta y su socia Luby Springall diseñan el famoso y reconocido Memorial a las Víctimas de la Violencia en México y se convierten en los proyectistas y curadores de México en la Bienal de Venecia. Otro de estos concursos es el convocado para el Rescate Integral de la Merced; donde obtiene el segundo lugar y con esto acceden al proyecto de reacondicionamiento de la Nave Menor del Mercado La Merced. Proyectos concursados y proyectos construidos constituyen la práctica profesional de todos los días de su oficina de JULIO GAETA. De estos proyectos, de cómo se piensa y se trabaja en arquitectura les hablaré en mi conferencia.

http://www.gaeta-springall.com/

Inauguración de las exposiciones: De los híbridos de Juan Bastardo, Posibilidad perpetua de Adrián Guerrero y Arquitectura no solicitada de Joao Rodríguez

AEl Ayuntamiento de Guadalajara a través de la Secretaría de Cultura y el Museo de Arte Raúl Anguiano (MURA)
presentan:

“De los híbridos” de Juan Bastardo, “Posibilidad perpetua” de Adrián Guerrero y “Arquitectura no solicitada” de Joao Rodríguez. Tres exposiciones que serán inauguradas el viernes 10 de octubre, a las 20:00

“De los híbridos”
Juan Bastardo
Exposición multidisciplinaria (gráfica, porcelana, instalación, escultura, audiovisual) que explora diferentes acercamientos a través de una selección y la inserción de objetos e imágenes que potencian “lo otro” (sujeto e historia) como estructura del imaginario colectivo. Esta línea temática conduce al vínculo entre forma y concepto, las disciplinas y los procesos artísticos.

En este proyecto da muestra de las manifestaciones míticas de la otredad y su relación con un proceso de fusión y de apropiación de lo ajeno, de la separación y la diferencia. La imaginería seleccionada trae a confrontación un variado número de temas y problemáticas: la HÍBRIDACIÓN, la ALTERIDAD y la FUSIÓN; aspectos que refieren a la transformación del individuo.

De los híbridos nos sitúa, entonces, en los tan utilizados: Transculturación, Alienación, Mezcla, Mixturas, Hibridez. Se habla de pluralidad, de reinvención, de equivalencia y el choque cultural que se ha manifestado como parte de un escenario recurrente a los nuevos mitos.

“Posibilidad perpetua” Adrián Guerrero
Curaduría Juan López Vergara Newton

Exposición de cerámica, video, grabado en madera y piezografías. En esta ocasión Adrián Guerrero nos conduce a la orilla de un tema que desde el origen del pensamiento ha inquietado al hombre: EL TIEMPO. Para ello invoca no a la sucesión de intervalos homogéneos de relojes y calendarios, sino a una temporalidad saboreada, reflexionada y vivida, esa que nos remite a lo eterno, pero también al instante fugaz –luminoso- del espacio suspendido en la duración. Más que buscar mecanismos o sistemas que midan y subdividan en particiones equidistantes y abstractas, nos ofrece la posibilidad de experimentar a través de estas piezas diferentes lecturas del mismo.

Posibilidad perpetua asume un tema complejo por esquivo y lo presenta en formatos “objetivos” que remiten, en su mayoría, a una metodología científica. La mezcla de estas dos condiciones en principio antagónicas, arroja como resultado una interpretación abierta y libre sobre una inquietud clásica y simultáneamente propia de una sensibilidad artística contemporánea. Más allá de su materialidad estamos ante objetos tejidos de tiempo y espacio, de pensamiento y sentimiento. De ahí que la obra presentada nos mueve, porque sus hilos vibran en
nuestro interior.

“Arquitectura no solicitada” Joao Rodríguez

El término arquitectura no solicitada se refiere a proyectos que resuelven una necesidad sin que impliquen los caprichos de un cliente y sin que necesariamente exista un presupuesto. Ir más allá de la arquitectura, lapremisa principal es pensar la arquitectura no sujeta sólo a una edificación como resultado.

Se reconocen así nuevas formas de hacer arquitectura, y de productos que se pueden diseñar. Arquitectura no solicitada es un proyecto que toma su nombre de este término en inglés Unsolicitedarchitecture.

Este proyecto es seguimiento de ya una constante, de un proceso creativo, del paisaje y la manipulación del
mismo y la preocupación del hombre por seguir viviendo en convivencia con la naturaleza, creando parques, lagos artificiales, azoteas verdes, campos de golf, etc.

Arquitectura no solicitada trata de cómo el hombre modifica constantemente y cotidianamente los espacios construidos o una ciudad planeada. Estas apropiaciones del espacio modifican rutas trazadas ciudades planeadas.

ARTISTAS:

Juan Bastardo (Guadalajara, México. 1975)
Artista visual, diseñador gráfico, músico y docente. Estudió la licenciatura en Artes Visuales en la Universidad de Guadalajara (UdeG), así como la carrera de Diseñador Gráfico Publicitario en el Instituto de Arte Bribiesca y la Carrera de Música en el Instituto Cultural Cabañas. Trabaja en la licenciatura en Arte de la UdeG y en proyectospedagógicos independientes en instituciones públicas y privadas. Imparte cursos y talleres de producción de arte contemporáneo. Su producción artística se desarrollada, principalmente, sobre pintura, dibujo, escultura, fotografía y medios alternativos. Fue parte del colectivo Momento de Experimentación Artística en Guadalajara de 2002 a 2005 y del Pánico Colectivo con tres sedes León, Guanajuato, Guadalajara, Jalisco y México D.F. de
2006 a 2008.

Ha sido becario para la producción artística del Vermont Studio Center en Johnson, VT, USA a expuesto de manera individual y colectiva en diversas ciudades de México y Norte América, ha recibido menciones honorificas en la Bienal Nacional Diego Rivera en las ediciones 2002 y 2004, así como en la Trienal Majdanek con sede en Polonia en 2004 y reconocido con Mención Honorífica en las ediciones 2006 y 2007 del Fellowship Award del MoLAA (Museo de Arte Latinoamericano de Long Beach, California). Obtuvo un premio y Mención Honorífica en la Bienal MexiCali en Los Angeles, California 2010, y seleccionado en la edición 2013 de esta misma Bienal. Su trabajo ha sido publicado en las revistas Replicante y OMAG (OTIS College of Art Magazine).

Adrián Guerrero (Guadalajara, México, 1975)
Vive y trabaja en Guadalajara. Arquitecto. Maestría en Filosofía y Ciencias Sociales. Imparte el taller de Escultura en Cerámica de la Universidad ITESO. Ceramista autodidacta desde 1990.

Con una actitud contemplativa, apoyado en los fundamentos de la filosofía y la arquitectura, Adrián Guerrero construye su trabajo a partir de una postura fenomenológica. Su obra se ha caracterizado a lo largo de los años por ser una búsqueda continua de tramas, estructuras lógicas y sistemas subyacentes que parten
invariablemente de lo sencillo, de la sorpresa de lo pequeño y lo cotidiano. Es posible interpretar su trayectoria como una elipse que permanentemente regresa –aunque renovada- al camino recorrido, retomando y reinterpretando inquietudes que se han vuelto una constante en su trabajo. Sin dejar de lado su pasión por la cerámica en sus diferentes técnicas, crea piezas, objetos e instalaciones con diversos materiales y soportes como lo son fotografía, video, dibujo, escultura y pintura.

Joao Armando Rodríguez Murillo

Nació en Empalme, Sonora, 1974. Desde 1985 radica en Guadalajara.
Su obra pertenece a colecciones públicas y privadas, nacionales e internacionales como la Colección del Instituto Sonorense de Cultura, Colección de Caixanova, España; Colección de Banco Del Bajío; Colección de Chrysler de México; Colección de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público: Acervo Pictórico de la Universidad de Guadalajara; Colección Permanente del Museu de Arte AssisChateaubriand, Brasil; Colección de la Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte, A. C; Colección Permanente de Casa de las Américas, en La Habana; y Colección de la Pinacoteca José Atanasio Monroy.
Además ha sido reconocido por instancias nacionales e internacionales.

+ Informes:
Museo de Arte Raúl Anguiano (MURA)
Mariano Otero 375.Col Moderna.
Tels.1377.7909 / 1201.8744
museodearte.mura@gmail.com
Facebook: Museo de Arte Raúl Anguiano
www.cultura.guadalajara.gob.mx

Workshop “Extra Público”: Fab-lab de Arquitectura Colectiva

A finales del mes de Septiembre se llevará a cabo el workshop / Fab lab “Extra Público”, proyecto de colaboración de Zuloark (MAD), Bittertang (NYC) y JAPI. Estudio de Arquitectura (GDL). El objetivo del taller es la intervención de un terreno ejidatario ubicado en San Lucas Evangelista, en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. Concebido como iniciativa de autogestión, la propuesta busca reactivar la zona dotándolo de un espacio público que fomente la dinámica social.

Extra Público se llevará a cabo durante 7 días y se divide en dos fases. La primera es una serie de reuniones en donde se analizarán y resolverán los objetos que intervendrán el sitio. La segunda se enfocará a la fabricación de los objetos en el terreno de San Lucas.

Con un formato de taller colaborativo, Extra Público incluye y conecta a todos los agentes involucrados para el desarrollo optimo del proyecto, vecinos, alumnos, estudios de arquitectura, urbanismo y gestión, así como cualquier interesado en la intervención.

Busca crear conciencia de la importancia del espacio público activo generado a partir de la reutilización de lugares en desuso, utilizando el mínimo de recursos para obtener máximo impacto.

El 25 de Septiembre cierra la convocatoria, para dar paso al inicio del taller el 29 de septiembre, finalizando el 05 de Octubre.

Costo

$1000.00 MXN

Organizadores 

Zuloark

Zuloark es una infraestructura de arquitectura ligada a la construcción de redes abiertas de trabajo, y pensada desde la necesidad de evolucionar los modelos económicos y empresariales. Zuloark como plataforma de trabajo se define como una zona de desarrollo próximo, que es el espacio intersticial que existe entre el saber hacer algo y no saber hacerlo; es el entorno donde se produce el aprendizaje, es donde cabe el saber hacer algo con ayuda. Ha desarrollado distintos proyectos de organización y gestión así como de estrategias de acción urbana y participación a través de proyectos de investigación y de construcción participada de espacio público. Participa en proyectos de diseño y construcción de mobiliario, así como en proyectos de instalaciones urbanas. Se cristaliza en los proyectos que realiza, y se redefine a sí mismo a medida que crece, zuloark nunca es igual a zuloark. Es una estructura viva pensada y construida como un objeto crítico.

Bittertang

Bittertang es un pequeño taller de diseño dónde se intenta traer placer y felicidad al mundo material. El trabajo de Bittertang explora múltiples temas que incluyen el placer, la materia biológica, bebés, postura, escultura, coloración, y la unión de todos los anteriores a través del Bel Composto. Dichas exploraciones están basadas en lo digital y lo visceral con resultados que se derivan en diferentes escalas y se mueven dentro de los diferentes campos del diseño y arte. Formados como arquitectos, su interés prolífico y metodologías se asocian más a la organización de una granja. El material de Bittertang es sembrado y cultivado para cosechar deliciosos bocados, bellas y exóticas bestias, y generar fertilizantes para el crecimiento de sus diseños. Haciendo profundas excavaciones en el fértil terreno de la historia humana, la meta de Bittertang es agregar una capa más en la cultura material contemporánea.

JAPI. Estudio de Arquitectura

JAPI. Estudio de Arquitecutra es un equipo interdisciplinario integrado por arquitectos, diseñadores, ingenieros y urbanistas dedicados a la práctica de la arquitectura, la investigación y el activismo en la ciudad. JAPI utiliza la memoria histórica para crear espacios conscientes a su entorno, su “elegancia divertida” es producto de la reinterpretación de las cualidades espaciales, materiales de otras épocas, y otros recursos dándoles un lugar en la arquitectura actual, de forma lúdica y más allá de cualquier tendencia. Su hacer diversifica y arquitecturiza procesos. JAPI se rige por metodologías de colaboración y autogestión que relacionan personas, economías, culturas e idas.

Informes e inscripciones 

workshop@japi.mx / Tel. 3615 2188

De incendiario a bombero, una enseñanza patrimonial

Fuente: Ricardo Agraz / Esarq

Por Arq. Ricardo Agraz

Hace muchos años, me encontraba con varios de mis compañeros sentado en la banca de un pasillo de la que entonces se llamaba Facultad de Arquitectura; perdíamos el tiempo entre clase y clase cuando repentinamente vimos aparecer por uno de los pasillos la figura hasta entonces desconocida de todo un personaje.

Caminaba con notable parsimonia y desparpajo, llevaba un cigarrillo en la mano, una boina bajo el brazo. Había una enigmática armonía entre aquella manera de andar un poco encorvada y la sonrisa labiada y socarrona que portaba; se nos acercó, nos saludó con toda amabilidad y preguntó por la ubicación de uno de los salones, así nos enteramos que se trataba de un profesor.

Gonzalo como estudiante de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara dirigida por Ignacio Díaz Morales Década de 1950.

Gonzalo como estudiante de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara dirigida por Ignacio Díaz Morales Década de 1950.

Comentamos el extraordinario parecido físico que guardaba con aquel luchador que salía invariablemente en las películas de “El Santo” y nos tomó por sorpresa que un profesor usara cola de caballo a pesar de su prominente calva que sólo dejaba unos cuantos cabellos, completamente blancos. Nos enteramos después que se trataba de Gonzalo Villa Chávez, quien regresaba apenas de una larga estancia en Europa por lo que en su persona todo lo anterior debía considerarse como normal.

A aquel casual encuentro a principios de los ochenta, le siguieron múltiples, y todos resultaron tanto más que sobrecogedores. No sé cómo, pero Gonzalo se daba maña para sorprendernos continuamente. Si uno estudiaba arquitectura por aquella época, era realmente difícil no toparse con él en cualquier lugar, ya fuera en una conferencia en la que versaba sobre los más variados temas con plena autoridad y lucidez asombrosa -usando un lenguaje entonces indescifrable para mí- o en una clase de acuarela en donde ayudado tan sólo por unos pequeños trazos a lápiz mágicamente hacía surgir maravillosas imágenes del agua, al tiempo que se mordía la lengua afanosamente.

Gonzalo Villa

Gonzalo Villa en el patio posterior del Centro Regional de Occidente, Hoy Museo de la Ciudad de Guadalajara. década de 1970.

Así, cada encuentro me fue dando una distinta noción de Gonzalo, y a veces pienso que su personalidad es comparable a un gran rompecabezas que resulta prácticamente imposible descifrar, no obstante los innumerables fragmentos que de sí mismo fue entregando a cada uno de sus amigos. Un día te enterabas que había sido portero de futbol; otro, encontrabas un texto escrito con esa pluma privilegiada que le caracterizaba; otro más descubrías un dibujo fuera de serie de su autoría y al otro te enterabas que había trabajado con Luis Barragán, pero que también era bien conocido en las carpas como un extraordinario bailarín, que fue rotulista de carteles de cine o que consignaba las corridas de toros en papel acuarela con la destreza única de su pincel. Visto así, de nómada a profesor y de crítico a restaurador, se convierte en una proeza literaria el describir en unas cuantas palabras la trayectoria y la personalidad del maestro Villa Chávez.

Mas de los “Múltiples Gonzalos” que nos presentara en una ocasión Gabriel Gómez Azpeitia, yo me quedo sin duda alguna con el amigo, con el hombre que estaba atrás de todos los personajes que a lo largo de su vida le tocó representar. Como amigo, siempre se distinguió por su generosidad, compartió con nosotros, sin envidia alguna, el conocimiento que a lo largo de su vida acumuló. Aprovechaba ese innato don para hacer amigos fácilmente, conservarlos y dejar en ellos un recuerdo indeleble; nos demostró con oficio que la práctica de la arquitectura debe ser además de todo, muy, pero muy divertida.

Como arquitecto en cambio, resulta más sencillo describirlo. Dedicó su carrera entera y concentró todos sus esfuerzos en una sola dirección, no escatimó recurso alguno, ni titubeó un instante siquiera para dedicar su vida profesional al servicio de una misión, titánica pero simple: la conservación del patrimonio arquitectónico.

Gonzalo Villa Chávez y su amigo, el escritor Juan Rulfo en una conferencia para la Escuela de Arquitectura de Colima.

Gonzalo Villa Chávez y su amigo, el escritor Juan Rulfo en una conferencia para la Escuela de Arquitectura de Colima.

En una ocasión le pregunté por qué le apasionaba tanto el tema de la conservación y me contestó con esa parsimonia acostumbrada que “la vida siempre te otorga la oportunidad de pasar de incendiario a bombero”. Así era Gonzalo, sencillo pero contundente, podía resumir en breves y simpáticas descripciones los conceptos más sofisticados que su mente sabía elucubrar.

Si consideramos los tiempos que vivió, valoraremos más aún su labor profesional. En una época donde la modernidad no era sólo una idea sino una verdadera necesidad social que dejaba altos dividendos políticos, preservar y rescatar no resultaba rentable desde ningún punto de vista. Durante los años cincuenta nadie cuestionó la pérdida de nuestro patrimonio simple y sencillamente porque éste no representaba valor alguno. Restaurar significaba en ese momento ir en contra del progreso y la modernidad, pero el progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear un mejor hoy.

Dibujando antiguos edificios, reparando y rehabilitando viejas estructuras, dándoles nuevos usos, otorgó una segunda oportunidad de ser a aquellos viejos edificios cuya restauración -para fortuna nuestra- estuvo en sus manos. Gonzalo descubrió los secretos más íntimos de aquellas arquitecturas y no tuvo empacho alguno en compartirlo con todo aquel que estuviera a su alrededor; por ello, su obra póstuma y no por ello menos importante que su trabajo como restaurador, fue la fundación de la Escuela de Arquitectura de Colima.

Mural Gonzalo Villa

Mural conmemorativo realizado por Nacho Gómez Arriola para celebrar el 10 aniversario de la muerte de Gonzalo Villa Chávez en Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Colima, 2010.

Con ello se aseguró que su empeño no moriría con él; en el camino fue infectando a sus colaboradores y alumnos su preocupación y respeto por el patrimonio heredado, y hoy podemos decir sin temor a equivocarnos que disfrutar del Palacio de Gobierno, el Hospicio Cabañas, el Museo del Periodismo o la Biblioteca Iberoamericana -por mencionar algunos- es posible gracias a su acertada intervención.

Sin desearlo tal vez, Gonzalo se atrapó en su propia red: su obra y su legado personal son ahora patrimoniales. Y seguramente nuestra responsabilidad actual es mirarle conforme a su manera de observar e intervenir. Por todo ello y confiando en que hoy se encuentra con los del “lado luminoso” -parafraseándolo de nuevo-, propongo entonces una reverencia para el maestro Gonzalo Villa Chávez.

Gonzalito el milagroso. Oleo sobre madera de Nacho Gómez Arriola.

Gonzalito el milagroso. Oleo sobre madera de Nacho Gómez Arriola.

Ricardo Agraz