P. Jesús Vergara Aceves, “el Colorado”

Adiós al “Colorado”

Siempre, en algún momento, tenemos que decir, adiós. Ahora, en este número de la colección Análisis Plural, se lo decimos a su iniciador, el P. Jesús Vergara Aceves, “el Colorado”, como se le conocía entre sus hermanos jesuitas. Partió de entre nosotros el 29 de noviembre de 2016.


Para muchos de nosotros, jesuitas, fue “el Colorado” una guía en nuestro caminar, un maestro espiritual, un impulso para pensar teológicamente, una inspiración y un acicate para mirar el mundo; sobre todo, el mundo de la pobreza y la inhumanidad, con los ojos con los que lo mira Dios. Para muchos otros fue un amigo cercano, atento a escuchar la intimidad del corazón, para aliviar, para consolar, para sostener, para confrontar, para acompañar.
Fue durante numerosos años profesor de Filosofía y de Teología. Discípulo y admirador del conocido teólogo Karl Rahner, temperamental, con clases que podían arrebatar a las alturas vertiginosas de su pensar o adormecer cuando esa llama  interior se apaciguaba. Lo recuerdo como acompañante de muchos trabajos académicos filosóficos y teológicos, con una gran sed de escuchar, de sondear los caminos de sus alumnos, de enriquecerse con sus pensamientos y de acompañar con sinceridad y con una brutal honradez.
Como pensador incursionó y ahondó en la espiritualidad de la Compañía de Jesús y en los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola; en el pensamiento filosófico y teológico de Bernard Lonergan y del filósofo frankfurtiano Jürgen Habermas. En sus últimos años compartió en revistas y periódicos su pensamiento y puntos de vista sobre múltiples problemas sociales, educativos, políticos y eclesiales, cuyo fruto fue la creación de Análisis Plural.1
Fue un hombre siempre controvertido, en la búsqueda de nuevos lugares y nuevos horizontes. Después de muchos años en la Ciudad de México, llegó a Guadalajara, al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (iteso), para colaborar en el Doctorado de Filosofía de la Educación, continuar con la revista y para seguir trabajando en una de sus grandes pasiones: los Ejercicios y la espiritualidad. Esto fue en el ocaso de su vida, pero un ocaso que, como todos los atardeceres, son de fuego. Un fuego que no quería extinguirse, un fuego que se fue lentamente apagando, hasta que quedaron solo las brasas que le mantenían para continuar colaborando, tanto en esta colección como en actividades de acompañamiento espiritual. Y aún entonces, temperamental y obstinado, con ansiedad muchas veces, seguía humeando. Y de eso somos testigos nosotros, sus hermanos, sus compañeros universitarios, su familia y sus amigos.
Y ahora le decimos, adiós. Un adiós agradecido. Un adiós, que como todos, es esa extraña mezcla de nostalgia, de cariño y de esperanza. Esperanza que nos da el consuelo de que nos volveremos a encontrar. Colorado, gracias por tu vida.

Héctor Garza Saldívar, sj

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